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Un rayo de sentido común

Rajoy de niño ya tenía cara de empollón. Mejor: si alguien quiere ser presidente de gobierno, que se lea antes los papeles...

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Homper hacía tiempo que no se quedaba perplejo por un motivo así. Cuando comunicaron los resultados del escrutinio, primero se pellizcó para comprobar que estaba despierto, y luego se rascó la cabeza con gesto de catador de vinos. O sea, pasmo, extrañeza, cierta sensación de que el triunfo de Rajoy tenía más gato encerrado que el deber de enfrentarse al caos. Finalmente Homper ensayó postura de pensador de Rodin  y dijo solemnemente para sí mismo la filosófica frase del día.

Ergo quedaba sentido común!….

Como Homper está jubilado y es de esos pelmas que se empeña en hablar de todo con el primero que se encuentra, repitió la frase cuando el tendero del barrio, luego de despacharle el pan, el periódico y la leche, le preguntó su opinión sobre el resultado de las elecciones. Y comprendiendo que el tendero no sería partidario seguramente del triunfador, añadió que lo del sentido común no era tanto porque el pueblo haya elegido la mejor opción como porque, desde luego, ha querido reprochar al PSOE sus dos legislaturas de desafueros.

-Va a se que sí, señor Homper –le dijo el tendero- Mi madre al principio de escuchar a ZP le parecía muy majo. Pero de la que empezó a romper todo lo que ya teníamos medio arreglado en España dijo: este chico no se ha leído los papeles.

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Leerse los papeles, pensó Homper. No está mal visto, caramba. Mariano Rajoy no ilusiona, no vende glamour, no dice frases hermosas como aquello de que la tierra sólo es del viento, es visceralmente incapaz de seducir a Ana Belén, a Bosé y a Almodóvar. Pero da la impresión de haberse leído muchos papeles antes de rechazar su plácido futuro de registrador de la propiedad para embarcarse en el arriesgado empeño de presidir un gobierno en España.

-Y mira que el ZP tenía labia. Pero…¿por qué no se leyó los papeles que hay que leer para saber donde te metes y qué terrenos pisas?

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No se leyó libros de economía y le estalló la crisis. No hizo las cuentas bien, ni se tomó el trabajo de calcular lo que tenía para gastar. Política energética, Plan Hidrológico, Informes PISA sobre Educación…¿de verdad leyó algo de todo eso?  Tampoco debió de haber leído a fondo la Constitución, pues la reventó él mismo después alentando estatutos imposibles. Pasó de Europa y de toda política exterior que no fuera Castro, Chávez y su fantasmagórica Alianza de Civilizaciones y así nos luce el pelo. Y, oh, sorpresa, en su gobierno y en su partido no hubo nadie con el suficiente peso y el valor necesario para darle un toque de atención y recordarle que hay que leerse bien los papeles antes de tomar decisiones importantes.

-¿Era lógico que el pueblo confiara en Rubalcaba, el mismo que ha secundado sin chistar todos los disparates de un jefe que se creía como Alicia en el país de las maravillas?

Faltó en los derrotados preparación y percepción de la realidad. Y faltó valor y autocrítica en el partido que los apoyaban. Homper piensa en cambio que lo que  no ha faltado es sentido común en el electorado, que harto ya de vendedores de crecepelo y utopistas de cristal prefiere ahora a un tipo serio que al menos se leerá los papeles.

 

 

El cuento de Rubalcaba y el colador chino

Fui el primer escritor que identificó a Rubalcaba con un colador chino, pero la cultura oficial no supo apreciar mi imaginación...

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Debo decir que soy un aprendiz de escritor. Me apunté a una escuela de Escritura  Creativa, donde una profesora muy atractiva y un argentino calvo me contaron más o menos que escribir puede ser sólo cuestión de estilo, pero que para ser escritor hace falta haber viajado, haber leído muchísimo, conocer algo de algún tema interesante  y, como poco, tener mucha imaginación. Lo primero y lo segundo quedaban fuera de mi alcance,  de lo tercero  sólo se que no se casi nada. Y  no me puedo imaginar cómo se gana la imaginación. Al nacer me encontré con lo puesto, y no se si he sido capaz de desarrollarla. Sólo se que se me ocurren algunas cosas que los demás consideran extravagantes.

Por ejemplo, veo una cara y enseguida  la interpreto de una manera original. Muchas de las caras me llevan a objetos. Algunas otras, a especies animales y, más aún,  a otras ideas inverosímiles.  He visto caras de  de ardilla, de picaporte, de nenúfar, de cumulonimbus  y de signo de interrogación. Otras caras me sugieren procesos químicos o incluso sucesos históricos. La dueña de una papelería de mi barrio tenía cara de electrólisis, y el sastre que  hizo mis primeros pantalones a medida llevaba en su rostro el Compromiso de Caspe. Se que es difícil que en un rostro se pueda ver el Compromiso de Caspe, pero eso es porque no nos lo proponemos. Si a alguien  te dice que hay que ponerle una cara humana a ese  hito histórico, encontrarás a algún Compromiso de Caspe andante en el mismo tramo de la calle  donde vives.

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Lamentablemente, este es tiempo de decepciones. Pensaba que ahora que  con la crisis se recorta todo se iba a primar al menos la imaginación. Eso pensaba  cuando mi escuela de Escritura Creativa  convocó entre sus alumnos un certamen de cuentos imaginativos. Lo de imaginativo ya se que es una redundancia, pero la secretaria de la escuela no lo tuvo en cuenta, y lo incluyó en las bases del concurso. El cuento ha de ser imaginativo.

No pareció muy serio, pero lo di por bueno porque quería ganar el premio como fuera.

Inicialmente se me ocurrió una historia de trasfondo político. La historia era la de un tirano sudamericano que después de haber abusado de todas sus secretarias y de haber violado a varias campesinas previamente aleccionadas por un corrupto funcionario del Catastro, empieza a notar que le gusta uno de los centinelas del cuerpo de guardia del palacio presidencial. Entonces el tirano se da cuenta de que no es que haya salido del armario, sino que desde niño llevaba encapsulado en su cuerpo un organismo de mujer.  Se va a Nueva York  para que le hagan una operación de cambio de sexo, y una vez convertido en señora presidenta se casa con el centinela.

Pero ¡ay!, la feminidad suaviza sus formas y cambia sus sentimientos. En el filo del  bisturí del cirujano debía de haber una semilla de ternura que fructificó dentro de ella. Así que se convierte en una mujer sensible, delicada y volcada en los demás, por lo cual pierde categoría como tirano/a. ¿Dónde voy ahora siendo una tirana de buen corazón? –se pregunta desolado/a ante el espejo al ver que ha perdido su identidad.  Consciente de que su personalidad se ha desleído y de que ya no es nadie, se tira a su amado centinela por última vez, lo estrangula en el momento del orgasmo y continuación se mete en la bañera llena de agua caliente y se abre las venas con el canto de un CD de Armando Manzanero. La tirana descafeinada muere desangrada mientras escucha Esta tarde vi llover.

Lamentablemente, aunque se me ocurrió, no llegué a escribir el cuento. Lo que propició la siguiente decepción.

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En cuento que presenté al concurso, el protagonista es un asesor de imagen de Rubalcaba. Se podría decir que, como yo, es un hombre de ideas desconcertantes. Pero,  a diferencia de mí, él es osado y persuasivo, capaz de venderle hielo a un esquimal. Un día mientras compra unas pilas en un bazar  ve en la sección de menaje del hogar un colador chino y siente que su mente se ilumina. De repente ha descubierto que Rubalcaba tiene cara de colador chino. Hasta el momento le veía un cierto aire de Fu-Manchú de película de serie B, pero ahora comprende que en realidad es un colador chino humanizado.

-Eso será el mensaje que debe transmitir en la campaña. Y así es como debe presentarse en el debate, porque los coladores chinos hacen maravillas.

El asesor convence al jefe de campaña de Rubalcaba para que el candidato corrija los ya conocidos movimientos de sus manos de la siguiente forma: en una de ellas mantendrá el colador chino por el mango, mientras con la otra hará la mímica de coger los problemas que tiene España, meterlos en el colador y depurarlos en éste manejando el émbolo de madera con el que los machaca hasta reducirlos a algo suave y ligero que la crisis sí puede digerir. Rubalcaba es un experto ilusionista, y con su colador chino los males de la patria pasarán fácilmente.

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En el cuento le compraron la idea, y Rubalcaba no sólo ganaba el debate con Rajoy, sino también las elecciones generales. Rajoy, por cierto sólo tenía cara de puño de paraguas antiguo, a la que era difícil sacarle partido. Es comprensible que pierda: sólo llueve de de vez en cuando, y además los puños de paraguas de ahora ya no dicen nada.

Pero el jurado del Premio del Cuento Imaginativo no le prestó la menor atención a mi cuento. Uno de sus miembros me comentó off the record  que era una soplapollez, y que lo del realismo mágico o el surrealismo hiperbólico estaba pasado de moda. El premio se lo acabaron dando a un cuento titulado El transexual de las flechas. Era una historia calcada de la que yo deseché, con la única diferencia de que el protagonista, en lugar de tirano sudamericano, era una falangista de los que tiñeron de sangre nuestra agitada memoria histórica.

-Eso ahora vende mucho más, muchacho.

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Qué  nueva decepción. Tanto fomento de la escritura creativa para acabar en esto.

Y qué falta de perspicacia la mía. Ahora sólo soy un aprendiz de escritor, y la cosa puede pasar. Pero cuando sea un escritor de verdad no volveré a obcecarme con metáforas como la del colador chino, que sólo los tipos raros como yo apreciamos. Únicamente escribiré más  historias truculentas del franquismo, que es el venero más seguro de la literatura actual y, además,  lo que se premia.

Es una pena claudicar así a la moda. Porque si, valga la redundancia,  llego a colar lo del colador chino de Rubalcaba,  quizás los expertos en comunicación se habrían dado cuenta de que hay formas de animar esa cosa tan aburrida y previsible que son los debates electorales.

De los morritos de Leyre al plumero de Rajoy

Irse de la lengua y hablar mal...¡Cuándo cambieremos, coño!...

Paseaba Homper por el parque viendo amanecer en Madrid. Aunque ya no es duende de ninguna radio –habría que cambiar el nombre a este blog- escuchaba ésta, por deformación, en su MP3, que hasta ahí llega su modernidad. Sonaba la inevitable voz de los políticos. Si hace unos días  un alcalde poco fino bromeaba sin gracia sobre los morritos de Leire Pajín, ahora el vicepresidente Blanco contrarresta aquella ordinariez impresentable insinuando que Rajoy tiene pluma.

-Tal para cual –piensa-No aprenden a callarse…

Recuerda la afición del gobierno a crear esas entelequias administrativas llamadas “observatorios”. Hay observatorios de la laicidad: mire, señor autoridad, estoy observando que en la puerta de mi vecina hay un azulejo que dice “Dios bendiga cada rincón de esta casa”, ¿es grave? Hay observatorios de la violencia de género: sólo debería haber vigilantes, que bien pudiéramos ser todos ( aunque al profesor Neira la experiencia le haya costado cara). Nadie ha tenido presente sin embargo que el idioma evoluciona, que la sociedad quiere ponerse seria, educada y tiquismiquis, y que la vulgaridad que antes se toleraba e incluso complacía ahora no cabe en la boca de un político.

Es duro proclamarlo, pero la verdad es que el idioma ofende. El odioso señorito de Los santos inocentes de Delibes se quejaba de que el pobre Paco, cojo por una mala caída, no pudiera acompañarle a poner el cimbel a las palomas.

-Paco, maricón –le decía-¿Me vas a hacer esa cabronada?…

El señorito, encima, pretendía hacerse el simpático con esas palabras.  De la misma manera que los curristas apasionados no regateaban exabruptos  cuando Curro Romero destapaba el tarro de las esencias y revolucionaba el tendido con una tanda de naturales.

-¡Qué arte tiene el hihoputa!…-clamaban para elevarle a los altares. Por lo visto y escuchado, se diría que ser hijo de puta en algunas regiones es un privilegio

También le viene a la cabeza a Homper que cuando estudiaba derecho, nuestro Código Penal aún consideraba la eximente para el marido en el homicidio por adulterio flagrante. Qué bárbaras nuestras leyes y qué feroz nuestra lengua.

Las leyes se cambian, y punto. Pero ¿quién limpia y corrige lo mal que hablamos para que el idioma irresponsable deje de ofender? Ni mentar lo del Observatorio del buen uso del idioma, no le demos más ideas pintorescas al gobierno. Pidamos simplemente sentido común. Aún no hace muchos años la RAE borraba de su diccionario la palabra judiada, por no faltar a los hijos de la tribu de David. Las cosas cambian, y las expresiones que en algún momento fueron hallazgos felices también pueden degenerar. Al pueblo se nos perdonará todo, porque la cazurrería sólo se cura en varias generaciones.

-Pero al digno representante de la res pública que a menudo cobra sin matarse a trabajar-concluye Homper notablemente irritado- lo menos que hay que exigirle es que guarde las formas y no nos encabrone hablando mal, cojones.

Contra la recalcitrante estolidez de algunos poíticos

Pero qué borricos son algunos, caramba...

Sorpréndese Homper de la necedad recurrente del ser humano. Una vez más. Espeja ésta, cómo no, en un político, para abundar en esa creencia común –que sin embargo no comparte- de que no nos merecemos esta clase política. Homper está más bien convencido de que los políticos son así porque los votantes somos así,  y no cabe esperar otra cosa.

-¿De verdad lo dices? –se preguntaba estupefacta la tía Clota, que aunque aparezca poco por aquí sigue vivita y coleando.

-De verdad, tía. La matemática electoral, como el algodón del anuncio, no engaña.

Sostiene Homper que el fenómeno Obama, que ahora parece fogata de viruta, era el reflejo de una necesidad del pueblo norteamericano. Querían  oxigenarse e ilusionarse después de aquel fenómeno de torpeza que se llamó George Bush.

-Volverá el tío Sam donde solía –pronostica la anciana nacida en Granada y hoy ciudadana de los Estados Unidos.

-Como vuelve aquí el PP a meter la pata cuando lo tienen más fácil…Porque tú no sabrás quién es León de la Riva, pero….

Y le cuenta que este caballero, alcalde de Valladolid ha querido criticar a la nueva ministra Leire Pajín y en lugar de expresar sus dudas con corrección se ha pasado: de grosero y de machista.

-Y casi más de lo primero, tía, porque si te cuento lo que dijo…

Le ahorra a su anciana tía las bobadas de este munícipe deslenguado, pero no le oculta que a veces se imagina él mismo irrumpiendo como un Cicerón de nuestro tiempo en el foro de políticos pasmados -con Rajoy al frente de ellos- y repartiendo catilinarias en forma de consejos elementales que entendería hasta el que asó la manteca.

-Escucha, tía…Consejo 1.Piénsate lo que vas a decir antes de decirlo. Consejo 2.Considera que el lenguaje cuartelero y el humor chabacano son contraproducentes. Consejo 3. Ten en cuenta que aunque puedas tener razón en el fondo, puedes estropearlo toDo si, por querer ser gracioso, te pasas de listo…

-Resumiendo, sobrino-corta la tía Clota- Si quieres ser político, no seas gilipollas, ¿no?

Y Homper se queda perplejo al comprobar que, con la edad, su anciana tía ha perdido modosidad, pero no clarividencia.

El circo del PP y otros desvaríos

mariano, Espe, Gallardón...¡Más difícil todavía!...¡Hale hooop!No es tan primaria como la mayoría, que advertimos día a día en desastre de la oposición al gobierno de España. Pero incluso desde Estados Unidos, la tía Clota también percibe que el PP es un circo.

-Pero no es porque le crezcan los enanos, como dicen casi todos los cronistas-precisa- Sino porque  aspira constantemente al ¡más difícil todavía! ¡Anda que armar la que arman por disputarse el presidente de un banco después de haberse comido el marrón del Gürtel ese!…

Y evoca Trapecio, una película de circo, un producto típico made in Hollywood que impactó mucho en su juventud. En la escena cumbre, un hercúleo Burt Lancaster en su apogeo de icono viril, recibe a una espléndida Gina Lollobrígida que vuela a sus manos tras el triple salto mortal. Bocabajo y todo, y desafiando a la ley de la gravedad, el héroe trapecista sube a pulso a la heroína y la besa en los labios.

-¿Sobrino, no te imaginas el número?…-le cuenta a Homper entre risas- En un trampolín, Rajoy y Gallardón, los dos con taparrabos de lamé. En el opuesto, en plan Pinito del Oro, Esperanza luciendo tipo con su malla tan sexy rebosante de lentejuelas. Primero salta Rajoy al trapecio, y se cuelga bocabajo. Luego salta Gallardón y se prende de él. Y finalmente, Espe. Todos los del PP llenan el circo haciendo el oficio de niños….¡Que se besen, que se besen!…Y entonces Gallardón y la Espe repiten el numerito de Burt Lancasyter y la Lollo, suena el cha-ta-tachán  y los niños estallan en aplausos…

Tía y sobrino  se ven riendo a través de la cámara de su ordenador.

-Lo del PP, tía, es un numerito que traspasa el Atlántico- subraya Homper.

Y piensa que la imagen que describe su tía podría ser un sueño pintoresco si no estuviera tan cerca de la realidad.

Sin embargo los sueños se nutren de materiales imprevisibles que se mezclan a lo loco. Lo decía Freud: pueden aparecer en un sueño una vieja amistad, un antiguo amor, un escenario de cuento, una noticia de ayer, una frustración permamente, el deseo de ligar con la pastelera, un famoso como Cayetano Ordóñez, el practicante con el que te cruzaste en la escalera antes de entrar en casa y hasta el estímulo físico que te produce.una sábana de seda. Los sueños son una ensaladilla rusa, o un castillo de fuegos artificiales que el pirotécnico no ha sabido ordenar.

-Por cierto, tía-comenta Homper cambiando el registro a serio-¿Sabes qué soñé esta noche?…Veía una masa informe, un montón de materia viva, horrorosa, que se agitaba nerviosa…Y en éstas que de esa masa gelatinosa asoma una pata de batracio, y luego una cabeza de reptil con ojos saltones…Y me doy cuenta de que es un montón de sapos copulando…

-¡Qué perversión, sobrino!….

-Que no, tía, que Morfeo es un guasón y un caprichoso…Fíjate que anoche vi una película de Nicole Kidman, que me encanta…Y podría haber soñado con ella…Pero también ayer supe que muchos sapos de la Comunidad de Madrid mueren atropellados porque el bordillo de un carril-bici les impide juntarse con sus hembras para copular…¡Los pobres sapos muriendo por amor!…

Otro cuento, otro sueño. Homper espera que el de esta noche sea más agradable. Ya venden en la pastelería buñuelos de santo, que, en su versión clásica, rellenos de crema pastelera, le trastornan. Y, sin dejar de desear mejor suerte al circo del PP y a los mártires batracios, aspira a una bacanal con la pastelera, tan seductora. Ella y él solos, a media luz los dos, música de Astor Piazzola al fondo y  tan sólo separados por una tentadora bandeja de buñuelos de santo que media entre sus labios…

Señor, que el Zapatero prodigioso acierte

Los ojos del presidente lanzando los destellos del niño de Freixenet...

Los ojos del presidente lanzando los destellos del niño de Freixenet...

Si quieres ser feliz, como me dices/ no analices, muchacho, no analices (Joaquín Bartrina) No era precisamente del poeta favorito del presidente, que prefiere a su paisano Gamoneda. Pero era la frase que el Comité de Comunicación estimaba más oportuna para no volverse a meter en jardines en el tradicional mensaje de fin de año. Promesas vagas, brindis al sol, posibilismo onírico, voluntarismo redentorista, pachulí dialéctico, citas literarias. Coherencia en definitiva con el consejo de su asesor más considerado: no digas nada, presidente, pero dilo muy bonito y que la señora Petra te siga diciendo ¡guapo! cuando sales por la tele.

Los años anteriores su pico de oro y su tradicional y patriótico optimismo le habían jugado sendas malas pasadas. En 2006 predijo con pasmosa seguridad el fin del terrorismo y al día siguiente estalló una bomba tremebunda. En 2007 aventuró que seríamos campeones de la economía y que éste sería el año del pleno empleo cuando ahora las oficinas del INEM no dan abasto para atender a las colas de parados. Los expertos en comunicación dieron un puñetazo en la mesa y exigieron un cambio.

-No te metas en jardines, jefe.

-De acuerdo-admitió el Presidente-Pero…¿cómo puedo seguir siendo el que soy y contrarrestar, además, ese video navideño de la oposición?

Todos los Comités de Expertos en Comunicación tienen un genio. Y el talento de turno propuso un video alternativo que podríamos describir así. En un horizonte rosa infinito, perfilada contra el cielo a modo de Escarlata O´Hara, aparecía la silueta del presidente. Lucía un traje blanco de príncipe de cuento, eso sí, modernizado por Vittorio y Luchino con unos detalles muy originales, y avanzaba lentamente hacia cámara con su natural donosura mientras pajarillos mariposas felices y demás criaturas del bosque coreaban la banda de sonido. Sonaba ésta como la de La bella durmiente de Walt Disney, pero aunque los voces argentinas y los gorgoritos eran del mismo estilo, cantaba esta otra letra oportunamente escrita: Este mundo encantadooor/ puede ser mucho mejoooor/ si hacemos nuestra labooor/ con talante y con amooor…

Esta ambientación mágica enmarcaba un acting a tono con su mensaje. Portaba el presidente una rama de olivo en una mano y una rosa roja en la otra, y marcaba unos pasos de elegante ballet al ritmo del emotivo jingle. Pero a continuación, un curso acelerado del mago Tamariz y los inevitables efectos especiales convertían a la rosa en la paloma de la paz, a la paloma en el búho de Minerva, símbolo de la sabiduría, y al avechucho en un angelito que con un cuerno de la abundancia, manejado a modo de manga pastelera, iba escribiendo en chorros de oro las palabras Paz, Prosperidad y Progreso sobre el mapa de las diecisiete comunidades autónomas españolas. En ese momento, el presidente, emulando al niño de Freixenet, sonreía a cámara y lanzaba un guiño que era un puro destello de diamantes, al tiempo que una voz en off grave y solemne, pro humanizada por un leve trémolo emocional decía: No hay fronteras para el progreso…A lo hecho, pecho. Y este año, además dos de berberechos. Qué bonito, cerrar con un tierno homenaje a los célebres dos huevos duros de Groucho Marx.

La película estaba prácticamente rodada por Pixar, pero no obtuvo el visto bueno del partido porque una de las ardillitas del bosque que coreaban el jingle se parecía sospechosamente a un tal Pepín. Con lo que a falta de mejores argumentos, y olvidando lo que había dicho en el Congreso al catastrofista líder de la oposición cuando pitaban oros -señor Rajoy, es usted un profeta de desastres y un desastre de profeta, porque nuestra economía va mejor que nunca- el presidente volvió a las andadas y volvió a prometer prodigios.  Diagnosticó, oh sorpresa,  que en el segundo semestre de 2009 ya empezaremos a remontar la crisis y a crear empleo.

En el Comité de Comunicación bramaron: ¡no analices, muchacho, no analices!…¿No ves que en boca cerrada no entran moscas? Alguno más rotundo no se anduvo por las ramas: la cagaste, Burt Lancaster. Sin embargo, en la acera de enfrente, una señora del PP con tres hijos en el paro aprovechó la Misa de la Familia para mirar al cielo y elevar una plegaria insólita en ella.

-Señor, Señor…¡Haz que esta vez el presidente acierte!

Que viva Italia

Le despejó la carretera. Venía el Duende de viaje y apenas encontró coches que dificultaran su llegada a Madrid. Toda España vibraba viendo a la selección de fútbol de España jugando contra Italia.

 Le ha solucionado al Duende su día de radio. Y prácticamente su jornada de trabajo: ¿quién se atreverá  a dudar de que no ha habido más noticias que la victoria de España sobre Italia?

 Además, al Duende, pelín sádico, le encanta ver que los azzurri, que iban de blanco, mueren de la misma forma que otras veces nos mataron.

 Pero lo que más le ha gustado han sido los fuegos artificiales. Terminó el partido y sobre el horizonte nocturno de la capital de España se pudieron ver varias de estas alegrías pirotécnicas que tanto alegran las noches de verano. Breves y fugaces, como deben ser. Pero bonitos: siempre se sueña algo cuando se contemplan fuegos artificiales.

 Por cierto, los más generosos por la zona de Moratalaz. Y ni uno sólo por la Plaza de Colón, donde la 4 ha instalado toda su fanfarria mediática y populachera pagando al Ayuntamiento de Madrid  sólo 4.000 € por jornada de fútbol. Se podían haber estirado, ¿no?

 En fin, lo siento por Rajoy, al que mañana le oscurecerá al fútbol. Pasar a semifinales de la Copa de Europa no sujeta la inflación, ni baja el euribor, no ajusta el precio de los alimentos, ni resolverá la crisis económica. Pero menos da una piedra: todos somos simples y como nos han dicho que somos más felices si pasamos de cuartos de final, pues somos más felices. Mañana puede que uno se quede sin trabajo, pero por si acaso, esta noche, banderas ondeando y claxons atronando el sueño de los madrileños. Podemos elegir, como nana, entre el espantoso ¡Que viva España!  de Manolo Escobar o el aún más horrible ¡A por ellos! armonizado por Luis Aragonés.

  Así que enhorabuena, España, y gracias a nuestros adversarios eliminados. Eso: que viva, que viva Italia.  

 

El Chiki, Rajoy y el efecto aspirador

Contaba esta mañana doña María en la radio que sus vecinos Lolinchi y Silverio estaban bastante decepcionados con el resultado de Chikilicuatre en el festival de Eurovisión. Silverio es artista chapista. Hace años deslumbró a los vecinos porque su hijo Igor David  hizo la primera comunión con un traje de Robocop II fabricado en su pequeño taller. El cura se mosqueó bastante, pero el niño se salió con la suya. Para Christian Jesús, que es el hijo pequeño, Silverio no ha tenido  ni que encender el soplete. El niño se emperró en tomar la primera comunión disfrazado de Chikilicuatre. Cuando se lo dijeron al cura, éste armó la de Dios es Cristo, y nunca mejor dicho,  y Lolinchi casi le estrangula por maltratar psicológicamente al niño. La verdad es que esperaban mejor resultado en Belgrado. Ahora, visto que aún con el 60% de audiencia televisiva el tal Rodolfo sólo ha conseguido ser el decimosexto, dudan si merece la pena apurar el órdago al párroco. Ellos querían que el traje del niño fuera original y suntuario -explica doña María-, pero después del sábado ya no lo es  tanto.

 La decepción de Silverio y Lolinchi es la de muchos. Los mismos que hasta el sábado veían en este personaje un artista provocador y revolucionario capaz hacer una falla de esa eurohorterada musical con la que nos afligen año tras año, le ven ahora como un ninot que no merece indulto alguno. Lo que podríamos denominar como efecto aspirador se ha detenido. Ahora parece que hay vida fuera de la órbita de Chikiicuatre.

 Todos somos un  poco Vicente, aquél que iba donde iba la gente. Nos convierten en dogma de fe a Pedro Almodóvar, a  Ferrán Adriá, a Javier Bardem, a Penélope Cruz o a Chikilicuatre y, si no nos gustan, quzás nos atrevamos a pasar de ellos. Hasta que un día el Duende mira a su alrededor y se ve solo. Entonces entra en funcionamiento el efecto aspirador, que tira de de él para cambiar su inseguridad por el respaldo de la masa. No es que le apasione el Chikilicuatre: es que le  da miedo no ser como los demás. Si no baila como un egipcio y no repite perrea, perrea - que ni siquiera sabe lo que significa-, es que no es de este mundo. Pues ea: se hace entusiasta del friki y pone su el alma en paz.

 Claro que las ovejitas campan por todas partes. ¿Qué me dicen de lo de Génova 13? Alguien levantó la voz en contra del jefe y cada día son más los que se suman al pim-pam-pum. ¿Pero hay alguien que creyera alguna vez en Rajoy? -me pregunta el Duende. Y no se qué decirle, salvo que me acuerdo de la insoportable levedad del ser.

Fraga y el papel higiénico

Manuel Fraga

 A Manuel Fraga le pregunta un reportero por sus declaraciones acerca del Libro Blanco de Zapatero y del último debate. Y, muy en su línea tradicional,  el veterano estadista se mosquea y hace suya esta cita de Clemenceau:

Quand je lis le Libre Blanche

et les pelottes se m´inflent,

je les solte quatre fresques

et á mois me la refanfinfle

La recogen La Carcajoda y el No Ticiero de Mobuzz TV.  Pero casi nada es cierto. El Fraga que lo dice es una impostura del Duende. La cita es una ocurrencia facilona en un  francañol inventado. Y  a George Clemenceau, que dijo aquello de que la guerra es algo demasiado importante como para confiársela a los militares, no se le conocen semejantes salidas de pata de banco. Sólo son de verdad el citado Libro Blanco y la expresión que éste ha inspirado al catedrático, diplomático, letrado de las Cortes y ex ministro Fraga: lo utilizaré como papel higiénico. El resto es comedia. Y una parodia de la facundia del veterano senador gallego, tan aficionado a citas de prohombres como el estadista francés. En el pirandelliano juego de las imitaciones por el que transita el Duende, así puede ser, si así os parece. Porque si non é vero  ni el personaje ni el exabrupto, sí  e ben trovatto.

Los imitadores les caricaturizan y ellos solitos se perfeccionan. Mira que es relamido y a veces cursi el discurso del presidente Zapatero. Pero entre uno y otro extremo hay un término medio. A su edad, esa vomitona propia del Fraga colérico del otro régimen, ni es un prodigio de gracia ni ayudará especialmente a los suyos en la campaña. Mal genio y figura, hasta la sepultura.

Nunca se había traído el papel higiénico al debate político. Pero, de ser así, se podía haber precisado si hablaba del recio papel Elefante, del de cuatro capas de celulosa o incluso del perfumado. Y haber abordado ciertas cuestiones colaterales sabiamente subrayadas por esa experta en miserias cotidianas que es doña María. ¿Por qué, a pesar de los progresos de España en I+D+I, siguen sin romperse las hojas por la línea de papel trepado? ¿Por qué no se ha inventado en sistema de apertura del rollo que evite que éste se devane en capas como las de la cebolla? Por último, algo esencial, denunciado en su día por Rosaura, la hermana mayor de María: ¿por qué en las comunidades de pisos, de la misma manera que hay calefacción o agua caliente central, no se instala un servicio de papel higiénico centralizado?

Ésto se podría perfeccionar con un sistema de contador en cada piso en el que, en cada servicio de papel, se imprimiera el coste del mismo, como los antiguos billetes de autobús. Y evitaría la foto que, a juicio de doña María, más le humilla: verse saliendo del hiper con una montaña de papel higiénico en el carrito mientras unas vecinas comentan cuánto dan de cuerpo en su familia. Imperdonable y de espaldas al pueblo.

Pero esa reforma ya quedará para otro Libro Blanco, para otro sueño de la niña de Rajoy o para otro arrebato de ingenio del inefable don Manuel Fraga Iribarne.

Zapatero, entre el biscuit y la gloria

Jose Luis Rodriguez Zapatero

Va a ser verdad que es un Cristo agnóstico, o un Gandhi que en lugar de yogur y cañamones se alimentó de cecina, o el neoignaciano laico impaciente, o Merlín el encantador, o el padre Damián de Molokai redivivo y rebozado en mayo del 68, o el gran Houdini, o la versión moderna del buen samaritano, o un Harry Potter asistente social.

Va a ser cierto que lleva dentro la panacea de todos los males, el secreto de la piedra filosofal, la quintaesencia de la bondad humana, el poder de fascinación del flautista de Hamelin, el germen de la Utopía futura. De otra manera no se entiende que alguien con tan excelentes condiciones para haber sido director de comunicación de una gran empresa, presidente de una cadena hotelera, embajador -aunque necesitara mejorar su inglés-, catedrático de Teoría de las Ideas Justas (entiéndase como se quiera), profesor de arte dramático y declamación, psicólogo para autoestimas decaídas y poeta ganador de juegos florales haya caído en eso tan vulgar que es la política. No se le conoce ningún puesto ejecutivo antes de ser secretario general de su propio partido. Ni siquiera jefe de ventas de un concesionario de Renault. Pero ahora es el presidente del gobierno, que encarna el poder ejecutivo. O sea, es el mandamás. Y, a tenor de los últimos debates, parece que va a seguir siéndolo.

El último elogio se lo ha escuchado el Duende a Lucía Méndez, subdirectora de EL MUNDO. Según ella el presidente Zapatero es, además de referente de virtudes cívicas y sociales, modelo de telegenia, buen orador y portavoz universal del humanismo pata negra. Y, por añadidura, guapo. Esto no se lo habían dicho ni a Adolfo Suárez, que fue buen mozo, ni Felipe González, con sus morritos tan sensuales, ni a Leopoldo Calvo Sotelo, la dignidad de la esfinge que tan bien caricaturizó Peridis. Tampoco se lo habían llamado a José María Aznar, a pesar del morbo que a algunas de sus fans les inspira su cabellera de madelman. Nadie ha levantado la voz llamándole a Lucía feminista por el piropo. Si piropeas a una chica ahora eres un machista, y lo de machista es malo. Pero en cambio lo de feminista tiene connotaciones sociales muy positivas, aunque la fémina considere en este caso lo mismo que los hombres apreciábamos antes en la hembra y ahora nos guardamos por si las flyes. Diga usted que María Teresa Fernández de la Vega es una hermosura de mujer y verá cómo se mosquea el patio. Bueno, quizás tampoco hay que pasarse en el elogio.

Porque hoy éste queda para la figura del presidente Zapatero. Alguien le rebautizó como Bambi cuando apareció en la escena política. Unos dicen que fue Raúl del Pozo, otros que Alfonso Guerra, y Javier Capitán sostiene que fue el Duende impostando la voz de aquél en una jornada de Gran Carnaval. El caso es que, fuera quien fuera su bautista, el inocente cervatillo se esfumó, y aún sin perder la mirada de criatura de Walt Disney se ha resabiado lo suficiente como para levantar sospechas en la otra media España que no le jalea con entusiasmo.

Rajoy, por supuesto, no será menos imperfecto. Pero su falta de telegenia, su mirada extraviada y hasta esa ese que se le deshilacha en la boca juegan en su favor. Con mejor o peor tino, y posiblemente con la misma dosis de demagogia, si convence será a pesar de su falta de encanto. De ese encanto empalagoso que le sobra Zapatero, un político mucho más difícil de batir que lo que en principio sugería su relamida estampa de príncipe de cuento o de figurita de biscuit.

El Servicio de Desesperación del Cliente

Call Centre de risa

Tiene razón el padre Bonete: el mundo hoy vive en un constante sarpullido de lujuria, y la concupiscencia lo invade todo. El Duende sin ir más lejos lo confiesa paladinamente: cuando llama a averías de Telefónica y le contesta la posición 38 no puede dejar de imaginar al operario/a haciendo el numerito con su pareja según las instrucciones anatómicas y ergonómicas que la Guía pormenorizada del Kama Sutra establece para tal posición. Podría atenderle Bonifacio, Pilar o Josefa, pero nadie sabe por qué le atiende una posición, y luego pasa lo que pasa. Todo por hacerlo más funcional y, a buen seguro, ahorrar costes para la empresa.

El diálogo con la posición y el aún más irritante diálogo máquina-sufridor al que nos obliga el odioso contestador automático que hoy se ha impuesto en cualquier servicio de atención al cliente es sólo una muestra. Un ejemplo más de esa falacia de aquel slogan de el cliente por encima de todo. Palabras, palabras, que decía Hamlet. La teoría es bien intencionada, pero aunque la parafernalia para llevarla a cabo es ostentosa y de última tecnología, no basta. Muchos números de teléfono, muchas claves, mucha música amable enlatada, mucho teclear, muchas frases de cortesía, y en ocasiones, mucho reenvío de un departamento a otro para al fin ser atendido por primerizos con contrato temporal a los que el Duende acaba abroncando sin culpa alguna. Se que usted es inocente, y me consta que es una persona encantadora -suele disculparse al final del chorreo- Pero dígale a sus jefes que tenerle a uno una hora y media oyendo a un robot gilipollas y escuchando un hilo musical para avisar una avería es una tomadura de pelo. Más que de atención, es el Servicio de Desesperación del Cliente.

Por lo mismo, y por lo rápidamente que caducan las claves, el Duende ha renegado de la banca telefónica y al uso de la banca por internet. Va al banco y, de paso, saluda a las cajeras, que son muy amables, hace sus gestiones y se limpia los zapatos gratis en un aparato semioculto en el sótano que gasta energía, cerdas y algo de betún con sólo apretar un botón. Y excusen que el Duende calle el nombre de este banco tan filántropo. Es para evitar que la patronal bancaria proceda contra él por la indecencia ética de no cobrar algo. Qué falta de principios.

El tótem que simboliza la falsa apariencia de atención al cliente son las ventanillas, los pupitres o los despachos vacíos en tantas oficinas y establecimientos públicos. Buscan el mismo efecto psicológico que esa misteriosa maleta que, apenas aterrizado el avión, circula en la cinta transportadora de llegadas para que el viajero crea que su equipaje está al caer. Obsérvenla, nunca se la lleva nadie. Como tampoco se llenan nunca las tropecientas ventanillas para el chequeo de los billetes de avión, ni las que atienden en las oficinas de la Seguridad Social, ni las de la Agencia Tributaria, ni las del Registro, ni las de RENFE, ni las de los ayuntamientos, ni las de las empresas que suministran la luz, y el gas, y el teléfono. Siempre hay alguien de baja. Siempre alguno que aún no ha vuelto de tomar el café. ¿Cuánto dura el café del que atiende al público?¿Quién lo controla? ¿Por qué quieren sustituir al absentista por atrezzo de simulación? ¿Para qué tantas mesas vacías?

Acaba el debate entre Zapatero y Rajoy y ni una palabra al respecto. Lógico, es un tema menor. Ambos quieren hacer a las nietas del Duende más guapas, más listas, más ricas y más modernas. Pero se las imagina en un mundo atendido sólo por contestadores automáticos y con miles de oficinas de atención al cliente vacías y no sabe si acabarán siendo más felices.

Un postit con amigas de la facultad

Cristina Alberdi Don José María Naharro llegaba tarde a la clase en un SEAT 1.500 de color verde botella, que en la época era un gran coche. Vestía siempre de traje gris y camisa blanca impecablemente cerrada al cuello por un elegante nudo de corbata. Se sentaba en el estrado, doblaba una rodilla, se estiraba el calcetín, repetía la maniobra en la otra pierna, fruncía el ceño y, sin levantar la mirada más allá de las primeras filas del aula de la Facultad de Derecho comenzaba pausadamente y en voz apenas perceptible su lección de Economía Política. Gracias a él aprendió el Duende que la alternativa entre cañones o mantequilla es importantísima, y que mientras la de ataúdes es el mejor ejemplo de demanda rígida, porque la muerte no falla, la de la moda es demanda elástica, porque depende de muchos factores variables. No se quedó con mucho más.

O sí: ahora que lo recuerda, también atrapó la gestualidad del profesor, su timbre de voz y la cadencia de su discurso. Gracias a eso debutó como su imitador en la Fiesta del Rollo, una parodia del claustro de profesores de Derecho que se celebraba en el aula magna el día de santo Tomás de Aquino . Y gracias a eso, muchos de sus compañeros de aquella promoción de 1968 le recuerdan y le celebran cada vez que se lo encuentran.

Ignorante enciclopédico, el Duende es, justo decirlo, un riguroso cultivador de la anécdota. Se morirá sin dar lecciones, pero sin embargo habrá dejado muchos postit con sus chorradicas en la memoria de multitud de amigos y compañeros que acumuló sin apenas darse cuenta.

Uno de ellos, que es una, le llamó ayer para invitarle a una copa con otras compañeras. Era Cristina Alberdi, abogada matrimonialista, ex ministra de Asuntos Sociales, desengañada de ciertos aspectos de la política, mujer valerosa y llena de vida a la que ni la reciente muerte de su marido ha hecho perder la sonrisa. Era de las más simpáticas y gamberras de la clase. La acompañaban Paloma Abarca, hoy profesora de Derecho Civil y entonces alumna en la que se perdían tantas miradas masculinas, y Carmen Fernández de Bobadilla, que además de tener bufete propio es o ha sido diputada en el Colegio de Abogados de Madrid. Y el Duende con un expediente académico más bien penoso. Daba igual, porque no era una pandilla de colegas de la facultad. También estaba María del Valle Jover, que es activista en Manos Unidas.

Había jamón de ibérico, sandwiches de Embassy, cava brut de calidad, surtido de recuerdos de juventud y conversaciones que fluían por meandros amables evitando la nostalgia, el desencanto y la alarma que tanto cunde a nuestra edad. Afortunadamente, la música, el cine o el senderismo, que nuestra amiga Cristina practica habitualmente, ocuparon mucho más espacio que Zapatero y Rajoy, apenas mencionados una vez. ¿Y qué es de tu vida?, le preguntaban al Duende. Pues mi vida es un blog. ¿Y qué pones ahí? Pues algo así como los postit que uno va dejando en su mesa de trabajo o en la puerta de la nevera. Solo que en lugar de recordar el teléfono del fontanero o la cita con el director del banco, se centran en momentos como los que un duende mirón puede disfrutar al atardecer de un 13 de febrero.

Ay, amor, olvídate de mí…

Artistas Zapatero

Está feo que el Duende empiece a citarse a sí mismo, pero en su último artículo de MARCA lanzaba una tesis interesante. Y es que en estos tiempos de buenismo dominante, como tó el mundo es güeno, no podemos concebir que exista el gilipollas químicamente puro. Lo cual, no obstante, se contrapesa con el hecho de que hasta el mejor escribano echa un borrón, y que levante la mano el que no reconozca haber hecho o dicho al menos una gilipollez en su vida.

Una de las últimas corre a cargo de un cineasta por el que guarda singular admiración, que es José Luis Cuerda. A él se deben dos de los títulos más luminosos y entrañables de nuestro cine, El bosque animado, que es una delicia, y Amanece que no es poco, una delirante comedia surrealista. De José Luis Cuerda, que una vez contó con el Duende para hacer voces raras, recuerda éste una frase verdaderamente inteligente e ingeniosa. Yo, como Billy Wilder -le dijo- de lo único que estoy seguro en esta vida es de que las cortinas del baño siempre deben caer por dentro de la bañera. No era del todo sincero. A tenor de sus últimas palabras en público, también está convencido de que el PP es una turba humillante, mentirosa e imbécil (sic). Esto último puede ser un subidón de adrenalina, un lapsus, un pasarse siete `pueblos. Pero hasta en la sede del PSOE en la calle de Ferraz puede que estén de acuerdo en que generalizar tanto es injusto. Y, en que, aún considerando que su autor no es, desde luego, un gilipollas, las palabras en sí mismas adquieren el rango de gilipollez.

Se ha armado la marimorena porque los obispos, dicen, pedían el voto para la derecha. Pero ahora resulta que a los de la izquierda les sale otro corifeo que no se muestra menos intransigente y exhibe incluso peores modos.

Si uno fuera candidato, se asomaría al balcón con sus mariachis y tanto a los prelados como a los artistas, les cantaría con toda intención aquél lamentoso y romántico bolero de los Panchos: ¡Ay amor, ya no me quieras tanto!/…/ ¡Ay amor, olvídate de mí!… Porque de la misma manera que no es ilógico pensar que Rajoy hubiera preferido el silencio de los obispos, no lo es tampoco creer que a Zapatero no le hayan hecho gracia las palabras de Cuerda. Las elecciones no se ganan con el voto de los convencidos, sino con el de aquellos que no lo tienen decidido. Y a buena parte de ellos les empieza a cargar que en nombre de Dios o en nombre de la inteligentsia -o del famoso canon- le digan a quién tienen que votar aquellos prepotentes que tanto pueden perder con un resultado adverso. Si el pueblo español es tan maduro y tan sabio como sus líderes se empeñan en recordarlo, quizás acaben pensando que a los turiferarios se les ve el plumero, ¿no?

Setién que pensar lo que dicen

 Ay, qué inoportunidad. Vive uno la madurez, intentando hacer caso a ese eminente pensador que es Luis Aragonés, que insiste en no confundir churras con merinas. Desea no meterse en jardines, no subirse al púlpito y dogmatizar, no perderse en polémicas que atizan viejas hogueras de intolerancia o, simplemente, de prejuicios irracionales.  Cumpliendo, eso sí,  con el deber de mantener el criterio, pero apuntando con la veleta a donde no suelen fijarse los grandes de la comunicación, que van poniendo los temas sobre el tapete y, como el tapete es verde, allá vamos a pastarlo como dóciles borreguitos. Hablando de las pequeñas cosas en las que no reparan ni Ansón, ni Cebrián, ni  Luis del Olmo, ni Gabilondo, ni Herrera, ni Enric Sopena, ni Jiménez Losantos. Y como para muestra bastan unos botones, velay la retahíla de las últimas chorradicas que desfilaron por el blog: la silueta de la Vespa, el drama de los calzoncillos absurdos, las interpretaciones del viejo higrómetro del fraile, la luz de los candiles, el simbolismo de los cochecitos de hojalata, los huevos duros de los hermanos Marx y la risoterapia. Aquí les querría ver a los santones de nuestro periodismo.

 Ay qué inoportunidad, que ya estaba en otros negociados, y de repente viene un chispazo de la actualidad y le retrotrae al Duende a su pasado de creativo publicitario, cuando tenía que parecer ingeniosillo a toda costa, y escribía titulares de anuncios que a nadie le importaban un pito, pero que creía que eran tan importantes como los pensamientos de Descartes  o de Ortega. Era  un simple jornalero de la pu, pero, como en esa profesión se ataban entonces los perros con longanizas, hacías un spot y te creías Fellini,  Almodóvar o Tarantino, o sea, el ombligo del mundo, como casi todos los cineastas. Y jugabas con la sinécdoque, o con el retruécano o con la aliteración  o con cualquier otra broma de lenguaje y decías: mecáchis, qué creativo soy.

Ay qué pena, caer en la vulgaridad, pero me lo ponen a huevo. Como a ZP, al que de vez en cuando la diosa fortuna le sonríe para que se deje de hablar de sus propias meteduras de pata y pongamos la lupa en las de los demás. Confiesa que ha mentido y al día siguiente entre Gallardón, Aguirre y  Rajoy la opinión pública pasa página. Dice digo a ANV y Batasuna donde antes decía Diego y corren en su socorro los señores prelados  a echarle el salvavidas.

Tienen todos los derechos, y, naturalmente, el de la libertad de expresión. Pero, predicando en nombre del Evangelio, es fácil encontrar en éste argumentos que hubieran aconsejado una mayor prudencia en sus documentos.

Por ejemplo, aquello de al César lo que es del César, y a Dios o que de Dios.

Por ejemplo, no hagas a los demás lo que no quisieras que te hicieran a ti.

Por ejemplo, no busques la paja en el ojo ajeno si no ves la viga en el propio.

Así que por eso, y recordando a ciertos obispos especialmente indulgentes con el terrorismo etarra, aunque el Duende detesta que este blog sea un frontón ideológico y ya se le ha pasado la edad de las ocurrencias, no puede evitar el juego de palabras.
Setién que dar cuenta de que de vez en cuando hacen pis fuera del tiesto. Y Setién que pensar mejor lo que dicen. Porque, aunque vista de morado, hasta un obispo puede parecer un sepulcro blanqueado.

Rajoy, Gallardón y otras melonadas que vienen a cuento

El melón de ZapateroEstaba decidido a politizar algo este blog, palabra. A melonada de Zapatero le sucedía otra de Rajoy, o al menos eso piensan la mayoría de los analistas. Alberto Ruiz Gallardón, cinco mayorías absolutas y el líder mejor valorado de su partido, queda fuera de las listas electorales. Parece otra melonada, ¿no?

Se excusa la ortodoxia pepera en que esa melonada se debe a su vez a la melonada del alcalde de Madrid, que, erre que erre, quería estar en las listas, lo que no está previsto en los estatutos del partido. Nadie reconoce sus melonadas. El ala derecha quiere que todo el partido sea como ella, y los que no piensan así son unos melones. El ala moderada piensa que para ganar no hay que seducir a los convencidos, sino a los dudosos que vegetan en la tibieza, y si los de la derecha pata negra no se dan cuenta de ello es que los melones son ellos. Los votantes acabamos votando o no. Si no votamos a nuestros afines porque sus gestores son melones manifiestos, somos unos melones, pues anteponemos gestores a principios. Y si  los votamos, somos más melones todavía, pues estamos favoreciendo a los supermelones del partido adverso.

La democracia es un melonar, y lo peor es que la cata de los que de verdad valen dura cuatro años. Quería hablar de esa poblemática, insisto. Pero el Duende propone y Dios dispone. En ésta que se puso a montar una lámpara de pie, una de esas minimalistas e hipertiróidicas lámparas de pie que venden ahora las grandes superficies. Y después de desembalarla sembrando su modesto palomar de plásticos, papeles de burbuja, pedazos de cinta de embalaje, cartones diversos  y copos de poliestileno expandido, después de leer cuidadosamente las extensísimas instrucciones, de iniciar su montaje y de comprobar que la lámpara de pie quedaba más jorobada que Quasimodo, y casi enroscada sobre sí misma, ha advertido que al kit le falta una pieza esencial: un tramo de acero que daría al soporte la altura necesaria para poder leer debajo de la luz sin tener que arrodillarse . Qué alegrías nos manda el Señor. Mañana a agavillar las piezas, embutirlas como se pueda en un envase de cartón que, como es lógico, ha habido que serrar y descuartizar para poder abrirlo, cargar  con una base de mármol que pesa un huevo de tiranosauro y largarse con el ticket de compras a los aledaños de la provincia de Burgos para ver que se hace con ese proyecto de lámpara de pie.

Solemos decir que no nos merecemos la clase política que tenemos, pero el Duende sostiene que son la perfecta representación matemática de lo que somos. Es verdad que ellos hacen melonadas, pero…¿qué me dicen de quien fabrica y embala una lámpara de pie incapaz de tenerse de pie?

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