Mon ami Scott de Martinville

 Aún recuerda el Duende la primera vez que supo de Edison. Quizás en el cole, tal vez en unos tebeos de la época que inoculaban saberes del Readers Digest en viñetas ilustradas. Los había catolicones que miraban a lo trascendente –Vidas ejemplares, fundamentalmente las de los santos- o las que se centraban en la ciencia y la cultura, que se titulaban Vidas ilustres. En una de ésta aparecía la figura de Thomas Alva Edison: lo recuerda con el pelo blanco, su corbata de la época, acodado en una mesa en la que destacaba el altavoz de su célebre fonógrafo. El otro altavoz célebre de las infancias de color sepia era el de La voz de su amo, pero ahí en lugar de un inventor señero aparecía un perrito sentado seducido por la música. El Duende aún conserva, como una preciada joya, una cajita de hojalata en la que se vendían las agujas que necesitaban los pikúes para reproducir las grabaciones.

Le contaron una vez al Duende que todas las ondas sonoras emitidas sobreviven en el espacio. Imagínense la ensaladilla rusa de sonidos, el caos, el desmadre de voces y ruidos en los oídos de la divina Providencia. Los discursos de Cicerón, de Diógenes, de Hitler, las explosiones de Guy Fawkes en el parlamento inglés y los reventones del Vesubio que sepultaron Pompeya, el estruendo gozoso de las cataratas Victoria sorprendiendo al capitán Richard Burton, la jura de santa Gadea, la primera sonatina improvisada al piano por el pequeño Amadeus,  Federico García Lorca  recitando alguno de sus Sonetos del amor oscuro, el La-la-la de Massiel, los clarines que anunciaron el último tercio del toro Islero que apuñaló a Manolete, los mamporros de Manolo el del bombo, el ¡se sienten, coño!, los meteorismos de Napoleón -y de las vacas, que por lo visto son peligrosamente pedorras- y hasta los delirios de La verbena de la Moncloa, todos juntos y revueltos violando de forma inmisericorde el silencio astral. Qué espanto, menos mal que tenemos una capacidad auditiva limitada. 

Todo eso, claro, era teoría. En realidad las vibraciones sonoras se escapaban hasta que en 1878 vino Edison con su cazamariposas mágico y pudo registrarlas para el futuro.  Claro, que unos llevan la fama y otros cardan la lana. En esta obsesiva sociedad del conocimiento todo se investiga, y, a ser posible, se revisa. Acabaremos enmendando la plana a todo lo que nos contaron como historia, porque siempre hay algún curioso que huronea y no para hasta que le da una vuelta a la verdad oficial. Qué sinvivir. Ahora la Lawrence Berkeley National Laboratory, de California, le ha quitado a Thomas Edison su más preciada medalla.  Ha descubierto que no fue él, sino un tal Eduard-León Scott de Martinville  que ya en 1860 logró grabar por primera vez un sonido. Lo escuchó el Duende el viernes por la tarde en la radio.  Scott de Martinville fue un personaje inquieto, tipógrafo, investigador, escritor y ensayista, y dio con un aparato que llamó fonoautógrafo capaz de registrar el que, al menos por el momento, es el primer sonido grabado de la historia. Entre una maraña de chisporroteos se adivina a una voz femenina que susurra la conocida canción Au clair de la luna, mon ami Pierrot.

 Qué sorpresón para los sabios. Qué ternura, que un testimonio así cante al claro de luna y a la amistad. Pero, al mismo tiempo, qué falta de seriedad. ¿Se imaginan que de un humanista, pensador y escritor con la densidad del Duende sólo quedara Las muñecas de Famosa/ se dirigen al portal…? Bueno, pues no se engañen: así será, y eso si hay mucha suerte. Lo dice doña María, todo es mu correlativo. Sobre todo la historia, que,  además de mudadiza y tramposa, tiene predilección por la frivolidad.

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11 Responses to “Mon ami Scott de Martinville”


  1. 1 José Ramón marzo 30, 2008 en 2:03 pm

    A los que ya vamos teniendo “una cierta edad” poco a poco se nos van cayendo todos los palos de todos los sombrajos. Cada día se descubre una nueva mentira que nos enseñaron como verdad.
    A lo de Edison le añado lo de la jura de Santa Gadea, que también mencionas. El otro día dijeron en la radio que era una leyenda. Que era mentira. Vamos, que casi todo lo de El Cid es mentira.
    Y cada día me entero de una mentira nueva. ¿A mí qué narices me enseñaron?

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  2. 2 Adela marzo 30, 2008 en 7:15 pm

    Que quiere uno que se acuerden de su nombre o de lo que dijo o hizo?, parece importante estar en la historía escrita de los paises para tener referencias aunque suelo recordar más los hechos históricos que me parecen importantes o me han dicho que lo son y menos los nombres de las personas, al final cuando uno se muere me parece que el nombre se va con las ondas sonoras y los que le recuerdan son los amigos y la familia. Yo al Duende lo recordaré siempre por Doña María, espero no se moleste! 🙂 la vida es así, precisamente por humanista!

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  3. 3 Bob de Ca's Barber marzo 30, 2008 en 7:36 pm

    Si nos ponemos con las humanidades…tocamos un tema fabuloso, como la abeja que viaja en mi auto y por humanidad la dejo conoser otros territorios y polinisar otras margaritas,pero…poría ser que yo pase a la história por estamparme en los almendros ara que…voy tan despasito que me pararía justo. ¿Alguién sabe quien consiguió lansar un mensaje en una botella al mar con un deseo y que le contestasen ? idò yo sí, y lo he de desir porque parese increible! eso si que es el gran invento de la historia, fué un tal Herr Rot, disen los rondallaires que era de origen alemán. Herr Rot pedía en su mensaje, una casita con persianas asules, blanca y pequeña con un campo sembrado de amapolas. Que te parese!…pués que la botella navegó perdida muchos meses y…un día una Señora María resibió el mensaje, tenía esa casita con su marido Sebas y no podían cuidarla con el cariño que meresía, ya tenían mucho con cuidarse de ellos y una tia muy mayor, la questíón es que…el final del mensaje acaba en una mesa en la casita en un domingo de solesito con paella y vino y cava y Maria y su marido y una tia y Herr Rot y Sam y Trobat que son amigos no humanos y con rabo simpático de ese lugar 🙂

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  4. 4 Angelus Pompaelonensis marzo 30, 2008 en 8:32 pm

    Pero al bueno de Martinville, con toda su iniciativa y saber, le faltaba esa imaginación proyectiva (aunque sea sólo pecuniariamente hablando) necesaria para que un invento sea reconocido en este mundo mercantilista. Por eso se burló del invento de Edison, y de ahí los éxitos del americano.

    Duende, las ondas sonoras se amortiguan rápidamente y difícilmente irán más allá de la capa gaseosa que nos envuelve. Pero las ondas de radio, ¿quién sabe a dónde pueden llegar? ¿No habrá algún Alfacentaurita disfrutando, sin saberlo, de las admoniciones de D. Segundo y de la filosofía vital de Dª María?

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  5. 5 Julián29 marzo 30, 2008 en 9:10 pm

    Pues parece que el tal Edison no solo no inventó el gramófono, sino que la tan conocida bombilla incandescente tampoco fué inventada por él.

    http://www.microsiervos.com/archivo/ciencia/edison-no-invento-bombilla.html

    Casi mejor, hoy por hoy está muy denostada, y tras darnos luz más de cien años, ahora dicen que derrocha energía y que solo el 10% de ésta se aprovecha, y el 90% restante se convierte en calor…

    No, si ya lo dijo el tío Unamuno: “Que inventen otros”.

    Saludos.

    Julián.

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  6. 6 wallace97 marzo 30, 2008 en 11:39 pm

    Es exclusivo del ser humano el deseo de trascendencia, y también lo es la vanidad ¿No será porque el primero deriva de la segunda? Quizá si se eliminasen los espejos se barrerían de un plumazo todas las miserias humanas que derivan del individualismo a ultranza.
    Quzá podríamos entender la trascendencia como un modo de fundirnos con todos los demás en una entidad de rango superior, en una dimensión desconocida para la que actualmente existimos en modo de gestación. Podríamos al menos intuir que somos células de un cuerpo que se van renovando constantemente, y que no somos nada sin las otras células del mismo tejido, ni tampoco sin las de los demás tejidos.
    La vida es el estado embrionario de LA VIDA, y el tiempo es nuestro vientre materno.
    El feto, que es vida, ni siquiera es capaz de intuir lo que será fuera del vientre materno. Ni lo será nunca. Tendrá que dejar de ser feto.
    El ser humano, que es VIDA, ni siquiera es capaz de intuir lo que será fuera del tiempo. Ni lo será nunca. Tendrá que dejar de ser humano.
    ¿Tiene el ser humano necesidad de recordar sus sensaciones en el vientre materno? No lo sé. Lo que sí sé es que no tiene posibilidad, por lo que me da la sensación de que el Duende tampoco tendrá posibilidad de recordar, y seguramente tampoco tendrá necesidad de ello, si en este mundo hizo algo más que las muñecas de Famosa. Hoy por hoy, creo que es suficiente con que lo sepamos los que hemos deambulado por esta vida coincidiendo en el tiempo con el Duende, por lo que hemos tenido el privilegio de disfrutar de la retransmisión que hace de la observación al microscopio del resto de células coetáneas.

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  7. 7 Zoupon marzo 31, 2008 en 9:06 am

    Edison patentó más de 1.000 inventos, y según Asimov inventó el inventar por sistema, y ese es su logro principal.
    Así que aunque Edison se desvista de fonógrafo de seda, Edison se queda. Y sin salir en el Gran Hermano, mirusté.

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  8. 8 Ángela marzo 31, 2008 en 7:31 pm

    Nos encargaremos, Duende, de que no sea así. Si es que te sobrevivimos, que con esta vida sana y ordenada que llevas, es posible que seas tú el que nos entierres.

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  9. 9 Luz marzo 31, 2008 en 9:41 pm

    Qué parrafazo tan inspirado, qué bonita reflexión, wallace. gracias. y suscribo su contenido.

    yo también escuché la grabación amplificada y difusa de “au clair de la lune” en la rosa de los vientos de anoche. verdad o mentira, quién lo sabe, pero me creo el principio.

    bueno chicos-chicas/chicas-chicos. que os sigo siempre que puedo y os añoro.

    cuidaros y hasta pronto

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  10. 10 Angelus Pompaelonensis abril 1, 2008 en 12:36 am

    Fantástica alegoría, Wallace, mucho mejor que el mito de la caverna…

    Sólo una apostilla: parece ser que el bebé recuerda y conserva la voz materna percibida en el útero y -algo con mucha más trascendencia para la formación del intelecto- la primera secuencia binaria, patrón de dualidades, que comporta el ritmo cardíaco de la madre.

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  11. 11 wallace97 abril 1, 2008 en 8:55 pm

    Vale, admito la apostilla, Angelus Pompaelonensis. Entonces, para seguir el símil, habrá un estado de transición entre la vida y LA VIDA, cuando el Duende sea BEBÉ, en el que percibirá cómo le recuerdan los que aquí queden, pero al final, ese recuerdo, pasa al inconsciente (o a su equivalente allá), o desaparece, porque en esa fusión intercelular de LA VIDA importarán poco los detalles de la vida.
    Gracias Luz, y aparece más, anda.

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