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Lo que ganamos y perdimos con Labordeta

Miraría la estela que ha dejado a su paso por aquí y seguro que se quedaría tan estupefacto como Homper...

Como todos los ancianos, la tía Clota –cuánto tiempo sin saber de ella- se va blindando el alma contra las añagazas de la muerte. Ella misma se siente cada día más débil, más alejada de este mundo, y cuando sabe que alguno de sus contemporáneos ha sido citado por la Parca pasa sobre el asunto como el viento de otoño sobre la cresta de los cardos secos. Sin embargo,  según Homper ha sentido muy particularmente la muerte de José Antonio Labordeta.

-Era más joven que ella –explica el sobrino- maestro, como ella. Y más republicano y cascarrabias que ella.

Añade el Hombre Perplejo que la tía no tuvo reparos en reconocer que le gustaba muchísimo más su colega como ciudadano original y político revoltosillo que como cantautor. Parece mentira que fuera paisano de Miguel Fleta –fue su comentario en este punto. Pero lo que más le había sorprendido a la anciana, tan distanciada quizás de lo que es hoy su España natal, había sido el enorme impacto popular de su fallecimiento.

-¿No crees, sobrino, que el pueblo se siente feliz cuando tiene algún muerto famoso que pasear?

Una vez más, y haciendo honor a su nombre, Homper se quedó estupefacto. Luego comentaría con este duende que, con el desparpajo cruel que a veces se expresan los que ya tienen poco que perder, la anciana tía podía tener parte de razón. El efecto placebo de las muertes famosas. La sociedad es cada día más descreída, pero aprovecha estos eventos emocionales para levantar la banderita de la sensibilidad y redimir su condición de masa significándose por una causa noble.

-Por eso los aplausos fúnebres que ahora suenan en ciertos entierros- comentó- A mí me parece sorprendente.

A este duende también por cierto. Recuerda al entrañable Labordeta de sus tertulias en Radio Nacional y está convencido de que se escandalizaría al verse convertido en un fenómeno como Elvis Presley, a su edad, con esos bigotones y esas trazas de profesor machadiano, y con una mochila llena de itinerarios y de bonhomie. Se reía de las travesuras que escuchaba al Duende y a Capitán, como se reía de sí mismo, sin sospechar, ni de lejos que iba a ser el icono balsámico en que le ha convertido la muerte.

-Yo tuve como alumno a Federico Jiménez Losantos- ironizaba un día- ¡Fíjate si habré sido buen profesor!…

Y se echaba a reir. Parecía considerarse un hombre sin demasiada importancia.

Labordeta fue además de un personaje simpático un poeta oscurecido voluntariamente por el respeto que tenía a un hermano mayor, Miguel,  muerto prematuramente y que aún era mejor que él. Luis Antonio de Villena dixit. También fue un estimable escritor costumbrista. Un día le regaló a este mindundi que les escribe un ejemplar de su libro Cuentos de San Cayetano, un conjunto de relatos deliciosos dedicado con mucha gracia. Lo disfrutó hasta que desdichadamente lo perdió en un viaje. Ahora le hemos perdido a él, aunque, por lo que se ve, hayamos ganado un prócer, un héroe popular y quién sabe si hasta un santo. Descreídos  o no, seguimos necesitándolos…

Cambiando de aires 3/Sueño con Sofía Loren

Cómo ibamos a dejar escapar un sueño con Sofía Loren, aunque fuera en medio de un relato de viajes...A las dos semanas de iniciar el cambio de aires –léase, vacaciones de verano itinerantes- entró el bloguero en una duda metafísica de muy largo alcance. De repente sintió el complejo de viajero-plasta. Hay familiares-plasta, vecinos-plasta, viajeros-plasta y plastas diversos sin cualificación específica. Les unifica a todos el afán de castigar al personal haciéndole copartícipes de eventos familiares y sociales, aventuras deportivas y viajes que a los demás no interesan nada.

Algunos nos afanamos en contarlos con prolijidad y alevosía, cosa peligrosísima si se hace de viva voz, porque es difícil esquivarlo sin pecar de mala educación. Otros los escribimos, que es más considerado con los demás: se lo entregas o lo cuelgas en Internet y éstos lo leen o no, a su conveniencia. Pero para los plastas fetén el instrumento de tortura favorito sigue siendo el video.

-Os invito a unas copas en casa, y así vemos el video de la primera comunión de mi Vanessita-dice el plasta primero.

-Bueno- dice el plasta segundo-Siempre que te pueda poner yo el de mi viaje en familia a los fiordos noruegos.

No hay nada como despabilar a tiempo. Entonces va el plasta primero y se lo piensa.

-Bueno, casi lo dejamos, ¿no?…Al fin y al cabo…¡siempre nos quedará el purgatorio!

Moraleja: piensa que es bueno ahorrar a los demás el mismo tormento que ellos te pueden infligir a ti.

Así cavilaba el bloguero cuando terció en su memorial de viajes un sueño singular. Era tan curioso y desopilante que no puede dejar de contarlo. Sin video, claro. Lo cual servirá, además, para volver sobre el manido, pero siempre interesante tema, de cómo y por qué se forman los sueños, esa especie de albóndiga inmaterial donde se mezclan recuerdos, deseos, frustraciones diversas, aspiraciones pendientes y hasta meros reflejos físicos de un dolor o de una experiencia sensorial.

En La interpretación de los sueños el maestro Freud refiere que uno de sus pacientes había soñado que le guillotinaban en la Revolución Francesa. Se vio paseado en un carro por las calles de París rumbo al patíbulo mientras las hordas sedientas de sangre le insultaban por ser un asqueroso realista. Soñó a continuación que el verdugo le colocaba en la guillotina, y que la hoja de ésta le rebanaba limpiamente la cabeza, que cayó en un cesto. A decir del famoso psicoanalista, esta historia macabra podría haberse producido  por un estímulo físico. El paciente recordó que fue despertado por el golpe en el cuello que le dio al desprenderse del dosel de su cama la barra de la que colgaba la cortinilla. Y este golpe desató, en un instantáneo flash back, toda la truculenta secuencia de su ejecución.

La aventura onírica del bloguero fue muy distinta. A tenor de la suavidad y el `perfume de´su sueño, el bloguero, debería de haber tenido al alcance de la punta de los dedos  de sus pies alguna dulce compañía. Pero da fe de que dormía solo. Sin embargo soñó con Sofía Loren. No con la actual, sino con aquella mujer despampanante que en los años sesenta rodó en  España la película Orgullo y pasión. O sea, con el sueño erótico por excelencia de aquella juventud que dividía sus afanes entre Brigitte Bardot y la excelente y exuberante actriz napolitana.

En el sueño ella entraba en la habitación del Duende portando un saquito de arroz. A cambio de su amor, Sofía Loren sólo le pedía que cocinara uno de esos sabrosos arroces caseros de los que él tanto presume. Y entretanto, se divertían en varios juegos amorosos, vaya si se divertían. Todo se perfilaba feliz hasta que apareció en el sueño Enric Sopena y lo fastidió. Enric Sopena, que fue director de RNE y que coincidía con el Duende en el mismo programa –uno de bromista y el otro de tertuliano apocalíptico-, no se comía una rosca en el sueño. Sólo se mosqueaba, y decía que era intolerable que Sofía Loren le diera más importancia a un secundario que a él. Qué mal carácter, diablos. Pero eso no consiguió empañar la categoría del sueño, que desde el mismo momento del despertar entró en el capítulo de los inolvidables.

No pensaba este bloguero en Sofía Loren desde hace muchos años. Sin embargo, ayer hojeó un dominical que abordaba el tema del descubrimiento del LSD, y  en él citaban a Cary Grant como uno de sus consumidores habituales para, entre otras cosas, olvidar que  Sofía Loren, de la que se había enamorado rodando la película antes mencionada, no le hacía caso. Aparecía ésta en el reportaje en una fotografía. Y estaba en el esplendor de su belleza, por cierto, por lo que el bloguero la raptó subconscientemente para su sueño.

Enric Sopena también se había asomado el día anterior en un televisor encendido que vio fugazmente. Alguien mencionó su nombre, y evidentemente quedó registrado como malo de la película. En cuanto al arroz, es absolutamente cierto que no hace ni dos semanas el Duende preparó uno para sus anfitriones en la Bretaña francesa y los franceses, que tienen buen paladar, repitieron por dos veces. Así es como se elaboró el sueño.

Quizás no debería de figurar  en las impresiones de un viaje. Pero los paisajes están ahí, y permanecen, los monumentos serán los mismos mañana, los itinerarios y las postales tampoco cambiarán demasiado si esperan un día más. Y sin embargo era de necesidad urgente contar que el Duende tuvo la suerte de seducir  a la Sofía Loren más bella cocinando arroz. Y que mató dos pájaros de un tiro, cabreando además al mismo tiempo a Enric Sopena. Todo fue gracias a un sueño, y si no lo contara hoy, podría evaporarse en el cajón de los sueños prescindibles, lo que en estos tiempos de crisis, la verdad, hubiera sido una lástima.

Córcholis, qué ganas de evadirme

Se agitan esas bolas de nieve...y uno siente deseos de penetrar en sus mágicos paisajes y evadirse...

Se agitan esas bolas de nieve...y uno siente deseos de penetrar en sus mágicos paisajes y evadirse

Homper lo escuchó por la radio y dijo córcholis.

Córcholis es una exclamación antigualla, una palabra en almoneda. Alex Grijelmo, que no se si esquivó el rastrillo de la renovación en RNE, lo incluiría entre lo que él llama con acierto palabras moribundas. Como gabán, damajuana, jofaina, badila, escarlatina, cabás. No es que murieran las palabras, sino que lo que designaban, o desapareció (como la escarlatina) o fue retirado por obsoleto. Ahora sus nombres dormitan en el desván del diccionario. Desván, otra palabra moribunda. Las casas nuevas, como mucho, llegan a trastero. Y las que se hagan a partir de ahora probablemente ni eso.

Pero lo de córcholis venía al pelo, pues Homper acababa de escuchar a otra antigualla que es Manuel Fraga. Don Manuel hacía unos días en una presentación de un libro que se las tuvo tiesas con su equivalente en la izquierda, que es Carrillo. Si alguna vez tuvo pelos en la lengua el ‘político gallego se los arrancó de golpe, pues a don Santiago, que ha tenido la suerte de salir de rositas de la zona más oscura de su biografía y ahora ha sacado la pala para desenterrar la memoria histórica, le espetó de buenas a primeras: ¿y de Paracuellos qué? El veterano comunista silbó, miró para otro lado y la sangre no llegó al río. Menos mal.

Ayer don Manuel también se pasó lo suyo. Tan mal le parece a Homper que el viejo comunista ande hurgando con la badila (mire por donde reanimamos a esta palabra moribunda) en los rescoldos de nuestra maldita guerra civil, como que Fraga mire hacia dentro y resucite sus viejos tics autoritarios para sugerir que se cuelgue a los nacionalistas. Se creía que un sujeto llamado Tardá había dicho el último disparate del circo político. Pero, no, los mayores también animan el patio. La edad enseña a ser prudente: ¿por qué Santiaguito y Manolín se empeñan en desmerecer ahora la indulgencia general sobre su pasado que se habían ganado en estos últimos treinta años?

Lo cual que Homper procesa la incontinencia verbal como otro alifafe más de la edad. ¿Llegaré a ser tan indiscreto como ellos? -se pregunta preocupado. Y mientras el tiempo le contesta, desvía su mirada a una bola de cristal en la que se ve un precioso paisaje nevado. La toma en sus manos, la agita y contempla asombrado una tormenta blanca en miniatura. Antes de que la edad le convierta en un lenguaraz impenitente, o, peor aún, le quite de en medio, quisiera encontrar la fórmula para penetrar en la bola de cristal y pasear por ese mágico paisaje blanco. Tan ingenuo, tan idílico. Tan distante de la cruda realidad que a menudo nos recuerda la política.

Wagner ¿divino o inhumano?

(Foto de John and Keturah)

En Bayreuth, la meca de los wagnerianos, levitan este año con Tristan e Isolda. Como cualquier puesta en escena que se precie hoy día, ahí no aparece ni un barbudo, ni un vikingo con cuernos, ni un guerrero, ni una deidad como las que nos enseñaban los santos de los libros de las leyendas germánicas. (Por cierto, gracioso: ¿se acuerda alguien de cuando a las imágenes de los libros se les llamaba santos?). Es la modernidad. La música es la misma que escribió don Ricardo. El mismo texto. Pero se aligeran los decorados y el vestuario. Mientras el cine engaña cada día más con efectos especiales, el teatro, y especialmente el musical, se desnuda, y engaña cada día un poquito menos. A los nibelungos y a las walkirias ahora les visten gente como Tony Miró o Adolfo Domínguez. Viva el minimalismo.

Mientras tanto, en Radio Clásica -una de las que aún no ha desfigurado del todo la nueva dirección de RNE- reproducen esta tarde El anillo de los nibelungos. Como suele hacerse antes de cualquier audición, una voz resume el argumento antes de que empiece a sonar la música. Resumir…¡ja! ¿Hay alguien que haya podido retener alguna vez el espeso argumento de una ópera de Wagner?

En las orillas del Rihn, la doncella Trunilda depila sus pantorrillas con cera de abeja perfumada con esencias de malvavisco. Al paso de una barcaza, los marinos la obsequian con cánticos varoniles que pretenden llamar su atención. Pero, persuadida de sus perversa intenciones pecaminosas, Trunilda se lo advierte a Roderico, que, como camarero mayor de Odine, tiene el privilegio de manejar la espada sagrada en contra de los herejes, y le promete bordar su capa con hilo de oro si hace naufragar la nave. Roderico parece seducido por la posibilidad de ganarse así el corazón de Trunilda. Pero desde la torre almenada del castillo de Junglfrüchte Cunegunda, que persigue desde tiempo atrás los favores de Roderico,  observa la maniobra. Y, despechada, escribe un billete que enrolla en la pata de una paloma mensajera para enviárselo a Wothan, famoso por sus regurgitaciones de codillo con schucrut y por su odio a Roderico. Wothan, antes de tomar decisión alguna, consulta con la sacerdotisa Sisemutten, que abre las entrañas de una garduña para leer en ellas la voluntad de los dioses. Según los idus de julio y las pestilentes heces de la garduña, sólo si antes rescata el sagrado nabo que crece en las laderas del gigantesco monte Kokonutt y se lo ofrece como holocausto a la walkiria Hildegarde conseguiría sus propósitos. Wothan recluta una compañía de genízaros y otra de lansquenetes que, capitaneados por el endriago Bertoldo, rescatan el nabo sagrado, no sin que las laderas del Kokonutt queden empapadas en sangre. Sin embargo Hildegarde, prima segunda de Sisumutten, no ha olvidado la humillación de Wothan, que había difundido entre los maestros cantores  de Nuremberg la especie de que ella  disimulaba sus pechos planos con ovillos de estopa ocultos bajo sus hopalandas. En consecuencia decide vengarse engañando a Wothan diciendo que nunca conseguirá a Trunilda, porque ella reniega de los pelirrojos, y Wothan tiene el cabello como la zanahoria. Desesperado éste, devuelve la paloma mensajera diciendo que Cunegunda se busque la vida, a lo que ésta, despechada, responde seduciendo al tritón Nepomuzenen para que se sumerja en lo más proceloso del Rihn, ancle la barcaza justo frente al remanso donde Trunilda se depilaba y, emergiendo de las profunidades ya encarnado como un gallardo príncipe, conquiste a la doncella de las bellas piernas mientras los marineros celebran el encuentro entonando el famoso coro “Ich liebe Trunilde depilatten”. Al ver Trunilda que los marineros no son tan obscenos como creía, cede su irritación, y empieza a mirar a Nuepomuzenen como algo más que un anfibio, por lo cual advierte a Roderico que ha perdido la aguja y el dedal, y no podrá bordarle la capa con hilo de oro. Decepcionado, Roderico se retira a la Walhalia a comprar un boleto de la Primitiva mientras Cunegunda se arroja al vacío desde la torre almenada, cayendo sobre el nabo sagrado que era portado por las huestes de Wothan. Este, indignado por el final de Cunegunda, abandona su plan de venganza y decide tomar los hábitos en el convento  de Beda el Venerable. Finalmente, Trunilda y Nepomuzenen se casan, y son aclamados por los genízaros, los lansquenetes, Bertoldo y los paisanos ribereños del Rihn en el banquete cuyo plato principal es el nabo sagrado con galantina de faisán de Westfalia. El anillo del nibelungo, por cierto, aparece en la sección de objetos perdidos del Ayuntamiento.

Parece un absurdo, un rollo o un galimatías sin pies ni cabeza. Pero en realidad no difiere tanto del resumen de cualquier libreto de Wagner. Y es que no hay que simplificar sus puestas en escena. Para que este genio, tan divino, fuera asimilable por los humanos, alguien debía de atreverse a aplicar el minimalismo extremo al  despelote superlativo que son sus óperas. Lo demás es abundar en esa oscuridad que sólo ilumina a los privilegiados wagnerianos malgré tout.

Un consejo de Enrique Dans

Enrique DansSe presenta la nueva programación de Mobuzz TV. Mobuzz TV es una televisión en la red. Espera el Duende no meter la pata. No es que no domine las nuevas tecnologías, es que además no sabe usar su lenguaje con propiedad. ¿Sabe todo el mundo que la red por excelencia es internet? Dentro de la programación de esta nueva televisión, que hasta ahora difundía básicamente noticias tecnológicas e información en formatos de cinco minutos, se estrenaba hoy el No Ticiario, un informativo de aquella manera que presentan Javier Capitán y Miriam Reyes. En este informativo surrealista, que dura ocho minutos y subirá a la red a primera hora de la tarde de lunes a viernes, interviene uno que se parece al Duende.
A la fiesta de presentación acuden muchos compañeros de RNE. Al Duende le agradan muy especialmente las presencias de Mónica Saiz y Paloma Arranz, dos de las piezas clave de aquellos tiempos de buena radio que el público conoce poco. Mónica le cuenta que su hijo Sergio, apenas tres años, que asomaba todos los días en el interfaz de su ordenador su cara de peluche bonachón, ha sufrido una dolencia en las vértebras, y tiene que soportar un collarín. Está mejor, pero ella lo ha pasado mal, y cuando Mónica lo pasa mal toda aquélla peña que gravitaba en torno a Olga Viza no lo puede pasar bien. Mónica querida, que la dolencia pase pronto y Sergio vuelva a hacer las travesuras propias de su edad. Besos cariñosos de todos los duendes.

El Duende besa a Mónica y a Paloma todo lo apasionadamente que permiten las circunstancias, pero agradece emocionado la presencia de José María de Juana, a quien no veía desde hace tiempo. José María de Juana se jubiló hace ya más de un año, y está feliz. Bajo su barba casi blanca sigue luciendo unos juveniles coloretes más propios de defensa del Alavés que de un hombre de su edad. Esto es lo que el Duende aprecia hoy muy especialmente: su edad. Por primera vez desde que frecuenta este entorno de alta tecnología, hay alguien que le supera en años. Qué inyección de moral, Josemari. Internet, ay, es rabiosamente joven, y no eres nadie en internet si además de joven no manejas las sofisticadas herramientas virtuales que exige este invento. El Duende ya domina el sacapuntas, el exprimidor y el cortaúñas con soltura. Cualquier año de éstos comprende el E-Mule instalado en su ordenata y se baja Arianne, una de las pocas películas de Audrey Hepburn que nunca vio y que persigue desde su estreno.

En el cocktail también está presente Enrique Dans, autor de uno de los blogs más visitados en la red. Enrique, que es biólogo, se sumergió en este mundo virtual y cayó atrapado en sus encantos. Ahora enseña sus secretos en el Instituto de Empresa de Madrid. Con su labor de difusión, en la red y en las aulas, acumula cada día más y más lectores para su blog. Maestro -le pregunta el Duende- ¿Qué he de hacer para seguir tu ejemplo?. Y el maestro le contesta que no hay recetas apriorísticas. Y que escriba de lo que quiera. Algo muy tuyo, insiste.Mobuzz.tv

A la salida, con un viento del norte que acuchilla la cara, el Duende regresa dando un largo paseo al lugar donde había dejado su Vespa. Delicioso andar nocturno por el Madrid de los Austrias, siguiendo el trazado de lo que en el foro llaman la Cornisa Imperial. Para saber cuánta distancia cubre a pie, el Duende se acerca a los planos de las paradas de los autobuses y busca una medida. Pero desgraciadamente no la encuentra. Los planos de metro y de autobús, reflejan el trazado de las líneas de transporte sobre las calles, pero no hay escala de referencia para que transeúnte sepa lo que anda. O sea, que como diría doña María, también los planos se hacen de espaldas al pueblo.

Una observación muy propia del Duende, como sugería el maestro Enrique Dans. Aunque con la que cae a cuatro día de las elecciones, no sea de las que vayan a precipitar un aluvión de visitas.

Los calzoncillos tampoco son lo que eran

Calzoncillos sin apertura

(Foto de Simpson Twin)

 Especulan las vecinas del Bloque los Arándanos sobre si el slip del famoso anuncio de Beckham tiene ventanita. A ellas en definitiva es probable que les de igual, pues van al bulto. Pero al que quiera imitar al ídolo comprando un modelo  de su marca no. Antes los calzoncillos podían ser largos (llamados marianos), tipo boxer o slip. Los había de algodón, de fibra, de punto, blancos, estampados, de colores…Pero a ninguno le faltaba lo fundamental, que es la apertura frontal. Elemental, querido Watson: ya lo decía el viejísimo chiste de la anciana madre superiora paseando con la novicia por el huerto. A la vuelta de un macizo de  rododendros sorprenden al jardinero aliviando la vejiga. ¿Ve usted, hermana? -le dice la monja veterana a la novicia- ¡Qué práctico  lo de la caña! La caña ha tenido siempre ventana donde asomarse, hasta que a alguno de estos genios que marcan tendencias decidió convertir al calzoncillo de toda la vida en una braga sin abertura. Cuántas estupideces se hacen en nombre de la moda.

Hace un par de años, cuando el Duende aún tenía algo que decir en RNE, les comenté a Capitán y al ciudadano García  su sorpresa al estrenar un pijama comprado -verdad que precipitadamente-en un centro comercial de la Gran Vía de Madrid. Fue al cuarto de baño y allí descubrió que no tenía bragueta. A Capitán y García, que son mucho más jóvenes y más modernos que el Duende, les sorprendía que tal cosa le sorprendiera al Duende. Venían a decir que eso era lo normal en las prendas más íntimas de la moda masculina juvenil. Santa Coloma parió por un deo, y no me lo creo, se dijo el Duende. ¿Acabarán haciendo también casas sin puertas ni ventanas, agujas sin ojos y rosquillas sin agujeros? A cuánta majadería lleva la modernidad.

Porque como el hábito no hace  al monje, y el monje sigue haciendo pis, lo que antes era un pispás se ha convertido en una compleja maniobra de varias fases. 1. Desabrochado de cinturón. 2. Bajada del slip/calzoncillo hasta por debajo del nivel oportuno. 3. Extracción de la cañita , que decía la madre superiora.. 4. Orientación de la misma. 5. Evacuación. 6. Restitución de todo lo  citado a su estado original.

La buena de doña María es una de las más críticas con este cambio, claramente a peor, en los calzoncillos de toda la vida. Según la Petri, vecina de los Arándanos que trabaja como señora de la limpieza en una discoteca, los propios jóvenes pasan tanta vergüenza en esta maniobra  que en lugar de hacerla a la vista de sus colegas que se cuelan en el de señoras buscando más privacidad. Y velay la poblemática, -apunta con su buen criterio-  porque si ya les cuesta apuntar a la taza cuando la cañita asoma por su ventanita normal, no veas cargados de copas y con esos calzoncillos sin bragueta. Lo dejan tó regao como con aspersor, ya te digo. ¡Y tó por esos calzoncillos de espaldas al pueblo!…

De espaldas al pueblo, esa es la clave. También en el Reino Unido la poblemática ha saltado a la BBC. Y Jeremy Paxman, su presentador estrella, ha criticado desde su programa Newsnight que los calzoncillos de Max & Spencer, que visten por dentro a uno de cada cinco británicos ya no son lo que eran, desatando con su pintoresca acusación un cataclismo en la empresa. A veces el mundo se complica la vida tontamente. Las ciencias adelantan que es una barbaridad, pero mientras que el millonario Richard Branson anuncia que usted podrá ser turista del espacio en unos años, los fabricantes de calzoncillos no dejan volar a ese pajarito polivalente que nos distingue a los hombres. Y la contradicción la resume doña María en su atinada jerga: desengáñate, Duende, que también en los calzoncillos se ve que eso del pogreso es mu correlativo. 

Feliz cumpleaños

Tarta cumpleanos

(Foto de Starfire)

Suena el teléfono del Duende. ¿Qué tal? -dice una vocecita limpia y precisa- Se hace un silencio, y la vocecita insiste, ¿qué tal?  Una voz adulta, al fondo, hace las veces de apuntador. Dile al abuelo que feliz cumpleaños, se escucha. Pero la niña insiste: ¿qué tal? ¿Qué tal? Es lo que ha aprendido. También le cuenta al Duende que  tiene mocos, y que su hermanita está durmiendo. Le soplan que diga felicidades, pero esa cortesía aún no está en su repertorio. La de Marina, apenas dos años y diez meses de inocencia, es la primera felicitación que recibe el Duende el día  de su cumpleaños número sesenta y dos.

Suena el teléfono y se escucha otra voz femenina. Es la de Mónica Sainz, una de esas mujeres sin las que la radio que hacíamos en RNE no sería posible. Mónica es una productora incansable. Si ha nacido el inventor de la cuadratura del círculo, ella ya lo estará buscando para una entrevista. Mónica es de Getafe, y presume de ello, está casada con Raúl y es madre de Sergio, un chavalín sano y robusto como un roble que nos miraba a todos desde el interface del ordenador. Mónica, además, es alta y muy guapa, sensible, generosa, pelín gamberra, y, cuando se concede un respiro en el trabajo, encantadora. No tiene tiempo para casi nada, porque es una máquina de trabajar, pero ha sacado unos minutos de la nada y ha felicitado al Duende, que ya no es más que un recuerdo. El  Duende ha escuchado su voz cantarina  y, como en el viejo juego de los barcos, ha quedado tocado.

Entra el Duende en el blog y le llueven más felicitaciones. ¿Quién ha dado el queo? En ONDA MADRID el realizador Juanjo Ceballos ha dejado caer el inevitable Happy birthday, pero esa emisora no es RNE, y la mayoría de los comentaristas del blog, creo, quedan fuera del área de escucha. Me recuerdan la efemérides, y algunas de las felices coincidencias. En ese día nacieron también Casius Clay, con el que el Duende no guarda afinidad alguna, pero también Antonio Mingote y Forges,  genios del lápiz y amigos siempre gratos, que son parte de su educación sentimental. Porque el humor supongo que también tiene su corazoncito. Desde Alemania, el duende del Duende me aturde a llamadas, que van directamente al contestador. Como las de Olga Viza, Miguel Angel Domínguez, Sandra Redondo, Paloma Arranz y María Luisa Núñez. Me felicitan cariñosas. Son adorables. Las tres últimas eran, con Mónica, las cuatro mosqueteras que arropaban a Olga en sus mañanas. Sandra y Paloma siguen, la  primera con Juan Ramón de Lucas, la segunda con Javier Segade. El Duende, siempre algo pez cuando las miraba en los estudios, las ve ahora como las más listas, las más cariñosas y las más guapas del mundo. Tanto cariño telefónico pasa factura: en la mañana del 18 de enero el móvil del Duende aparece muerto por colapso emocional.

Más felicitaciones de comentaristas del blog. Del par de Begoñas, de Camiseta, coautora del regalo de la lámpara -tranquilos,  ya luce, fue otra poblemática de espaldas al pueblo que explicaremos-, de Palinurova. Ángelus, Zoupon, Wallace, Lola, Bob, Macu, José Ramón, Julio, Candil, Gervasio….¿Me dejo aguno? Perdón, son ya tantos… Esposa, hijos, sobrinos, hermanos, cuñados. El Duende no es celebrón, suele pasar sus cumpleaños sin dar tres cuartos al pregonero. Por la tarde lo único festivo de su agenda es un magnífico cocktail con visita al Museo Thyssen que ofrece el despacho HOWREY MARTÍNEZ LAGE, experto en Derecho de la Competencia. Santiago Martínez Lage  ha casado  su bufete con un bufetón americano, y lo celebran por todo lo alto.  Santiago   es es un amigo de la universidad, diplomático de profesión y abogado brillante de codos infatigables y finísimo instinto. También le sonríe la vida, ya lo creo. Tal vez quisiera ser un poco más alto, pero ya no necesitará llegar más arriba.

Como el Duende, que el 17 de enero siempre se acuerda de su padre. Hombre de pocas palabras -como casi todos los hombres, sólo en casa- siempre evocaba que el día en que nació el quinto de sus hijos Madrid amaneció cubierto por una impresionante nevada. Desde entonces, el día 17 de enero, lo primero que el Duende mira por la ventana es si ha nevado. Y en sesenta y dos años nunca ocurrió tal cosa.

Hoy al fin ha aparecido la nieve: la ha encontrado mirándose al espejo, y reposa en su cabellera y en la marquesina de sus cejas. Debe de ser una suerte  ir sumando años con tanto calor humano alrededor. No le queda al Duende más remedio que ser feliz. ¡Ay, si encima el Atleti ganara al Madrid el domingo!… 

Fin de año entre sol y nieblas

 El invierno tiene estas cosas, que avisan los hombres -también las mujeres- del tiempo. Cuando el anticiclón es tan persistente como el que nos ha tocado, se dan fenómenos de inversión térmica. O sea, más frío en el llano y en el valle que en las cumbres, niebla abajo mientras luce el sol esplendente arriba.

Desde la ladera sur de la sierra de Gredos, justo bajo el pico Almanzor, que es la altura máxima  del sistema central, el Duende divisa normalmente tres comunidades autónomas. Algo de  Castilla y León, Castilla la Mancha al otro lado del Tiétar, y a la derecha de su observatorio, Extremadura. Pero las tres son estos días un mar blanco rompiendo sus olas contra las montañas que se pierden hacia el oeste. Visualmente, la sierra hace el oficio de acantilado. Hasta los quinientos metros de altitud, niebla. Por encima del colchón algodonoso, sol. Así hemos pasado de un año a otro, y lo cuenta el Duende porque no es mala metáfora de lo que nos dejó el que se va y lo que cabe esperar del que llega. Siempre vivimos entre sol y nieblas.

Recuerda el Duende cómo las brumas del destino borraron en 2007 algunas vidas amigas. Por ejemplo, la de Pedro Gamero del Castillo, que fue el primer cliente que se asomó por su agencia de publicidad cuando en 1985 ésta abría sus puertas, y que encontró la muerte en el quirófano cuando buscaba mejorar su nada mala vida. Vivía como un duque, pero bajo su papel de gran ejecutivo empresario latía un corazón sensible y refinado. Fue uno de los pocos amigos con los que practicó esa costumbre tan demodé de intercambiarse versos: le agradeció el Duende un rasgo de amistad con un soneto y le respondió Pedro con otro suyo bastante mejor. Sorpresas te da la vida, pues  no imaginaba que un hombre sentado en tan altos sitiales tuviera ni tiempo ni ganas de poesía. De eso le sobraba a María Antonia Valls, otra entre los desaparecidos que se quedaron en el año fenecido. Como los once años de radio en RNE, donde conocieron al Duende buena parte de los que asoman por aquí. Pasaron esos años, y al final tampoco pasó nada. Nunca pasa nada, decía una novela de Eduardo Mallea que leyó el Duende cuando en la edad en la que no se perdona un libro. Todo pasa y todo queda, precisa Antonio Machado…¿Nos quedamos con la media ponderada?

Pues al cabo, sin el final de tantos años de radio pública, no habría nacido este Duende privadísimo que sigue conectando y descubriendo amigos. Frente al inexorable tempus fugit, hagamos por el carpe diem. Mientras sonaban las doce campanadas, la pequeña Marina, vestida de fiesta para la ocasión, miraba estupefacta a los mayores engullendo como pavos las doce uvas de la suerte. Y el Duende abuelo, embobado, miraba a la mirada ingenua que empieza a descubrirlo todo. Siguiendo el consejo del clásico, aprovechaba el momento, vaya si lo aprovechaba.

Martes 1 de enero de 2008. Por aquí seguimos entre sol y nieblas. No hace falta ser adivinador. Sabemos que las nieblas se disiparán, y siempre nos quedará el sol.

Adios a María Antonia Valls

 Algunos han, hemos, dejado RNE. Pero una de las voces que durante años nos acompañaron -con Carlos Herrera, con Antonio Jiménez, con Nieves Herrero, con Julio César Iglesias- lo ha hecho para siempre. Hoy tiene que llorar el Duende su muerte, y puede que algunos de los que empezaron con el Duende a partir de la radio la recuerden de inmediato, pues tenía un timbre inconfundible.

Estoy hablando de María Antonia Valls, una periodista inquieta y cercana, capaz de mezclarse con la calle y de interpretar con gracia y ternura el sentir de la mayoría. Fue novelista y reportera en distintos medios y, durante años, colaboradora en varias tertulias de la radio pública, siempre curiosa y con originales acotaciones que ponían un punto de ingenuidad a veces chocante entre tanta ironía guadaña como a menudo brilla en estos foros. Generalista amable y con mucho tino para el costumbrismo, igual hablaba de cine, teatro arte como de ópera o literatura, y siempre desmenuzando la crítica en obleas bienhumoradas fácilmente asimilables por los oyentes.

 Pero además de buena periodista era una mujer de carácter abierto y sencillo, y una excelente amiga. No sabría decir el Duende si tanto de él como de doña María y del padre Bonete, a quienes de verdad profesaba un gran cariño. Y eso se nota: ella hablaba para que se lucieran. Quizás no todos supimos devolverle el mismo trato.

Y siempre le quedará al Duende y a su carro de títeres un poso de amargura en esta despedida prematura. Pues por mala salud, o cambios necesarios en los programas, o por disparidad de criterios con los jefes,  o por fas o por nefas, María Antonia perdió sitio en la que fuera nuestra radio, y la dejó antes de que el ERE y el fin de una era -perdónese el juego de palabras- nos pusiera a los demás en la misma condición. Digamos que la suerte no fue después  demasiado gentil con ella. Dejó Madrid para vivir su última etapa en su Alicante natal, donde poco a poco fue languideciendo. Finalmente el mundo hostil pudo con ella. Qué pena que el Duende forme parte de ese mundo. Él sabe que esas campanas que doblan por nuestra amiga Maria Antonia también  lo hacen por todos nosotros.  

Placeres libres de impuestos

Esteban Sánchez

El Duende escucha a menudo Radio Clásica de RNE. Esta noche, la preciosa voz de Araceli González Campa ofrecía el primer cuaderno de la Suite Iberia de Isaac Albéniz. Nada menos que en la versión de Esteban Sánchez -precisa ella. Al terminar la audición, Araceli añade que podría recitarse el final de una de las más famosas rimas de Bécquer: hoy creo en Dios. Aunque Dios no fuera para el caso más que un pianista extremeño que nos dejó hace ya algunos años.

 Esteban Sánchez fue para los entendidos en piano un portento. El más universal de los músicos actuales -extraordinario, casi milagroso pianista y muy competente director-, que es Daniel Baremboim, no llegó a conocerle. Pero cuando escuchó la grabación de marras casi levitaba. ¿Quién este genio, de donde ha salido?, se preguntaba. El Duende no podría aportarle muchos datos, porque salvando a los pocos divos que engrosan el star system de la música clásica, la vida del director o del concertista interesa poco y se conoce menos. Por lo que el Duende deduce, Sánchez fue un caso parecido al de Glenn Gould el genio canadiense que ha dado más brillo y personalidad a las Variaciones Goldberg de Juan Sebastián Bach (grabación, por cierto, que con la de la Suite Iberia de Esteban Sánchez estaría entre las diez que me llevaría a la consabida isla desierta). Gould dejó de dar conciertos muy joven, vaya usted a saber por qué. Esteban Sánchez da la impresión de que tampoco hizo mucho por la fama. Casi se diría que la esquivaba. Lo último que supe de él es que cuando murió, a bordo de un taxi que salía de su pueblo, impartía la docencia en el Conservatorio de Mérida. Una biografía machadiana.

Años atrás, quizás en el verano de 1960, Esteban Sánchez apareció por Arenas de San Pedro y dio un recital en la sala de Mochila, que era como apodaban al dueño del único cine del pueblo. Allí asistió el jovencísimo Duende a su primer concierto. En un piano vertical más propio para un salón del oeste que para una figura del teclado, despertó en él la afición por la música clásica. Se quedó deslumbrado por el talento de Esteban Sánchez, sobre todo cuando tocó una pieza de intenso romanticismo titulada San Francisco sobre las olas, de Franz Liszt. Al día siguiente, y guiados todos por un amigo inolvidable llamado Antonio Bardají, que le conocía y fue quien organizó el concierto, emprendimos una larga marcha por las cumbres de Gredos. Durante la noche, nos sorprendió una tormenta apocalíptica, y buscamos refugio en una cabaña de cabreros. Ninguno de nosotros pudimos dormir. Salvo el pianista, que, tendido a mi lado, roncaba a pierna suelta con una envidiable de expresión de placidez en su rostro. A él le iban enseñar los truenos cómo se hacía la música celestial…

Fue, creo, la única vez que se vieron Duende y genio. Le pareció un tipo corriente, simpático, en las antípodas del divismo que distingue a los figurones. Nació en Orellana la Vieja , provincia de Badajoz, y no es frecuente ni escuchar sus escasas grabaciones ni aún siquiera su nombre. Esta noche han sonado ambos por gracia de mi admirada Araceli. Cuánto prodigio junto. Un invento asombroso como la radio, una voz transparente y seductora, una Radio Clásica que es manantial continuo de deleite, la inspiración de Albéniz, la presencia viva de un excepcional pianista desaparecido. Y todo con sólo pulsar el mando de un aparato. Tenía razón uno de los comentarios recientes a este blog: los mejores placeres de la vida a menudo son gratis. Escuchar por la radio a un talento como Esteban Sánchez, sorpréndase, aún está exento de impuestos.


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