Archivos para 31 enero 2008

Doña María va en Vespa

Vespa naranja 

(Foto de Mennyj

Nacía la Vespa y cautivó desde el primer día. Frente a la imagen fibrosa y algo neurótica de las viejas motocicletas con ruedas de radios, la Vespa era original, moderna, graciosa y limpia. A partir de Vacaciones en Roma, tan guapamente montada por Gregory Peck y Audrey Hepburn, la Vespa se convirtió en un mito, y en cierta manera en una conquista social. Una vez al año, bajaban por la calle de Serrano legiones de vespistas alardeando de su independencia. Los había que adornaban su moto como un caballo en la feria de Jerez. Algunos colgaban de ellas unas carteras de cuero con remaches y flecos, y entonces se parecían más al caballo de Roy Rogers, un caballista vestido de cowboy exageradamente cursi que hacía exhibiciones por los circos de Estados Unidos.

  Como entonces ni se hablaba del minimalismo, esas eran las vespas que más le gustaban al Duende. El día de la gran concentración vespista el Duende se asomaba a verl desfilar a las Vespas verde de envidia. Soñaba ser mayor, ganar algún dinero, comprar una con sidecar y llevarse a Audrey bien tapadita con una manta a merendar a Rascafría. Luego casi se alegró de no comprarla, porque quizás  Audrey no hubiera venido. Fue una de las que Truman Capote llamaba plegarias no atendidas, que al cabo, como decía Santa Teresa -ya es pintoresco que Capote la citara- hacen derramar menos lágrimas que las atendidas. Ya se sabe: mejor cualquier ilusión que la cosa más hermosa ya atrapada en las manos.

  Todos los vehículos se dan un aire con alguna especie animal. Las cachas de la Vespa hacen recordar a los cuartos traseros de un potro. Ahora el Duende es otro vespista más. Por las calles de Madrid, en plan mensajero, se ve como el célebre vaquero del logotipo del Poney Express. Evolucionado. La Vespa da tanta agilidad a quien la monta, que uno se lanza al centro de la ciudad a hacer recados y se olvida de sus limitaciones. Esta mañana el Duende compró en Habitat cuatro Mini-Lecco, unas pequeñas estanterías para DVD y CD que, montadas a dos y colgadas en la pared, parecen un cuadro de Mondrian. Al Duende no le arrugan pequeños portes en Vespa, y confiaba en que, sobre la plataforma de los pies o prendidas con el pulpo, podría llevárselas a casa. Se las embalaron en la tienda, y, ensambladas en dos rectángulos de 56 cm. por su lado más largo, las metieron en dos bolsones de plástico que, obviamente, no cabían entre las piernas. Hacía toda clase de probaturas para el diabólico porte cuando dos señoras que le observaban atentamente se le acercaron y entre dulces titubeos le formularon  esa terrible pregunta que muy de cuando en cuando le enfrentan a la insoportable levedad de su ser.

-Perdone que le molestemos…¿Es usted doña María?

Era peor explicarles que su condición era la de un simple transportista, porque se hubieran hecho cruces de su desconocimiento profesional. Además, muy gentilmente le ayudaron a acoplar el cargamento. Finalmente, una de las bolsas viajó entre las piernas, sujetada cada una de las asas en un mango del manillar. Mientras que la otra, con las asas colgadas de los hombros a modo de mochila, reposaba de forma milagrosamente estable sobre el diminuto portaequipajes que prolonga el sillín de la Vespa.

En los discos, los automovilistas miraban el enorme logotipo de Habitat que lucía a su espalda y tomaban al Duende por un extraño motorista anuncio. Esta vez sus plegarias fueron atendidas, y finalmente la Vespa de doña María llegó a su destino con normalidad. No llevaba detrás a Audrey Hepburn, pero aunque el Duende tampoco es Gregory Peck se acordará de ella cada vez que saque un CD de las estanterías y ponga música para soñar.

Prats & Prats

Matias Prats padre e hijo

Erase una vez un Duende de siete añitos que las noches de invierno buscaba el calor en la chimenea de la casa de Jacinto. Jacinto guardaba la finca de la abuela del Duende, que fue señora de buen pasar, pero que pasó del todo antes de que naciera el Duende. Murió en 1943, y su nieto sólo la conoció en una foto enmarcada en terciopelo que descansaba encima del piano.  Su finca era preciosa. Sólo tenía la pega de pertenecer a muchos herederos sin el buen pasar de la Yaya. Eran otros tiempos. Un año se pifiaba la montanera. Al siguiente, el algodón. Después el tabaco. Luego las vacas. A continuación los melones, y las fresas. Entre medias, las sequías, varios ingenieros agrónomos en la familia, inversiones en maquinaria, los créditos de la caja de ahorros correspondiente y la muerte lenta de la explotación tradicional. Alguien dijo que si no se acababa con la finca se acabaría con la familia. Se vendió la finca y la familia, acostumbrada a encontrarse allí, se disolvió. Lo que más les unía era aquel campo de encinas tomillos y un buen regadío orillando el río Tiétar, con el pico Almanzor vigilando al fondo. El Duende entendió entonces el significado de los versos de Machado: todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar.

Pasaba el Duende, como decía, muchas horas en la casa de Jacinto. Y sentado en el escaño junto al hogar, imitaba las retransmisiones de Matías Prats, que para Jacinto era como la voz de Jehová sonando en un viejo receptor protegido por cortinillas. Se lo celebraban tanto como ahora el Candil festeja a la Clamores. Matías Prats era amigo y compañero del padre del Duende. Llamaba a casa a la hora de la siesta preguntando por él y le decían que había salido. Matías Prats Cañete -el hombre que un día, retransmitiendo una corrida, al ver que el toro había saltado al callejón dijo que había salido fuera de banda- no se inmutaba. Está bien -ironizaba- Cuando se despierte le dicen que me llame. Matías Prats, aparte de su excelente escuela, le transmitió a su hijo homónimo el sentido del humor.

Matías Prats Luque que era hasta hace unos años hijo de una leyenda, ha pasado a ser leyenda él mismo. Rara cosa en esto de la comunicación, donde resistir más de un año roza la epopeya y el éxito aburre hasta a quien se forra con ello. Matías Prats es periodista, como su padre, y posee una voz magnífica, como su padre. Pero además ha cumplido siete mil informativos en la tele. No provoca los mismos desmayos que. Clooney o Javier Bardem, pero tampoco conoce el Duende a nadie que le denueste, lo que en este país apasionado donde las flores se cruzan con las dagas voladoras es casi milagroso. Siempre bien vestido, correcto, pulcro y contenido en sus expresiones, controla perfectamente desde la emoción al sentido del humor, que administra con mesura para proteger su credibilidad. La gente, que a veces simplifica, suele creer que lo serio necesita ser pelín aburrido. Fuera del plató, Matías no lo es en absoluto. El Duende ha compartido con él bolos y puede dar fe de que podría ser un excelente actor de comedia. Probablemente en su fondo de armario guarda un batín tan elegante como el Cary Grant o David Niven.

El Duende querría imitarle ahora, como hacía antaño con su padre. Quisiera hablar como él, sin alharacas ni artificios, sin impostaciones ni sobreactuaciones. Y ser familiar para todos. Hace años, una señora se prendó de Matías de tal forma que, sin conocerle más que del televisor, le nombró su heredero universal. El Duende no aspira a tanto, y se conformaría con el legado de un pollino, una cuba de vino, un sillón de barbería, un futbolín donde gane el Atleti o un balcón en el Albaicín.

 Y si no le dejan nada, que le quieran casi tanto como queremos a Matías. Enhorabuena, amigo. ¿Sabes lo último? San Pedro está invirtiendo la leyenda. Y dice que la fama de aquél cordobés socarrón de gafas negras y fino bigote no le viene de radiar el gol de Zarra, sino de ser el padre de Matías Prats Luque.  

El marxismo de los huevos duros

Zapatero y Rajoy

Nos engañan nuestros dos principales líderes políticos que el nueve de marzo quieren ser presidentes. Nos engañan, que se lo dice el Duende.

El candidato del PSOE mantiene que el suyo es el partido del progreso, de la justicia y de la solidaridad. En él caben creyentes y no creyentes, judíos, moros -perdón por el palabro, apúntenselo a Américo Castro-y cristianos, empresarios, trabajadores, clases pasivas, jóvenes en paro, amantes de la micología o aficionados al macramé, pedagogos, comadronas, guardagujas, sexadores de pollos y poetas de toda laya. Vamos, todo el mundo. Ya no cita los principios ideológicos del partido, que desde Felipe González coinciden con lo que en Europa se conoce como la social democracia. Hace tiempo que el PSOE abjuró de ello, pero sin embargo Zapatero es marxista.

El candidato del PP asegura que será un presidente previsible, moderado, patriótico e integrador. Asegura que su principal objetivo será recomponer los desmanes cometidos por el que ha de ser su predecesor: los desmadres estatutarios, algunas leyes civiles que necesitan retoque, filtros a la inmigración ilegal, eliminación de la mamandurria selectiva que supone el canon digital, cambio en la política energética  e hidráulica, enésima reforma de la enésima reforma de la educación, inglés y tecnología desde la lactancia, más guarderías que bares,  letra para el himno de España, larga cambiada a la Alianza de Civilizaciones y, en lo referente a la economía, rigor presupuestario, control de la inflación, rebaja de impuestos, y estímulos a la productividad  para crear entre dos millones doscientos mil y N puestos de trabajo. Mariano Rajoy tampoco lo confiesa, pero bajo su piel de cordero  conservador o neoliberal hay otro marxista.

Ya se sabe que Karl Marx fue sepultado en el frío y oscuro mausoleo del olvido y la heterodoxia. Pero renace en todo su esplendor el abanderado del único marxismo que tiene hoy sentido. Vuelve para inspirar los programas políticos de iluminados y desesperados, de taumaturgos y de soñadores faraónicos. Con todos los honores, directamente desde el más allá, donde se aburría como una ostra, regresa para inspirar a  nuestros líderes el único, el inmarcesible, el incomparable Groucho Marx.

Una de sus grandes premisas ideológicas ya ha sido asumida por el actual presidente de gobierno. Estos son mis principios -dijo en una ocasión el insigne pensador del frac, el bigotón y el puro- Y si no le gustan, tengo otros.

La otra, formulada por su hermano Chico en la insuperable escena del camarote de Una noche en la ópera, está en las promesas electorales de ambos candidatos que se suceden día a día ofreciendo más y más. Estaban los hermanos Marx caninos cuando Groucho llama a un incauto camarero y le hace una comanda histórica. ¿Tiene zumos?…Pues tráigame de naranja, de piña, de lima, de pomelo, de manzana, de fresa…¿Bistecs?…Traiga uno semicrudo, otro poco hecho, otro  en su punto y otro quemado. ¿Huevos?…Traga unos fritos, otros revueltos, otros en tortilla, otros pochés…Y tras las retahílas de los zumos, de los bistecs o de los huevos,  remataba Gummo desde el interior del abarrotado camarote: ¡Y también dos huevos duros! ¡Y también dos huevos duros! ¡Y también dos huevos duros!…

Es lo que les falta a nuestros egregios vendedores de crecepelo convertidos en políticos en campaña para salir del armario y mostrarse como auténticos marxistas de nuevo cuño. Mañana uno de los dos prometerá Jauja, y el otro Eldorado. Y tanto desde la sede de Ferraz como desde la de Génova, resonará la coda burlesca del marxismo inextinguible: ¡Y también dos huevos duros!

La vara del fraile y la luz del Candil

  Hace muchos años, cuando la Orquesta Nacional tocaba en el Palacio de la Música de Madrid, se estrenaba una obra compuesta por un fraile. Él mismo la dirigía, y cuando con su barba y su vestidura talar subió al podium, y tras saludar se hizo el silencio y estiró la batuta para dar entrada a los primeros compases, una voz desde la platea gritó: ¡buen tiempo! Pasaron unos minutos hasta que se acallaron las risas y pudo empezar la música.

La voz del guasón evocaba el viejo barómetro de cartón en el que un fraile con un brazo móvil señala con un puntero una columna. En ésta,  de arriba abajo, figuran ocho pronósticos del tiempo atmosférico. Lluvia, Nuboso, Variable, Despejado… Siempre le hizo al Duende mucha gracia este primitivo barómetro del fraile que aún se puede encontrar en algunas ópticas o tiendas de aparatos de medición. Así que lo compró, lo maquilló levemente y se lo regaló a su amigo Miguel Ángel Fernández, alias el Candil de la sierra de nuestro blog, un  vitalista barcelonés que tras ser futbolista del Español,  próspero ejecutivo de una empresa de telefonía, y bastantes cosas más sufrió un infarto y fue intervenido en su corazón.

 Algo además de las válvulas pertinentes le implantaron entonces: Miguel Angel pensó que aquel jamacuco era un aviso del destino, y decidió cambiar radicalmente de vida abandonando la gran ciudad y buscando la tranquilidad del campo. Por entonces ya era el hombre afable y cariñoso, pero le debieron añadir caballos a su motor, pues desde aquel suceso se ha convertido en un obsesivo acumulador de afecto y de amistades. El maquillaje del barómetro aludía  precisamente a esto. El fraile, en lugar de pronosticar las variaciones de la atmósfera, auguraba  Amigos de siempre, Amigos del colegio, Amigos de Barcelona, Amigos de la radio, Amigos de Zarauz, Amigos diversos, Amigos recientes, Más amigos…Miguel Ángel cumplía cincuenta y cuatro años, y haga sol, frío, llueva o nieve, en su horizonte vital siempre habrá amigos.

Muchos de ellos fuimos convocados en su Posada de la Lola de Buera, provincia de Huesca, para un encuentro de esos que tanto se aprecian en España. Cocinar, comer,  beber, cantar, bailar y reírse fueron las ocupaciones básicas del fin de semana. Algunos de los llamados no se conocían de nada, pero la cordialidad del anfitrión hacía de mágico hilván para unirlos a todos en el deseo de corresponder a este exuberante exportador de humanidad que tanto disfruta con los amigos. El Duende, siempre escurridizo para ver paisajes nuevos, se escaqueó del programa y emprendió una larga carrera-caminata-marcha que le llevó por esos maravillosos parajes en los que se divisa al norte la sierra de Guara y, al fondo, algunas crestas del Pirineo nevado. Día glorioso de sol para disfrutar la intensa, paradisíaca soledad de estos campos de pan llevar: barrancos y laderas donde crecen almendros, olivos, encinas… Sus pasos le llevaron al santuario de santa María de Dulcis, una virgen que desde el siglo XVI cura tan enfermedades tan curiosas como el garrotín, viejo nombre de la difteria. Y finalmente a Colungo, otro pequeño pueblo encaramado en un cerro donde menos de cien habitantes tratan de mantener en pie las viejas nobles casonas que ya nadie habita. El desierto demográfico de nuestro campo, tan obsesivo para el Duende.

Antes, en el huerto de olivos que rodea al santuario, el Duende apuntó por curiosidad los nombres de las variedades de olivas que se dan por estos pagos. Royal, Negral, Alía, Alquezara, Gordal, Cerruda, Alquezrana, Neral, Piga, Arbequina, Blancal, Panseñera, Verdeña y Empeltre. Cuántos nombres que embellecen la jerga del campo. Casi tantos como los amigos de este Candil, al que Dios dé candela muchos años más.  

Los calzoncillos tampoco son lo que eran

Calzoncillos sin apertura

(Foto de Simpson Twin)

 Especulan las vecinas del Bloque los Arándanos sobre si el slip del famoso anuncio de Beckham tiene ventanita. A ellas en definitiva es probable que les de igual, pues van al bulto. Pero al que quiera imitar al ídolo comprando un modelo  de su marca no. Antes los calzoncillos podían ser largos (llamados marianos), tipo boxer o slip. Los había de algodón, de fibra, de punto, blancos, estampados, de colores…Pero a ninguno le faltaba lo fundamental, que es la apertura frontal. Elemental, querido Watson: ya lo decía el viejísimo chiste de la anciana madre superiora paseando con la novicia por el huerto. A la vuelta de un macizo de  rododendros sorprenden al jardinero aliviando la vejiga. ¿Ve usted, hermana? -le dice la monja veterana a la novicia- ¡Qué práctico  lo de la caña! La caña ha tenido siempre ventana donde asomarse, hasta que a alguno de estos genios que marcan tendencias decidió convertir al calzoncillo de toda la vida en una braga sin abertura. Cuántas estupideces se hacen en nombre de la moda.

Hace un par de años, cuando el Duende aún tenía algo que decir en RNE, les comenté a Capitán y al ciudadano García  su sorpresa al estrenar un pijama comprado -verdad que precipitadamente-en un centro comercial de la Gran Vía de Madrid. Fue al cuarto de baño y allí descubrió que no tenía bragueta. A Capitán y García, que son mucho más jóvenes y más modernos que el Duende, les sorprendía que tal cosa le sorprendiera al Duende. Venían a decir que eso era lo normal en las prendas más íntimas de la moda masculina juvenil. Santa Coloma parió por un deo, y no me lo creo, se dijo el Duende. ¿Acabarán haciendo también casas sin puertas ni ventanas, agujas sin ojos y rosquillas sin agujeros? A cuánta majadería lleva la modernidad.

Porque como el hábito no hace  al monje, y el monje sigue haciendo pis, lo que antes era un pispás se ha convertido en una compleja maniobra de varias fases. 1. Desabrochado de cinturón. 2. Bajada del slip/calzoncillo hasta por debajo del nivel oportuno. 3. Extracción de la cañita , que decía la madre superiora.. 4. Orientación de la misma. 5. Evacuación. 6. Restitución de todo lo  citado a su estado original.

La buena de doña María es una de las más críticas con este cambio, claramente a peor, en los calzoncillos de toda la vida. Según la Petri, vecina de los Arándanos que trabaja como señora de la limpieza en una discoteca, los propios jóvenes pasan tanta vergüenza en esta maniobra  que en lugar de hacerla a la vista de sus colegas que se cuelan en el de señoras buscando más privacidad. Y velay la poblemática, -apunta con su buen criterio-  porque si ya les cuesta apuntar a la taza cuando la cañita asoma por su ventanita normal, no veas cargados de copas y con esos calzoncillos sin bragueta. Lo dejan tó regao como con aspersor, ya te digo. ¡Y tó por esos calzoncillos de espaldas al pueblo!…

De espaldas al pueblo, esa es la clave. También en el Reino Unido la poblemática ha saltado a la BBC. Y Jeremy Paxman, su presentador estrella, ha criticado desde su programa Newsnight que los calzoncillos de Max & Spencer, que visten por dentro a uno de cada cinco británicos ya no son lo que eran, desatando con su pintoresca acusación un cataclismo en la empresa. A veces el mundo se complica la vida tontamente. Las ciencias adelantan que es una barbaridad, pero mientras que el millonario Richard Branson anuncia que usted podrá ser turista del espacio en unos años, los fabricantes de calzoncillos no dejan volar a ese pajarito polivalente que nos distingue a los hombres. Y la contradicción la resume doña María en su atinada jerga: desengáñate, Duende, que también en los calzoncillos se ve que eso del pogreso es mu correlativo. 

El extraño dolor de las siete menos cuarto

Dolor de pies en hospital 

(Foto de Angelant)

Se encuentra el Duende, y perdón por lo pretencioso de la comparación, como Jesús entre los doctores. O, más precisamente, como Sócrates: sólo se que nada se. Por lo menos, de lo que parece saber todo el mundo, que es de las matemáticas como soporte de cualquier relación lógica. Pensaba que, fuera de una apreciación cinematográfica,  el asunto del post de ayer iba a resultar de lo más espinoso y difícil de digerir. Y resulta que, sin que el Duende lo sospechara,  media nómina de lectores del blog lleva un Rey Pastor liofilizado en el bolsillo. Ha bastado que les ofreciera un caldo de cultivo y lo han soltado en él para que se desarrolle. Vaya chasco. Va a resultar que éste no es un blog para frivolidades y para la evasión. Esto es una academia de ciencias exactas.

¿Saben igual de todo? Porque el Duende quisiera consultar un fenómeno singular que lleva registrando en su pie izquierdo desde hace algún tiempo. Y como por lógica sólo cree en la causalidad, no duerme buscando su razón. Probemos si el blog también sirve de sociedad de socorros mutuos. Please, help the Duende.

Verán, muy a menudo, se despierta a las 6’45 a.m. con un agudo dolor en los dedos anular y corazón del pie izquierdo. Por cierto: ¿se nombran así a los dedos de la extremidades inferiores? ¿Incluso aunque no nos pongamos jamás un anillo, como en el correspondiente de la mano? Vayamos al grano: a esa temprana hora de la mañana un dolor intenso e inexplicable flagela esos concretos miembros de su añoso cuerpo. El Duende se despierta dolorido, se inquieta. Enciende la luz y no percibe a simple vista hinchazón alguna. Aprieta los dedos culpables entre sus manos y no percibe que aumente por ello la intensidad  del dolor. Éste es recurrente desde hace años. Aparece y desaparece como las caras de Bélmez, cuando le peta. Según Félix Bragado Mayol, gran amigo del Duende experto en bien vivir y doctor en mariscos, pudiera ser gota. Como la de Felipe II, o como la del abuelo Cebolleta, que aparecía siempre con el pie vendado. A él le ataca de vez en cuando en los dedos gordos de los pies, y dice que en tal caso hasta el peso de la sábana  le lacera aún más. Pero el Duende aguanta perfectamente el edredón, y no sufre más por eso. Además, no tiene problemas de ácido úrico, y apenas levantado de la cama el dolor desaparece. Sólo le deja la desazón de su  sinrazón.

Por lo que sufre el Duende es por no saber el origen de ese dolor fantasmal, y por qué para en él. ¿Es un alivio del cielo para ahorrarle el mal trago de asustarse con el despertador? ¿Es otro efecto del cambio climático? Hace unos días el Duende  vio una de las últimas fotos de la Duquesa de Alba, y pensó qué mala vejez la de la niña de El exorcista: ¿es un conjuro del  cirujano plástico de Cayetana por tan perversa asociación de ideas? ¿Es el símbolo de que, como a Unamuno, al Duende también le duele España, aunque sea sólo en dos dedos? ¿Es un estigma provocado por alguien que le malquiere y le hace vudú en la distancia? ¿Es una señal de que el gobierno cojea de su pie izquierdo, y por eso se ha decidido a ilegalizar a los amigos del ETA?

Señor, Señor…Haz que los sabios lectores del Duende iluminen su camino con su sabiduría. Acabará el Duende, si no, enmendando a su manera el celebérrimo soneto:

No me  mueve mi Dios nara quererte

el cielo que me tienes prometido.

Ni me mueve el infierno tan temido

para dejar por ello de ofenderte.

Muéveme, Señor,  que me despierten

dos dedos del pie izquierdo doloridos,

un tormento, un absurdo, un sinsentido

sin saber por qué sufro yo esa suerte…

Alex Hitchcock y el encanto de las matemáticas

Los crimenes de OxfordEl cine español pierde espectadores. Pero el Duende no cree que sus cineastas desmerezcan de las primeras figuras de Hollywood. Hace muchos años incluso las obras maestras como El verdugo o Bienvenido Mr.Marshall exhalaban ese tufillo especial e inconfundible de la producción nacional. Pero películas como Los otros, o Alatriste  dan otra medida de nuestro cine. Ya no es el costumbrismo lo que alimenta a estas estupendas películas, sino su excelente factura. Esa generosidad en la producción y esa destreza técnica que hizo grande -y casi insuperable- al cine americano de otras décadas.

El último ejemplo -no puede hablar el Duende de El orfanato, porque no la ha visto- es Los crímenes de Oxford, de Alex de la Iglesia, una hábil mezcla de suspense, filosofía, y matemática que exhala el perfume de una buena película de Hitchcock. Hasta su magnífica banda de sonido, firmada por un tal Roque Baños, recuerda a ratos la que compuso Bernard Hermann para Psicosis. Aunque ni siquiera el maestro fuera capaz de filmar un travelling tan espectacular como el que asombra en el primer tramo del film. (Más largo, creo, y bastante más complicado que el que abre Sed de mal, nada menos que de Orson Welles).  Sólo empalaga por exceso de retórica, que se hace aún más evidente por el abuso de primeros planos y largos parlamentos. Por lo demás, es entretenida, interesante e inteligente. Tan inteligente que nos pone en un brete a los que, como el Duende que suscribe, se estrelló siempre contra las matemáticas.

Aún no tiene claro éste si acabó entendiendo el teorema de Pitágoras. Ni el de Tales. Hace poco se quedó pasmado de que fuera noticia mundial que dos científicos chinos habían resuelto la llamada conjetura de Poincaré. Nada menos que un siglo y tres años tardó en resolverse la incógnita. Guiado de su buena voluntad, leyó con atención las explicaciones más didácticas de estos dos genios, pero no entendió una palabra. Lo cual demuestra que no todos los cerebros están igualmente equipados. El Duende procesa con facilidad las materias llamadas humanísticas, pero no entiende una palabra de las ciencias exactas.

Y le hubiera encantado: dicen que tras la música, como tras la filosofía, asoma la matemática. Si el Duende supiera algo de esta ciencia incluso entendería la astronomía, algo que le apasionaría. En sus grado más alto, hay quien apunta que la matemática también destila poesía pura. Ya lo decía en el siglo XIX el poeta Joaquín María Bartrina:

¡Y aún dirán de la ciencia que es prosaica!

¿Hay nada, vive Dios,

bello como la fórmula algebraica

S=PI R2?

Tenía sentido del humor el poeta catalán. Como Alex de la Iglesia, que enfrenta al protagonista con una Leonor Waitling maciza y explosiva y pretende que nos creamos que las matemáticas le interesan más.

 Pero es el cine, claro. Que si fuera como la vida misma, sería tan aburrido como al ignorante Duende le parecía aquella odiosa asignatura que siempre suspendía. 


Siluetas de RNE

Duendes suscritos:

Suscripción

Suscripción por email

Publicaciones:

PARAÍSO DE HOJALATA
Una Infancia de Hojalata

Ir directamente a

Blog Stats

  • 1,336,047 hits

A %d blogueros les gusta esto: