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Viva España y viva el lagarto

España ya es Campeona del Mundo de Fútbol. ¿Pasa algo si me acuerdpo del lagarto?...

Soñó el Duende que Del Bosque estaba en un triángulo. Digámoslo sin tapujos, Del Bosque, tan responsable, tan serio y tan bueno, incapaz de un mal gesto, de una pataleta o de exceso de júbilo que pudiera molestar a nadie, era Dios. Uno y trino, Iniesta, Casillas, Pujol y Villa se alternaban en los otros vértices de su triángulo.

Y el humilde bloguero pensó que no podía escribir nada en un día como éste. Estaba convencido de que, en el resacón patriótico-triunfal del día después, mucho le tendrían que querer los internautas  para asomarse por unas páginas incapaces de añadir una coma más a la obligada verborrea del momento. La España del desánimo ha muerto. ¡Viva España Campeona del Mundo de Fútbol!

Por eso quería comentar otra buena noticia. El mejor castaño de su lugar, el que tanto quería, y de cuya traición no quería hablar por razones obvias, se secó y murió sin decir nada hace un par de años. Por su tronco no corría ya más vida  que una yedra con la que se quería tapar las vergüenzas del gran árbol sin sombra. Pero, poco antes del partido, el Duende vio correr hacia él un enorme lagarto que se coló por un agujero abierto entre sus raíces.

Queridos lagartos, cuánto tiempo sin veros. Tenía razón Del Bosque cuando, minutos después del gran triunfo, respondía al presidente Zapatero valorando la humilde aportación del fútbol al bienestar patrio. “Tranquilo, presidente. Después de la lluvia siempre escampa”. Muera pues el pesimismo, hay vida después de la crisis. Viva la España contradictoria. Y entretanto, bravo por ese lagarto audaz que sabe plantar cara a lo incierto del futuro.

Pelos en el Tajo y respuestas en el viento

El Tajo a su paso por Toledo, guardando las apariencias a pesar de todo...

El informe de la Policía Científica que, gracias a sus contactos y de forma no oficial, recibió Juan Ignacio era sin embargo tan concluyente como demoledor para sus expectativas.

-Me lo temía –dijo mirando al trasluz el contenido apenas visible de una diminuta cápsula de vidrio- El ADN dice que este pelo rubio era  de Esperanza Aguirre.

La experiencia vivida en el Maratón de Nueva York de 1990 fue para él  reveladora. Su recuerdo estuvo presente cuando Juan Ignacio aceptó el nombramiento de Consejero de Medio Ambiente de su comunidad autónoma. La vida de ésta dependía del agua, pero en su comunidad no llovía casi nunca, y el agua debía llegar del trasvase del Tajo, un río que, según estudió de chico, nacía en los montes de Albarracín. Ahora sabía que, aunque ese dato, tan bucólico, fuera cierto, en realidad el gran río moría poco después, al atravesar la Comunidad de Madrid. A partir de la desembocadura del Manzanares y del Jarama, el ochenta por ciento de su caudal era el gigantesco vertido que producen los madrileños. Algo que, ni funcionando perfectamente todas las depuradoras de la tecnología más avanzada, podrá nunca limpiarse en su totalidad.

Para calcular el riesgo que era aceptar su nombramiento, Juan Ignacio había visualizado la magnitud del caudal de mierda que habría que recibir como el maná del desierto y, por añadidura, como un gran éxito de gestión. Y se remitió a su glorioso maratón de Nueva York, el último que corrió antes de darse cuenta de que ya no estaba para esos trotes, sino para hacer política. Recordaba cómo tres horas antes de la salida, les concentraron a los veinticinco mil y pico participantes en una especie de campamento establecido en Staten Island, al sur de Manhattan. La organización estaba obsesionada con la hidratación de los corredores, y había previsto cantidad de puestos de suministro de agua, café y zumos. Tres horas de espera dan para mucha conversación, muchos cafés, muchos zumos. Y mucho pis.

Para las corredoras, pongamos que doce mil quinientas, había en el recinto una serie de cabinas individuales donde se aliviaban después de guardar una larga cola. Para los corredores, pongamos que otros doce mil quinientos, con más facilidad operativa y sin duda menos pudorosos, se había instalado en la zona más retirada, a cielo abierto, una especie de canalillo de zinc de unos treinta centímetros de ancho por donde fluía constantemente hacia el mar un regato amarillo y cálido. Juan Ignacio, que había estudiado Ciencias Económicas, imaginó la siguiente extrapolación de datos.

-Si lo que estos ojos están viendo es el flujo de pis de doce mil quinientos maratonianos en tres horas…¿cómo será el río que mana diariamente de los riñones de seis millones de madrileños, más dos o tres más de las comunidades que son atravesadas por el Tajo, antes de llegar a mi Murcia natal?…

Aún así, y seguro como estaba de que los avances tecnológicos lo solucionan todo, aceptó el cargo. Pero ahora había recibido el último informe del etado del río y se arrepentía de ello. Con la cabeza hundida entre las manos y los codos hincados ante un mapa que reproducía la cuenca del Tajo imaginaba, como si fuera la etiqueta de un producto, la descripción de los componentes del agua que habría de regar su comunidad, y por la que, evidentemente, había que seguir luchando a brazo partido. Esta agua contiene H2o, pero también orines, defecaciones, detritus animales de orígenes diversos, mercurio, plomo, escorrentías procedentes de lavados nucleares, fertilizantes, herbicidas, pesticidas, compuestos químicos imposibles de analizar, vertidos diversos y una cantidad inimaginable de pelos que a veces  se escapan de las depuradoras.

Se echó a llorar.

-Pues tiene usted suerte- le consoló su secretaria mientras le retiraba el expediente de reclamación del trasvase, para que no lo mojaran las lágrimas- El pelo que yo encontré  en una tomatera de mi huerto era mucho más sospechoso. Rizadito y tal, ya sabe, como para pensar lo peor…Lo colé en su envío a la Policía Científica y mire, me han tranquilizado. No procede de cualquier sitio, sino de la cabeza de Ruiz Gallardón...

-Bueno- resopló Juan Ignacio más calmado- Al fin y al cabo son pelos amigos…

Entretanto, muy lejos, en las costas de Luisiana la explosión de una plataforma petrolífera había derramado ya más crudo que el que hubiera cabido en dos buques del tamaño del nefasto Exon-Valdez. Y eso -pensaba Juan Ignacio,  consuelo de  tontos-  ocurría  en el país más poderoso del planeta. Menos mal que Zapatero, en frase inolvidable, dijo que  la tierra sólo es del viento. Y que éste Joan Báez mantenía que éste tiene respuestas para todo.

Creer tanto en uno mismo, como ZP…¿Es una virtud?

De los hombres que confían tanto en sí mismos, liberanos Dómine...Homper duda mucho de que la opinión de una anciana pueda alcanzar hoy día gran predicamento. Pero confiesa que se quedó estupefacto cuando en la última de sus conversaciones, la tía Clota dijo una frase muy contundente.

-Vuestro presidente Zapatero puede que sea un buen chico. Pero es víctima  de una de las virtudes sociales de nuestro tiempo, que es la necesidad de aparentar siempre seguridad en uno mismo.

Y añadió después.

-Porque yo a Dios se lo puedo aguantar, por ser quien es. ¿Pero quién le ha hecho creer a este hombre que sólo él tiene la razón, y que los demás están equivocados?

Movió Homper la cabeza negativamente, como queriendo decir que él también lo ignoraba. Casi nadie sabía por qué aquel joven abogado de Valladolid se había convertido en un un vicedios, o un conducator iluminado. Y recordaba, por oposición,  a su padre, un hombre discreto que dudaba de casi todo, y a su madre, tan tímida y apocada que consideraba de mala educación expresar las propias opiniones con exceso de vehemencia.

-Hablamos de virtudes antiguas, tía- apostilló- No deberíamos de decirlo nunca, porque no sería políticamente correcto ahora. La seguriad en uno mismo fascina a los jóvenes, se considera elemental para triunfar en la vida, y hasta se enseña en las escuelas. Pero el aplomo es a menudo el falso hormigón que protege el alma de los mediocres.

Homper se quedó encantado con su frase. Sin embargo la tía Clota no le hizo demasiado caso, porque su gata se había puesto a jugar con el ovillo del punto, y además desde la cocina le llegaba un golpe de aroma de tarta de manzana recién horneada. Homper pensó que, afortunadamente, hay otras pequeñas verdades en las que creer que a veces disimulan las grandes dudas.

-Y es verdad que no alumbran esos líderes por los que suspira la sociedad actual, tía- concluyó antes de despedirse- Pero sí, por suerte, menos mentes peligrosas

Niñas, pero no tontas

Pobres criaturas, tener que caerse del precioso guindo de la inocencia tan pronto.

Nosotros tuvimos que esperar a ser jóvenes, a leer La Guerra Civil en España de Hugh Thomas y El laberinto español de Gerald Brenan, a conocer historias como las de Dionisio Ridruejo, o el padre Llanos, a mayo del 68, a la primavera de Praga, a la Revolución de los Claveles.

Quizás no lo pasáramos bien, pero lo entendimos. Entendimos que el mundo no era exactamente como nos lo habían contado. Comprendimos que hay una historia y una historia interesada, y que toda la historia era interesada. Tampoco le gustó al Duende la muerte del ratoncito Pérez, y que los Reyes Magos  fueran los padres. Y que los heroicos Tercios de Flandes y los no menos aguerridos conquistadores de América fueran, al cabo, menos buenos de lo que nos los pintaban los libros escolares.

No tuvieron que avisarnos de casi nada.

-Mira niño, no te asomes al balcón y te eches a volar, que lo de Supermán no sale bien nunca y te puedes estrellar.

Y tampoco nos advirtieron nunca de que las estrellas del cielo no eran en realidad las almas de los fieles difuntos reconvertidas en luceros. Eso es lo que le contaba su abuela a Pilarín e Isabel, dos gemelas con las que jugaba el Duende de niño. Poco a poco uno interpretaba que a los niños nos explicaban la vida en bonito. Y que lo bonito era, a menudo, eso que luego, en el  Ripalda, llamaban “mentira piadosa”.

Ahora  a las nietas del Duende, que a pesar de haber nacido en la España igualitaria de ZP y de Bibiana Aído, qué le vamos a hacer,  sólo sueñan  ser princesas, les quieren quitar sus cuentos de referencia.

-Nada de Cenicienta, ni de Blancanieves, ni de la Bella Durmiente, niña, que eso está  muy feo.

Pobres niñas, equivocadas por la tradición y  tan bien tuteladas por sus rigurosas educadoras. No es que les quieran cambiar sus ilusiones, sino que parece que les toman por tontas.

¿Y si lo arreglamos con vacas gordas?

Para que nos vayamos mentalizando...

Se queda perplejo Homper cuando piensa que siempre estuvo al margen de casi todos los vaivenes de  su época. Resuenan en su memoria grandes enunciados que parecía que iban a marcar el devenir de España. El Plan de Estabilización, los Planes de Desarrollo del franquismo. Los Pactos de la Moncloa, el desarrollismo y la modernización que marcaron los Juegos Olímpicos y la Expo del 92, el esplendor del I+D -aunque  nunca supo exactamente en qué consistía- el ladrillazo, el boom de la construcción, la consolidación del estado de bienestar, la Tierra de Promisión de Zapatero, el nuevo modelo económico.

Y la crisis.

-Nunca supe verlos, nunca me enteré cuando los estaba viviendo, nunca podré decir que vislumbro su final. Siempre me he visto como un juguete del destino.

Y sin embargo quisiera enredar en ellos. En medio de su escepticismo visceral late un corazón cándido. De vez en cuando piensa convencido que hay que ver el panorama con un punto de ingenuidad. Más aún: aunque pueda parecer irresponsable,  se ha convencido de que hay que creer en los políticos. Siempre fueron criticados éstos, en la dictadura y en la democracia. Y sin embargo, gracias a pesar de ellos, nadie sabe por qué las vacas flacas empiezan a mejorar y de repente el mundo habla del milagro español.

-Entre todos podemos arreglarlo –se dice para alimentar así su endeble fe del carbonero.

Eso sí, no tiene la menor idea de cómo. Se acaba de enterar de que este mes de febrero sólo hemos sumado ciento dos mil y pico de parados más. Qué desgracia y qué desastre que aceptamos resignadamente como si fuera una borrasca más de este invierno tan rabioso. Mira Homper las colas de parados ante las agencias de empleo. Se imagina en ellas, junto con sus hijos, su yerno, sus nueras, sus hermanos, sus amigos.

Se queda estupefacto de que, en este estado de postración colectiva,  aún haya gente que sonría por la calle. Y sigue dando vueltas a la cabeza. Lo podemos arreglar, lo podemos arreglar. Cualquier día de éstos el gobierno lanza otra Cow parade a escala nacional y siembra el solar patrio de simpáticas y coloristas vacas gordas. ¿No lo sabían? La economía es un estado de ánimo…

Otra manera de felicitar el Año Nuevo

Hay felicitaciones de Año Nuevo verdaderamente impagables. Aunque sean tardías, como las de Homper...

Le ha sorprendido a Homper  enterarse de que este mes de diciembre hubiera dos lunas llenas. Pafraseando a Newton, la ignorancia de los espacios infinitos le espanta. Lo suyo en astronomía es un no saber  enciclopédico.  Estaba convencido de que  así como la mujer sólo tiene dos tetas y los coches cuatro ruedas,  sólo tocábamos a una luna llena por mes. Ahora resulta que ese fenómeno de las dos lunas llenas, tan sorprendente inicialmente, no alcanza el rango de la conjunción planetaria Obama/Zapatero, que en verdad sí es algo raro y broche, sin duda, de una era excepcional. Sino un capricho astronómico que se da cada dos años y medio.

Se pregunta Homper cómo es posible que una ciencia que habla de años luz como si fueran calderilla del tiempo pueda siquiera  reparar en eso como algo extraordinario. Para el astrónomo dos años y medio tienen que ser una insignificancia. Para él en cambio cualquier luna llena es un acontecimiento. Siempre le rinde culto, dialoga con ella, y la utiliza como pantalla del cine de sus sueños. Se queda mirándola un ratito y ve pasar sobre su oblea luminosa y mágica las sombras chinescas que rondan su alma: aspiraciones, deseos, oraciones, afectos,  tal vez viejos amores. Les saluda, y si ellas son guapas y verdaderamente inolvidables, hasta les lanza besos. Lo hace en el campo, lejos de las luces del pueblo, allí donde la luna luce más. Afortunadamente no le deben de ver más que las lechuzas.

Entretanto, claro, le llegaban mensajes SMS para felicitarle el año nuevo. Algunos originales, otros de receta, algunos especialmente apreciables por venir de amigos que quedaron refugiados en un rincón del tiempo, otros inesperados. Y muchos indescifrables: un número sin firma, hablándole a uno como si su poseedor fuera un íntimo. Sin firma. ¿Qué milagro cabe esperar de una memoria que va desfalleciendo con los años? A Homper le da apuro responder a estas muestras de afecto puntualmente con cortesía mecánica. También feliz para ti, gracias. Igualmente. Gracias por acordarte. Yo también te deseo lo mejor. Suerte para todos en 2010….No se trata de salir del paso.

Preferirá responder pausadamente en los próximos días o meses, quizás rebanando tiempo al año nuevo, pero intentando a cambio personalizar algo más sus mensajes. Homper aún se sorprende –también- de que la gente se sorprenda cuando a veces, sin venir a cuento, recibe una llamada o un mensaje espontáneo suyos. Leí este libro y me recordó a ti. Vi esta película y pensé que te gustaría. Me dolía la cabeza, como a ti tantas veces, y, mira por donde, dije, voy a llamarle… He estado en tu pueblo y me he acordado de todo lo que nos contabas de él. Escuché tu concierto favorito, y te me apareciste. Soñé contigo. Ya sabes lo imprevisibles que son los sueños, pero el caso es que estabas ahí…Podríamos llamarlos postit sentimentales. O recuerdos sin demasiado pretesto. A él le gusta repartirlos a lo largo del año. Y aunque no consigue que todo él sea feliz, algo imposible, se consuela pensando que a lo mejor ha ofrecido un momento amable para sus amigos del alma.

No obstante Homper también quiere cumplir con el amante de lo convencional. Por si el lector está en ese caso, Feliz lo que queda de Año 2010, amigo.

Julieta es una lagartona de cuidado

Hay que decirle a ZP que la política es una Julieta un poco lagartona...

Aún siente España la anciana tía Clota. En el condado de Mountmouth, Vermont, ya se ha echado el invierno. Serán Navidades blancas, como de costumbre. Así que la veterana  profesora de español, viuda de un agricultor de fortuna de Nueva Inglaterra, pasa casi todo el tiempo en casa viendo caer la nieve sobre el bosque que la rodea. Todavía hace punto para los bebés de un orfanato: los hijos que nunca tuvo. Todavía lee. Y el resto del tiempo, si no se junta con sus amigas Edwina y Thelma, juega al bridge por Internet, hace solitarios, ve por la tele satélite las noticias y, un par de veces a la semana, conversa  a través del programa Skype con el único pariente cercano que le queda en su patria de origen. Es su sobrino Homper.

La tía Clota es tan crítica como le permite la insolencia. Mantiene que los viejos ya no tienen pelos en la lengua.

-Ya ves, sobrino. Pensaba que vuestro presidente era incapaz por falto de seso. Pero ahora, con la que tiene encima, sólo pienso que es incapaz por bueno. ¿Habrá leído El Príncipe de Maquiavelo? Yo lo veo como un Romeo equivocado que trata de conquistar a la política  como si ésta fuera una Julieta cualquiera. ¿Lo estás viendo?…Tan guapo, tan limpio, tan fino, tan romántico, con su jubón, sus calzas, su corrito de pluma y su capa, y un laúd entre las manos, cantándole  en el balcón endechas llenas de talante, diálogo, y alianzas con esas civilizaciones imposibles…

A Homper, el Hombre  Perplejo, no le sorprende el fondo del pensamiento, sino la imagen cinematográfica con la que lo describe.

-Al principio, la Julieta le pone buena cara –sigue la anciana- Parece embelesada por el verbo del noble juglar español. Parece conquistada…Pero de repente echa una risotada, se rasca la entrepierna y rompe en carcajadas estentóreas.

Homper comprende que la tía Clota, por discreción, no ha dicho la frase que le cuadra  a Julieta en ese cuadro tragicómico. Vamos no me jodas, Pepeluí…¿Con quién te crees que estás hablando?

Y le repasa algo de la historia a su sobrino.

-Todos los políticos tienen que ser canallas alguna vez –dice la tía Clota mientras le echa azúcar a su taza de te-  Ser implacables con algunos para defender sus intereses, ¿no?  A saber qué tropelías no habrán hecho Alejandro el Magno, Octavio Augusto, Pedro el Grande, Carlos V y los grandes prohombres de la historia……¿Y los bombardeos aliados sobre ciudades alemanas que suscribió Churchill para ganar la guerra?..¿Y las bombas atómicas  sobre Hiroshima y Nagasaki que lanzó Truman para acabarla? ¡Y eso que ahora parecen los buenos de la película!…

Se enredan en la actualidad tía y sobrino. Hablan de ETA, los piratas, el terrorismo, Al Qaeda, la tradicional amistad de los pueblos árabes –menos mal que son amigos- el dontancredismo de la ONU,  Castros, Cháveces, Evos, Gibraltar y de Moratinos, que no es Ministro de Asuntos Exteriores, sino de Asuntos Imposibles. Y la tía Clota, candorosa, da un consejo final.

-Anda, sobrino, acércate a Moncloa y recuérdale al pobre Zapatero lo que no le debe haber dicho nadie. Dile que su Julieta, por muy zalamera que parezca, es una lagartona de cuidado…

Conoce tus fuerzas…ocultas

 

Se refiere a tus fuerzas armadas, claro. Pero la buena conciencia recomienda  maquillar algo la cruda realidad...

Se refiere a tus fuerzas armadas, claro. Pero la buena conciencia recomienda maquillar algo la cruda realidad...

Barak Obama es en sí mismo eso que ahora llaman un mantra. O sea, una fórmula de encantamiento cósmico que a él le ahorra mayores esfuerzos para triunfar. Por lo que piensa, lo que dice y lo que parece, el resto de la humanidad le hace la ola. Sólo los consabidos talibanes irreductibles le niegan su inteligencia y su liderazgo. Bush, que era torpe y encima poco simpático, se lo había puesto bien fácil. Pero de ahí a concederle a su sucesor el Premio Nobel de la Paz  por lo que hasta ahora ha sido sólo un sombrerazo de buenas intenciones, va un trecho.

-Mis amigas Edwina y Thelma están encantadas- dice la tía Clota- Ven la historia de Obama como una película de Frank Capra…Pero yo para chincharles les he dicho que este premio sólo es un desagravio por el feo del Comité Olímpico la semana anterior. Total, como las dos cosas vienen de Escandinavia, y ellas apenas distinguen…

-En España pasa lo mismo con algunos premios literarios-dice Homper- Se presentan cientos de novelas en sobres cerrados y bajo seudónimo. Pero luego casualmente el premio se lo lleva un escritor conocido que vende estupendamente.

-Ya entiendo… No dan puntada sin hilo.

-Elemental, tía Clota. Los premios son para los que se los merecen…y además dan lustre, claro.

Mantiene la tía Clota que antes que a Barak Obama deberían  haberle dado el Premio Nobel de la Paz…¡a Zapatero! Y como Homper se cae de culo de la sorpresa al escuchar semejante boutade, ella se explica.

-Mira, sobrino…No sólo fue el primero en hablar del talante y el diálogo como panacea universal. Sino que se sacó de la manga eso de la Alianza de Civilizaciones, que supongo que sonará muy bien en la Academia de Suecia. Y además, acabo de ver en la tele un anuncio de la campaña del Ministerio de Defensa y aparece Concha Velasco con un lema que dice: CONOCE TUS FUERZAS…Pueden ser tus fuerzas físicas, tus fuerzas mentales, las fuerzas eléctricas, las fuerzas vivas de tu pueblo, las fuerzas sociales…Nunca vi un ejército tan disimulado. Más pacifismo y les visten a los soldados de hermanitas de San Juan de Dios.

Subraya  Homper con una sonrisa la maldad de su anciana tía. Y se queda perplejo preguntándose cómo, puestos a premiar,  no dan un Nobel de la Gilipollez a los que, maquillando las palabras, pretenden  convertir la amarga realidad de la guerra en algo así como La ciudad de los muchachos. Y se acuerda del cabo Cristo Ancor, que en paz descanse. El creía combatir en unas fuerzas armadas, y seguramente estaba dispuesto a morir por la patria en Afganistán. Pero cayó perteneciendo a unas fuerzas innominadas y en un lugar donde, como en cualquier otra parte, sólo ocurren accidentes

 

 

El perverso FMI

Don pro Buenafé le enseñó a mirar la vida desde la utopía. Y el alumno acabo superando al maestro...

Don Probo Buenafé le enseñó a mirar la vida desde la utopía. Y el alumno acabo superando al maestro...

Algunos desaprensivos de los medios le llamaban el Ludópata, por su afición al riesgo. Otros, como Carlos Herrera, el Fenómeno. Luis María Ansón – al que, sin embargo, le gusta de cuando en cuando babear con alguna de sus ministras, como González Sinde- aprovechaba para dejar constancia de su saber de historia y le apodaba Zapatero I, el de las mercedes. El  sin embargo pasaba por encima de ironías, de dimes y de diretes. Y continuaba su camino bajo los dictados de don Probo Buenafé, que fuera antaño su profesor de Teoría del Talante y del Humanismo Aplicado.

-Ten cuidado, hijo-le advirtió un día éste mientras paseaban juntos por el campo- ¡vas a pisar esa boñiga!…

-¿Boñiga?-se atrevió a corregirle José Luis mientras le miraba con sus ojitos azules más seráfico que  nunca-¡Pastel nutriente de origen vacuno que enriquece a nuestra madre tierra!…

Y don Probo, claro, tuvo que darle matrícula de honor.

A partir de entonces, su vida fue tirar para adelante viendo siempre la botella no medio llena, sino completamente llena. Y antes muerto que sin risa. O al menos sin la sonrisita de Bambi. Pero aquella tarde de septiembre fue demasiado. Mientras su sentido de estado y su compromiso con los más necesitados le tenía en Copenhague esperando que el COI derramara el cuerdo de la abundancia sobre Madrid 2016, el Fondo Monetario Internacional se atrevía a a anunciar el fin de la crisis. Con esta cruel apostilla: para todas las economías poderosas salvo España, que tardará al menos un año más en salir del bache y seguirá generando más desempleo. Qué bofetada para el abanderado del buenismo. ¡Qué desaire para el líder del optimismo antropológico!

Aquella noche el presidente no durmió bien. Soñó que estaba en el Palacio de Oriente, que alguien le abría las puertas del gran balcón que da a la plaza y que allí una multitud  enfervorizada le aclamaba diciendo cosas como prietas las filas, demos una lección al mundo, y si ellos tienen ONU, Fondo Monetario, Banco Central Europeo y esas cosas,  nosotros tenemos lo que nos da la gana.

-Españoles –sonó a través de la megafonía su voz aflautada y vacilante- ¡Ladran, luego cabalgamos!…Hagamos oídos sordos a los desafectos a nuestro régimen…

Entre sueños, creyó escuchar en su propia voz, que no era su voz, expresiones arcaicas, como los politicastros que, al socaire del comunismo…la Conspiración Judeo-Masónicay el Contubernio de Munich.

Y al despertar sudoroso y preso de la angustia pensó que, como ha ocurrido tantas veces con los grandes taumaturgos, el mundo estaba contra él. Y lamentó que don Probo, que ya criaba malvas, no pudiera resucitar para reeducar a la humanidad entera, rescatarla de su grave error y llevarla al terreno de su maravillosa  y única verdad.

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La tía Clota hubiera enseñado la foto

Mí no entender...¿Tanto mal les hace a las niñas de ZP que el mundo las vea conmigo?

Mí no entender...¿Tanto mal les hace a las niñas de ZP que el mundo las vea conmigo?

-Cuando se lo he explicado a Edwina y Thelma no han entendido nada-dice la tía Clota.

Edwina y Thelma son las otras chicas de oro de Tinmouth, el pueblo del estado de Vermont donde vive la tía de Homper. Los europeos tendemos a creer que el pueblo norteamericano es más simple que nosotros. La propia tía Clota está de acuerdo en eso, pero en este caso defiende a su país de adopción. Dice que la que han armado los Zapatero a cuenta de la famosa foto con las nenas es una exageración. Y que sus amigas americanas, que no están al tanto de la peculiar sensibilidad de nuestro presidente y su señora, piensan, no sin razón, que ahora los que estarán mosqueados serán los Obama.

-Pobre Obama-suspira-¿Cómo iba a pensar que molestaría que colgaran la foto con la familia ZP en la web de la Casa Blanca? ¿No decían que  desde que metió la pata despreciando las barras y estrellas estaba como loco por estrechar relaciones con el Presidente de los Estados Unidos? Pues ahí tenía la prueba de su éxito al conseguir que le reciban: pelillos a la mar y hasta fotos con las nenas

Homper escucha a su anciana tía desde España y sonríe con cierta socarronería.

-Bueno, tía… Aquí los niños son materia muy sensible. Pensamos que una foto suya en Internet con el matrimonio más famoso del planeta puede atentar a su intimidad y estropearles la vida. Pero dos años después estas mismas niñas podrán abortar libremente sin consultar siquiera a sus padres y eso nos parece de lo más natural…

-¡Qué contradicción!, ¿no?…Ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre…Además, ¿a qué niño le va a disgustar que le vean con su ídolo?…

Y se ríe. Raritos, muy raritos les ha hecho la modernidad a mis compatriotas, piensa para sus adentros. Y se acuerda de que, cuando era niña, tú te hacías una foto donde fuera y la gente del pueblo se te ponía espontáneamente detrás sólo por la ilusión de  quedar para la posteridad, aunque jamás fueran a ver la imagen atrapada por la cámara. Qué ingenuidad y qué ternura.

-Y menos lo entiendo si esa foto es con una figura universal, como Obama-dice la tía Clota- ¿Sabes?… Paquito, el hijo del heladero de mi pueblo, siempre me pasó por las narices una foto en la que aparecía él entre Manolete y su cuadrilla. Mira, aquí estoy, con Manolete, me chinchaba. Y allí estaba, colado entre las piernas del picador y de un banderillero y sólo dos cuerpos más allá del maestro, con la cara radiante de éxito, como si fuera él el Califa de Córdoba y acabara de salir por la puerta grande…A mí me habría encantado que todo el mundo me viera al lado de Manolete o de Gary Cooper, pero es que los niños de entonces debíamos de ser muy especiales…

Eso, muy especiales, piensa Homper. Y no como estas criaturas de ahora, que van por la calle vestidos de góticos, de románicos, de lagarteranas o de tortugas Ninja, pero que pueden sufrir un trauma si el público las ve fotografiadas junto a la sonrisa más jaleada del planeta. Cosas veredes, Sancho

¿Será que quiere ser santo?…

Aunque hay que reconocer que la estampita es buena, la tía Clota le ve más como un nuevo san Juan de Dios...

Aunque hay que reconocer que la estampita es buena, la tía Clota le ve más como un nuevo san Juan de Dios...

-Te voy a enseñar la verdadera cara de san Juan de Dios-le dice la tía Clota sonriendo con malicia mientras saca un tarjetón de un libro y lo acerca a la cámara para que su sobrino, al otro lado del Atlántico, lo pueda ver.

Y Homper, cómo no, se queda perplejo. No es para menos. La estampita es una postal publicitaria que muestra la clásica imagen del popular santo con un enfermo en los brazos y rodeado de pobres y desvalidos. Es un pequeño bajorrelieve en escayola  un tanto relamido, típico de la imaginería religiosa de algunas tiendas madrileñas, allá por  la calle de la Paz y aledaños. Pero lo sorprendente es que la cabeza del santo, con barba y coronilla, como está mandado, muestra la cara beatífica e inconfundible del presidente Zapatero. Bajo el grupo escultórico, escrito con letra gótica, la frase La verdadera imagen de San Juan de Dios, el protector de los pobres, enfermos y desvalidos. Venta por encargo.

-Los hace un artista de mi pueblo, y los vende como churros.

Cuando aún en vida de Franco la tía Clota emigró a Estados Unidos, en su pueblo natal, una pequeña villa de la Granada profunda, convivían los balbucientes movimientos obreristas con el catolicismo tradicional de la España eterna. Muchos de los que enredaban en los clandestinos sindicatos del campo, se disputaban un puesto de costalero en los pasos procesionales. Ese era el caso de Vicente, escultor aficionado a modelar en escayola cristos, vírgenes y santos de su devoción.

-Lo hacía tan bien, que dejó el campo con una baja laboral por problemas de corazón y se dedicó a la imaginería…Con cierta imaginación, ¿no crees?-subraya la anciana con mucha zumba- Aunque, después de todo, pone las cosas en su lugar…Porque aunque no haya caído en la cuenta, y puede que no le gustara saberlo, Zapatero es un san Juan de Dios laico.

Homper sonríe por lo bajini y repasa mentalmente el argumentario social del gran defensor de los desvalidos españoles, que acaba de repetir ante el Comité Federal de su partido.  Todo menos dejarles de la mano de Dios, al menos mientras quede un euro  en las arcas y un impuesto por exprimir. El nuevo Dios es él. Cuando hay que hablar de ayudas al tercer mundo, lo progresista no es tapar agujeros con limosnas, como hacen algunas ONG, sino invertir en crear las estructuras de una economía productiva que permita a los países pobres salir de la miseria. Pero aquí debemos de ser multimillonarios, porque todo consiste en hacer de Caritas gubernamental con cargo al déficit sin ajustar un solo tornillo. Sobre todo si los sindicatos fruncen el morro.

-¿Por qué no llamas a Moncloa y le recuerdas al presidente que Vicente Ferrer también era progresista?…El invertía en hacer pozos. Y los pozos transformaron  la vida de sus desvalidos.

-Buena idea, tía- responde Homper- Señor presidente, que dice mi tía que aunque usted no lo sepa está en la misma línea de san Juan de Dios. Y que, siendo tan progresista como es usted, debería de buscar otros referentes…

Y se echan a reír. Como los que aplauden entusiasmados a su líder infalible. Y como muchos más que, aunque cobren un subdisio, miran al futuro y quizás rían por no llorar.

Santo Estevo y la gallina con sus pollitos

Buena combinación para el turismo excitante: descubrir un lugar como éste y encontrarse después a una gallina con sus polluelos...

Buena combinación para el turismo excitante: descubrir un lugar como éste y encontrarse después a una gallina con sus polluelos...

Santo Estevo de Ribas de Sil . Un monasterio gran parte del cual es hoy un flamante parador. A su lado, el templo, dieciochesco, de ese barroco gallego tan elegante que ha universalizado el Obradoiro de la Catedral de Santiago. El monasterio, como el parador, asomado al Cañón del Sil, y rodeado de más bosques a los que sólo les falta el gnomo. Un gnomo, esas frondas mágicas necesitan al menos un gnomo.

Santo Estevo de Ribas de Sil Y cómo es posible que la gente que dice que viaja le hubiera hurtado este nombre al Duende. Otra manera de plantear la cuestión: ¿para qué viajan los que pueden viajar si dejan de lado a un sitio como éste? Hay dos teorías sobre el placer de viajar. Ver todo lo que ven los demás y que luego te han contado, aunque no te quedes con nada, y ver sólo lo que puedes disfrutar y recordar sin sufrir por lo que dejaste a un lado. El mundo es muy grande, nunca lo conoceremos  por completo. Pero Santo Estevo está ahí, en un rincón de nuestro país. Santo Estevo de Ribas de  Sil. Llegas, respiras, entierras el síndrome de Stendhal, te relajas.

Y eres feliz.

Dos notas más. En Luíntra, una aldea muy coqueta que está a solo seis kilómetros del monasterio, el Duende hace un alto. En un bar pide un vino del país, y le ofrecen como tapa un cuadrado de exquisita empanada.

-¿Y cuánto es?

-Sesenta céntimos.

Hasta aquí debió de llegarse Zapatero para poder asegurar que el precio de un café era ochenta céntimos. En Luintra probablemente por ese precio incluyen la magdalena.

Al regreso, y antes de entrar en la añeja casa de Belesar el Duende se cruza con una gallina y sus polluelos. El encuentro le inspira cierta ternura. ¿Será que empieza a ser también una estampa de otro tiempo?…Lo que anticipaba, verano de grandes emociones: reaparece la gallina con pollos, aunque sigue faltando el gnomo.

Risto y los límites de la estupefacción

Así se quedó Homper cuando se planteó qué le podía dejar más estupefacto...

Así se quedó Homper cuando se planteó qué le podía dejar más estupefacto...

La cuestión filosófica que Homper se planteó ese día se podía formular así. ¿Qué es más grande? ¿La capacidad de endeudamiento del erario público o, simplemente, la capacidad de estupefacción del contribuyente?

En su ignorancia, y a tenor de lo que veía en sus gobernantes, la primera era una noción infinita. De repente, imaginaba que Zapatero y Elenita protagonizaban un spot navideño de un nuevo juguete que hacía estragos. Se trataba de una especie de Cheminova para futuros economistas audaces donde metías en una probeta el gasto social y en un matraz la financiación e las autonomías y te sentabas a esperar a la puerta de la granja. No se sabe cómo, empezaban a salir gallinas que ponían huevos de oro, y vacas tan ubérrimas que llenaban con su leche todos los ríos de España, normalmente bajos de caudal por estas fechas.

Inasequibles al desaliento, Zapatero y Elenita, que aún confiaban en que las cucarachas produjeran miel y que en Los Monegros se descubriera una bolsa de petróleo como para  hacer palidecer de envidia a Obiang, repitieron su consigna.

-El pesimismo no crea puestos de trabajo.

-Eso, eso –aplaudió un secretario de estado-¡Y el que venga detrás que arree!…

El secretario de estado fue discretamente cesado, por desafecto y por tocapelotas. Y entretanto el astrofísico Tegumoll Doper, de alguna universidad muy fiable de esas que todas las semanas publican algun estudio de algo, formuló la nueva Teoría de los Cuántos, que más o menos se podría enunciar así. Cuánta flexibilidad hace falta hoy día en un presupuesto público, cuánta credibilidad en los administrados, cuánta fe en todo lo demás y cuánto durará todo esto.

Difícil tenía Homper superar esos interrogantes que, supuestamente, ayudarían a determinar los límites del déficit público. Pero al día siguiente abrió las ediciones digitales de los periódicos en todos ellos encontró una noticia que aún le dejaba más estupefacto. Pásmense: Risto Meijide había sido cesado `por Tele 5 como jurado de Operación Triunfo.

Y él preocupándose por tonterías.

Zapatero se moja

Según se desprende de sus palabras, tampoco este Cristiano le convence mucho a Zapatero...

Según se desprende de sus palabras, tampoco este Cristiano le convence mucho a Zapatero...

Parece mentira, pero todavía al día de hoy se registran silencios sobre cuestiones de palpitante actualidad mundial que el ciudadano responsable no acaba de entender.

Verán. Se explica que Obama esté metido de lleno en sanear la crisis de Estados Unidos o en endosar a Europa sus presos de Guantánamo. Bastantes marrones son para el inquilino de la Casa Blanca, caramba.

También se comprende que Ahmadineyad nos quiera convencer de la impecable lección de democracia que acaban ofrecerlos las urnas en Irán. Está en su papel.

Como bien subrayaba el inolvidable Manolo Summers, tó er mundo es güeno. De manera que los bien pensantes incluso encajarán de buen grado las excusas de Berlusconi sobre los guateques con sus lolitas en su villa de Cerdeña, o las de Gordon Brown por las chorizadillas de algunos miembros de su partido. Son lunares en la trayectoria de dos grande estadistas que necesitaban esas disculpas.

La opinión pública también acabará aceptando las de  Benedicto XVI, que ha pedido perdón por ciertos excesos inconfesables del clero en Irlanda. Como recordaba san Ignacio, errare humanum est, y hasta el más justo de los justos puede meter la pata o meter la mano donde no debe.

Esta  misma visión optimista del género humano acabará interpretando la fiebre nacionalizadora de Hugo Chávez o de Evo Morales como un ligero desvarío de sus políticas reivindicativas.  Que, aunque ellos dicen que son muy buenas para el pueblo a veces, por cierto, se pasan varios pueblos.

Todo el mundo no es sólo bueno, sino enormemente comprensivo con los grandes líderes mundiales. Pero lo cortés no quita lo valiente. Una cosa es que estén en sus problemas y defiendan sus intereses, y otra que hayan pasado olímpicamente sobre la gran cuestión que divide al pensamiento moderno. ¿Cómo es posible que hasta ahora Obama, Ahmadineyad, Berlusconi, Gordon Brown, Benedicto XVI, Hugo Chávez, Evo Morales y otros protagonistas de la actualidad no se hayan pronunciado sobre la procedencia o improcedencia del fichaje de Cristiano Ronaldo por el Real Madrid? Vamos, que es que no tienen perdón de Dios.

Porque velay las cosas, el que es líder carismático y planetario, el que de verdad sabe estar en su sitio, arreglar el mundo y prevenir y decir siempre lo que es oportuno, ya se ha mojado. Su conciencia ciudadana es superior a su pragmatismo político, y aún a riesgo de perder el voto de la churrera de mi barrio, que es merengona hasta las cachas, Zapatero ha declarado que la cuantía del fichaje de Cristiano Ronaldo no le parece bien. Podía haber dicho qué es una raya más para un tigre, a él que cien millones más o menos de gasto público ni le alteran la sonrisa. Pero aunque la pasta no la vayamos a pagar todos los contribuyentes, sino el Real Madrid, él no lo dice por el huevo, sino por el fuero. Y sugiere que la operación de Florentino Pérez es un desafuero que, además, cuesta un huevo. No como sus decisiones, todas justas y procedentes y que sólo arruinan al erario público.

Sobre el resultado de las últimas elecciones europeas, silencio. Sobre el aborto, pasando de puntillas. Sobre  el cierre de Garoña y el cinismo de nuestra política energética, nada de  nada. Sobre las últimas subidas de impuestos, larga cambiada. Sobre las nuevas alarmas del Banco de España, como si no fuera con nuestra economía. Aquí lo que importa es lo que se derrocha en el fútbol. Eso es sentido de la responsabilidad.

Y no como el del camarero que esta mañana me sirvió un café. No se lo van a creer: le pregunté cuánto era y  me cobró sin hacerme ni un solo comentario sobre el famoso fichaje. No se a dónde vamos a llegar con tanto pasotismo, ya les digo.

Ser amada en tiempos revueltos

_SARA_CasanovasAnota el Duende: una de las chicas de Amar en tiempos revueltos ha sido atacada por uno de sus admiradores que se sentía humillado por su silencio.

Amor insensato. Amor frustrado que se traduce en agresividad irracional. Antes se usaba el vitriolo y se desfiguraba la cara del amado o la amada. O yo o nadie, se convencía el criminal. Ahora la humanidad se suele andar con menos sofisticaciones. Los llamados violentos de género tiran de pistola o de cuchillo jamonero y arreglan sus problemas a lo Quentin Tarantino: la letra de tu desamor, si es con sangre se entiende mejor. El agresor de Sara Casanovas, que así se llama la actriz, era original, y quería asaetearla con una ballesta. Nunca te acostarás sin saber de un chiflado más.

¿Es de género esa violencia? ¿Y qué pasa cuando atacante y atacado pertenecen al mismo género? ¿Por qué se ha abandonado lo de crimen pasional? ¿No es más exacto?

La cosa es que Sara Casanovas  se había hecho famosa en esa aclamada serie que ofrece TVE1 en la sobremesa y que se llama Amar en tiempos revueltos, un Sautier Casaseca menos meloso, más costumbrista y con guiños políticos adecuados al momento. El Duende la ve a medio párpado si no ha empezado la película del Oeste de Telemadrid. Esta película es de lo mejor de la tele, pero a veces se retrasa demasiado a efectos de siesta, y otras veces son los combativos sindicatos los que se la cargan. Como si Telemadrid fuera la única causa que merece movilizaciones.

A la serie de Sara le han caído muchos premios, pese a sus defectos en la ambientación y en el estilismo. El Duende advierte, cuando menos,  de que en la España de la posguerra no se desayunaba zumo de naranja ni en las casas burguesas, critica que los bancos del Retiro que han salido en varios de sus capítulos no corresponden a esos años,  y subraya que las blusas, las cortinas y las colchas cantan demasiado a fibras artificiales. Pero no nos vayamos por las ramas. Por debajo del suceso, había un amor frustrado como el que tantas veces surge en el espectador por su actriz favorita.

Y recuerda que él también le escribió a Audrey Hepburn después de ver Vacaciones en Roma. No se atrevió a pedirle que se casara con él, porque les separaban demasiados años. Pero sí que acusara recibo y que le enviara una foto dedicada. Había sabido que en una ocasión Charlot recibió una carta que, en lugar de señas, llevaba dibujado un bombín, un bigotón, un paraguas y unos zapatos abotinados combados por el uso. Ni corto ni perezoso,  el Duende recortó del anuncio de la película la Vespa en la que viajaban Audrey y Gregory Peck, la pegó en el sobre, y escribió a mano: Audrey Hepburn, Hollywood, ESTADOS UNIDOS, la franqueó y la puso en el buzón. Una de tres: o su inglés no fue lo suficientemente expresivo, o el cartero era tonto o la amada no era tan dulce y comprensiva como pintaba su rostro.

Y es  que cómo son las actrices. Qué difícil  para ellas ser amadas en tiempos revueltos,  sobre todo si el amante es un ballestero loco. Pero qué fáciles es mantener la ilusión de  su enamorado cuando éste, lejos de matar, está dispuesto a morir por su amor.

NOTA DE LA REDACCIÓN. Pese a que pueda parecerlo, el inspirador de la última frase de este post no es Zapatero.

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