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Meditando un lunes santo

Todo son preguntas. Y algunas veces, reacciones inesperadas...

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Despierta Homper el lunes santo ante un bosque de pinos, encina y castaños que vierten hacia el valle, y un horizonte de montañas limpias que se alzan al otro lado del río que discurre por su lecho. Homper tiene un amigo que de vez en cuando se retira a este lugar, donde construyó una gran casa de campo. El amigo es un hombre pausado. De vez en cuando le invita a acompañarle y a no hacer otra cosa que lo propio de un monasterio para ejercicios espirituales laicos. Aquí se juntan los dos en plan Sócrates y Platón o como Tip y Coll, según se lo pide el cuerpo y el tenor más o menos caprichoso de las horas. Conversan mucho, repasan recuerdos de la lejana amistad que nació en la universidad, leen y pasean. Más él que el amigo, poco partidario de castigar al cuerpo con ejercicios exagerados.

El amigo no es madrugador, y Homper se sorprende del lujo que son unos maitines en solitario para escribir una sencilla meditación.

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Él no se tiene por un gran filósofo. Sólo sabe sorprenderse por casi todo, especialmente por lo menos denso y significativo. Le complacen las oportunidades que ofrecen las pequeñeces de la vida. misma. Piensa, porque tampoco la mollera le sirve para cosas más útiles, pero no muy profundamente. Quisiera arreglar entuertos y reformar el mundo. Quisiera hacer cosas más útiles para los demás. Pero su pensamiento más sublime se le derrite como un helado de vainilla, y se va en un pispás sin haber germinado en nada. Luego va al blog y levanta acta de su curiosidad fugaz.

-Queridos lectores incautos-escribe-Hoy voy ahorrarle tiempo y esfuerzo intelectual a la humanidad. Porque tampoco tengo nada importante que deciros.

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Antes de sentarse a escribir, escuchó por  la radio que ocho de cada diez españoles no se moverán de casa para disfrutar de las vacaciones de Semana Santa. La crisis.  Entre ésta y los días feriados, la actualidad se destensa, y, como en Navidad,  cunde la sensación de que hay que serenarse, aparcar las preocupaciones y ventilar el espíritu. Si no se le quiere buscar sentido a la pasión de Cristo, que es la que nos ha dado el asueto, se puede reposar y vaguear en el dolce far niente. A veces, oh sorpresa, en estos estados ya casi milagrosos uno acaba descubriendo recónditos rincones del alma. E incluso encontrándose a sí mismo.

En el monasterio laico del amigo hay  muchos libros, y el lujo un de un soberbio equipo musical que se extiende discretamente en altavoces camuflados por las distintas estancias. Hoy nos trae untema de Henry Purcell que toca a la flauta Alvaro Marías. Sobre este mismo tema Benjamín Britten compuso en el pasado siglo unas variaciones y fuga que tituló como Guía de Orquesta para Jóvenes,  una composición admirable que ilustra los sonidos de los distintos instrumentos integrados en una orquesta sinfónica. Muy recomendable para curiosos de la magia de la música, como era el propio Homper en su primera juventud.

-Gracias, música-reza calladamente en sus maitines-Por venir a aliviarnos a incluso en tiempos de zozobra.

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Lamentablemente un blog acaba degenerando en un diario. Sostiene Homper que las personas de vida gris deberían de guardar recato ante la tentación de escribir sobre sí mismos.

-Eso es para tipos como Hemingway o la Mata Hari, que sí tenían algo interesante que contar.

Pero si la carne es débil, cómo no lo va a ser el ego. Admitida esta premisa, se pone en la piel de los pocos demás que haya por ahí y piensa que quien peine su blog estos días no querrá disquisiciones hegelianas, sino impresiones ligeras. Aunque sean sinceras. Por ejemplo, el periódico cuenta que uno de los etarras excarcelados apodado Gatza es recibido en su pueblo como un héroe. Lo muestra en el balcón de su casa alzando los brazos jubiloso, en ademán de victoria. Qué estimulante: le acompañan los papás, la esposa y la hijita, orgullosos de la criatura. Para ellos el chico es tan meritorio como  Alexander Fleming o Teresa de Calcuta, aunque haya matado o colaborado con los matarifes de personas que, como él, tenían padres, esposas e hijos.

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Quiere parecer conciliador, demócrata y flemático, pero la noticia le revuelve las tripas. El próximo jueves será el día del amor fraterno, y la grandeza del cristiano es poner la otra mejilla, perdonar y olvidar. Pero hoy, incluso en este idílico ambiente, tan propicio a la meditación trascendente, no puede reprimir Homper un odio razonable hacia estos troitiños y compañía que, cumplida su condena, siguen apuñalando la memoria de los muertos que nos dejaron.

Por explicarse lo inexplicable, invoca las palabras de Cristo en la cruz.

-Perdónales, Señor, porque no saben lo que hacen.

Y añade a continuación.

-Y a mí también, por derramar tanta bilis en un lunes santo tan plácido como este.  

Feliz lo que queda de año

Feliz lo que queda de año a los que uno no felicitó a tiempo. Como estos buenos amigos que le abrieron las puertas de su pequeño paraíso...

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No le han llegado a este bloguero más christmas que los de un banco y la de la compañía Telefónica. Alarmante: ni siquiera Isidoro Álvarez, que es de los pocos que le felicita por su santo y sabe que el Luis de su nombre no es de Gonzaga (20 de junio), sino de aquel rey de Francia que se celebra el 25 de agosto, le ha enviado su mensaje estas Navidades. Su teléfono móvil también descansó: nada de estrellitas, ni de deseos de cuento, ni de cursiladas de receta. Apenas tres o cuatro felicitaciones no firmadas, de algunos que parecían quererle mucho y que se creían de sobra conocidos por su número de teléfono. Desgraciadamente no les pudo contestar. Lo cual hace aún más indispensable el mensaje elemental: firmen los SMS si desean asegurar su respuesta.

O sea, menos felicitaciones que otros años. ¿La crisis? ¿O una moda que pasó? Quizás una combinación de ambas cosas. 2010 marcará por bastante tiempo el fin del esplendor de lo superfluo. Puede que la gente analice incluso el coste de estos pequeños detalles. Puede que nos hayamos dado cuenta de que la suerte no mejora ni empeora porque te dejen de felicitar. Y lo seguro es que se ha contagiado como un virus instantáneo. Inconscientemente ni hemos felicitado tanto, ni nos han felicitado tanto ni, ¡oh sorpresa!, nos hemos reprochado nada por ello. Se ha encajado el fin de este ritual del excceso como la cosa más natural.

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El 11 de febrero de 2010 Homper se quedó estupefacto porque, al encontrarse con su amigo Alberto, con el que compartió pupitre en el colegio, este le dio un gran abrazo.

-¡Feliz lo que queda de año!-le dijo.

Homper, cómo no, también se sorprendió por esa felicitación tardía. Quedaban casi once meses completos, lo cual, según Alberto, justificaba apelar aún a esa unidad de tiempo que se compone de doce. Él, taxidermista de profesión, estaba disecando una cabra montés el 31 de diciembre. Los animales disecados que llenan su estudio tienen el tiempo embalsado, explicó. Y no parecen dar la menor importancia a la oportunidad de las fechas clave.

-Además-añadió- Ni me di un respiro ni creí tu vida fuera a mejorar demasiado por felicitarte en ese preciso momento, ¿comprendes?. Así que te felicito ahora, porque más vale tarde que nunca…

Homper pensó que su amigo tenía la razón. Y emprendió un poco más feliz que antes del encuentro con su amigo el taxidermista los casi once meses que le quedaban del año.

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Siempre comete uno en estos casos olvidos imperdonables. Suscribe este todo lo que contribuye a simplificar el exceso de las Navidades y el Año Nuevo. Que felicite, celebre y regale el que quiera y pueda, pero sin atormentarse  por no haber sido esos días ni Teresa de Calcuta ni el Corte Inglés, que es para muchos el maná de felicidad facilona de nuestro tiempo.

Así y todo, uno es consciente de que dejó sin enviar felicitaciones a personas que de verdad se las habían ganado. Por ejemplo, a aquellos amigos de amigos que, sin conocerle, le abrieron las puertas de su hospitalidad en un lugar donde todo respiraba felicidad. Por ejemplo, a Christian y Priscilla de Bronac, señores de un paraíso de la naturaleza en Plouay, en el corazón del sur de la Bretaña francesa. En la deliciosa longére que la pareja se arregló hace unos años, rodeada de los bosques más frondosos que uno ha conocido, se alojó el bloguero durante cinco días, compartiendo con ellos y sus hijos esos placeres que raramente disfruta el turista: pasear, conversar, cocinar juntos y dejar pasar el tiempo en el silencio sólo roto por el viento que mecía la copa de aquellos inmensos árboles. Cuando el viajero llegó a su propiedad, el joven abuelo montaba un fantástico columpio para sus nietos, tarea que para un manazas como el que suscribe sería un infierno. Todo un símbolo: la felicidad hay que trabajársela en todos los frentes.

Tan importante como desear ésta a quien no la tiene, es desear que la conserve a quien parece disfrutarla ya con largueza, como los amigos de Bronac. Este malqueda está seguro de que en el panorama de Christian, Priscilla y su descendencia no todo será de color de rosa. Pero el resultante que exportan su sonrisa y su actitud es de paz, alegría de vivir y gusto por compartirla con los demás. Que Dios se la conserve y, a ser posible, se la mejore en este 2011. Por ejemplo, haciendo que en agosto llueva al menos lo necesario para que en sus bosques de cuento nazcan a tiempo esos cèpes y cantarelas que este verano no pudimos encontrar. Toda felicidad es mejorable, y a estas alturas de enero aún es tiempo de echarla el lazo.

Por todo eso, y siguiendo el ejemplo del amigo de Homper, para los de Bronac y para todos los que no felicitamos en su día,  feliz lo que queda de año 2011.

El amigo Félix, en comisión de servicios

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Cuando el hombre se convenció de que la razón se estrellaba contra las grandes verdades de la fe se fraguó esta leyenda.

Cuentan que después de millones de años de culminar su creación, Dios no estaba seguro de que todo era bueno.

-Padre –le dijo el Hijo al verle atribulado- Gracias a Ti yo soy Dios, pero gracias a mi madre soy hombre. Y como tal pienso que, con todos los respetos, debo abrirte los ojos.

El Señor al principio se quedó sorprendido. Pero se sentó a escuchar y supo por boca del Hijo que, en la dificultad de concebir cosas como Dios y la gloria eterna, muchos seres humanos creían que  ésta era como un balneario feliz donde Dios compartía sus horas con los elegidos.

-Es verdad –le reconoció el Padre- Y así debe ser. Porque tampoco  es bueno que Dios esté solo. Ya ves, con toda mi grandeza y a veces echo de menos un poco de alegría…

Y Dios reconoció  desencantado que después de culminar la Creación se sentó a complacerse de su gran obra. Pero pronto se le torcieron las cosas: el hombre, en el que tanta confianza había puesto, no siempre era trigo limpio. Y al cabo de los siglos -de los millones de siglos según estos sabios imposibles que ahora pasan un fósil de pulga por el Carbono 14 y saben hasta lo que se había desayunado el día de su muerte-  no sólo se mosqueaba, sino que además se aburría. Pues las almas que le rodeaban habían prestado grandes servicios a la humanidad, y por eso compartían con El la gloria eterna. Pero no eran precisamente  divertidas.

-Hijo –dijo entonces el Padre- Tú que conoces mejor a tus congéneres…Búscame alguna gran alma que sea capaz de hacerme reír e invítale al balneario.

Y desde arriba señalaron a un hombre menudo y delgadito, un gaditano gracioso  y socarrón con cuerpo de monosabio, pero con la  generosidad, la elegancia natural y el señorío de un príncipe.

-Nadie que le conozca habrá dejado de reírse y de sentirse feliz a su lado- aseguró el Hijo para completar el informe- Este Félix, como dice su nombre, es infalible.

Y así es como el amigo Félix fue llamado en comisión de servicios.

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No se suele  valorar lo que  los tipos como nuestro amigo Félix Bragado hacen por los demás.  A esta sociedad le va lo trascendente, sin distinguir que hay otros órdenes de trascendencia. Estamos acostumbrados a ponderar sobre todo los méritos de los héroes, de los santos, de los próceres. Incluso de algunos políticos idealizados. Y es verdad que mucho debe la humanidad a los inventores, y a los grandes de la literatura y el arte, y a Gandhi, y a Teresa de Calcuta, y a Vicente Ferrer. Pero también le debe a esos seres anónimos, buenos, generosos y, sobre todo, entrañablemente divertidos, que pasan por un momento a tu lado y te dejan un recuerdo imborrable.

-Yo le quiero en mi mesilla de noche –dijo de Félix, llorando de risa, una prima del Duende que, en un momento difícil de su vida,  había disfrutado una velada de sus impagables chistes.

Todos los que le conocieron le quieren. Admirable Félix, suministrador de momentos inolvidables, ungüento mágico contra la tristeza, amigo de largueza infinita, marinerito de Cádiz navegando eternamente por el mar de nuestro sentimiento. Compañero de risas, compañero. Muchos como la prima y como  este bloguero le han  puesto ya en su mesilla de noche. Y mañana, cuando despertemos con la almohada mojada después de haberle llorado lo que es de ley, volveremos  a estar alegres pensando en él.

Porque fue Félix, y estaba predestinado a desparramar y sembrar buen humor y felicidad.

Los buenos, los malos y los chorizos

¿Habrá tiempo en el Juicio Final para juzgar a tanto chorizo?...

¿Habrá tiempo en el Juicio Final para juzgar a tanto chorizo?...(El Juicio Final, de HANS MEMLING))

-¿Verdad que Moisés era bueno del todo?-le preguntó tía Clota.

Y Homper volvió a quedarse perplejo.

-No Charlton Heston, que por mucho que se empeñe Michael Moore fue un Moisés magnífico -subrayó la anciana tía- Sino Moisés el fetén, el de las Tablas de la Ley de Dios, el de la Tierra de Promisión, el que separó las aguas del Mar Rojo

En tiempos, la tía Clota había elaborado una lista de inatacables. Clark Gable, Gary Cooper, Albert Einstein y John F.Kennedy, por ejemplo, eran inatacables. Hasta que se enteró de que a Rhet Butler le olía el aliento en el famoso  beso a Escarlata O´Hara de Lo que el viento se llevó, porque los héroes apolíneos también padecen infecciones bucales. Se terminó de caer del guindo cuando supo que Einstein maltrataba a las mujeres, y que Gary Cooper y Kennedy , aunque eran católicos, golfearon con las las chicas más de la cuenta.

-Pero ahora ya no hay buenos ni malos- se quejaba tía Clota- ¡Con lo útil que es eso que  llaman maniqueísmo!…

Según dedujo Homper de la conversación con su anciana tía Clota, la merienda del día anterior con sus amigas fue demoledora. Edwina estaba escandalizada de que a Obama, sin ir más lejos, le hayan salido rana  algunos altos cargos tan pronto.

-¡Y encima sus hermanastros negritos pidiendo trescientos dólares por dar entrevistas! -se lamentaba Clota- ¿A dónde vamos a llegar, sobrino?…

Thelma por su parte lloraba porque del as del béisbol Alex Rodríguez, un ídolo en su familia, se conozca ahora que ha venido tomando anabolizantes. Y la tía Clota había puesto encima del tapete la última puñaladita que la hipocresía humana ha clavado en su limpio corazón.

-¡Qué chasco, Hom!-decía mesándose los cabellos ante la cámara de Skype- Tener que explicar a mis amigas que en la España de derechas también hay red sausages…

Añadió que, afortunadamente, lo de aclarar que en España se llama chorizo al granuja que afana el dinero público marcó una deriva amable en la tertulia de la merienda. Pero también dejó caer que a ella nadie le libraba de la vergüenza de los sepulcros blanqueados que nos rodean.

-¡Pensar que al pobre Oscar, que en paz descanse,  dejé de hablarle un mes porque me confesó que un día le dio un azotito a una camarera!…

La tía Clota añadió que no puede vivir en un mundo donde nada es blanco ni negro, y todo es relativismo. Se extendió en diatribas morales contra la moral acomodaticia. Y concluyó que si fuera reina absoluta , implantaría por decreto el Maniqueísmo, admitiendo, como mucho, cuatro categorías. 1.Buenos absolutos. 2.Buenos con matices. 3. Malos absolutos. 4. Malos con matices.

Homper se rió de la ocurrencia de la tía.

-No seas tan generosa, tía-ironizó entre carcajadas.

Y le contó que su amigo Carlos Loring, un abogado tan listo como mordaz, dividía a los sospechosos en sólo tres categorías. 1. Hideputas natos: los que tienen mala suerte con la madre. 2. Hideputas sobrevenidos: los que se ganan el adjetivo por su ejecutoria. 3. Hideputas esféricos: aquéllos que, se les mire por donde se les miro, son  hideputas.

La tía Clota se quedó llorando, no se sabe si de risa o de pena. Y antes de cerrar su conversación le dijo a Homper que esperaba que en este tó el mundo es malo que de repente sucede al tó el mundo es güeno, al menos Moisés, Gandhi y la madre Teresa de Calcuta, queden libres de toda sospecha.


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