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La baba nacional

Se puede mirar con respeto. Pero también con estupor, con ternura, con guasa, con piedad. Y, no se ofenda nadie, con rubor...

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Homper vuelve a quedarse perplejo. Super, super, super, superperplejo, como diría una niña pija. Hace ya tiempo que no hablaba de la tía Clota, la tía andaluza que fue profesora de español en Estados Unidos, casó con un granjero americano de Vermont, enviudó de él y se quedó a vivir para siempre en Nueva Inglaterra. Era la única tía que le quedaba, y hablaba con ella una vez a la semana utilizando el Skype. Pero anteanoche ella se despidió de él.

-Puede que sea para siempre, sobrino- le dijo mientras se tomaba una infusión en un mug decorada con la cara de Leonardo di Caprio- Ya me ha dicho el cirujano que este corazón tiene muy difícil arreglo. Fíjate qué pena si me muero en la mesa de operaciones sin haber visto nada de la boda.

-¿De qué boda, tía?

-De cuál va a ser…De la boda de la Duquesa. La gran fiesta de la baba nacional, ¿no?

No parece que le apenase mucho. La anciana está ya muy debilitada, y hecha a la idea de que su suerte final está al caer.

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Se quedó perplejo, como no podía ser de otra forma. La gran fiesta de la baba nacional…Qué manera de expresarse. Pero pronto comprendió que su tía conservaba su lucidez,  y que desde sus años y desde la distancia no tenía por qué andarse con rodeos.

-Se casa por tercera la Duquesa de Alba, 85 años –rumió Homper en sus pensamientos-  Está en su derecho de hacer lo que le venga en gana, el amor tiene razones que la razón desconoce (Pascal) y el amor no tiene edad, que lo cantaban en la zarzuela Don Manolito. Todo muy comprensible. Incluso plausible.

Y ella, la Duquesa, es una mujer liberada que a pesar de sus años aún cree creer en el amor. Y es simpática. Y generosa, según cuentan las personas han sido beneficiarias de su caridad y que hoy le felicitaban por la radio. Y divertida. Y pintoresca. Y es verdad que empieza a acusar su edad en algunos detalles poco amables para su imagen. Pero Homper está seguro de que lo de la fiesta de la baba nacional no lo decía la tía Clota porque a Cayetana se le pueda caer la baba, cosa que nos podrá pasar a cualquier a su edad. Sino por todas las demás babas que supuran de su boda.

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La mala baba (portada deINTERVIU, mensajes de Twitter poco piadosos con la noble enamorada). La baba de los aduladores profesionales. El baboseo asqueroso de los que se chotean de ella y luego la jalean como heroína del pueblo para vender sus revistas, sus programas de radio y televisión y los libros que se escriben a cuenta del personaje. Y la baba, la simple baba del tonto de baba que somos todos.

-¿Por qué voy a decir que el pueblo siempre es sensible e inteligente, si no soy político?-se dice el Hombre Perplejo.

Últimos detalles del esperpento. Los balcones con vistas al Palacio de Dueñas se llegan a pagar a 8.000 €. Y la eterna chiquilla que cree ser la novia se marca una rumba tambaleante ante la iglesia que  si, por una parte es ternura,  por otra parte resulta patética. Dos flashes iluminan el confuso pensamiento de Homper: el recuerdo de la cara de El bobo de Coria que pintó Velázquez. Y a continuación, la cínica razón con la que el fénix de los ingenios Lope de Vega justificaba su producción de comedias alimenticias en serie: El vulgo es necio y, pues lo paga, justo es hablarle en necio para darle gusto.

 -Tiene razón la tía Clota- concluye Homper- Todos necios, todos formamos parte del tinglado de la nueva farsa. Hasta yo, por entrar al juego y creer que mi punto de vista sobre la boda de la Duquesa puede ser de interés. Qué disparate.

Y al día siguiente de la boda, aún es noticia preferente la gran fiesta de la baba nacional.

Periodismo y publicidad. Todo es relativo…

Habrá que enunciar la nueva teoría de la relatividad en la información...

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Sonó el teléfono y el Duende se precipitó a cogerlo. La gente ahora llama menos. Unas veces piensa que hasta en eso se nota la crisis: en todo se puede ahorrar. Otras veces le da por creer que es cosa de su edad y de su retiro. Ya no es necesario para casi nada, y está fuera de la pomada, y tampoco está enfermo, y además ya sentó las reglas para esquivar a los únicos que aún siguen, erre que erre,  al aparato.

-¿Es usted el que deseo que sea?-quieren decir- ¿El responsable del contrato de…?.

-Lo siento, mire –suele excusarse- Ya no se con quién tengo contratada la luz, ni el gas, me han hecho ustedes un lío Se me ha olvidado ya el número de llamadas sobre este asunto que he tenido que atender, aunque no creo que ni IBERDROLA, ni ENDESA, ni UNION FENOSA ni GAS NATURAL me salven la vida. Pero ya  no acepto llamadas comerciales, gracias.

A veces piensa que detrás de esa voz generalmente suramericanita que le suplica atención, hay un puesto de trabajo que necesita acreditar tantas llamadas para no tambalearse.

-Usted es un encanto –acostumbra a añadir para edulcorar la píldora amarga- y hace  muy bien su trabajo. Pero su compañía es una pelmaza, lo siento.

Cuando es un robot el que llama, se ahorra estas palabras.

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Sin embargo aquella era una llamada distinta. Venía de Iñaki Gabilondo, que no llamó a este infeliz ni una sola vez durante los casi diez años que coincidieron en la cadena SER.

-Verás- le dijo- Te llamo porque me ha dicho Fernando Onega que pase la bola. A él le llamó Juan Luis Cebrián, al cual había llamado Luis María Ansón, que a su vez había recibido una llamada de  Paloma Gómez Borrero. Esta fue avisada por José María Carrascal, que recibió la noticia de Carlos Herrera, el cual seguía la cadena que le comunicó Luis del Olmo. ¿Sabes?…A Luis le dio el queo Pedro J. Ramírez, advertido por MaríaTeresa Campos y por Pilar Cernuda, que a pesar de sus discrepancia ideológicas había creído lo que le dijo Enric Sopena, entre otras cosas porque el que se lo había dicho a éste era Miguel Angel Aguilar, al cual habían llamado anteriormente Julia Otero y Angels Barceló. Angels parece que se enteró del asunto a través de Ernesto Saenz de Buruaga, puntualmente informado por Matías Prats, con el que se habían comunicado Pedro Piqueras y Olga Viza. Pero te mentiría si te ocultara que nombres como los de Susana Griso, Pablo Sebastián, Ana Rosa Quintana, Paco González, Carlos Carnicero, Raúl del Pozo, Ignacio Camacho, y Gistau suscriben el mensaje. Y, cómo no, el infalible Jaime Peñafiel y el pontífice de la corrección en todo, que es Josemi Rodíguez Sieiro…La cosa es que…

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En ese momento le sonó el móvil, descolgó de una forma mecánica y tuvo que escuchar la voz de su amigo Homper, tradicionalmente impresionable por casi todo lo que pasa en el mundo.

-¿Sabes?…-dijo el Hombre Perplejo- He hablado con la tía Clota, que vive en Vermont. ¡Y me dice que le ha llamado nada menos que Oprah Winfrey, por recomendación de Larry King!…

-Un momento, Homper- le cortó el Duende- Es que hablaba con Iñaki Gabilondo…

Lo cierto es que el Duende esperaba que la llamada del gran periodista español le despejara alguna de las dudas del día. ¿Se recuperará Japón de este terremoto? ¿Se reabrirá el debate nuclear? ¿Acabará Gadafi barriendo a los rebeldes y desafiando a Occidente? ¿Dirá Zapatero si se presenta a la reelección? ¿Irá a la manicura Belén Esteban?

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Pero las cosas ya no son lo que eran, pensó cuando le colgó a su maestro radiofónico.

-¿Qué te ha dicho Iñaki? –preguntó Homper impaciente.

-Que la vida es otra cuando lo tomas, y que  me una a la cadena ACTIMEL.

-¡Coño!-exclamó el Hombre Perplejo- Eso es lo que me ha dicho la tía Clota que le dijo Opra Winfrey: esto no ha hecho más que empezar.

Al Duende le vino a la cabeza aquella máxima de Álvaro de la Iglesia que presidía la cabecera de La Codorniz: donde no hay publicidad, resplandece la verdad. Recordó que se había pasado su vida entre los publicitarios y los periodistas. Los publicitarios decían una verdad interesada, pero no ocultaban que cobraban por ello. Los periodistas eran otra cosa.

-Ya nada ni nadie es lo que era-sentenció Homper- ¿Será verdad la verdad?

La verdad es que este relato fue un sueño. Pero ahora que están despiertos, tanto el Duende como Homper admiten que no tienen muy clara la respuesta.

Ver Madrid con otros ojos

Un poco más a la izquierda, se descubre la cúpula y la esbelta torre neomudéjar de la Iglesia de la Santa Cruz, una estampa en la que probablemente no muchos madrileños han reparado...

Darle una vuelta a lo que ves todos los días, o mirar de otra forma lo que se te pone ante los ojos. Según Homper – el Hombre Perplejo, el que aún es capaz de sorprenderse por cualquier cosa- esa es una buena receta para  no ser machacado por la rutina. Lo proponía a sus compañeros de tertulia  ateneísta, que contaban sus planes de verano. Aunque nunca está demasiado seguro de casi nada, esta vez se sentía en condiciones de dictar sentencia.

-Los que estamos de vuelta de todo despreciamos la visión del turista –dijo- Creemos que el buen viajero es el que vive los sitios que visita como un natural del lugar. Pero tan paleto es viajar coleccionando sólo postales como no descubrir los tesoros de tu ciudad sólo porque están en la agenda obligada de los viajes organizados.

O sea, que de vez en cuando está bien ser turista en tu propia ciudad. Lo descubrió el día en que tuvo que pasear por Madrid a  Nora, la peluquera de la tía Clota. La quiero como si fuera una hija, sobrino- le había advertido ésta– Así que tú, que tienes tiempo y eres  un encanto cuando quieres, serás su guía ideal. Hazme el favor…

Homper refunfuñó. Recordó luego que, siendo nacido y vecino de Madrid desde siempre, no había puesto los pies en el Palacio Real y en ese rincón entrañable que es el vecino Convento de la Encarnación hasta después de cumplir los cuarenta. De manera que en el corto espacio de una semana hizo de tripas corazón y se convirtió en el cicerone de Nora, una americana de Nueva Inglaterra pecosa y pelirroja, de piel blanquísima y elegantes andares, que reunía datos tan contradictorios como ser una enamorada de la literatura española del Siglo de Oro y coleccionar dedales decorados como souvenir de los lugares que visitaba. Se sorprendió de lo agradable que es observar las crestas  monumentales de los edificios del centro desde esos autobuses londinenses descubiertos que ahora hacen el sightseeng tour de la capital, aunque fuera sentado entre una madurita peluquera de Vermont –por cierto, no fea- y una legión de japoneses y japonesas que lo fotografiaban todo compulsivamente.

-Tuve que pasar por el Corte Inglésconfesó avergonzado a sus tertulianos ateneístas-, que es donde por fin encontramos un dedal de porcelana decorado con una diminuta Puerta de Alcalá. Pero no hay mal que por bien no venga. Subimos a la cafetería y desde la última planta de ese edificio de Callao, que domina el oeste y el norte de la capital, con todos los edificios y parques de su Cornisa Imperial, descubrí otro Madrid que nunca había sospechado. Y ya veis, estaba allí, esperándonos a los que no sabemos lo que tenemos…

Nora le demostró además que todas las ciudades guardan fotos singulares en las que nunca reparan los que allí viven. Una mañana, después de recorrer la Plaza de la Paja, la del Conde de Barajas y la Plaza Mayor, se sentaron en una pequeña terraza de la Plaza de Santa Cruz. Desde su silla metálica, Homper veía la silueta de Nora enmarcada por una de las torres de aguja del Palacio de  Santa Cruz y por la cúpula y la torre neomudéjar de la iglesia vecina que lleva el mismo nombre. Y de repente sintió que estaba en otra ciudad que nada tenía que ver con ese poblachón manchego lleno de subsecretarios, como despectivamente definió Cela a Madrid.  En esa ciudad donde llevaba viviendo toda su vida y que ahora empezaba a conocer gracias a la mirada cómplice de una peluquera norteamericana que, vaya por Dios, cada minuto se iba pareciendo más a una actriz del Hollywood de la época dorada, no lo tenía muy claro: quizás Mauereen O´Hara, quizás Eleanor Parker.

Nora tomó el avión de regreso el domingo 27 de junio de 2010. Por la noche, acodado en el balcón de su palomar, Homper veía la fachada occidental de Madrid a la luz de la luna cuando a las doce en punto, desde tres barrios distantes, fueron lanzados sendos castillos de fuegos artificiales. Casi simultáneamente, al cuadro de fondo se añadieron los rayos y relámpagos de una lejana tormenta de verano. Homper suspiró: le sobrecogía ver que el viejo, el feo y denostado Madrid, fuera capaz de esa estampa de tan  singular belleza. Aunque sospechaba que el recuerdo de la turista de Vermont que coleccionaba dedales y leía a Quevedo no era del todo ajeno al momento.

Los huevos de Christian Hernández

Hay muchas clases de valor. Y el torero mejicano Christian Hernández ha demostrado que también lo tiene a su manera...

Qué se hace cuando uno se muere de vergüenza. Qué reacción cabe cuando uno abre su verdadero almario (no armario, conste) y se revela tal cual es, a pesar de que el mundo alrededor exija justo lo contrario. Cómo se puede recuperar la autoestima cuando ocurre algo que justifica ampliamente aquella oprobiosa acusación que tanto temían los escolares de antaño. Cuando eras blandito, cuando no jugabas al pelotón –como decían los curas- o a policías y ladrones, porque no te gustaban los rifirrafes ni los recreos violentos.  O porque no resoplabas cuando el amiguete despabilado hablaba con los ojos como platos de las tetas de Sofía Loren en Madame san Gêne. Por cierto, vaya tetas.

-Nenaza, que eres un nenaza –tenía que aguantar

Y aún peor.

-Cobarde, gallina, capitán de las sardinas.

Cosas que se dicen sin demasiada cabeza. ¿Hay algún estudio científico sobe la pusilanimidad de esta clase de peces?

Pero al torero, como al soldado, el valor se le supone. Y nadie imagina que si fracasa, que si escurre el bulto y protagoniza una espantá que deja en nada las de Juan Belmonte se atreva a la sinceridad. Y más en este tiempo de buenismo generalizado hacia la condición humana. Nuestro amigo Homper –el Hombre Perplejo- se lo había comentado a su anciana y sabia tía Clota. Vio la noticia, abrió el ordenador, puso en marcha el Skype para saber de ella y comentar las noticias de actualidad.

-¿Lo has visto, tía? ¿Han pasado por vuestra tele lo del torero mejicano?

-Ni idea, hijo-respondió la tía-Aquí la pesadilla permanente es el vertido de crudo en el Golfo de Méjico.

Homper le contó a su tía, nacida en un pueblo de Granada, pero nacionalizada ahora en Estados Unidos y avecindada en en el estado de Vermont, la secuencia completa. El torero mejicano Christian Hernández en la plaza. Faena de muleta. Inicia el trasteo, no fija al toro y en éstas que tira la franela, sale de naja, salta la barrera y desde el callejón anuncia que tararí que te vi, que verdes las han segado, y que mate al toro su puñetera madre. Sólo volverá al albero para pedir perdón al respetable y cortarse precipitadamente la coleta.

-Y pásmate tía. Después reconoció ante los micrófonos que él no estaba hecho para el toreo.

-¿Así lo dijo?

-Bueno, ejem –carraspeó Homper- Añadió que para enfrentarse al toro se precisa un par de huevos, y que a él le habían faltado.

Un minuto de silencio.

-Pues qué valor el suyo –concluyó la anciana- Qué valor que en una época donde todo el mundo desplaza su culpa hacia otro lado sea tan decente como para reconocer la verdad.

El denostado torero cobarde no se escudó en lo malo que fue el ganado, ni en los abusos del empresario, ni en los turbios manejos del apoderado, ni en la consabida mala suerte. Tampoco en  la presión psicológica.

-Qué tranquila me deja, sobrino –suspiró la anciana- Por una vez hay un hombre valiente que  nos libra de culpa a la sociedad y apechuga con lo suyo.

Paradójico Christian Hernández. El hombre que fue lo bastante valiente para reconocer que le faltaban un par de huevos.

País de idiotas con amapolas al fondo

Su corazón le pedía hablar de las amapolas. Pero tuvo la debilidad de consultar con la tía Clota y acabó endureciendo el titular...

Dimitri Pisarev (1840-1868) era un apóstol del nihilismo, y detestaba el idealismo. Cómo no iba a denigrarlo, algo que no sólo no se puede probar, sino que confunde al pueblo, tan primario. Tan bobalicón. Aún así, no lo pudo evitar. Se dice que un día de primavera que paseaba por el campo dándole vueltas a su próximo panfleto, advirtió que entre las hierbas y en los sembrados florecían las amapolas. Y se quedó fascinado porque, en ese cuadro de verde moteado de puntos rojos, una bellísima muchacha rubia y de ojos azules, sentada al borde del camino, tocaba el acordeón mientras apuraba, entre melodía y melodía, una sopa de col.

Aquel día no pudo escribir ni una sola palabra. Su sentido de la ética pugnaba entre lo que le dictaba la razón y lo que le sugería el corazón.

Qué difícil es ser consecuente con uno mismo y jerarquizar los deberes que uno se impone. Tampoco el bloguero durmió bien esta noche, pues se  mezclaban en su cabeza impresiones y obsesiones muy diferentes, y no sabía al final a cuál de ellas debería obedecer. Por una parte, volviendo del campo, también se fijó en que ya asomaban muchas amapolas por encima del pasto. Semejante desliz de romanticismo se neutralizaba por la determinación de cocinar cuanto antes unas piezas de morcillo que acababa de comprar en la carnicería del pueblo. La acordeonista rubia de Pisarev era seguramente un estímulo mucho más sublime, pero uno es el que es, y no puede ordenar sus debilidades.

Finalmente, antes de apagar la luz y tratar de dormir escuchó por la radio que  mientras a los ciudadanos se les pide que hagan un nuevo ojete en su cinturón para apretárselo un poco más y a los ayuntamientos se les exige que no gasten ni en farolillos de papel para las fiestas,  el Senado de España se había gastado 6.500 € esa misma tarde para que un cordobés que es presidente de la Generalidad de Cataluña diga en catalán lo que podría decir perfectamente en el idioma que entendemos todos los demás sin necesidad de traductor.

Las dudas no le dejaron dormir. Y, lo que es peor, como a Pisarev, también le impedían escribir y titular su artículo. Llamó a su amigo Homper para pedir su opinión.

-¿Escribo de la efímera belleza de las amapolas? ¿De la acordeonista rusa? ¿Del arte de preparar el morcillo estofado? ¿De las paradojas de nuestra exquisita democracia, tan presta a los gastos inútiles cuando se trata de agradar a los nacionalismos?…¿O de mi propia duda a la hora de titular el post de hoy?

-¡Fu! –eclamó Homper, probablemente más perplejo que  nunca por la índole de la consulta- Esto es peliagudo…Déjame que hable con la tía Clota. Ya sabes, desde su casita de Vermont, y a su avanzada edad, ella ve las cosas de otra forma.

Parece ser que habló con la tía Clota, y que ésta no dejó espacio para  la menor duda.

-Oye, que  no te andes con rodeos. Que pongas en el título País de idiotas y luego hables de lo que quieras.

¿Era la mujer del césar tan tonta y tan hortera?

Lo mal que está que dando la pobre mujer del césar por unos cuantos granujas...

A Homper la espontaneidad de su tía Clota le deja una vez más perplejo. Pero luego lo piensa y no sabe si por machista o justamente por todo lo contrario. Porque hablaban y hablaban de lo uno y de lo otro, de Gürtel y Garzón, de los jueces, de los procesos pendientes y de la empanada española que  se olfatea desde su tranquila casita de Vermont, cuando la buena mujer soltó una frase que da que pensar.

-A ver si va a resultar que la mujer del césar era tonta.

Silencio.

-Pues no le falta a Bibiana Aído más que escuchar esto-le sugiere Homper-Por favor, tía, modérate…

Y la tía se modera, pero lo explica. Y es que a la mujer del césar se le exigía no sólo que fuera honesta, sino que lo pareciera. Y no está probado y sentenciado que la mujer del césar, como los presuntos corruptillos que tanto nos avergüenzan, fuera deshonesta.

-Pero hijo- dice dejando de hacer punto, levantando la mirada y gesticulando enérgicamente- Si esperaba que con lo que gastó, y con el reguero de operaciones sospechosas, pagos en negro, lujos y marcas de postín que iba dejando, la gente no pensara lo contrario, es que definitivamente era tonta.

Homper le  seguía escuchando, sorprendido de tanta vehemencia.

-Y eso no es todo-  añade la tía- Además de no parecer honesta y de tonta, hortera…¡Pero hortera de verdad!…¿O es que sólo se puede parecer elegante y distinguida presumiendo de nueva rica?…

Hasta que cae en la cuenta de que su proclama parece antifeminista, y se está pasando seis pueblos. Y su sobrino Homper le recuerda que la mujer del césar era ante todo, mujer. Y que en el pestilente tomatón de la corrupción a la española los que deberían ser honestos, y parecerlo, y no ser tontos para dejar tantas evidencias y pasar por tan clamorosamente horteras son los propios césares o cesarillos a los que se les sube el cargo a la cabeza y acaban perdiendo el oremus.

Antonio Muñoz Molina, sin pelos en la lengua

Lúcido, valiente y, a juicio de un simple aficionado, magnífico escritor...

Acaso por su formación de filóloga, por ser  también andaluza de nacencia y por vivir, como Antonio Muñoz Molina, en Estados Unidos, la anciana tía Clota se hizo asidua lectora de sus novelas. Ahora sigue apasionadamente La noche de los tiempos, que, como muchas de las últimas novelas inteligentes, trenza  a la perfección ficción e historia. La mujer elige esta literatura porque dice que, a diferencia de sus amigas las viudas de Tinmouth, su pueblín de Vermont, además de deleitarse leyendo,  aprende algo nuevo o refresca conocimientos.

-Este chico vale mucho- dice a su sobrino Homper en su encuentro a distancia a través de Skype- Pero me temo que el mundo de la cultura va a empezar a mirarle con recelo…

-¿El mundo de la cultura?-comenta Homper con retintín- ¡Hummm!….Qué simplificación

El Hombre Perplejo está convencido de que este ectoplasma conceptual aparece normalmente cuando los investidos por la gracia de la verdad y la virtud cívica consideran que los demás vivimos aborregados. Ellos, además de ser cómicos, artistas, plumistas o filósofos, quieren ser el Pepito Grillo nacional. Y lo mismo que Moisés habló desde el Sinaí con las Tablas de la Ley en la mano, “el mundo de la cultura” plasma de vez en cuando  en un manifiesto la verdad revelada.

-Qué pena que ignoren a los  que de verdad tienen las ideas claras, tía.

-Como este chico…¿Has leído su artículo del pasado sábado?…

Homper tampoco lo había leído. Lo busca en Internet y lo lee. Se titula La costumbre de la infamia. Es valiente, implacable, esclarecedor. No vale la pena destriparlo aquí. Uno, como la tía Clota, debe aspirar a que todo el mundo optimice el tiempo que dedica a la lectura. Y no tiene sentido que reproduzca lo que con tanto tino y conocimiento de la historia ha dejado para la reflexión ese magnífico escritor. Para eso está el invento de los enlaces. Un solo click y pasas de lo que dice un bloguero cualquiera a lo que piensa y escribe Antonio Muñoz Molina.

Él también pertenece  al “mundo de la cultura”,  es de izquierdas y firma manifiestos. Pero, a diferencia de otros, ni se traga ruedas de molino ni tiene pelos en la lengua.

Julieta es una lagartona de cuidado

Hay que decirle a ZP que la política es una Julieta un poco lagartona...

Aún siente España la anciana tía Clota. En el condado de Mountmouth, Vermont, ya se ha echado el invierno. Serán Navidades blancas, como de costumbre. Así que la veterana  profesora de español, viuda de un agricultor de fortuna de Nueva Inglaterra, pasa casi todo el tiempo en casa viendo caer la nieve sobre el bosque que la rodea. Todavía hace punto para los bebés de un orfanato: los hijos que nunca tuvo. Todavía lee. Y el resto del tiempo, si no se junta con sus amigas Edwina y Thelma, juega al bridge por Internet, hace solitarios, ve por la tele satélite las noticias y, un par de veces a la semana, conversa  a través del programa Skype con el único pariente cercano que le queda en su patria de origen. Es su sobrino Homper.

La tía Clota es tan crítica como le permite la insolencia. Mantiene que los viejos ya no tienen pelos en la lengua.

-Ya ves, sobrino. Pensaba que vuestro presidente era incapaz por falto de seso. Pero ahora, con la que tiene encima, sólo pienso que es incapaz por bueno. ¿Habrá leído El Príncipe de Maquiavelo? Yo lo veo como un Romeo equivocado que trata de conquistar a la política  como si ésta fuera una Julieta cualquiera. ¿Lo estás viendo?…Tan guapo, tan limpio, tan fino, tan romántico, con su jubón, sus calzas, su corrito de pluma y su capa, y un laúd entre las manos, cantándole  en el balcón endechas llenas de talante, diálogo, y alianzas con esas civilizaciones imposibles…

A Homper, el Hombre  Perplejo, no le sorprende el fondo del pensamiento, sino la imagen cinematográfica con la que lo describe.

-Al principio, la Julieta le pone buena cara –sigue la anciana- Parece embelesada por el verbo del noble juglar español. Parece conquistada…Pero de repente echa una risotada, se rasca la entrepierna y rompe en carcajadas estentóreas.

Homper comprende que la tía Clota, por discreción, no ha dicho la frase que le cuadra  a Julieta en ese cuadro tragicómico. Vamos no me jodas, Pepeluí…¿Con quién te crees que estás hablando?

Y le repasa algo de la historia a su sobrino.

-Todos los políticos tienen que ser canallas alguna vez –dice la tía Clota mientras le echa azúcar a su taza de te-  Ser implacables con algunos para defender sus intereses, ¿no?  A saber qué tropelías no habrán hecho Alejandro el Magno, Octavio Augusto, Pedro el Grande, Carlos V y los grandes prohombres de la historia……¿Y los bombardeos aliados sobre ciudades alemanas que suscribió Churchill para ganar la guerra?..¿Y las bombas atómicas  sobre Hiroshima y Nagasaki que lanzó Truman para acabarla? ¡Y eso que ahora parecen los buenos de la película!…

Se enredan en la actualidad tía y sobrino. Hablan de ETA, los piratas, el terrorismo, Al Qaeda, la tradicional amistad de los pueblos árabes –menos mal que son amigos- el dontancredismo de la ONU,  Castros, Cháveces, Evos, Gibraltar y de Moratinos, que no es Ministro de Asuntos Exteriores, sino de Asuntos Imposibles. Y la tía Clota, candorosa, da un consejo final.

-Anda, sobrino, acércate a Moncloa y recuérdale al pobre Zapatero lo que no le debe haber dicho nadie. Dile que su Julieta, por muy zalamera que parezca, es una lagartona de cuidado…

La tía Clota hubiera enseñado la foto

Mí no entender...¿Tanto mal les hace a las niñas de ZP que el mundo las vea conmigo?

Mí no entender...¿Tanto mal les hace a las niñas de ZP que el mundo las vea conmigo?

-Cuando se lo he explicado a Edwina y Thelma no han entendido nada-dice la tía Clota.

Edwina y Thelma son las otras chicas de oro de Tinmouth, el pueblo del estado de Vermont donde vive la tía de Homper. Los europeos tendemos a creer que el pueblo norteamericano es más simple que nosotros. La propia tía Clota está de acuerdo en eso, pero en este caso defiende a su país de adopción. Dice que la que han armado los Zapatero a cuenta de la famosa foto con las nenas es una exageración. Y que sus amigas americanas, que no están al tanto de la peculiar sensibilidad de nuestro presidente y su señora, piensan, no sin razón, que ahora los que estarán mosqueados serán los Obama.

-Pobre Obama-suspira-¿Cómo iba a pensar que molestaría que colgaran la foto con la familia ZP en la web de la Casa Blanca? ¿No decían que  desde que metió la pata despreciando las barras y estrellas estaba como loco por estrechar relaciones con el Presidente de los Estados Unidos? Pues ahí tenía la prueba de su éxito al conseguir que le reciban: pelillos a la mar y hasta fotos con las nenas

Homper escucha a su anciana tía desde España y sonríe con cierta socarronería.

-Bueno, tía… Aquí los niños son materia muy sensible. Pensamos que una foto suya en Internet con el matrimonio más famoso del planeta puede atentar a su intimidad y estropearles la vida. Pero dos años después estas mismas niñas podrán abortar libremente sin consultar siquiera a sus padres y eso nos parece de lo más natural…

-¡Qué contradicción!, ¿no?…Ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre…Además, ¿a qué niño le va a disgustar que le vean con su ídolo?…

Y se ríe. Raritos, muy raritos les ha hecho la modernidad a mis compatriotas, piensa para sus adentros. Y se acuerda de que, cuando era niña, tú te hacías una foto donde fuera y la gente del pueblo se te ponía espontáneamente detrás sólo por la ilusión de  quedar para la posteridad, aunque jamás fueran a ver la imagen atrapada por la cámara. Qué ingenuidad y qué ternura.

-Y menos lo entiendo si esa foto es con una figura universal, como Obama-dice la tía Clota- ¿Sabes?… Paquito, el hijo del heladero de mi pueblo, siempre me pasó por las narices una foto en la que aparecía él entre Manolete y su cuadrilla. Mira, aquí estoy, con Manolete, me chinchaba. Y allí estaba, colado entre las piernas del picador y de un banderillero y sólo dos cuerpos más allá del maestro, con la cara radiante de éxito, como si fuera él el Califa de Córdoba y acabara de salir por la puerta grande…A mí me habría encantado que todo el mundo me viera al lado de Manolete o de Gary Cooper, pero es que los niños de entonces debíamos de ser muy especiales…

Eso, muy especiales, piensa Homper. Y no como estas criaturas de ahora, que van por la calle vestidos de góticos, de románicos, de lagarteranas o de tortugas Ninja, pero que pueden sufrir un trauma si el público las ve fotografiadas junto a la sonrisa más jaleada del planeta. Cosas veredes, Sancho

El cuento de una noche de verano

Si no tienes con quien dialogar, habla con las estrellas...

Si no tienes con quien dialogar, habla con las estrellas...

Parece ser que la tía Clota cerró por vacaciones. Como si fueran las Chicas de Oro, ella, Edwina y Thelma decidieron invertir sus ahorros en un viaje por Europa. Hubo que convencer a Thelma, que pensaba gastar los suyos en una casa de muñecas para sus nietas. La casa era carísima, porque reproducía, habitación por habitación, una de las mansiones de  Michael Jackson, y todas sus ocupantes eran muñequitas y muñequitos de rasgos negroides, aunque con la piel de biscuit cuidadosamente blanqueada. Un juguete muy auténtico.

-Es una bobada-le dijo la tía Clota para convencerla- No lo entenderán, y si lo entienden no te lo agradecerán. Me han dicho que han lanzado una Barbie con tres tallas de pechugas de recambio y  entrenador personal. Cómpraselo, que es mucho más barato y te quedará para venirte de viaje con nosotras.

Querían ir a Viena para seguirle la pista a Sissi. Pero entretanto a Edwina se le había ocurrido ir a una vidente que le había dicho algo maravilloso. Veía en su próximo viaje un idilio otoñal con un  descendiente bastardo del duque de Spoletto, que aunque no ocupó el trono, fue nombrado rey de Croacia en 1941. Edwina había jurado y perjurado que nunca un hombre más en su vida, pero una cosa era un agente de seguros de Montana retirado como el que le había pretendido una vez y otra un noble del viejo Imperio Austro Húngaro. A la tía Clota no le parecía una razón suficiente.

-Si hubo alguna vez un príncipe en Croacia –bromeó con su inveterado escepticismo-se habrá convertido en rana, como procede en un país que se llama así…

Sin embargo luego se documentó en una agencia de viajes y descubrió que Croacia era precioso, de manera que cerraron el viaje y se embarcaron en su romántica aventura europea. Sólo se ha sabido de ellas a través de Algondosina, que dio con las tres ancianas  de Vermont en las espectaculares Cascadas de Plitvice, donde se juntan los ríos Kapela y Plisevitza. Algodonsina, asidua de este blog, ha vuelto entusiasmada de Croacia, pero duda de que Edwina consiga hacer bueno el vaticinio de la vidente. Aunque iba  maquillada como una vedette –de hecho, se le corría la sombra de los ojos por el calor- y con zapatos de tacón para enaltecer su silueta, allí no quedaba ni rastro del glamour que se le supone a un descendiente de un duque.

Sin interlocutora con la que dialogar sus perplejidades veraniegas, Homper aceptó la invitación de su amiga Anita para pasar tres días en su casa de campo. Anita está  restaurando  el techo de la capilla de la casa que heredó de una tía abuela. El fresco de la cúpula reproducía  a la Virgen con San Roque, pues Roque se llamaba el bisabuelo de Anita, que fue quien construyó la casa. Desgraciadamente, las humedades habían deteriorado la parte trasera de la figura del famoso perro de san Roque, y a la hora de reinterpretar el original Anita tenía sus dudas.

-¿Lo pinto con rabo, o sin rabo?

Homper, estupefacto, no había sabido qué decirle. Tampoco sabía por qué los tubitos del riego gota a gota se habían obturado y no habían regado el huerto de plantas aromáticas del que tanto presumía Anita.

-Ven –le había prometido- te mostraré mis lavandas y mis hierbaluisas, y cenaremos bajo el emparrado escuchando el chorrito de agua de mi fuente, que no se seca nunca..

Se habían medio secado casi todas las plantas aromáticas. Sin embargo el goteo de la fuente era tan eficaz que a lo largo de la cena –gazpacho y tortilla de patata-  y la tertulia bajo el emparrado, Anita se excusó cuatro veces para ir al cuarto de baño. Con todo, la cena hubiera sido deliciosa sino fuera porque la perrita Paca, una teckle inasequible al desaliento, se pasó toda la noche ladrando al emparrado, por donde había sido vista una rata haciendo equilibrismo. Anita se mostraba orgullosa del pedigree de su perrita, sin percatarse de que una perra ladrando a lo largo de una cena es un coñazo, ya sea de pura raza o simple chucha. Homper sugirió poner matarratas en los palos del emparrado, pero Anita le dejó bien claro que no era partidaria de fertilizantes, pesticidas y otros compuestos químicos que alteran los designios de la naturaleza.

-¿Por qué no salimos fuera y miramos las estrellas? –sugirió Anita.

Fue una gran idea. Asombrosamente, en ese lugar del centro de esta España africanizada por un verano implacable, y aún con la espesa calima que provocan durante el día las altísimas temperaturas, resplandecían las estrellas. Y como el ruidito de la fuente no cesaba, y las ganas de hacer pipí de Anita tampoco,  Homper aprovechó los ratos en soledad para plantear al cielo las preguntas de la jornada que no le podría preguntar a la ausente tía Clota. Cómo es posible que la contaminación y el cambio climático no hayan conseguido velarnos el milagro de una noche estrellada. Por qué ya no hay príncipes ni batracios convertibles en Croacia. Con qué criterio hay que restaurar  las imágenes del perro de San Roque, si con rabo o sin rabo. Quién era ese Ramón Ramírez que se lo cortó. Por qué siempre se acaban obturando los tubitos del goteo, y justo en la planta o el arbolito que más nos interesa. De qué materia tan sensible estaban hechos los riñones de Anita. Cómo librarse de las ratas de un emparrado sin dañar a la naturaleza. Cómo callarle la boca una perrita competente que no hace sino cumplir su deber.

Demasiadas interrogantes para el firmamento. Y mira que había estrellas  para contestar.

Anita se excusó y se retiró. Y después de media hora más de contemplar las estrellas, Homper hizo lo mismo y durmió estupendamente gracias a que la perrita Paca, que seguía al pie del emparrado, se había quedado afónica.

Farrah Fawcet y Michael Jackson: “sic transit”…

Desde aquí, dice la tía Clota que se percibe menos lo efímero de la gloria terrenal...(foto de FREDERIC ALVAREZ)

Desde aquí, dice la tía Clota que se percibe menos lo efímero de la gloria terrenal...(foto de FREDERIC ALVAREZ)

Dice la tía Clota que Jerome, el hijo de Thelma, se ha negado a abrir la tienda de la gasolinera  de Tinmouth, Rutland County, Vermont (USA). Trabaja, o trabajaba ahí, No es otra consecuencia más de la virulenta crisis económica. Según interpreta Homper, el cartel que ha colgado en la puerta equivale a ese cerrado por defunción que antiguamente se colocaba en los pequeños comercios.

-Ha sido demasiado, sobrino-le aclaraba –En una misma semana mueren Farrah Fawcett y Michael Jackson. Y no sabes lo que eso puede significar para este pobre chico.

La tía Clota dice que Jerome no es precisamente un chico normal. Un chico, para la tía Clota, puede ser un hombre que no es de su edad. Y Jerome, que ya ha cumplido los cincuenta y pesa ciento veinte kilos, se ha distinguido siempre por esa vehemencia inocente que a veces distingue a los hijos del tío Sam. Quiso ser, sucesivamente, globetrotter, pastor evangelista, angel del infierno, pintor en Marruecos y novelista. La única novela que presentó a las editoriales se llamaba El guardián entre la cebada, que era exactamente igual que El guardián entre el centeno salvo el cambio de cereal, que a su juicio dotaba a su obra de una intención crítica muy digna de elogio. Los editores, tan cortos de miras, se la tiraron a la cabeza. En vista de lo cual Jerome se encerró en el garaje de la casa de sus padres y se pasó dos años tratando de inventar el sándwich del siglo, que era un sándwich de una pasta que fundía el sabor del hot dog con el de la Coca-Cola, y que debía ser servido envuelta en una servilleta con las barras y estrellas. Tampoco se encontró a sí mismo en este intento y abandonó sus experimentos. Luego se casó con una negra de Missouri, que le abandonó aduciendo que le engañaba: Jerome se iba a pescar y jamás traía ningún salmón. De nada sirvió que alegase en el tribunal que siempre iba a pescar fuera de temporada. La esposa de color de ébano le despidió de mala manera, porque estaba probado que le engañaba. De repente se vio solo, desesperado, y se hizo fetichista. Por las noches de verano, cuando ya había cerrado la tienda de la gasolinera, último puerto donde ancló su alma errática, miraba las estrellas y después de contar las cincuenta primeras, que reservaba para la bandera de su patria, sólo veía las caras de esas estrellas que redimen a los mortales de sus miserias.

-Pobrecillo-comentaba la tía Clota- Aún está en esa edad en la que crees que los ídolos populares te hacen mejor…Y claro, perder en una misma semana a una belleza como Farrah y a un artista como Michael Jackson…

A Homper le sorprendió la crudeza del análisis de la tía Clota. Recordó que a él también se le abrió el mundo bajo sus pies cuando murieron Pier Angeli y Audrey Hepburn.

-¿Sabes?-desvió la conversación-Me fui de viaje a ver unos amigos que viven en un pueblecito del sur de Francia …Me llamó la atención lo entrañable que era la plaza de su pueblo, y el interés con el que observaban a una pareja de mirlos que han anidado a sólo tres metros de su ventana…

-Eso es otra cosa –subrayó la tía Clota- Ver pasar la vida no es lo mismo que lamentar que sic transit gloria mundi.

Y se despidió porque, según dijo, el brownie que tenía en el horno se le estaba pasando.

El día D después de Leire Pajín

Nada como este día para revisar nuestro  tradicional sentimiento antinorteamericano...

Nada como este día para revisar nuestro tradicional sentimiento antinorteamericano...

Tan norteamericana, y sin embargo, como Picasso o Casals, tan empecinada en mantenerse española. La tía Clota llegó a Estados Unidos hace la torta de años, y se casó con uno de esos excombatientes que salvaron a Europa de la zarpa nazi.  El tío Oscar, que en paz descanse, desembarcó en Anzio, y vivió lo suficiente como para casarse una vez, divorciarse, encontrarse con la granaína que enseñaba español en la universidad, casarse otra vez, hacerse rico y establecerse finalmente en una preciosa granja de Vermont. En la misma casa donde ahora atrás ella y sus amigas seguían emocionadas por la tele los actos conmemorativos del día D.

-Fue muy bonito –le comentó a su sobrino Homper-Y esta vez yo también llevaba las barras y estrellas.

Dice la tía Clota que la tarde se fue en te con brownie y lágrimas. Como tantas tardes, pasearon, merendaron  y después se sentaron ante la tele para sumarse a la celebración emocional. Edwina y Thelma le habían preguntado muchas veces cómo su presidente Zapatero de España, tan sensible ahora con Obama, había hecho el feo de no saludar en un desfile a la misma bandera que ahora dice que es su guía. Y la tía Clota trató de disculparle: no era la bandera del día D, era la de Bush y la de la guerra de Irak. Aunque Thelma y Edwina nunca lo entendiesen.

-Tienen razón, sobrino. Cuando una ve esos cementerios verdes de Normandía punteados por miles de tumbas blancas de jóvenes norteamericanos…

Dejaba la frase sin acabar. La tía Clota se sorprende de que se olvide a menudo lo que hubiera podido ser Europa si Estados Unidos no hubiera echado  una mano y Hitler hubiera ganado su guerra.

-Tienes razón tía- dice Homper- En todos los colegios españoles, como asignatura obligada, debería proyectarse El mundo en guerra, ese monumento documental que en los años setenta produjo la BBC. Si las nuevas generaciones conocieran las dimensiones de aquel drama y nuestros cementerios fueran como los de Normandía, no recelaríamos tanto de los yankis, te lo digo yo…

-¿Tu crees? –le miró interrogante. Y luego, demostrando una vez más que sigue lo que pasa en su querida España se contestó ella misma- Oh, sí, claro que lo crees…Ya lo ha anunciado esa chica tan entusiasta…La de la coincidencia de dos liderazgos progresistas en Estados Unidos y España,  la  el acontecimiento planetario y la conjunción astral de Obama y ZP…¿Leire Patín se llama?…

-Bueno, patina a menudo-corrigió Homper conteniendo la risa- Pero es Pajín.

Y así, entre sonrisas y lágrimas, transcurrió la celebración del día D sesenta y cinco años después.

Los guantes de Gilda y otras cosas superfluas

GildaPensaba que era cosa de la edad. De vez en cuando Homper sentía la necesidad de depurar todo lo superfluo de su vida. En sueños se le aparecía un espectro evanescente, pero con un mensaje claro: suelta lastre, hijo. Homper lo bautizó como el Ángel Minimalista. Aparecía ocasionalmente, quizás una vez al año, coincidiendo con la llegada al buzón del recibo del Impuesto sobre Circulación de Vehículos de Tracción Mecánica. Era entonces cuando recordaba que no cabía una sola cosa más en su vida, y tocaba depurar.

Esta vez, sin embargo, fue a impulsos  de la extravagante tía Clota.

-¿Sabes?…Ayer por la tarde nos deshicimos de nuestros guantes de Gilda. Vinieron a casa Edwina y Thelma, cada una con su par correspondiente. Tomamos un te opíparo, con sus sus scones y la tarta de nuez y zanahoria, que me sale tan rica…Después fuimos de paseo al lago, llenamos los guantes de piedrecitas pequeñas, nos acercamos al borde del pantalán y los arrojamos al agua…Debíamos haber llorado, pero sonreíamos. Nos cogimos las tres de la mano viendo cómo se hundían y sentíamos una paz maravillosa.

Homper imaginaba el cuadro y su perplejidad tradicional se quedaba en nada. Imaginaba que René Magritte rondaba por el lago, abocetaba los seis guantes negros hundiéndose como peces de plomo y pintaba un lienzo póstumo que batía records en Sothebys. También imaginaba que del cieno del fondo del lago, como una sirena rediviva, emergía Rita Hayworth y volvía a cantar Amado mío mientras contoneaba su cuerpo y se ponía, para quitárselos después voluptuosamente, los tres pares de guantes que habían desechado las tres ancianitas de Vermont.

No desechó Homper ni el aviso del Angel Minimalista ni la lección de la tía Clota y sus amigas. Abrió sus armarios, metió en una bolsa de viaje la máquina para hacer perritos calientes que jamás había utilizado, el juego de cacharros para la raclette que jamás utilizaría, porque todos sus amigos y amigas sólo se alimentaban ya de ensaladas y pescados a la plancha, dos novelas de Vizcaíno Casas, cuatro pares de gafas con dioptrías superadas, una metopa del Cuartel de Wad-Ras, donde prestó sus deberes militares, y seis insectos conservados en resina plástica que empezó a coleccionar con una de esas absurdas series de fascículos que anuncian por la tele.

Caminó por el parque, buscando el Punto Limpio donde, según las ordenanzas municipales, debía depositar tan heterogénea carga. Cuando estaba a punto de llegar, dejó la bolsa en el suelo y se llevó las manos a la cabeza.

-Vaya, me he olvidado del punto y coma.

El punto y coma era en su vida tan superfluo como lo anterior. Cuando aprendió a leer, aún se escribía con puntos y comas. Ahora, con estos vaivenes de de  la gramática y de la RAE y los dictados de la moda, que también mandan en la escritura, el punto y coma casi le estorbaba. Sin embargo las ordenanzas, que dicen dónde debemos depositar las pilas gastadas, los medicamentos caducados, el aceite frito y la máquina de perritos calientes, no ha pensando en  el cementerio del punto y coma. Y Homper se quedó perplejo de que Zapatero, ya que no nos saca de la crisis,  no nos resuelva al menos el problema de

los residuos ortográficos.

Del matrimonio gay y otras dudas

En Vermont también han aprobado el matrimonio gay...

En Vermont también han aprobado el matrimonio gay...

Se pasma Homper de que a su edad tampoco la tía Clota tenga las cosas  del todo claras.

-Figúrate -le decía en su conversación de ayer- Ya sabes que aquí en Vermont se ha legalizado el matrimonio gay. Y mi amiga Edwina se ha puesto hecha un puma, no ha querido ni merendar. Dice que para eso no desembarcó Fred en Anzio, que él se jugó la vida por la democracia, y que si estuviera vivo no lo aprobaría en absoluto.

Homper insinuó tímidamente que todo evoluciona. El pensamiento, la sociedad, no se sabe cuál de los dos primero, pero ambos van cambiando y adaptándose. En aquellos Estados Unidos de Rooswelt o de Truman esa reforma legal era impensable. Tan impensable como les parecería  haber elegido un presidente negro, que es lo que ha hecho ahora su país, tan tradicional.

-Ella dice que esas son pamplinas -contraargumentó Clota- y que no entiende cómo ahora que el matrimonio atraviesas su crisis más gorda los gay se empeñen en casarse. Yo le he dicho que mujer, hay que ser más abiertas, allá cada cual. El que quiera que siga con su matrinovio o su matrinovia. Y el que no, que se case…¿Qué le dirías tú a tu nieto Tim si no le gustan las chicas y es feliz cazando mariposas con su amiguito?…

-Tía, no me preguntes-rezongó Homper-Yo no tengo hijos, ni nietos…

-Se lo digo a Edwina….¿Qué le diría a su nieto Tim si un día éste le confiesa que en realidad esa amistad  de es sólo amor, y que él y el amigo quieren casarse?

-No lo se, tía. No me pongas en un compromiso.

-Pues yo tampoco -admitió la anciana tía Clota- Debe de ser que no soy tan vieja, ¿sabes? Los viejos creen saberlo todo, pero yo estoy llena de dudas.

 -¿Sobre el matrimonio gay?

 -Sobre casi todo…Por eso admiro tanto a los que lo tienen todo claro. Fíjate, si hay algo que he odiado siempre es acostarme con los pies fríos. Pues ahora, que sufro trastornos de circulación y salgo a andar con las amigas con esos zapatos de Goretex que dicen que son tan cómodos, hay muchos días que me acuesto con los pies muy calientes…Y anoche no podía dormir…

-¿Por el calor de los pies?-preguntó Homper altamente sorprendido.

-Por las dudas…Créeme, hijo, ni siquiera estoy segura de que sea más molesto tener los pies fríos que sentir que te arden.

El embudo da la vuelta en el País Vasco

No ha cambiado la Ley Electoral. Pero sí la Ley del Embudo...

No ha cambiado la Ley Electoral. Pero sí la Ley del Embudo...

La tía Clota recordaba la buena fama que en los Estados Unidos siempre tuvieron los pastores vascos.

-Educan sus perros mejor que nadie, y siguen ganando todos los concursos. Llevan las ovejas por donde quieren.

El ferretero de Tinmouth, su pueblecito de Vermont, desciende de uno de esos pastores vascos. Fue el que le dijo a Clota que al PNV le han arrebatado el  gobierno. La tía Clota preguntaba si se va acabar el mundo por eso, aunque desde Estados Unidos se comprenda mejor que el mundo es algo más que el País Vasco.

-No, tía -respondió- Algunos políticos vascos son como el chiste  de aquél chicarrón que va a comer con los amigos y aparece en la sociedad gastronómica  con la cabeza vendada. ¿No lo conoces? Los amigos, al verle así, se quedan pasmados. ¿Qué te pasó, Patxi?…Nada…Según venía andando, que veo un solar vallado, y, pintado en el muro, un rótulo que dice SE TRASPASA…¡Y resulta que no era cierto!

La tía Clota se echó a reír. Hablaba a la cámara con su sobrino sin dejar de hacer punto.

-¿Tan duros de mollera son?-preguntaba ingenuamente la anciana- ¿O es que ha cambiado la ley?…

Homper le explicó que aunque gana las elecciones el que tiene más votos, gobierna el que suma más apoyos en la cámara correspondiente.

-Eso unas veces beneficia a unos y otras a otros, como pasa en tantos ayuntamientos y diputaciones. Pero el PNV creía que eso no iba con ellos, y que así como los demás partidos debían plegarse a esa norma, ellos tienen por derecho natural la representación exclusiva del pueblo vasco. Luego se han puesto de acuerdo PSOE y PP y el PNV a la calle.

-Ya entiendo…Así estaba el ferretero, qué mosqueo…Pero no ha cambiado la ley electoral, ¿no?…

-No tía.

La tía Clota se quedó pensativa. Levantó la mirada de su labor y miró a cámara.

-Qué difícil lo tengo, Hom -suspiró- A ver cómo le explico en inglés al ferretero. lo de la Funnel Law.

-¿Qué dices, tía?…

-La Ley del Embudo. ¿No es eso lo que ha cambiado? Tan acostumbrado estaba a lo ancho que  ahora el PNV no traga por la parte estrecha…

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