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Ay, amor, olvídate de mí…

Artistas Zapatero

Está feo que el Duende empiece a citarse a sí mismo, pero en su último artículo de MARCA lanzaba una tesis interesante. Y es que en estos tiempos de buenismo dominante, como tó el mundo es güeno, no podemos concebir que exista el gilipollas químicamente puro. Lo cual, no obstante, se contrapesa con el hecho de que hasta el mejor escribano echa un borrón, y que levante la mano el que no reconozca haber hecho o dicho al menos una gilipollez en su vida.

Una de las últimas corre a cargo de un cineasta por el que guarda singular admiración, que es José Luis Cuerda. A él se deben dos de los títulos más luminosos y entrañables de nuestro cine, El bosque animado, que es una delicia, y Amanece que no es poco, una delirante comedia surrealista. De José Luis Cuerda, que una vez contó con el Duende para hacer voces raras, recuerda éste una frase verdaderamente inteligente e ingeniosa. Yo, como Billy Wilder -le dijo- de lo único que estoy seguro en esta vida es de que las cortinas del baño siempre deben caer por dentro de la bañera. No era del todo sincero. A tenor de sus últimas palabras en público, también está convencido de que el PP es una turba humillante, mentirosa e imbécil (sic). Esto último puede ser un subidón de adrenalina, un lapsus, un pasarse siete `pueblos. Pero hasta en la sede del PSOE en la calle de Ferraz puede que estén de acuerdo en que generalizar tanto es injusto. Y, en que, aún considerando que su autor no es, desde luego, un gilipollas, las palabras en sí mismas adquieren el rango de gilipollez.

Se ha armado la marimorena porque los obispos, dicen, pedían el voto para la derecha. Pero ahora resulta que a los de la izquierda les sale otro corifeo que no se muestra menos intransigente y exhibe incluso peores modos.

Si uno fuera candidato, se asomaría al balcón con sus mariachis y tanto a los prelados como a los artistas, les cantaría con toda intención aquél lamentoso y romántico bolero de los Panchos: ¡Ay amor, ya no me quieras tanto!/…/ ¡Ay amor, olvídate de mí!… Porque de la misma manera que no es ilógico pensar que Rajoy hubiera preferido el silencio de los obispos, no lo es tampoco creer que a Zapatero no le hayan hecho gracia las palabras de Cuerda. Las elecciones no se ganan con el voto de los convencidos, sino con el de aquellos que no lo tienen decidido. Y a buena parte de ellos les empieza a cargar que en nombre de Dios o en nombre de la inteligentsia -o del famoso canon- le digan a quién tienen que votar aquellos prepotentes que tanto pueden perder con un resultado adverso. Si el pueblo español es tan maduro y tan sabio como sus líderes se empeñan en recordarlo, quizás acaben pensando que a los turiferarios se les ve el plumero, ¿no?

Setién que pensar lo que dicen

 Ay, qué inoportunidad. Vive uno la madurez, intentando hacer caso a ese eminente pensador que es Luis Aragonés, que insiste en no confundir churras con merinas. Desea no meterse en jardines, no subirse al púlpito y dogmatizar, no perderse en polémicas que atizan viejas hogueras de intolerancia o, simplemente, de prejuicios irracionales.  Cumpliendo, eso sí,  con el deber de mantener el criterio, pero apuntando con la veleta a donde no suelen fijarse los grandes de la comunicación, que van poniendo los temas sobre el tapete y, como el tapete es verde, allá vamos a pastarlo como dóciles borreguitos. Hablando de las pequeñas cosas en las que no reparan ni Ansón, ni Cebrián, ni  Luis del Olmo, ni Gabilondo, ni Herrera, ni Enric Sopena, ni Jiménez Losantos. Y como para muestra bastan unos botones, velay la retahíla de las últimas chorradicas que desfilaron por el blog: la silueta de la Vespa, el drama de los calzoncillos absurdos, las interpretaciones del viejo higrómetro del fraile, la luz de los candiles, el simbolismo de los cochecitos de hojalata, los huevos duros de los hermanos Marx y la risoterapia. Aquí les querría ver a los santones de nuestro periodismo.

 Ay qué inoportunidad, que ya estaba en otros negociados, y de repente viene un chispazo de la actualidad y le retrotrae al Duende a su pasado de creativo publicitario, cuando tenía que parecer ingeniosillo a toda costa, y escribía titulares de anuncios que a nadie le importaban un pito, pero que creía que eran tan importantes como los pensamientos de Descartes  o de Ortega. Era  un simple jornalero de la pu, pero, como en esa profesión se ataban entonces los perros con longanizas, hacías un spot y te creías Fellini,  Almodóvar o Tarantino, o sea, el ombligo del mundo, como casi todos los cineastas. Y jugabas con la sinécdoque, o con el retruécano o con la aliteración  o con cualquier otra broma de lenguaje y decías: mecáchis, qué creativo soy.

Ay qué pena, caer en la vulgaridad, pero me lo ponen a huevo. Como a ZP, al que de vez en cuando la diosa fortuna le sonríe para que se deje de hablar de sus propias meteduras de pata y pongamos la lupa en las de los demás. Confiesa que ha mentido y al día siguiente entre Gallardón, Aguirre y  Rajoy la opinión pública pasa página. Dice digo a ANV y Batasuna donde antes decía Diego y corren en su socorro los señores prelados  a echarle el salvavidas.

Tienen todos los derechos, y, naturalmente, el de la libertad de expresión. Pero, predicando en nombre del Evangelio, es fácil encontrar en éste argumentos que hubieran aconsejado una mayor prudencia en sus documentos.

Por ejemplo, aquello de al César lo que es del César, y a Dios o que de Dios.

Por ejemplo, no hagas a los demás lo que no quisieras que te hicieran a ti.

Por ejemplo, no busques la paja en el ojo ajeno si no ves la viga en el propio.

Así que por eso, y recordando a ciertos obispos especialmente indulgentes con el terrorismo etarra, aunque el Duende detesta que este blog sea un frontón ideológico y ya se le ha pasado la edad de las ocurrencias, no puede evitar el juego de palabras.
Setién que dar cuenta de que de vez en cuando hacen pis fuera del tiesto. Y Setién que pensar mejor lo que dicen. Porque, aunque vista de morado, hasta un obispo puede parecer un sepulcro blanqueado.

Rajoy, Gallardón y otras melonadas que vienen a cuento

El melón de ZapateroEstaba decidido a politizar algo este blog, palabra. A melonada de Zapatero le sucedía otra de Rajoy, o al menos eso piensan la mayoría de los analistas. Alberto Ruiz Gallardón, cinco mayorías absolutas y el líder mejor valorado de su partido, queda fuera de las listas electorales. Parece otra melonada, ¿no?

Se excusa la ortodoxia pepera en que esa melonada se debe a su vez a la melonada del alcalde de Madrid, que, erre que erre, quería estar en las listas, lo que no está previsto en los estatutos del partido. Nadie reconoce sus melonadas. El ala derecha quiere que todo el partido sea como ella, y los que no piensan así son unos melones. El ala moderada piensa que para ganar no hay que seducir a los convencidos, sino a los dudosos que vegetan en la tibieza, y si los de la derecha pata negra no se dan cuenta de ello es que los melones son ellos. Los votantes acabamos votando o no. Si no votamos a nuestros afines porque sus gestores son melones manifiestos, somos unos melones, pues anteponemos gestores a principios. Y si  los votamos, somos más melones todavía, pues estamos favoreciendo a los supermelones del partido adverso.

La democracia es un melonar, y lo peor es que la cata de los que de verdad valen dura cuatro años. Quería hablar de esa poblemática, insisto. Pero el Duende propone y Dios dispone. En ésta que se puso a montar una lámpara de pie, una de esas minimalistas e hipertiróidicas lámparas de pie que venden ahora las grandes superficies. Y después de desembalarla sembrando su modesto palomar de plásticos, papeles de burbuja, pedazos de cinta de embalaje, cartones diversos  y copos de poliestileno expandido, después de leer cuidadosamente las extensísimas instrucciones, de iniciar su montaje y de comprobar que la lámpara de pie quedaba más jorobada que Quasimodo, y casi enroscada sobre sí misma, ha advertido que al kit le falta una pieza esencial: un tramo de acero que daría al soporte la altura necesaria para poder leer debajo de la luz sin tener que arrodillarse . Qué alegrías nos manda el Señor. Mañana a agavillar las piezas, embutirlas como se pueda en un envase de cartón que, como es lógico, ha habido que serrar y descuartizar para poder abrirlo, cargar  con una base de mármol que pesa un huevo de tiranosauro y largarse con el ticket de compras a los aledaños de la provincia de Burgos para ver que se hace con ese proyecto de lámpara de pie.

Solemos decir que no nos merecemos la clase política que tenemos, pero el Duende sostiene que son la perfecta representación matemática de lo que somos. Es verdad que ellos hacen melonadas, pero…¿qué me dicen de quien fabrica y embala una lámpara de pie incapaz de tenerse de pie?

Gallinas en libertad

(Foto cortesía de Davichi, con algunos derechos reservados)

Gallina

 

Lo que avanza la civilización, para que luego se diga que vamos a peor. Estaba el Duende dando de cenar a Marina un huevo frito con arroz cuando reparó en el envase de donde procedía el manjar. Pazo de Vilane -rezaba el rótulo comercial- 6 huevos de gallinas criadas en libertad. Y seguía: nuestras gallinas se crían al aire libre, y completan su dieta a voluntad en los extensos campos del Pazo. Conmovido por la noticia, trató de convencer a su nieta para que acabara el plato. Primero le explicó que el huevo venía de una gallina feliz, y que esos huevo eran privilegio de princesas, pero como si nada. Luego acudió al clásico truquito de los bocados penitenciales: este por Mamá, que tiene que ser profesora de universidad y gladiadora del hogar al mismo tiempo. Este por Papá, que trabaja tanto y además es del Aleti. Este por Zapatero, para que se le arregle lo de los trenecitos de Cataluña. Este por Rajoy, para que se le pase el cabreo…Pero la niña, erre que erre, no quería más. Tanta libertad gallinácea y tanta pedagogía para que aquel huevo que debía costar un ídem acabara en el estómago del Duende.No sabe uno si una gallina aprecia su libertad. Ni si, de ser cierto, es tan buen argumento comercial para el consumidor, con la vida tan perra que viven otras criaturas. Me consta que aunque las tierras del Pazo de Vilane son especialmente golosas para las gallinas, el huevo resultante no es tan diferente a cualquier otro bien frito. Más bien pienso que el mensaje comercial explota la creciente sensibilización hacia los animales. La cosa viene de Francisco de Asís, que empezó hablando del hermano lobo. Luego llegó Walt Disney, se inventó a Mickey Mouse y a Bambi y nos hizo llorar a varias generaciones cuando dejó al cervatillo huérfano de madre. Entretanto la humanidad conocía el holocausto judío, las bombas de Hiroshima y Nagasaki, hambrunas bíblicas e incontables atrocidades. Homo homini lupus, nos recordaba Hobbes. Hoy no somos mucho mejores, pero gracias a los ecologistas, a los Estudios Pixar y a que Rajoy no tiene ningún primo zoólogo, nos vamos regenerando. Al final nos sentiremos personajes de Frank Capra, y redimiremos nuestra mala conciencia amando a los animales casi como a nosotros mismos.

Se defiende la causa de las ballenas, de las focas, de los zorros, de los lobos, de los linces, de los toros de lidia. (¿Por qué no de las ocas del Perigord?). Por una colonia de mariposas se desvió el trazado del AVE. Y si no se soluciona el problema de la carroña para los buitres -que desde las vacas locas están a dieta- acabaremos llevándoles al Mac Donald con cargo al presupuesto de Solbes. Aún hay más síntomas: desde que el Duende vió Babe, el cerdito valiente ha dejado de tomar cochinillo. A ver cómo le cuenta a Marina que mientras las gallinas de sus huevos campan en libertad, los lechoncillos nacen con los días contados.

Claro, que peor será cuando le tenga que explicar que millones de niños como ella pasan hambre.

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