Archivos para 30 octubre 2007

Carcajodas sin malicia

La Carcojada

Apunte estos neologismos, que son auténticas perlas: Cagallero. Noble o hidalgo que cabalga con el vientre descompuesto. Putano: gas que comercia con su cuerpo. Culapso: transcurso de tiempo durante el cual el culo no se ha usado para nada. Intetar: procurar coger los pechos de la novia con el pretexto de que se es huérfano y la vida ha sido muy dura con uno. No raya el ingenio del Duende tan alto como para ser autor de estas ocurrencias. Proceden del Diccionario de Coll, de donde, por cierto, se ha tomado prestada la carcajoda que desde hoy se puede escuchar entrando en la edición digital de EL MUNDO. Vuelve la viñeta sonora, la pincelada de humor matinal que durante años el Capi y el Duende dejaban en RNE. Vuelve con el visto bueno, supongo, del creador de la palabra.

La definición que inventaba el maestro para carcajoda -la digo de memoria- no gustará mucho a las feministas, pero tampoco está exenta de gracia: dícese de la risotada del amante cuando en la coyunda ella revela que es la primera vez. La carcajoda de EL MUNDO no será tan procaz. Se conformaría con lograr la risa o la sonrisa que agrada, pero que también puede fastidiar.

Pero sólo poquito.

Coll era un humorista muy completo, puesto que además de actor, guionista y novelista inventaba palabras. Como el tertuliano aquel de La colmena de Camilo Jose Cela, pero más originales y divertidas. Nunca se sabrá si el surrealismo deslumbrante que habitaba bajo la chistera y el bombín que simbolizaban al dúo genial era de José Luis o de Luis Sánchez Polack. Quizá éste acumuló más simpatías populares, pues era un loco maravilloso en estado puro del que nunca se escuchó nada amargo. A Coll en cambio se le avinagró el humor con los años. Se enfadó con mucha gente, y parecía que el mundo había dejado de caerle bien. Se quejaba de los cuentachistes y, supongo, también de los imitadores. O sea, de los que transitamos con cazamariposas por los arrabales del ingenio.

A propósito, el Duende nunca se ha considerado un humorista. Mejor dicho: no sabe lo que es eso. Repara en las cosas que le hacen gracia y trata de capturarlas, reelaborarlas y jugar con ellas. Algunos de los malabarismos verbales de Coll le fascinaban. Hace unas semanas, jugando a ser él y a enriquecer el Ñiccionario que pretenden editar Javier Capitán y el Ciudadano García, acuñó un nuevo término del que está orgulloso: Ozonopiño: diente que se le ha caído al ozono por el agujero de la capa. Aquí todos tratamos de aprender de los maestros. Uno acaba siendo sólo una ensaladilla rusa de buenos humores ajenos.

Podrán saber algo más de estas carcajodas en el un post de hace tiempo. Se titulaba Vamos a divertirnos. Esperamos no defraudar. Ni a los lectores de este blog ni al inefable, y nunca suficientemente valorado, Jose Luis Coll.

Beatus ille

Balarrasa

El Duende recuerda una película que impactó mucho a los niños de su generación. Se llamaba Balarrasa, de José Antonio Nieves Conde. La estrella era un joven Fernando Fernán Gómez, que encarnaba a un crápula convertido después en sacerdote. Empieza el film como pecador impecable y acaba su vida como misionero en Alaska, entregando su vida Dios en medio de una tormenta de nieve. La película parecía concebida para ser proyectada en el cine de un colegio religioso. Era emocionante, ejemplar, y encerraba un impactante mensaje: hay más alegría en el cielo por un pecador arrepentido que por cien justos que perseveran…

En las secuencias iniciales de Balarrasa, unos milicianos fusilan a un grupo de sacerdotes a orillas del mar. De los muros de aquel colegio donde veíamos la película, pendían retratos de antiguos alumnos muertos en la guerra. Una expresiva vidriera en la estética de la época les presentaba ofreciendo sus vidas a la Virgen del Pilar, con palmas del martirio incluídas. Sus nombres rodeaban esa vidriera. Los marianistas tenían razones para denigrar la guerra, pero sin embargo nunca nos hablaron de ella. El Duende se acaba de enterar ahora de que cuatro compañeros suyos sufrieron la misma suerte que aquellos curas de Balarrasa fusilados en la playa. Los padres marianistas, de los que tanto se quejaba el Duende entonces, se quedaban con el mensaje esencial de la película, y no hurgaban en las heridas de nuestra historia que tanto nos desprestigian. No se si sería sensibilidad o pragmatismo, pero muchos que nos educamos allí pensamos que eran detalles de una buena pedagogía.

Pertenece el Duende a lo que doña María llama católicos porsi. Por si fuera verdad todo lo que le contaron sus educadores. Su fe se parece a la de Unamuno: creo en Dios porque lo necesito. Pero tan lastrado por sus limitaciones intelectuales como la gladiadora del hogar de Los Arándanos, se abona a veces a juicios simplistas. Por ejemplo, mantiene que la Iglesia es como una obra de teatro donde la tesis y el argumento son maravillosos, pero falla a veces con los actores y la puesta en escena. Dice Roma que lo suyo son sólo los negocios de Dios, pero, para empezar, tiene status político.

Pues bien, no hacía falta ni sentido de la política para que la beatificación de ayer se hubiera extendido también a otros mártires de la fe. Por ejemplo, los sacerdotes fusilados por no plegarse a los que se habían rebelado contra un gobierno constitucional. ¿No merecían también un beatus ille? Se han escuchado las palabras paz, piedad y perdón, y eso incluye generosidad de miras. Muchos católicos a machamartillo, y otros más escépticos, hubieran deseado que esa lista incluyera a todos los eclesiásticos víctimas de cualquier intolerancia en aquel trienio negro. Y no hubiera sido rendirse a la memoria histórica unilateral que pretenden algunos, sino aplicar naturalmente el mensaje de Cristo.

Claro que, si los designios de Dios son inescrutables, cómo no lo van a ser los de su Iglesia, tan humana -y por tanto tan imperfecta- como este irreverente Duende.

Por cierto, aviso final a navegantes. Recuerden que hablamos de paz, piedad y perdón. Si hay comentarios, que sean para enterrar definitivamente el hacha de esta guerra interminable.

El banco limpiabotas

Limpiabotas

(Foto de indira, con algunos derechos reservados)

Ha pasado el Duende el fin de semana en un sinvivir. De una parte, estaba de viaje, y no podía subir el post nuestro de cada día. De otra, aún no se había repuesto de la mala noticia económica de la semana. Su banco había anunciado que en los tres primeros trimestres de 2007 había ganado seis mil y pico millones de euros. Sólo un treinta y cinco por ciento más que en el mismo período. Angelitos, no me extraña que estén preocupados por la flojera del mercado hipotecario y hasta por la subida del pollo.

El Duende recuerda que, en su infancia, se infundían tres `principios básicos de buena educación social. Primero, no se sorbe la sopa ni se hace ruido al comer. Segundo, no se habla con la boca llena. Tercero, no se presume de dinero. Los banqueros debieron ser niños mal educados, porque se salan las tres normas con ostentación y recochineo. Primero, y aún a pesar de que dicen que nos eliminan las comisiones, se inflan a beneficios. Segundo: una vez que tienen el estómago lleno -no se explica çómo cada año les puede caber un treinta y cinco más- abren la boca y nos enseñan la comida. Tercero: se jactan de ello. Se que eso forma parte del lenguaje de la economía, que exige Epulones y Cresos para que el modesto ciudadano al que, con suerte, sólo le suben el sueldo lo que el IPC, sueñe en un país de Jauja donde, como señaló Solchaga, es fácil hacerse rico. Sobre todo si tienes un banco, debería haber añadido.

Está muy bien, hasta ese taumaturgo idealista que es Zapatero bendice los macrobeneficios empresariales, porque es el mejor síntoma de eso que llamamos prosperidad. Al Duende también le parece bien que todos los accionistas ganen dinero. Que lo gane todo el mundo. Pero le fastidia tanta ostención de poderío. Insisto, no es lo que nos enseñaron como buena educación.

Tal vez -seamos sinceros- sangre por la herida. Hace años, ese banco omnipotente le obsequiaba en Navidad con una diminuta agenda de bolsillo que él apreciaba mucho. Un año, desapareció de la agenda la cintita de seda que servía para señalar el día de la semana. Preguntó por qué se había prescindido de ese detalle tan útil, y se le dijo que había que recortar gastos. Son tan competentes en ese menester que no sólo no repusieron la cinta de seda, sino que acabaron incluso escatimando la agenda. Así, cualquiera gana seis mil millones de euros en tres trimestres.

Se que la voz del Duende clamará en el desierto, y que seguirán presumiendo de ser los más listos, los más eficaces, los más ricos y en definitiva, los reyes del mambo. Pero no les facilitaré la hazaña. De momento, voy a hacer una revelación que va a poner en jaque a la patronal de la banca. El Duende sabe de un banco que en el rincón más discreto de su lujosa sede tiene un limpiazapatos automático que le deja los botines lustrosos como diamantes. Pásmense: además no cobra. Qué escándalo, un banco limpiabotas gratuito.

No revelaré el nombre de la entidad por si proceden contra su director por violar las normas deontológicas del sector. Imagínense el problema: con ese despilfarro en atenciones al cliente…¿cómo se puede garantizar el ligero margen de beneficio con el que los pobres banqueros se ganan los garbanzos?

El Raúl alternativo

(Publicado en MARCA 25 octubre 2007)

Raul TamudoLo avisó el poeta: Hay otros mundos pero están en éste. Había otras soluciones, pero también estaban en Raúl. No el del Madrid, el que da dolores de muelas a Luis Aragonés, según unos divinizado y según otros despreciado. No se trata del cásico por cuyo homenaje tanto se polemiza, sino de otro que sin tantos redobles de tambor va haciendo historia en un club y una selección poco acostumbrados a la gloria. Ay, Raúl Tamudo, qué grande eres. Y cuánto te debemos los que inconscientemente nos dejamos deslumbrar por las estrellas y ser guiados por los grandes predicadores del balón.

Salvo la pirula que le hizo a Toni en aquella final de Copa de tan infausto recuerdo para los Atléticos -entre los cuales se encuentra este duende- todas las suyas son buenas vibraciones. No abundaré demasiado en la maravilla de esa vaselina con la que apuntilló al Madrid el pasado sábado. Fue excepcional, pero en esta liga he visto goles de Javi Guerrero, de Sergio García, y de otros cuyos nombres no recuerdo que me hacen creer que, de cuando en cuando, algunos pies españoles adoptan la nacionalidad brasileña. Me refiero a su biografía, su record de goles con los periquitos, su rendimiento con la camiseta roja de España y, sobre todo, a su perfil humano.

En estos tiempos en que un canterano es visto por directivos y entrenadores con recelo, da gusto que alguno sea profeta en su tierra y permita soñar a los más jóvenes. A esos que son campeones de Europa o del mundo como juveniles y luego desaparecen o chupan banquillo en beneficio de un jugador importado. Tamudo ha conseguido superar esa maldición, y se lo merece. Le recuerdo cuando el Español le quiso traspasar al Glasgow Rangers, y el hombre no podía aguantar las lágrimas al despedirse. Es un gran futbolista, pero tan cumplidor y discreto que a ninguno se nos ocurriría adjetivarle como estrella.

Con su flequillo de Tintin, y ese aire de joven profesor universitario que le dan sus gafitas fuera del campo, Raúl Tamudo cae bien a todo el mundo. Y, si no el gran homenaje del otro Raúl, merece de largo estas líneas. Como escuché a un castizo que en un bar veía por la tele su último golazo, tará mudo, pero lo que ha hecho por el Español y la selección lo dice todo.

Gallinas en libertad

(Foto cortesía de Davichi, con algunos derechos reservados)

Gallina

 

Lo que avanza la civilización, para que luego se diga que vamos a peor. Estaba el Duende dando de cenar a Marina un huevo frito con arroz cuando reparó en el envase de donde procedía el manjar. Pazo de Vilane -rezaba el rótulo comercial- 6 huevos de gallinas criadas en libertad. Y seguía: nuestras gallinas se crían al aire libre, y completan su dieta a voluntad en los extensos campos del Pazo. Conmovido por la noticia, trató de convencer a su nieta para que acabara el plato. Primero le explicó que el huevo venía de una gallina feliz, y que esos huevo eran privilegio de princesas, pero como si nada. Luego acudió al clásico truquito de los bocados penitenciales: este por Mamá, que tiene que ser profesora de universidad y gladiadora del hogar al mismo tiempo. Este por Papá, que trabaja tanto y además es del Aleti. Este por Zapatero, para que se le arregle lo de los trenecitos de Cataluña. Este por Rajoy, para que se le pase el cabreo…Pero la niña, erre que erre, no quería más. Tanta libertad gallinácea y tanta pedagogía para que aquel huevo que debía costar un ídem acabara en el estómago del Duende.No sabe uno si una gallina aprecia su libertad. Ni si, de ser cierto, es tan buen argumento comercial para el consumidor, con la vida tan perra que viven otras criaturas. Me consta que aunque las tierras del Pazo de Vilane son especialmente golosas para las gallinas, el huevo resultante no es tan diferente a cualquier otro bien frito. Más bien pienso que el mensaje comercial explota la creciente sensibilización hacia los animales. La cosa viene de Francisco de Asís, que empezó hablando del hermano lobo. Luego llegó Walt Disney, se inventó a Mickey Mouse y a Bambi y nos hizo llorar a varias generaciones cuando dejó al cervatillo huérfano de madre. Entretanto la humanidad conocía el holocausto judío, las bombas de Hiroshima y Nagasaki, hambrunas bíblicas e incontables atrocidades. Homo homini lupus, nos recordaba Hobbes. Hoy no somos mucho mejores, pero gracias a los ecologistas, a los Estudios Pixar y a que Rajoy no tiene ningún primo zoólogo, nos vamos regenerando. Al final nos sentiremos personajes de Frank Capra, y redimiremos nuestra mala conciencia amando a los animales casi como a nosotros mismos.

Se defiende la causa de las ballenas, de las focas, de los zorros, de los lobos, de los linces, de los toros de lidia. (¿Por qué no de las ocas del Perigord?). Por una colonia de mariposas se desvió el trazado del AVE. Y si no se soluciona el problema de la carroña para los buitres -que desde las vacas locas están a dieta- acabaremos llevándoles al Mac Donald con cargo al presupuesto de Solbes. Aún hay más síntomas: desde que el Duende vió Babe, el cerdito valiente ha dejado de tomar cochinillo. A ver cómo le cuenta a Marina que mientras las gallinas de sus huevos campan en libertad, los lechoncillos nacen con los días contados.

Claro, que peor será cuando le tenga que explicar que millones de niños como ella pasan hambre.

El Duende ya no es el Duende

El Duende de la Radio

El Duende ya no es el Duende / que es igual que un orfeón / donde cantan otras voces / y van haciendo opinión (Curro Meloso)

Uno de los cada día más numerosos adictos a este blog recordaba ayer a un personaje, que nació de la mano de Julio César Iglesias en nuestra última temporada de RNE. Como su propio nombre indica, Curro Meloso era un rapsoda facilón y empalagoso que, sobre los acordes de guitarra de Agapito Bastardillo, improvisaba trovos almibarados. En estos menesteres Julio era un Robiño de las ondas. Se hablaba, un suponer, de la cosecha del azafrán con un experto, y sin encomendarse a Dios ni al diablo hacía un regate en corto, miraba a la chistera del Duende y requería a la musa de Curro. El trovero entonces improvisaba un ripio deleznable, pero lo decía con tal hondura y sentimiento que, traicionado por la emoción, siempre acababa llorando: Las mocitas de mi pueblo/ unas vienen y otras van/buscando novio, o al campo/ por cosechar azafrán…Así escrito parece una chorrada, pero en vivo y en directo lo era aún más. La vida del Duende en la radio fue eso, un rosario de chorradas resultonas.

Pero hoy Curro Meloso cantaba pasmado el prodigioso desarrollo de este blog. Empezó siendo un diálogo consigo mismo y ahora es un foro de reflexiones, anécdotas y opiniones que entretienen e ilustran. El Duende sólo da las pinceladas iniciales. El resto del cuadro lo pintan a diario una serie de amigos y amigas a los que no les ve la cara, pero se les adivina algo del alma. Rebosan criterio, sensibilidad, ternura y, a menudo, un más que saludable sentido del humor. El orfeón al completo, claro, suena mucho mejor que la sola voz del Duende.

Todo esto acaba en un aviso a los suscriptores que siguen al duende desde el email. Si está usted entre ellos, no se limite a leer sólo la entrada que recibe en su correo electrónico. Conecte con https://elduendedelaradio.com/ -ya debería tener esta dirección entre los favoritos de su navegador- y sáquele todo el jugo al blog. Cualquier comentario de un nuevo parroquiano será bienvenido.

Por cierto, ya que hablamos de avisos, de orfeón y de la parroquia, y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, recordaré que el domingo 28 la Orquesta y Coro de san Jerónimo el Real, canta a la seis de la tarde la misa en Si bemol mayor D 324 de Schubert y tres piezas sacras de Mozart, Bach y Gounod. Para más detalles, pinchen el enlace adjunto. Que no sólo de blog vive el hombre…

 

El cabrón y el consentidor

Lo primero no es un exceso verbal propio. Utiliza el Duende este sonoro epíteto porque cita su fuente: así han llamado hace unos minutos Carlos Herrera y Antonio Martínez Barbeito al canalla urbano que agredió a una joven ecuatoriana en un vagón de metro. Reconozco que desbordan el libro de estilo de este blog, pero no es el Duende quién para corregir a los maestros del micrófono.

Lo curioso sin embargo es que, como se ha visto en televisión, el protagonista no estaba solo. Aparte de la víctima, viajaba en ese vagón semivacío otro ciudadano que miraba al infinito, y grababa la escena una videocámara, prima hermana del Gran Hermano. De Orwell a esta parte este ojo vigilante tiene muy mala prensa, y seguramente comete abusos sobre la intimidad de los ciudadanos. Pero hay que reconocer que si no fuera por él, ni el Solitario hubiera sido detenido ni el tiparraco del metro de Barcelona merecería ahora el reproche social.

Las videocámaras son odiosas. Se han convertido en aquel ojo implacable que en las ilustraciones de los antiguos manuales de Historia Sagrada perseguía a Caín después de que éste matara a Abel con una quijada de burro. Aunque el ojo ha desaparecido de la iconografía moderna, desdichadamente los caínes están ahí, en cualquier esquina, en la puerta de una discoteca o en un vagón de metro. El Gran Hermano los ha captado últimamente entre la llamada kale borroka, entrando en un cajero, matando a una indigente en Barcelona, apaleando a un detenido en una comisaría de pueblo o cebándose cobardemente en una chiquilla de dieciséis años tan acoquinada que ni siquiera se atreve a pedir socorro. A lo mejor resulta que lo odioso del Gran Hermano no es él, sino nosotros.

Porque lo más aterrador de la escena no es el ataque del bárbaro, sino la imagen del otro viajero que ante un atropello tan evidente mantiene impasible el ademán. Vaya usted a saber, pensaría, a lo mejor es un happening de unos actores, una pantomima, un truquito de uno de estos programas de televisión provocadores. Todo argumento vale para justificar la indiferencia, léase cobardía, a ver si por un gesto de buen ciudadano le cae a uno un guantazo. El Duende se pone en la piel del viajero de piedra, y probablemente piense que el miedo es libre, y que eso, al contrario que otras pendencias, no va con él. También recurrirá a que el mundo capitalista es una putada, ser inmigrante, un peligro, toda violencia es reprochable, y a que hay que estar contra la intolerancia y contra cualquier abuso de fuerza, especialmente si es contra una mujer. Pensará en suma que esta sociedad es una vergüenza, un asco. Aunque la culpa no sea mía, que sólo viajaba en metro y precisamente me bajaba en la próxima para asistir a una manifestación contra la guerra.

Malditas videocámaras, que más que ver nuestra mitad de ángeles, se fija sobre todo en nuestro lado demoníaco. Mal haya el puñetero Gran Hermano, que no sólo retrató al cabrón, sino también al consentidor.


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