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“Invictus”, pero flojitus

En esta película que ahora los cineastas llaman "biopic", Clint Eastwood parece por primera vez un cineasta blandito...

No le gusta a Homper ir al cine solo, pero pasó por delante de una sala de esas de palomitas y Coca-Cola en hora tonta y se tropezó con Invictus. Sospechando que pronto sería esta película parte del equipaje intelectual de cualquier tertulia o sobremesa medianamente ilustrada, y dándose la circunstancia de que el calcetín de su pie derecho era sistemáticamente engullido por el zapato y le estaba amargando el paso, pagó su entrada y entró  a sentarse en la pequeña fábrica de sueños.

Qué aburrida estaba la pobre taquillera.

Seis personas, seis. Afortunadamente ni siquiera las suficientes como para que la sala oliera a cotufas. En la misma semana, Homper revisó por la tele El intercambio para ver tres días después la última, y bien promocionada película, de ese mineral cinematográfico pulido en diamante llamado Clint Eastwood, uno de los ancianos portentosos que todos querríamos ser. Es difícil que ninguna cinta  suya sea mala. Invictus, que será mucho más jaleada que aquella, por ejemplo, resulta a su juicio bastante decepcionante. Pero  habla de Mandela y el fin del Apartheid, incluye dos buenas interpretaciones de Morgan Freeman y  Matt Damon y está trufada de frases y pensamientos tan nobles como forzados en un guión de dos horas. Del gran Clint se podía esperar una hermosura con alguna astilla  que le pinchara a uno en el fondo del alma, pero aquí todo es suave, amable y perfumado. No hay violencia alguna, y apenas tensión.

-¿Qué le ha parecido? –le preguntó la amable taquillera a la salida.

-Vaya-le respondió Homper con elocuente laconismo.

Comentó luego la película con la tía Clota, y esta fue mucho más expresiva. Dijo que ella había querido ser la Meriel Streep de Los puentes de Madison, una de sus películas favoritas. La mejor película de amor y desgarro de las últimas décadas. También adoraba al Clint de Million dollar baby y, sobre todo, de Gran Torino. Pero Invictus le había dejado fría, y no compartía el entusiasmo de la crítica por ella.

-Entiéndelo, tía-Mandela, Clint Eastwood, unir el deporte con la victoria de la democracia sobre el Apartheid…Es materia sensible.

-Tonterías, sobrino-le cortó la anciana- Es una demostración más de que más vale caer en gracia que ser gracioso. ¿No te parece que los diálogos podrían estar escritos por Leire Pajín?…

-¡Santo cielo!-dijo Homper llevándose las manos a la cabeza.

Se entiende su alarma. El Campeonato del Mundo de Fútbol de este año también se celebra en Sudáfrica. Pinchado el globito de Obama, la tentación Mandela puede ser la próxima  luz del taumaturgo de la Moncloa.

Gila en el FBI

A veces, este mundo tan serio parece el mundo según Gila...

-¿Es el  jefe?…

-…

-Vale…Soy Miguelín, el de los retratos-robot…Que como me habían encargado el del Bin Laden ese, pues es para decirles que ya lo tengo…

- ….

-Me ha quedao muy majo, sí. ¡Tó profesional!…

-…..

-¿Qué cómo lo he hecho?…Mu sencillo, primero me dije;: este es morenito y con barba…Para dar con el modelo, iba a tirar de mi primo Bonifacio, que es representante de una fábrica de alabastros, y ha ido mucho por Oriente Medio con el muestrario…Ya sabes, los jeques, que son muy buenos clientes.

-….

-¡Claro!…Y como además está delgado, y le han salido canas,  me dije: este me va a quedar clavadito…Pero resultó que tenía que ir al urólogo, porque está de la próstata, y no pudo venir.

-……

-Sí…Y entonces tiré de archivo y me encontré a Llamazares…Mucho no se parece, pero como luego, cuando se deja fotografiar el de verdad, lleva  puesta la toalla esa en la cabeza y las gafas de sol, se dan un aire…Le pones ante una cámara con una metralleta y amenazando que va arrasar el Capitolio o la Casa Blanca, y te lo crees…¡Acojona!…

-….

-¿Enfadarse?…No creo…¡Si luego sólo van a matar al de verdad!…

-….

-Claro…Además, como siempre va de antiamericano…

-…..

-Pues nada, para servirles. ¡Todo profesional!…Y si hay que ponerle cara al Ahmadineyad, que está muy pesado con las bombas atómicas, me lo digan…¡Tengo un churrero en el barrio que es su doble!…

-…..

-Bueno, Amadineyad es más bajito, y es verdad que el churrero juega de pívot al baloncesto…Pero como la foto-robot se hace sentado, no se nota…

-…..

-La factura…¿puede ser sin IVA, ¿eh?…Por ayudar al ministro Corbacho, ya sabe, que luego hay que encontrar subterráneaos para justificar el porcentaje que ha dicho y no los encuentras…

-…

-¡Lo que yo le diga!…Este es un país muy poco serio, oiga…

Dice Homper que, cuando se supo la chapuza del retrato-robot de Bin Laden/Llamazares, se quedó, una vez más, estupefacto.

-La vida suele superar a la ficción -le comentó a su anciana tía, nacida en un pueblo de Granada y hoy ciudadana de los Estados Unidos.

Y tanto él como la tía Clota pensaron que Gila había resucitado para colaborar con el FBI.

Contra moscas y ciruelas

Una mosca pelma y unas ciruelas imposibles. ¿Quién controla la obsesión nuestra de cada día?...

1

La estupefacción del día no tiene por qué meterse en honduras. Puede uno preguntarse por los misterios de la vida o por dudas de menor cuantía. Nadie se programa para ser trascendente o frívolo. El hombre se debate entre  toda suerte de cuestiones de orden espiritual, filosófico, material, práctico o anecdótico,  y no sabe por qué una de estas se pone por delante de las demás y, sin una razón particular,  le quita el sueño.

En el día de ayer, los problemas que comentaban Homper y la tía Clota distaban mucho de los dilemas existenciales.

-Primera cuestión, tía. ¿Tú has sentido alguna vez que una mosca juguetona se interpone en tu mirada? Segunda cuestión, tía. ¿Cuánto tardan en madurar las ciruelas en Estados Unidos?

2

La mosca. Apareció mientras Homper leía el periódico. Revoloteaba en el área de visión de su ojo derecho, y se movía entre el eje central de la mirada para acabar fugándose por el lado. Durante muchos minutos, mientras  trataba inútilmente de espantarla, debió de parecer un imbécil. Pronto observó que la mosca seguía los movimientos de su pupila. Buscaba ésta la línea del periódico y allá que iba la mosca.

No le sorprendió a Homper que la tía Clota le dijera que era otra gotera de la edad,  algo bastante frecuente, y que debía visitar a un oftalmólogo. Le dejó estupefacto constatar que nadie se lo había comentado antes. ¿Cómo se puede convivir con una mosca tan puñetera sin hacer de ella un tema de conversación?

3

¿De qué están hechas esas ciruelas de color granate oscuro que,  tan bien empaquetadas al vacío en un envase de plástico de ocho unidades, se vende ahora en los supermercados? ¿Qué tierras, qué invernaderos, qué fertilizantes, qué milagros transgénicos o qué coños convierte a una fruta tan aparente en un imposible? ¿Por qué no maduran nunca? Con mucha suerte, van de una dureza de bala de cañón a la de una pelota de jokey.

4

Homper compró las ciruelas y las dejó en el frutero, esperando que tarde o temprano madurasen. A las tres semanas, se enfrentó a una de ellas con cuchillo de sierra y tenedor. Consiguió probarla. No sabía a nada. ¿Qué se puede hacer con unas ciruelas así?

La respuesta se la dieron Adolfo y Zita, una pareja de artistas cubanos que se instalaron en el piso 4º A.

5

Zita era una cantante gorda y pertinaz como pocas. Durante un mes, y acompañada por Adolfo al piano,  torturó a Homper y a los demás vecinos ensayando sin cesar Siboney…Yo te quiero, yo te adoro, Siboney…Y cómo desafinaba. Un día, no pudiendo resistir más, Homper le lanzó a un  ciruelazo que penetró por la ventana abierta y fue a impactar contra su ojo derecho.

Se la llevaron a urgencias.

Y aunque Homper se quedó preocupado por la utilización de la ciruela como arma disuasoria, se consoló de inmediato. Pensó que no sólo había encontrado utilidad a aquella fruta marmórea, sino que durante una buena temporada le había ahorrado a la cantatriz el problema de la mosca traviesa que a él tanto le obsesionaba.

Una broma de Berlanga

Aunque no lo escuche, le diremos lo que pensamos de él antes de que sea demasiado tarde...

-Que no se me muera nadie sin haberle dicho lo que le tenía que decir-dice la anciana tía Clota a su sobrino Homper.

Estupefacción, una vez más. ¿Por qué se desayunaba hoy con una reflexión así?

La tía Clota se lamenta de que una vez, cuando aún vivía en España, se cruzó con José Luis López Vázquez por la calle. Acababa de verle en aquellas comedias que hacía con Alberto Closas y Analía Gadé. Pensó pararle, decirle qué simpático es usted y darle un beso. No se atrevió…Y ahora piensa: qué tontería, nos hubiera hecho ilusión a los dos…

-¿Por qué hay que ser pudorosos con los sentimientos?-pregunta la anciana.

-¿Por qué?-repite Homper. Y se contesta calladamente, para sí mismo. Porque equivocadamente, uno cree que la gente es tanto más fuerte cuanto más embrida el corazón.

Extracto de la conversación entre estos dos habituales del Duende un 19 de noviembre, víspera del trigésimo cuarto aniversario de la muerte de Franco. Ya es casual que coincida con una anécdota de otro grande del cine del que hace tiempo no se tiene noticia. Justo hace unos minutos el Duende ha recibido un enlace de You Tube con grabaciones de varios Francos de coña, más o menos logrados. En la última bufonada aparece su propia voz en una recreación de Franco haciendo de Pepe Isbert.

-Expañolz todos…-dice el prenda con aquel ceceo suyo tan característico-Como caudillo vueztro que zoy, oz debo una explicación…Y eza explicación oz la voy a dar como caudillo vueztro que zoy…

Es la misma bobada de la película. Aquella frase circular repetida una y otra vez por el alcalde de Bienvenido míster Marshall. Hace unos años, cuando se celebraba el medio siglo de su rodaje, el travieso Luis García Berlanga quiso añadir dos guindas más a la tarta: el sueño erótico de la maestra (suprimido por la censura en su estreno) y esta broma chaplinesca con el pequeño dictador.

-Luis –le dijo al Duende- Me han dicho que tú haces muy bien la voz del Caudillo.

-Sólo la voz, maestro.

Grabaron un discurso surrealista. Cómo disfrutaba  el ya viejo y señorial Berlanga con la broma que, por cierto, nunca hasta hoy llegó a ver el Duende. Al gran cineasta, a pesar de su retranca gamberra el más fino y elegante que uno ha conocido en este gremio, lo vio una vez más, en una larga entrevista que le hizo Olga Viza. Ya dejaba las frases inacabadas.

-Ésta es la peor censura que he sufrido nunca- dijo sin perder la sonrisa.

No ha aparecido ni en las exequias de López Vázquez porque debe de estar muy mal. Y no le conocía mucho el Duende, apenas tres encuentros en su vida. Pero, al igual que tía Clota, no quiere dejar para cuando sea inútil su tributo de admiración por él. Amigo Luis, gracias por tus películas, gracias por tu humor, gracias por hacer de la vida un astracán. Gracias por convertir a este tu tocayo en efímera estrella de You Tube.

El circo del PP y otros desvaríos

mariano, Espe, Gallardón...¡Más difícil todavía!...¡Hale hooop!No es tan primaria como la mayoría, que advertimos día a día en desastre de la oposición al gobierno de España. Pero incluso desde Estados Unidos, la tía Clota también percibe que el PP es un circo.

-Pero no es porque le crezcan los enanos, como dicen casi todos los cronistas-precisa- Sino porque  aspira constantemente al ¡más difícil todavía! ¡Anda que armar la que arman por disputarse el presidente de un banco después de haberse comido el marrón del Gürtel ese!…

Y evoca Trapecio, una película de circo, un producto típico made in Hollywood que impactó mucho en su juventud. En la escena cumbre, un hercúleo Burt Lancaster en su apogeo de icono viril, recibe a una espléndida Gina Lollobrígida que vuela a sus manos tras el triple salto mortal. Bocabajo y todo, y desafiando a la ley de la gravedad, el héroe trapecista sube a pulso a la heroína y la besa en los labios.

-¿Sobrino, no te imaginas el número?…-le cuenta a Homper entre risas- En un trampolín, Rajoy y Gallardón, los dos con taparrabos de lamé. En el opuesto, en plan Pinito del Oro, Esperanza luciendo tipo con su malla tan sexy rebosante de lentejuelas. Primero salta Rajoy al trapecio, y se cuelga bocabajo. Luego salta Gallardón y se prende de él. Y finalmente, Espe. Todos los del PP llenan el circo haciendo el oficio de niños….¡Que se besen, que se besen!…Y entonces Gallardón y la Espe repiten el numerito de Burt Lancasyter y la Lollo, suena el cha-ta-tachán  y los niños estallan en aplausos…

Tía y sobrino  se ven riendo a través de la cámara de su ordenador.

-Lo del PP, tía, es un numerito que traspasa el Atlántico- subraya Homper.

Y piensa que la imagen que describe su tía podría ser un sueño pintoresco si no estuviera tan cerca de la realidad.

Sin embargo los sueños se nutren de materiales imprevisibles que se mezclan a lo loco. Lo decía Freud: pueden aparecer en un sueño una vieja amistad, un antiguo amor, un escenario de cuento, una noticia de ayer, una frustración permamente, el deseo de ligar con la pastelera, un famoso como Cayetano Ordóñez, el practicante con el que te cruzaste en la escalera antes de entrar en casa y hasta el estímulo físico que te produce.una sábana de seda. Los sueños son una ensaladilla rusa, o un castillo de fuegos artificiales que el pirotécnico no ha sabido ordenar.

-Por cierto, tía-comenta Homper cambiando el registro a serio-¿Sabes qué soñé esta noche?…Veía una masa informe, un montón de materia viva, horrorosa, que se agitaba nerviosa…Y en éstas que de esa masa gelatinosa asoma una pata de batracio, y luego una cabeza de reptil con ojos saltones…Y me doy cuenta de que es un montón de sapos copulando…

-¡Qué perversión, sobrino!….

-Que no, tía, que Morfeo es un guasón y un caprichoso…Fíjate que anoche vi una película de Nicole Kidman, que me encanta…Y podría haber soñado con ella…Pero también ayer supe que muchos sapos de la Comunidad de Madrid mueren atropellados porque el bordillo de un carril-bici les impide juntarse con sus hembras para copular…¡Los pobres sapos muriendo por amor!…

Otro cuento, otro sueño. Homper espera que el de esta noche sea más agradable. Ya venden en la pastelería buñuelos de santo, que, en su versión clásica, rellenos de crema pastelera, le trastornan. Y, sin dejar de desear mejor suerte al circo del PP y a los mártires batracios, aspira a una bacanal con la pastelera, tan seductora. Ella y él solos, a media luz los dos, música de Astor Piazzola al fondo y  tan sólo separados por una tentadora bandeja de buñuelos de santo que media entre sus labios…

Conoce tus fuerzas…ocultas

 

Se refiere a tus fuerzas armadas, claro. Pero la buena conciencia recomienda  maquillar algo la cruda realidad...

Se refiere a tus fuerzas armadas, claro. Pero la buena conciencia recomienda maquillar algo la cruda realidad...

Barak Obama es en sí mismo eso que ahora llaman un mantra. O sea, una fórmula de encantamiento cósmico que a él le ahorra mayores esfuerzos para triunfar. Por lo que piensa, lo que dice y lo que parece, el resto de la humanidad le hace la ola. Sólo los consabidos talibanes irreductibles le niegan su inteligencia y su liderazgo. Bush, que era torpe y encima poco simpático, se lo había puesto bien fácil. Pero de ahí a concederle a su sucesor el Premio Nobel de la Paz  por lo que hasta ahora ha sido sólo un sombrerazo de buenas intenciones, va un trecho.

-Mis amigas Edwina y Thelma están encantadas- dice la tía Clota- Ven la historia de Obama como una película de Frank Capra…Pero yo para chincharles les he dicho que este premio sólo es un desagravio por el feo del Comité Olímpico la semana anterior. Total, como las dos cosas vienen de Escandinavia, y ellas apenas distinguen…

-En España pasa lo mismo con algunos premios literarios-dice Homper- Se presentan cientos de novelas en sobres cerrados y bajo seudónimo. Pero luego casualmente el premio se lo lleva un escritor conocido que vende estupendamente.

-Ya entiendo… No dan puntada sin hilo.

-Elemental, tía Clota. Los premios son para los que se los merecen…y además dan lustre, claro.

Mantiene la tía Clota que antes que a Barak Obama deberían  haberle dado el Premio Nobel de la Paz…¡a Zapatero! Y como Homper se cae de culo de la sorpresa al escuchar semejante boutade, ella se explica.

-Mira, sobrino…No sólo fue el primero en hablar del talante y el diálogo como panacea universal. Sino que se sacó de la manga eso de la Alianza de Civilizaciones, que supongo que sonará muy bien en la Academia de Suecia. Y además, acabo de ver en la tele un anuncio de la campaña del Ministerio de Defensa y aparece Concha Velasco con un lema que dice: CONOCE TUS FUERZAS…Pueden ser tus fuerzas físicas, tus fuerzas mentales, las fuerzas eléctricas, las fuerzas vivas de tu pueblo, las fuerzas sociales…Nunca vi un ejército tan disimulado. Más pacifismo y les visten a los soldados de hermanitas de San Juan de Dios.

Subraya  Homper con una sonrisa la maldad de su anciana tía. Y se queda perplejo preguntándose cómo, puestos a premiar,  no dan un Nobel de la Gilipollez a los que, maquillando las palabras, pretenden  convertir la amarga realidad de la guerra en algo así como La ciudad de los muchachos. Y se acuerda del cabo Cristo Ancor, que en paz descanse. El creía combatir en unas fuerzas armadas, y seguramente estaba dispuesto a morir por la patria en Afganistán. Pero cayó perteneciendo a unas fuerzas innominadas y en un lugar donde, como en cualquier otra parte, sólo ocurren accidentes

 

 

La tía Clota hubiera enseñado la foto

Mí no entender...¿Tanto mal les hace a las niñas de ZP que el mundo las vea conmigo?

Mí no entender...¿Tanto mal les hace a las niñas de ZP que el mundo las vea conmigo?

-Cuando se lo he explicado a Edwina y Thelma no han entendido nada-dice la tía Clota.

Edwina y Thelma son las otras chicas de oro de Tinmouth, el pueblo del estado de Vermont donde vive la tía de Homper. Los europeos tendemos a creer que el pueblo norteamericano es más simple que nosotros. La propia tía Clota está de acuerdo en eso, pero en este caso defiende a su país de adopción. Dice que la que han armado los Zapatero a cuenta de la famosa foto con las nenas es una exageración. Y que sus amigas americanas, que no están al tanto de la peculiar sensibilidad de nuestro presidente y su señora, piensan, no sin razón, que ahora los que estarán mosqueados serán los Obama.

-Pobre Obama-suspira-¿Cómo iba a pensar que molestaría que colgaran la foto con la familia ZP en la web de la Casa Blanca? ¿No decían que  desde que metió la pata despreciando las barras y estrellas estaba como loco por estrechar relaciones con el Presidente de los Estados Unidos? Pues ahí tenía la prueba de su éxito al conseguir que le reciban: pelillos a la mar y hasta fotos con las nenas

Homper escucha a su anciana tía desde España y sonríe con cierta socarronería.

-Bueno, tía… Aquí los niños son materia muy sensible. Pensamos que una foto suya en Internet con el matrimonio más famoso del planeta puede atentar a su intimidad y estropearles la vida. Pero dos años después estas mismas niñas podrán abortar libremente sin consultar siquiera a sus padres y eso nos parece de lo más natural…

-¡Qué contradicción!, ¿no?…Ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre…Además, ¿a qué niño le va a disgustar que le vean con su ídolo?…

Y se ríe. Raritos, muy raritos les ha hecho la modernidad a mis compatriotas, piensa para sus adentros. Y se acuerda de que, cuando era niña, tú te hacías una foto donde fuera y la gente del pueblo se te ponía espontáneamente detrás sólo por la ilusión de  quedar para la posteridad, aunque jamás fueran a ver la imagen atrapada por la cámara. Qué ingenuidad y qué ternura.

-Y menos lo entiendo si esa foto es con una figura universal, como Obama-dice la tía Clota- ¿Sabes?… Paquito, el hijo del heladero de mi pueblo, siempre me pasó por las narices una foto en la que aparecía él entre Manolete y su cuadrilla. Mira, aquí estoy, con Manolete, me chinchaba. Y allí estaba, colado entre las piernas del picador y de un banderillero y sólo dos cuerpos más allá del maestro, con la cara radiante de éxito, como si fuera él el Califa de Córdoba y acabara de salir por la puerta grande…A mí me habría encantado que todo el mundo me viera al lado de Manolete o de Gary Cooper, pero es que los niños de entonces debíamos de ser muy especiales…

Eso, muy especiales, piensa Homper. Y no como estas criaturas de ahora, que van por la calle vestidos de góticos, de románicos, de lagarteranas o de tortugas Ninja, pero que pueden sufrir un trauma si el público las ve fotografiadas junto a la sonrisa más jaleada del planeta. Cosas veredes, Sancho

¿Será que quiere ser santo?…

Aunque hay que reconocer que la estampita es buena, la tía Clota le ve más como un nuevo san Juan de Dios...

Aunque hay que reconocer que la estampita es buena, la tía Clota le ve más como un nuevo san Juan de Dios...

-Te voy a enseñar la verdadera cara de san Juan de Dios-le dice la tía Clota sonriendo con malicia mientras saca un tarjetón de un libro y lo acerca a la cámara para que su sobrino, al otro lado del Atlántico, lo pueda ver.

Y Homper, cómo no, se queda perplejo. No es para menos. La estampita es una postal publicitaria que muestra la clásica imagen del popular santo con un enfermo en los brazos y rodeado de pobres y desvalidos. Es un pequeño bajorrelieve en escayola  un tanto relamido, típico de la imaginería religiosa de algunas tiendas madrileñas, allá por  la calle de la Paz y aledaños. Pero lo sorprendente es que la cabeza del santo, con barba y coronilla, como está mandado, muestra la cara beatífica e inconfundible del presidente Zapatero. Bajo el grupo escultórico, escrito con letra gótica, la frase La verdadera imagen de San Juan de Dios, el protector de los pobres, enfermos y desvalidos. Venta por encargo.

-Los hace un artista de mi pueblo, y los vende como churros.

Cuando aún en vida de Franco la tía Clota emigró a Estados Unidos, en su pueblo natal, una pequeña villa de la Granada profunda, convivían los balbucientes movimientos obreristas con el catolicismo tradicional de la España eterna. Muchos de los que enredaban en los clandestinos sindicatos del campo, se disputaban un puesto de costalero en los pasos procesionales. Ese era el caso de Vicente, escultor aficionado a modelar en escayola cristos, vírgenes y santos de su devoción.

-Lo hacía tan bien, que dejó el campo con una baja laboral por problemas de corazón y se dedicó a la imaginería…Con cierta imaginación, ¿no crees?-subraya la anciana con mucha zumba- Aunque, después de todo, pone las cosas en su lugar…Porque aunque no haya caído en la cuenta, y puede que no le gustara saberlo, Zapatero es un san Juan de Dios laico.

Homper sonríe por lo bajini y repasa mentalmente el argumentario social del gran defensor de los desvalidos españoles, que acaba de repetir ante el Comité Federal de su partido.  Todo menos dejarles de la mano de Dios, al menos mientras quede un euro  en las arcas y un impuesto por exprimir. El nuevo Dios es él. Cuando hay que hablar de ayudas al tercer mundo, lo progresista no es tapar agujeros con limosnas, como hacen algunas ONG, sino invertir en crear las estructuras de una economía productiva que permita a los países pobres salir de la miseria. Pero aquí debemos de ser multimillonarios, porque todo consiste en hacer de Caritas gubernamental con cargo al déficit sin ajustar un solo tornillo. Sobre todo si los sindicatos fruncen el morro.

-¿Por qué no llamas a Moncloa y le recuerdas al presidente que Vicente Ferrer también era progresista?…El invertía en hacer pozos. Y los pozos transformaron  la vida de sus desvalidos.

-Buena idea, tía- responde Homper- Señor presidente, que dice mi tía que aunque usted no lo sepa está en la misma línea de san Juan de Dios. Y que, siendo tan progresista como es usted, debería de buscar otros referentes…

Y se echan a reír. Como los que aplauden entusiasmados a su líder infalible. Y como muchos más que, aunque cobren un subdisio, miran al futuro y quizás rían por no llorar.

La pu.. verdad

¿Quién le pone el cascabel a ese gato tan escurridizo que es la prostitución?...

¿Quién le pone el cascabel a ese gato tan escurridizo que es la prostitución?...

Antes, Esperanza Aguirre había roto el fuego diciendo que hay que quitarse la máscara de la hipocresía y regular la prostitución. Pero hoy Homper se ha quedado estupefacto leyendo que el vicepresidente Rubalcaba se ha atrevido a decir que casi habría que prohibirla..

-¿Te imaginas, tía? El mismo que en algún momento de su vida puede que  haya gritado eso de prohibido prohibir,  ahora habla como si fuera…

-Un hombre de orden-interrumpe la tía Clota- Dilo, no te muerdas la lengua, sobrino: un hombre de orden, que al fin y al cabo es lo que se espera de un ministro del Interior. Claro, que después de aquellas fotos del mercado de la Boquería no me extraña. Toda la vida hubo prostitución, pero no es agradable que en esta sociedad tan bonita que creemos vivir nos muestren tan crudamente el trabajo de las pilinguis

A Homper también le sorprende el pudoroso eufemismo de la tía Clota, que disfraza de pilinguis lo que ahora casi todo el mundo dice putas. Aprendió el vocablo en una obra de teatro de Alfonso Paso, y le hizo gracia. Aunque ahora la gente no se anda con rodeos, y tenga la puta en la boca tal que si el viejo oficio  fuera tan digno de pronunciar como el de maestra nacional.

-La verdad es que Rubalcaba puede tener razón.

-Puede –farfulla la tía Clota- Pero si le das a la mujer libertad para abortar…¿cómo vas a prohibir que use su cuerpo para ganarse la vida, aunque sea tan malamente? Además, una pilingui acaba con una erección, pero no con un fetito…La verdad, Hom…¡Qué difícil debe de ser poner leyes a todo esto!…

La verdad es que Homper tampoco lo tiene nada claro. La verdad es que es una ignominia la prostitución. Tan verdad como que habrá hombres que no habrán hecho más amor que el que pagaron de su bolsillo. También es verdad que aunque la inmensa mayoría de las profesionales lo son por necesidad, y a menudo esclavizadas por el proxeneta de turno, habrá putas de lujo encantadas con su oficio. La verdad es que las fotos de la Boquería eran un asco. Aunque fueran para denunciar lo asqueroso que es la prostitución callejera.

-La verdad es que lo que da más asco es que los que denuncian lo asqueroso del oficio se forren luego con los anuncios de las putas.

-¿De las pilinguis, quieres decir?- subraya con malicia la tía Clota- habría que prohibirlos.

La verdad es que la liarían. Y los periódicos volverían a denunciar a un gobierno que lo quiere regular todo, ahoga las fuentes de financiación de la prensa y machaca la libertad de expresión…

-Sobre todo –matiza la tía Clota- si no hace lo que manda el editorial de turno y les niegan una TDT de pago, ¿no?…

La verdad es que no existe la verdad. Lo diga Juan de Mairena, Agamenón, el porquero, EL PAÍS o la muy cáustica y resabiada tía Clota.

Enfermos de tanta salud

ACTIMEL, que es muy bueno,  se pasa de promesas. Y su prescriptora, de precauciones estéticas...

ACTIMEL, que es muy bueno, se pasa de promesas. Y su prescriptora, de precauciones estéticas...

-Esta sociedad está un poco enferma de sanidad- sentencia la tía Clota.

No alude a la difícil reforma a que está intentando sacar adelante Obama en su país de adopción. La tía Clota  se mueve por Internet como Pedro por su casa, y no sólo dialoga frecuentemente con su sobrino Homper, sino que sigue el pulso de España repasando periódicos y revistas y escuchando frecuentemente radios españolas. Y se refiere a la obsesión por la salud del cuerpo que reflejan todos los medios.

-Lo de la gripe porcina supongo que es importante-subraya- Pero es que gastar en medicinas y en médicos entusiasma, y nos tienen fritas con todo lo que hay que hacer y tomar para ser cuerpos perfectos y casi inmortales…

-Esta semana me toca revisión de oído –puntualiza Homper- La que viene, prueba del PSA, y la siguiente cita con el oftalmólogo para que me confirme que ya no distingo a treinta metros a la cajera del supermercado si no llevo las gafas puestas. Y es una pena, porque es muy mona…

-¿Habrá que recordar que vivir es un riesgo, y que de algo hay que morir…?- ironiza la anciana.

También le ha llegado a la tía Clota ese correo que circula por la red donde se exageran con mucha gracia las obligaciones del homo sanus perfectus. No fumar, nada de alcohol, gimnasia, paseos contra las crisis  coronarias, el colesterol y la osteoporosis, alimentación selectiva y equilibrada…Si a eso se unen los deberes ecológicos que marca el canon de civismo contemporáneo –salga a buscar su punto limpio para depositar las pilas usadas y el aceite frito, por ejemplo- se llegará a la fácil conclusión de que faltan horas en el día para estar en plena forma y en paz con la conciencia sana.

-¿Y qué me dices de la pobre doña María? -añade la anciana- Su hora en la COPE está llena de recomendaciones de salud y de consejos para adelgazar. Ya no se atreve a recordar que ella está gruesa de los nervios. Debe de pensar que si lo dice atentará contra los intereses de su nueva radio. ¡Todos tenemos que estar jóvenes, sanos y guapos!…¡Ah!…Y saber mucho de las isoflavonas de soja…

También está que trina Homper a cuenta de ellas. Resulta que la última predicadora de esa nueva purga de Benito que nos va a arreglar el cuerpo es Susana Griso. Era para Homper una de las últimas mujeres con encanto con la tele. Pero no contenta con su atractivo natural, que no era poco, ha caído en la tentación de arreglarse los labios antes de protagonizar un spot de ACTIMEL lleno de isoflavonas de soja y de llamadas a las defensas naturales. Ahora no es Susana Griso, sino Susana retocada, que ya no le gusta tanto.

-¿Por qué tomas ACTIMEL?- pregunta la nueva periodista al final del spot convencida de su mensaje regenerador.

-¿Y sabes lo que le contesté, tía?-remata Homper- ¿Y por qué has permitido tú que te desfiguren la personalidad y te cambien por una modelo con morritos?

Lo que decía la tía Clota. Esta una sociedad  enferma de todo lo que significa una bata blanca. Enferma por la obsesión de salud, de inmortalidad artificial y de algunas cirugías estropeadoras.

Ciudades felices

Obras en Madrid, según la pintora Elena Méndez

Obras en Madrid, según la pintora Elena Méndez

Hay mentiras, grandes mentiras y estadísticas, dice el perplejo Homper que dijo Bernard Shaw. Da igual quien lo dijera, porque la frase estaba bien traída. Como si, en lugar de estadísticas, decimos encuestas. O como, si en lugar de encuestas, hablamos de percepciones.

-Ya ves, tía-le comenta a la tía Clota a través del Skype- Según la revista Forbes vivo en una de las diez ciudades más felices del mundo. Y yo sin darme cuenta.

Según la prestigiosa revista norteamericana Madrid está en la lista privilegiada de las ciudades más felices del planeta, encabezada por Río de Janeiro. La clave de esa percepción es que desde que Fred Astaire y Ginger Rogers rodaron Bailando a Río y desde que la tele universalizó la postal de los carnavales brasileiros, el imaginario colectivo asocia la capital del Brasil con la samba, el empelote, la plástica de las mulatas sonrientes y el vive como quieras, fundamentalmente de juerga y sin dar ni golpe. Sólo Río, Sydney, Barcelona y Amsterdam superan a Madrid en felicidad.

-¿Y crees que Barcelona es más feliz que Madrid por las fotos  de esas cosas que hacen en los alrededores de La Boquería?- pregunta la tía Clota con indisimulada ironía.

Las reprodujo El País, no se sabe si dentro o fuera de su libro de estilo, Homper se quedó perplejo al verlas y luego dieron la vuelta al mundo en Internet. Gente fornicando en la calle  a plena luz del día sin ley ni ordenanza municipal que les advierta de que, aunque ellos estén felices, a la mayoría de la gente les puede molestar que conviertan el espacio público en una casa de putas.

-No se, tía –responde Homper avegonzado. Ya sabes, vive como quieras…Además, todo es relativo. Madrid está insoportable, reventado en obras. No sabes cómo llegar ya a ningún sitio, porque se han puesto a cortar y reformar todas las calles y aceras al mismo tiempo. Polvo, atascos,  la crisis y un calor más que africano. Eso sí, por la noche tinto de verano en las terrazas y, si pasa el de Forbes,  estamos encantados.

Son percepciones, insisten. Como lo de los brotes verdes de la economía. Debe de ser la edad, pero a Homper, por el contrario, esta imagen de desorden y caos bajo el azote de un verano exagerado y la cataplasma de la memez buenista le deprime. En el Retiro, como en casi todo el bosque nacional, muchos árboles desesperados hace ya tiempo que tiraron la hoja. No pueden con ella, como tampoco miles de tiendas de este Madrid tan alegre y confiado pueden mantener su negocio y cierran sus puertas. Pero somos felices.

-Paciencia, sobrino- dice la tía- Sólo es feliz el que quiere serlo, y el que no se consuela es porque no quiere.

Homper sueña con ver nubes en el horizonte. Y para no caer en el pesimismo, que vende tan poco, se recuerda a sí mismo que al final siempre acaba lloviendo.

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Cómo mejorar muchas cosas por diez euros al mes

Rafael Selas es un JASP que ha entendido lo que son las prioridades...

Rafael Selas es un JASP que ha entendido lo que son las prioridades...

Regresaron de sus vacaciones la tía Clota y sus amigas, como había regresado antes el perplejo permanente llamado Homper. Nunca pasa nada, o ya vuelven los clásicos por do solían. Aunque siempre creamos que cada pausa veraniega da paso a un movimiento germinal.

De niño, Homper estaba convencido de que el año se dividía en dos mitades: el invierno frío, gris, monótono y, peor aún, colegial,  de su Madrid natal, y la otra mitad alegre y al aire libre, que transcurría en su lugar de veraneo. Sol, ríos o mar donde bañarse, juegos, aquellas chiquillas a las que de repente les apuntaban dos cerezas por debajo de su blusita, noches estrelladas, bailongos por las fiestas de finales de agosto, helados de mantecado más o menos gruesos,  desde los diez céntimos a la peseta, algún titiritero ambulante y, un caballito de cartón o un motorista de hojalata en la feria y sobre todo, nada de colegio. Al regreso a la mitad horrible del año –qué suerte, creer que el año se dividía en colegio y vacaciones- tenía la esperanza de que la vida en Madrid renacería distinta. Pero nunca cambiaba. Todo seguía igual.

-Nunca pasa nada, sobrino-remachó la tía Clota en el primer diálogo posveraniego que acaba de mantener Homper con ella- Y, si pasa, es para peor…¿También te vas a quedar pasmado porque te recuerde eso?

Le chafó el pesimismo anticipado de su tía, porque esta vez le iba a leer a distancia algo que a él, oh, sorpresa le había asombrado muy positivamente. En un suplemento del ABC de este mes de agosto había leído una entrevista con Rafael Selas, un madrileño que marchó a Estados Unidos con diecinueve años, hizo una prometedora carrera de productor y realizador  televisión y de discos y de repente sintió la llamada de lo que él llama “los niños rotos de África”. Con algunos de ellos aparecía  en la foto del ABC, barbado y sonriente, un rostro que recuerda vagamente al del Ché Guevara.

-Y es que este chico también es un revolucionario-le aclaró a la tía Clota-Ya ves, podría haberse convertido en un yuppy de los negocios, un empresario rico en España, y lo ha dejado todo  por echar una mano a los niños de Lamu…Para que luego digas que los jóvenes  sólo piensan en divertirse.

Rafael Selas se instaló en Lamu, una isla al norte de Kenia. Desde su ONG llamada ANIDAN ya ha a creado un orfanato donde viven doscientos cincuenta niños, y se ocupa de que otros cien sean atendidos diariamente en el hospital pediátrico. Rafael es muy crítico con las ONG de grandes presupuestos y poco operativas, y prefiere optimizar sus recursos trabajando sobre el terreno para defender de la malaria y otras enfermedades a unos cuantos de sus niños rotos. Estudió en un colegio heredero del Instituto Escuela, y no recibió una gran  formación religiosa. Pero allí había un padre Ramiro con las ideas muy claras. Si no eres capaz de arreglar el mundo –decía el cura-  procura ayudar al menos al que tienes más cerca. Lamu está muy cerca, porque Rafael está allí.

-Caramba –musitó la tía Clota después de conocer la historia de Rafael Selas- ¿Y dices que es joven?…

Rafael Selas debe de estar en la treintena, y es otra clase de JASP (Jóvenes Aunque Suficientemente Preparados). Su caso dejó perplejo no sólo a Homper, sino también a la tía Clota, que, arrepentida de sus prejuicios, se ha dado de alta como socia de ANIDAM, con una cuota de sólo diez euros al mes.

-No es cierto que las cosas siempre cambien a peor, tía-concluyó Homper. Tú misma has mejorado mucho desde que conoces esta historia…

El cuento de una noche de verano

Si no tienes con quien dialogar, habla con las estrellas...

Si no tienes con quien dialogar, habla con las estrellas...

Parece ser que la tía Clota cerró por vacaciones. Como si fueran las Chicas de Oro, ella, Edwina y Thelma decidieron invertir sus ahorros en un viaje por Europa. Hubo que convencer a Thelma, que pensaba gastar los suyos en una casa de muñecas para sus nietas. La casa era carísima, porque reproducía, habitación por habitación, una de las mansiones de  Michael Jackson, y todas sus ocupantes eran muñequitas y muñequitos de rasgos negroides, aunque con la piel de biscuit cuidadosamente blanqueada. Un juguete muy auténtico.

-Es una bobada-le dijo la tía Clota para convencerla- No lo entenderán, y si lo entienden no te lo agradecerán. Me han dicho que han lanzado una Barbie con tres tallas de pechugas de recambio y  entrenador personal. Cómpraselo, que es mucho más barato y te quedará para venirte de viaje con nosotras.

Querían ir a Viena para seguirle la pista a Sissi. Pero entretanto a Edwina se le había ocurrido ir a una vidente que le había dicho algo maravilloso. Veía en su próximo viaje un idilio otoñal con un  descendiente bastardo del duque de Spoletto, que aunque no ocupó el trono, fue nombrado rey de Croacia en 1941. Edwina había jurado y perjurado que nunca un hombre más en su vida, pero una cosa era un agente de seguros de Montana retirado como el que le había pretendido una vez y otra un noble del viejo Imperio Austro Húngaro. A la tía Clota no le parecía una razón suficiente.

-Si hubo alguna vez un príncipe en Croacia –bromeó con su inveterado escepticismo-se habrá convertido en rana, como procede en un país que se llama así…

Sin embargo luego se documentó en una agencia de viajes y descubrió que Croacia era precioso, de manera que cerraron el viaje y se embarcaron en su romántica aventura europea. Sólo se ha sabido de ellas a través de Algondosina, que dio con las tres ancianas  de Vermont en las espectaculares Cascadas de Plitvice, donde se juntan los ríos Kapela y Plisevitza. Algodonsina, asidua de este blog, ha vuelto entusiasmada de Croacia, pero duda de que Edwina consiga hacer bueno el vaticinio de la vidente. Aunque iba  maquillada como una vedette –de hecho, se le corría la sombra de los ojos por el calor- y con zapatos de tacón para enaltecer su silueta, allí no quedaba ni rastro del glamour que se le supone a un descendiente de un duque.

Sin interlocutora con la que dialogar sus perplejidades veraniegas, Homper aceptó la invitación de su amiga Anita para pasar tres días en su casa de campo. Anita está  restaurando  el techo de la capilla de la casa que heredó de una tía abuela. El fresco de la cúpula reproducía  a la Virgen con San Roque, pues Roque se llamaba el bisabuelo de Anita, que fue quien construyó la casa. Desgraciadamente, las humedades habían deteriorado la parte trasera de la figura del famoso perro de san Roque, y a la hora de reinterpretar el original Anita tenía sus dudas.

-¿Lo pinto con rabo, o sin rabo?

Homper, estupefacto, no había sabido qué decirle. Tampoco sabía por qué los tubitos del riego gota a gota se habían obturado y no habían regado el huerto de plantas aromáticas del que tanto presumía Anita.

-Ven –le había prometido- te mostraré mis lavandas y mis hierbaluisas, y cenaremos bajo el emparrado escuchando el chorrito de agua de mi fuente, que no se seca nunca..

Se habían medio secado casi todas las plantas aromáticas. Sin embargo el goteo de la fuente era tan eficaz que a lo largo de la cena –gazpacho y tortilla de patata-  y la tertulia bajo el emparrado, Anita se excusó cuatro veces para ir al cuarto de baño. Con todo, la cena hubiera sido deliciosa sino fuera porque la perrita Paca, una teckle inasequible al desaliento, se pasó toda la noche ladrando al emparrado, por donde había sido vista una rata haciendo equilibrismo. Anita se mostraba orgullosa del pedigree de su perrita, sin percatarse de que una perra ladrando a lo largo de una cena es un coñazo, ya sea de pura raza o simple chucha. Homper sugirió poner matarratas en los palos del emparrado, pero Anita le dejó bien claro que no era partidaria de fertilizantes, pesticidas y otros compuestos químicos que alteran los designios de la naturaleza.

-¿Por qué no salimos fuera y miramos las estrellas? –sugirió Anita.

Fue una gran idea. Asombrosamente, en ese lugar del centro de esta España africanizada por un verano implacable, y aún con la espesa calima que provocan durante el día las altísimas temperaturas, resplandecían las estrellas. Y como el ruidito de la fuente no cesaba, y las ganas de hacer pipí de Anita tampoco,  Homper aprovechó los ratos en soledad para plantear al cielo las preguntas de la jornada que no le podría preguntar a la ausente tía Clota. Cómo es posible que la contaminación y el cambio climático no hayan conseguido velarnos el milagro de una noche estrellada. Por qué ya no hay príncipes ni batracios convertibles en Croacia. Con qué criterio hay que restaurar  las imágenes del perro de San Roque, si con rabo o sin rabo. Quién era ese Ramón Ramírez que se lo cortó. Por qué siempre se acaban obturando los tubitos del goteo, y justo en la planta o el arbolito que más nos interesa. De qué materia tan sensible estaban hechos los riñones de Anita. Cómo librarse de las ratas de un emparrado sin dañar a la naturaleza. Cómo callarle la boca una perrita competente que no hace sino cumplir su deber.

Demasiadas interrogantes para el firmamento. Y mira que había estrellas  para contestar.

Anita se excusó y se retiró. Y después de media hora más de contemplar las estrellas, Homper hizo lo mismo y durmió estupendamente gracias a que la perrita Paca, que seguía al pie del emparrado, se había quedado afónica.

También Hitler fue niño

¿Cuándo aprenderemos que un niño mal educado puede acabar en un monstruo?...

¿Cuándo aprenderemos que un niño mal educado puede acabar en un monstruo?...

Rousseau el Aduanero es un pintor naïf que consiguió destacar entre la nube de genios impresionistas de su época. Y pintaba ciertamente un mundo ingenuo. Un siglo antes, otro Rousseau, Jean Jacques, el filósofo, había concluído que el hombre nace bueno, y es la sociedad la que lo estropea. Se nos mire por donde se nos mire ahora todos somos roussonianos. Jugamos a la utopía de la señorita Pepis, y nos creemos superguay hasta que nos malean y una noche tonta violamos a una chiquilla o matamos a una amiga. Aunque sólo tengamos catorce años. A esa manera de concebir la sociedad unos le llaman buenismo. Otros, simplemente, estolidez.

-Estupidez, sobrino-remacha la tía Clota a Homper- Ignorar lo que se sabe desde siempre…¿Habrán probado los legisladores el aceite de hígado de bacalao?…

Esta vez el estupor de Homper va a acompañado de visibles arcadas. Puaff, qué asco. Cómo iba a olvidar aquel aceitorro asqueroso que, según los mayores, tenían que tomar los niños de entonces para criarse sanos.

-No había nada peor, tía. Era vomitivo.

-Como casi todas las medicinas de entonces. ¿No te acuerdas de que te diluíamos la aspirina en una cucharadita de azúcar? Pero es que nos enseñaban que, para aprender a vivir, también hay que aprender lo desagradable de la vida.

Parece que fue Jardiel Poncela quien definió a los niños como esos locos pequeñitos que andan por ahí. También podría haber dicho esos canallas pequeñitos. Al propio Homper le tortura en ocasiones una pesadilla que fraguó en su infancia. Un tribunal compuesto por un perro callejero, un mochuelo y un gran sapo le condena a morir quemado como Juana de Arco. No hace falta ser Freud para interpretarlo. Homper recuerda cómo vio a unos golfillos atar una lata al rabo de un perro, echarle gasolina por el culo y reirse mientras el pobre animal salía aullando enloquecido de dolor. Con todo, de ese crimen sólo fue culpable por omisión, mientras que al pobre mochuelo, que no podía volar, lo lapidó él mismo al pie de una encina, y al sapo lo destripó de mala manera  con la punta de un vidrio roto. La rapaz y el batracio se le aparecen a menudo en sueños acusándole. ¿Pero cómo fuiste capaz de hacernos eso?…

-Y seguramente hubiera degenerado en un doctor Petiot si alguien no me hubiera advertido severamente que no hay que maltratar a los animales –reconoce Homper.

Añade la tía Clota que entonces  también se decían otras cosas, como recuerda Serrat en una de sus canciones. Niño, eso no se hace, eso no se dice, eso no se toca. Pero eran otros tiempos, cuando no éramos roussonianos, y los padres y los maestros podían decir NO y BASTA sin crear alarma social en nuestra falsa Arcadia feliz.

-No es que cualquier tiempo pasado fuera mejor –matiza la anciana- Somos nosotros, que no aprendemos del pasado.

Homper lo comparte: qué maravillosos los niños. Sobre todo cuando no somos tan cándidos, y tenemos presente que hasta Adolfito Hitler jugaba a la pirindola y suspiraba por los caramelos de fresa.

En busca de las playas perdidas

Desde el Rincón del Náufrago seguramente se ve el lugar  donde el Duende descubrió que el mar y la playa eran, sobe todo, libertad...

Desde el Rincón del Náufrago seguramente se ve el lugar donde el Duende descubrió que el mar y la playa eran, sobe todo, libertad...

Jugaba  aquel niño en la playa con su cubo y su pala cuando de repente vino un agente municipal uniformado y le confiscó sus juguetes.

-Artículo 24 de la última ordenanza –le amonestó el guardia con gesto crispado- Todo bañista que meta arena en su cubito será considerado autor de un delito de apropiación indebida de suelo público, y de falta de respeto a los demás bañistas. Y…¡ojo! Le dices a papá que se ande con cuidado, porque ha sido visto haciendo gimnasia en la orilla y en algunas de sus flexiones desborda el área preasignada.

Qué sueño macabro. Dos días antes había escuchado que un ayuntamiento costero ha regulado tan restrictivamente el uso de la playa que prácticamente sólo permite meterse en el agua. Nada de sombrillas ni de toallas extendidas acotando quien sabe si un metro cuadrado de la preciada arena dorada. Ni de jugar a la pelota, ni a las palas, ni de pasear al perro. Supongo que tampoco se podrá correr, por el peligro de atropellar a algún niño al que, en buena lógica, se le prohibirá que sea niño, con lo molesto que es eso para los demás. Se acuerda uno de la canción Aquí no hay playa. ¿Dónde está el gozo de una playa que sólo ofrece chapuzones en un ambiente como el   del Ganges purificador?…

Dice la tía Clota que lo malo del verano en España es que a todo el mundo se le ocurre lo mismo en los mismos días. Y se queda perplejo Homper de la pasión que aún suscita en el ciudadano la palabra playa cuando la recompensa mayor que ofrece ahora es una torradera para asarle como un gambón. Y eso si no te cobran por la plancha –léase hamaca- del hotel.

Recuerda el Duende El Puntal y la playa de Las Quebrantas en Somo, donde descubrió el mar a los siete años. Era de aguas frías y resacas traicioneras, pero larguísima  y con ese encanto añadido que dejan las mareas del norte al replegarse. Podías correr, jugar al fútbol, a las palas,  a voleybol, lanzar la cometa, montar a caballo o en bicicleta: sólo te detenía el cansancio. Los aldeanos bajaban las caballerías de los prados y las lavaban en el mar. Oteabas el horizonte y únicamente veías, de ciento en viento, algunas sombrillas que, como en un cuadro impresionista, punteaban de color el paisaje. Recuerda los paseos por la orilla, que siempre tenían algo de aventura arqueológica: kilómetros lisos y suaves en los que encontrabas caracolas, fósiles de erizos, bolas de cristal  que se desprendían de las redes de pesca y otros pequeños tesoros que aquella mar bravía  depositaba a sus pies. Olor a yodo y a algas.  Qué sensación de libertad.

También tenía su peligro. A unos cien metros de la orilla, entre la playa y el faro del islote de Mouro, que guía a los que buscan puerto en Santander, se erguía, fantasmal, el pecio de un barco hundido. Un día de su santo, que estrenaba pelota de regalo, se la lanzaron al Duende por encima de las olas, demasiado lejos, y no se lo pensó. Nadó por ella hasta que comprendió que la resaca le metía mar adentro y le alejaba de la playa. Ya casi  sin fuerzas, se puso a rezar. Aunque comprendió que no se moría porque había dicho el padre Manuel que antes del tránsito final uno repasa mentalmente en un pispás lo que ha sido su vida, y él sólo pensaba en recuperar su pelota. Le salvaron el padre de su amigo Nicolás Salazar -¿qué habrá sido de él?- un aldeano llamado Juanito y algunos más que no recuerda, a los que debía este tardío agradecimiento.

Hubiera sido un naufragio personal prematuro. Por cierto, hablando del tema, reconoce el Duende sentirse muy honrado por la atención de un amigo bloguero que se llama Julio y escribe en El Rincón del Náufrago, que es como se llama su blog. Lo hace desde Santander, y probablemente vea al otro lado de la bahía Las Quebrantas. Afinidades electivas: desde que leyó Robinson Crusoe y Las aventuras de Arturo Gordon Pym, al Duende siempre le han encantado las historias de náufragos. Ahora le llena de satisfacción que este colega le eche un cabo, perdido como uno se siente en ese mar infinito que es Internet. Hoy por ejemplo, quería hablar de las playas que ya no volverán y las olas le han llevado a él. Parafraseando a John Ford, Dos naufragan juntos.

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