El cuerno de la abundancia es una repostería casera que ponen el bueno de Bernardito y su mujer Martica para enjugar una deuda contraída para hacerse cargo de una fabulosa herencia. Tan fabulosa que…Ya lo pueden imaginar, dura poco la alegría en la casa del pobre. Pero no les contará más el Duende, como no sea que el tal cuerno es pura ficción cinematográfica empaquetada en una deliciosa comedia cubana con ese mismo título.
Véanla, por favor. Olvídense de la crisis, de Cheroki, de la depre del Real Madrid, de la polémica de la cúpula de Naciones Unidas que ha pintado Barceló y hasta de que Solbes es de los peor valorados entre los ministros de Economía que asistieron a la cumbre del G-20. Y comprueben cómo, pese a todo, aún puede soplar aire fresco de una isla tan castigada como Cuba.
Como otras grandes películas -desde El gran dictador de Chaplin, El verdugo de Berlanga y To be or not to be de Lubitsch a, salvando las distancias, La vida es bella de Benigni- es una reflexión entre risas sobre la codicia humana y la cruel estolidez de cualquier dictadura. La crítica la ha comparado con las últimas comedias corales del autor de Bienvenido mister Marshall , película que, por cierto, aparece anunciada en el cochambroso pueblo donde transcurre la acción. Pero es bastante mejor que aquellas. El gran Berlanga se abandonó al gamberrismo a partir de La vaquilla (para este observador, la mejor ironía sobre el sinsentido de cualquier contienda civil). Todos a la cárcel o Moros y Cristianos eran flojitas. Y la última, París-Tombuctú era simplemente malísima.
Muy bien hecha, excelentemente interpretada por Jorge Perugorría y un elenco que, salvo Mirta Ibarra, está compuesto por actores desconocidos para la mayoría, devuelve al espectador el gozo de la comedia. Como las obras maestras de Capra, equilibra sabiamente el humor y la sátira con una finísima ternura.ternura No hay violencia, el hilo narrativo se sigue con facilidad, no deja hueco al bostezo y, además, reúne una cualidad de cuya falta adolecen la mayoría de las comedias españolas: se escucha muy bien. Aún hablando precipitadamente, como la gente de la calle, sus actores tienen tan buena dicción que se les entiende a la perfección. Y tanto el acento como la encantadora cadencia del habla de los cubanos en su salsa es una delicia.
Sólo le sobraba algo a este cuerno para haber traído, además de la abundancia, el éxito arrollador en taquillas: su inteligente, pero descarado anticastrismo. Con la iglesia hemos dado, Sancho. Juan Carlos Tabío, su director, no cuenta con el beneficio de Ken Loach o Michael Moore, distinguidos látigos antiimperialistas. ¿Cómo ha olvidado que, de Potemkim a esta parte, el buen cine sólo puede ser crítico con las dictaduras de derechas?



Lo avisó el poeta: Hay otros mundos pero están en éste. Había otras soluciones, pero también estaban en Raúl. No el del Madrid, el que da dolores de muelas a Luis Aragonés, según unos divinizado y según otros despreciado. No se trata del cásico por cuyo homenaje tanto se polemiza, sino de otro que sin tantos redobles de tambor va haciendo historia en un club y una selección poco acostumbrados a la gloria. Ay, Raúl Tamudo, qué grande eres. Y cuánto te debemos los que inconscientemente nos dejamos deslumbrar por las estrellas y ser guiados por los grandes predicadores del balón.
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