Posts Tagged 'Rebeca'

Primas de riesgo y nietas de alivio

El Duende espera que sus nietas también consideren algún día que lo más importante de su vida fue aprender a leer...

1

Oye hablar uno ahora de la prima de riesgo y se echa a temblar. Pero qué distinta era la cosa entonces, cuando una prima de riesgo sólo podía ser una chica maciza y repintada, con melena larga, un jersey de punto bien ajustado y una de esas minifaldas con las que Mary Quant perturbaba a la juventud de la década de los sesenta del pasado siglo. Mini pool y mini falda, o sea, mucha pechera y generoso muslamen. Cuanto más se reducía la ropa de ellas más se agrandaba la tentación. Qué peligro.

-Es una prima segunda a la que yo no conocía- dijo su amigo Luis- Pero está buenísima.

Luis.G.G., hoy un honorable abogado en ejercicio, era entonces una manada de búfalos concentrado el cuerpo de un fornido jugador de rugby. Como a Terencio, tampoco nada humano le era ajeno, pero lo menos ajeno de todo le era justamente aquello, que a poco que se desmandara se convertía en estampida. Recibió a la prima segunda con una alegría inusitada, como si se hubieran esperado el uno al otro toda una vida. Ella venía a Madrid a estudiar, como hacía  entonces las chicas bien de provincias. Algo estudiaría, pero los fines de semana se refugiaban en las oscuridades de lo que entonces se llamaban bôites y él le aplicaba el saber del pulpo para recuperar en una noche todo el tiempo perdido durante tantos años de no conocerse.

-Se va a dejar las gafas en el escote –avisó una amiga de la prima, que era la que hacía pareja con el Duende aquella tarde.

La pasión, que le cegaba al primo.

La amiga de la prima era otra cosa, y por eso iba de pareja del Duende, que no sabía qué hacer cuando se veía en un antro de aquellos y no le gustaba lo suficiente la chica como para bailar con ella. Además, se sentía carabina. Mientras los primos, inmisericordes, se metían mano, y hasta las gafas, la amiga, que era hija de un coronel, le contaba cómo era su vida en Lérida, bastante aburrida por cierto. La prima de León tenía riesgo, entonces alguna también se quedaba embarazada. Pero a la amiga el único riesgo que uno le veía era el aburrimiento. Como además no se parecían en nada a Audrey Hepburn, el Duende sólo quería escapar de ella y de aquella cueva oscura para ventearse en el aire fresco y libre de la noche.

2

Se sorprende a menudo el Duende repasando la mutación de las palabras por el abuso de las mismas. Nadie que no fuera economista  sabía  hasta hace poco qué era una prima de riesgo. Pero ahora el Duende se despierta a las siete de la mañana y lo primero que escucha son noticias de la prima de riesgo. La prima de riesgo nos persigue.

Podían contar que ha posado en Interviú como Terelu Campos, que se ha inyectado mármol en polvo para quedarse con cara de biscuit como  Nicole Kidman o que estrenará un tanguita con sabor a cereza la noche de San Silvestre. Pero todo lo que podía ser una fantasía más o menos sugerente se convierte en una puñalada a la moral patria. Esta prima y este riesgo nada tienen que ver con las del refrán (ya se sabe: a la prima, se le arrima). La crisis que nadie entiende pero de la que todos hablan, ha hecho que la prima de riesgo de España se salga de madre, que todos seamos más pobres y que el futuro nos espere con la guadaña más afilada que nunca. El Duende se ha olvidado las primas con curvas provocadoras y ya le ha puesto  a esta cara de malvada. Ahora la prima de riesgo es como Judith Anderson, aquella pérfida con nariz de rapaz, verruga y moño que hacía de señora Danvers enRebeca.

-Jesús, qué prima más insoportable –se dice mientras ventila la habitación antes de hacerse la cama.

Nunca mejor dicho.

3

¿Habrá también nietas de riesgo? –se pregunta el Duende mientras se sienta al lado de su querida Marina. Si se va a generalizar la costumbre de acompañar a la palabra que designa a un familiar una característica o un adjetivo, esta niña es ahora más que nunca una nieta no de riesgo, sino de ilusión o así.

-Abuelo, ya se leer –le anunció el otro día con la voz trémula y febril. La niña era prisionera de unas feroces anginas.

No ha sido nada precoz, porque va a un colegio de esos que considera que cada cosa a su tiempo, y que no hay que precipitarse. Modernidades. El abuelo de Marina aprendió a leer a los cuatro años. A esta misma edad su nieta, como cualquier niño de hoy, sabía manejar el mando de la tele, del DVD, el I Pad, o como se escriba, y, cómo no, el móvil. Pero ha tenido que esperar a los seis para sentir la emoción de decir las palabras escritas. También cambia la pedagogía.

4

La criatura no estaba para celebraciones. En realidad era su abuelo el que lo estaba, pues se acordaba de las anginas que padeció en su infancia, y de lo mucho que leyó a cuenta de ellas en la cama, y le emocionaba pensar que ahora su nieta iba a entrar en el maravilloso mundo de Andersen, de los hermanos Grimm o de Perrault con sólo seguir el camino que dejan las letras.

-Ya verás qué bonito cuando leas los cuentos-le dijo mientras acariciaba sus mejillas calientes,

Tampoco estaba Marina para historias, porque la modorra le cerraba los párpados. Pero como quería mostrar sus habilidades, hizo un esfuerzo y, conteniendo el moqueo, consiguió leer los primeros versos de su vida que alguien le había escrito en su cuaderno:

LA NIÑA MARINA / HOY TIENE ANGINAS/QUE SE VA A CURAR/ CON MEDICINAS

Los leyó lenta, muy lentamente, y con los previsibles titubeos. Pero al acabar sonrió.

El autor no era precisamente García Lorca, sino un tipo feliz de ver que la niña manejaba ya la llave mágica de las palabras. Menos mal, porque puede que tengamos que seguir soportando a esas  primas de riesgo que nos tienen el alma en vilo. Mas para compensar tanta zozobra, tambien aparecerán cada día nietas   de alivio,  niños  y niñas que acaban   de descubrir el encanto  de la lectura y que a partir de ese momento podrán emocionarse como nosotros con el ensueño de la literatura.

 

Bailar para amar y bailar para morir

baileguateque
Cree el Duende que entonces se llamaba bôite, en francés, porque las canciones de amor más lentitas y calentonas venían del otro lado de los Pirineos. No era tanto para divertirse frenéticamente como para apretarse a una chica todo lo que permitían las buenas costumbres y, sobre todo, ella. Lo habitual era arrullarse en las canciones suaves y romanticotas de Salvatore Adamo, bailar poniendo cara de Alain Delon y sentir a continuación el codo de la chica clavado en el costillar. Hacer manitas ya era un éxito (a muchas no les dejaban salir jamás por la noche). Lo de bailar cheek to cheek, o haciendo caritas, que también decían los que no habían pasado por Berlitz o Assimil, era faenón. Y un apasionado tornillamen significaba salir por la Puerta del Príncipe. Qué ingenuos éramos en aquellas oscuridades cómplices, caramba. Pensar que ahora por algo semejante te pueden matar a patadas como al desdichado Alvaro Ussía.

-¿Y tú de donde eres?- le preguntaba el Duende a Josefina.

-De Ávila.

La primera chica con la que salió el Duende se llamaba Josefina y era abulense. Morena y de melenita tipo Rebeca, al Duende le parecía una dependienta de bombonería. O sea, que tenía un encanto especial, quizás porque uno gusta de irse por las ramas de los cuentos, y en realidad creía que el amor era una casa como la de Hansel y Gretel, pero sin bruja.

-Jo, qué frío debe debe de ser Ávila en invierno, ¿no?

Eso lo decía para abrir el baile. Luego, cuando Aznavour, Gilbert Becaud o el mismísimo Sinatra propiciaban el ligue, se ponía interesante y hablaba de La sombra del ciprés es alargada, de Miguel Delibes, que es Avila pura, fría y algo tristona. Pero a Josefina no le impactaba nada. Le gustaba uno que estudiaba para ingeniero industrial.

-Se llama Eloy-le contaba Josefina mientras aspiraba por la pajita un combinado de ron que ardía en una vasija en forma de calavera- Y además hace alpinismo El verano pasado escaló el Torreón de los Galayos.

Qué antiguos parecen estos cromos, cuando todo en España era peor, y las chicas apenas se dejaban tocar, y uno, aunque se dejaran, tampoco las tocaba, porque, como decían los castizos, era más parado que el caballo de un fotógrafo. Qué increíble lo de dar con un portero de bôite, quizás ya de discoteca, vestido de librea y gorra de plato, que te recibía con una sonrisa, te alargaba el mechero si entrabas con el pitillo entre los labios y te vigilaba el coche si eras pudiente y lo habías dejado mal aparcado.

La bôite se llamaba algo así como Kim Lom, y quería tener aire oriental, como esos tugurios de las películas de Indiana Jones. Tenues antorchas falsas iluminando la oscuridad, bebidas exóticas en cuencos de hechicero, y música tranquila que ilusionaba al amor. Ni los decibelios trepanaban el cerebro, ni las pastillas corrían ni los porteros eran matones. Josefina se ennovió con el de industriales, pero, ahora que compara, el Duende se quedó encantado de haber bailado con ella sin morir en el intento.

El patio de mi cárcel y el de Elena

Elena Cánovas

Elena Cánovas

No siempre es el horror, las contradicciones de la vida o la extravagancia lo que hace de Homper el perfecto Hombe Perplejo. A veces se queda pasmao por el mérito de mucha gente que la mayoría ignora. Lo descubrió en una boda, cuando conoció a una mujer francamente atractiva que se movía entre los invitados con la ligereza y la ingenuidad de una chiquilla. Era guapa, vestía con gusto y originalidad, destilaba coquetería y sonreía mucho. Uno hubiera apostado a que lo suyo era el mundo de la moda, o del diseño, o de la decoración. Pero las apariencias engañan a menudo.

-No lo creas-le advirtieron-Es una funcionaria de prisiones.

Uno piensa que para ese trabajo hay que ser como Judith Anderson, aquel palo de escoba astillado que ejercía de ama de llaves como señora Danvers en la película Rebeca. Falso cliché. Hay funcionarias de prisiones con encanto. Y quizás con bastante más que el encanto, como lo demuestra esa otra heroína de nuestro tiempo que es Elena Cánovas.

Elena Cánovas es Candela Peña, o más bien Candela Peña es parte de Elena en la película El patio de mi cárcel, de Belén Macías. Esta película retrata el grupo Yeses, una compañía concebida, creada y dirigida por Elena en la prisión de Yeserías para impulsar el teatro como vehículo de reinserción social para las reclusas. Corrían los años ochenta, y España ni imaginaba el buenismo que ahora respira bajo la égida de Zapatero. En los ministerios de Justicia e Interior se levantaron entonces muchas cejas: ¿qué carajo es esto de que las presas hagan teatro?

Pero Elena era una mujer de casta y una gran luchadora. A los veintipocos años y con un matrimonio fracasado se vio sola, con dos niñitas en sus brazos y la calle para correr. Se graduó en Criminología, se tituló en Interpretación y Dirección Escénica en la Escuela de Arte Dramático, ingresó en el Cuerpo de Funcionarios de Prisiones y sacó adelante su ilusionado proyecto. Como cualquier pedagogía innovadora, el suyo no fue un camino de rosas. Pero al menos fue reconocido. Fue distinguida con el Dionisos de la UNESCO y otros premios, y con la medalla al Mérito Penitenciario. Y la obra Mal bajío, de la que es coautora, obtuvo un accesit del Premio Calderón de la Barca.

Podía haber sido la guionista o incluso la protagonista de El patio de mi cárcel, pero el marketing cinematográfico tiene sus leyes. Y más si anda de por medio la llamada factoría Almodóvar. La deuda con la creadora del Grupo Yeses se salda con el consabido inspirada en…Pero nadie le podrá negar el mérito de encarnar un perfecto papel de heroína. El patio de Elena tiene más sustancia que la que dicen que se percibe en la película. Su reciente batalla contra la enfermedad, agiganta su figura. También ha sabido engañar al cáncer, poniendo a esta última putada del destino la máscara más alegre del teatro que siempre luce su sonrisa.

La naturaleza imita al arte, proclamaba Oscar Wilde. Pero cuando el arte cinematográfico se ha fijado en la gran aventura vital de Elena se ha quedado un poco escasito. Ella quizás merecía un oscar especial por su tenacidad. Y, por supuesto, un compañero de reparto con la apostura de George Clooney. Lo demás es minimizar el mérito de esta gran soñadora que tanto ha luchado por el teatro y por la dignidad de las reclusas.


Siluetas de RNE

Duendes suscritos:

Suscripción

Suscripción por email

Mis servicios:

El mejor regalo a un ser querido

Publicaciones:

PARAÍSO DE HOJALATA
Una Infancia de Hojalata

Ir directamente a

Blog Stats

  • 1,189,711 hits

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 170 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: