
Aquella niña buena se durmió pensando que, por fin, los Reyes Magos también iban a recibir regalos de Reyes...
1
Melchor quizás estaba aburrido ya de su poblada barba blanca.
-Tantos años ya-pensó la niña- ¿Y si se la quiere afeitar?…
Gaspar es muy posible que se doliera de las cervicales. Siglos y siglos sufriendo el bamboleo de cabalgar a lomos de un camello…¿Cómo no iba a resentirse su cuello?
-Y Baltasar…¡Pobre!…¿Habrá visto lo de las pateras?…
Y se imaginaba que el tercero de los Reyes Magos podía haber sido uno de esos negros que en estos días se aventuran a llegar a España en pateras.
-¡Qué mareo! –resoplaba la niña.
2
Y se puso manos a la obra.
Papá era un ejecutivo de esos que se pasa la semana viajando, y por casa había muchas de esas pequeñas cosas insignificantes que los que viajan se traen de los aviones y de los hoteles. Y a Mamá le decían muchas veces hipocondríaca. La niña no sabía lo que significaba eso. Sólo sabía que a su madre le gustaban las medicinas más que a ella las chuches.
Encontró un kit de afeitar impecable. Y una de esas almohadillas inflables para ajustárselas al cuello y dormir en los aviones. Y una caja de Biodramina aún sin estrenar.
Lo puso todo en una de esas cestitas para el pan que Mamá compraba en los bazares chinos. Lo envolvió en un papel celofán y luego descolgó del árbol de Navidad un par de bolitas rojas y un lazo que puso en todo lo alto como remate.
3
Finalmente, dejó la cesta ante la chimenea y se echó en el sofá. Quería que Melchor, Gaspar y Baltasar la sorprendieran durmiendo, como es propio de las niñas buenas la noche del cinco de enero. Y esperaba que los Reyes Magos de la crisis, que seguramente estaban tan caninos como el resto del personal, en lugar de dejarle juguetes, se llevaran esas tonterías que no servían de nada en casa y que ella había preparado con tanto cariño.
Los Reyes aparecieron de madrugada. Se sorprendieron un poco, pero cogieron la cesta encantados, y se fueron dejándole a la niña sólo tres besos emocionados.
Y fue el mejor regalo de Reyes que se recuerda.




Pasado el tiempo de jolgorios, el Duende se adentra hoy en teologías delicadas. Para empezar ha llegado a la conclusión de que uno de los grandes inconvenientes de ser Dios es que hay acreditar sabiduría absoluta. No es moco de pavo.



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