…Y, para desengrasar, chocolate

Tableta de chocolate

(Foto de pablokdc)

No sabe el Duende por qué le gusta tanto el chocolate. Quizás porque fuera la golosina por excelencia en la España de posguerra, sobre todo si se hacía con azúcar refinada y no dejaba en los molares la desagradable sensación de que masticabas tierra. Cierto que en otro post se trató del tema, pero si dicen que todos los escritores  reescriben siempre su único libro, qué no va a hacer un chatarrero de observaciones. Pues eso: volver hoy sobre uno de esos placeres que la Iglesia de Roma nunca catalogó como pecado, por más que  le de a uno tantas satisfacciones como algunos de los que prohíbe el sexto mandamiento.

  Chocolate, chocolate, qué delicia. En las noches de orgía, el aprendiz de Duende, en lugar de soñar que perdía en la topografía rubia y exuberante del cuerpo de Anita Ekberg  o de Sofía Loren, que eran las tentaciones de la época, imaginaba que se podía despachar a solas una tableta de chocolate y almendra de Elgorriaga. Desgraciadamente, la ración de la merienda -pan con mantequilla y chocolate, era la oficial de su casa- era una onza, medida que, además de al chocolate, sólo ha visto aplicarse al oro. Y es que, en la escala de valores de entonces, el chocolate servía para calibrar la riqueza y, por ende, la felicidad. Uno lo asociaba al oro de Moscú, creía que  el tío Gilito acumulaba, sobre todo, chocolate y que algunas de las habitaciones del suntuoso palacio de los March en la calle de Lista estaba literalmente llena de chocolatinas, bombones y tabletas. Por cierto, este fin de semana un reportaje de EL MUNDO que firma Esteban Urreiztieta atribuía a un sicario del magnate mallorquín el asesinato del presunto amante de su esposa,  un joven apellidado Garau, que murió de dieciséis puñaladas en 1916. Y el Duende inocente, pensando que el mayor delito del financiero mallorquín sería acumular chocolate sin repartirlo con los chiquillos del barrio.  Además, una prima suya -del Duende, no de March ni del asesinado- llamada Pili, fue durante una breve etapa dependienta de una bombonería. Y desde entonces, la miró siempre de otra manera, como a una santa que hubiera estado en contacto con Dios, aunque la esencia de Dios fuera sólo cacao y azúcar. La imaginación infantil.

 Se ignora cómo era el chocolate de la casita que sedujo a  Hansel y Gretel, pero el canon chocolatero del Duende habla de un chocolate negro, con un máximo del 80% de cacao. Por encima de  ese porcentaje uno siente la boca como si hubiera engullido alquitrán. Le gusta tanto el chocolate que le sobran sus maridajes, aunque los soporta bien, y los agradece incluso, cuando son con frutos secos  y trufa oscura o praliné de café. No comparte en cambio el entusiasmo por el famoso After Eight, porque le sabe a relleno de pasta de dientes, y cree que la mayoría de las fórmulas sofisticadas que ha probado en las bombonerías de última generación no hacen sino estropear una delicatesse que estaba muy bien inventada.

 Forest Gump decía, no sin razón, que la vida es una caja de bombones, y a saber qué  depara el que tú eliges. El Duende se levanta todos los días implorando que no le toque el de licor, que es, a su juicio la mayor perversión  y la más desagradable sorpresa que puede ocultar una delicia.  Woody Allen metió en su infierno particular al inventor de los muebles de metacrilato, y el Duende añadiría al sádico que  profanó el chocolate  mezclándolo con marraskino, anisette o licor de café. Puaff, puaff…

 Pero no quiere extenderse en más atrocidades, porque llevaba muchos post en plan cursi o de pretendida trascendencia bucólico-sentimental. Y hoy, pásmense, traía a colación el chocolate, más que nada, para desengrasar…¿Lo entienden? 

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21 Responses to “…Y, para desengrasar, chocolate”


  1. 1 Angelus P. abril 21, 2008 en 8:47 pm

    Jorobas, Duende, que casi no me dejas terminar de leerte para correr a la cocina a caer en la tentación… Aquí, en mi zona de escucha de cierta radio, en las desconexiones suena una canción de apoyo a un “spot” que repite “chocolate, chocolate” cual papagayo, pero que no hace el efecto de tu evocación. Ya quisieran, ya. Si es que quien tuvo, retuvo…

    Oye, hablando de onzas (30 gramos) me pregunto si cada pastilla cuadrada de aquellas correspondería al peso de su nombre. Supongo que sería así, aproximadamente, con lo cual una tableta de 8 pastillas rondaría los 250 g. Pues mira, encaja.

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  2. 2 Angelus P. abril 21, 2008 en 8:51 pm

    Se me olvidaba lo del “desengrasar”. De acuerdo, en todos sus sentidos, tanto temáticos como del mundo de la restauración. 😉

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  3. 3 Julio abril 21, 2008 en 9:37 pm

    El Duende y el Padre Bonete deben de tener gustos similares. Esta tarde se le ha podido ver en el bautizo de un “Conejito fetiche” y dicen las buenas ‘lenguas de gato’, que el reverendo acabó con todos los bombones del bautizo.

    Véasele en el momento de poner nombre al conejo.(No se permitió la entrada de cámaras al festejo que tuvo lugar a continuación en un salón privado.)

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  4. 4 José Ramón abril 21, 2008 en 10:40 pm

    Aquí otro loco del chocolate, que tampoco disfruta con el After Eight.
    Sí me gusta el chocolate con naranja, pero pienso como el duende: Si ya es sublime el chocolate-chocolate, ¿para qué andar mareando?

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  5. 5 lola abril 22, 2008 en 6:24 am

    Aquí la chocolatera mayor del reino.
    Mi relación con el chocolate es muy especial, de amor-odio. Me gusta tanto, que en mi casa está vetada su presencia, salvo excepciones. Como me resulta imposible no repetir la operación una y otra vez, de sentir como se funde en el paladar y va desperatando todos los sentidos con su delicioso, exquisito e inconfundible sabor, la única manera es odiarlo, torturándome al recordar las agradables visitas al dentista y la apareción de algunos gramos de más.
    Ahora, eso sí, puro chocolate, nada de rellenos. A mí tampoco me va el después de las ocho.

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  6. 6 joce abril 22, 2008 en 9:01 am

    Me gustaria saber que le parece al duende la campaña de chocolates valor “pacer adulto”…
    Cuando yo tenia diez años fui a unos campamentos en francia. Como me gustaba tanto el chocolate y nos daban solo tres onzas, fui a la despensa y robe una tableta. Me la meti debajo de la ropa y cuando salia, uno de los monitores me cogio de la mano y me dijo: corre que va empezar la velada. Era el mes de julio, hacia 30 grados y la velada empezo a las 8 y termino a las 11. El monitor no se despego de mi lado y yo notaba como se iba derritiendo el chocolate… nunca mas he vuelto a delinquir.
    Duende no me corrijas el texto, el enemigo teclado no me deja poner acentos, convierte los paretesis en signos de interrogacion y los signos de interrogaciçon en lo que le da la gana. Ejemplo: sofocçon. ¨¨Alguien me puede ayudar+

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  7. 7 Trini abril 22, 2008 en 9:15 am

    Comparación precisa, la de la pasta de dientes y el After Eight, porquería donde las haya, sólo comparable a la tarta de ruibarbo, otra que tal… Al negro (a mí me gusta el de 90%, qué se le va a hacer) y como una viene de tierras muy frías, de las de las cosas claras y el chocolate espeso, yo le añadiría como pecado de gula mortalísimo precisamente ése, como lo hacía su abuela, en proporciones muy sabias de leche y agua: y a cucharadas, ni churros, ni nada que disfrace sabor y textura bien conseguidos. Me pregunto si el corazoncito publicitario del Duende estará de acuerdo conmigo en el acierto de cierto anuncio que juega a la ambigüedad de entreverar la gula con otro pecado capital al que el Padre Bonete ataca tan frecuentemente…

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  8. 8 alfonsina abril 22, 2008 en 9:17 am

    Queridísimo duende,
    te recomiendo el chocolate NewTree que puedes encontrar en Embassy. Tuve la ocasión de hacer una “cata” en un Salón del Gourmet y me quedé enloquecida con los sabores y las calidades. No quiero ni contarte como son sus dos versiones, en bote, de chocolate para untar o fundir. Sin palabras.
    Besos con teobromina.

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  9. 9 Palinuro abril 22, 2008 en 11:13 am

    Otro que se apunta al chocolate con mucho cacao y cuantas menos impurezas (almendras, menta, etc.), mejor.
    Dice el diccionario que una libra se divide en 16 onzas. Recuerdo que el chocolate de nuestra infancia se vendía en tabletas de 8 onzas a las que se llamaba media libra.
    Ingerir chocolate no lo considera nuestra santa madre Iglesia pecado, pero proporcionando tanto placer es raro que no lo sea. ¿Recordais aquella película francesa con este nombre que revoluciona a un pueblo francés de principios del XIX con la fabricación e introducción del chocolate? Recomendable para los chocolateadictos.

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  10. 10 Zoupon abril 22, 2008 en 12:02 pm

    Dirá el Padre Bonete que el chocolate no es malo de suyo, pero él sabe que a tal afirmación llegó la Iglesia después de no pocas discusiones en las que llegó a intervenir el Papa. Ya se sabe que todo lo placentero es mirado por los prelados con prevención y recelo, por lo menos de puertas afuera.
    Han descubierto que el chocolate es eficaz contra la depresión. ¡Coñe, menudo descubrimiento!, eso lo sabemos todos desde niños.

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  11. 11 espía abril 22, 2008 en 12:54 pm

    Mucho viciosillo es lo que hay por aquí. Claro que no es malo de suyo el chocolate, ya lo dice el padre Bonete, ni malo de mío, por eso yo sí puedo disfrutarlo, pero es malo de tuyo, con lo cual tú no debes comerlo, y si lo haces te remorderá la conciencia, y ya sabes, un segundo aquí, un minuto aquí y toda la vida aquí. A buen entendedor…

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  12. 12 Palinuro abril 22, 2008 en 1:36 pm

    Fe de erratas: la época en que se sitúa el pueblo francés donde se desarrolla la película “Chocolate” es principios del S. XX, no del XIX.

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  13. 13 lola abril 22, 2008 en 2:10 pm

    Palinuro, una película que te deja un sabor de boca dulce si tienes chocolate a tu disposición, o amargo, si te ha terminado.

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  14. 14 begoña abril 22, 2008 en 3:32 pm

    Chocolate ¡Hummmmm! Me vuelve loca, mucho más que los bombones (chocalitines, que decía mi madre). Siempre lo tengo en la nevera, seguro que más de uno piensa que es un error, pero a mí me encanta que cruja. Si el chocolate desengrasa el colesterol y engorda los michelines, ¿cuál es el siguiente paso?
    Lo de la sobredosis de colesterol no era un reproche, disfruté como una enana comiendo lo que yo misma me prohibo.
    Gervasio ¡cómo te gusta jugar al despiste!

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  15. 15 julian29 abril 22, 2008 en 4:32 pm

    Tanto me habeis tentado, que no he podido menos que comerme un par de bombones. El chocolate me domina. Mi sueño, de pequeño, era tener suficiente como para poder comerme una tableta entera de chocolate cada día. Especiealmente el chocolate Valor con almendras. Teneis que probarlo, si no lo habeis hecho.Ahora que teoricamente puedo, los kilos y el colesterol no me lo permiten…

    Me gusta solo, con leche, con almendras, avellanas, cacahuetes, naranja, nougat, nueces, tofee, pistacho, en turrón, como nocilla para untar, en cola cao para beber, en chocolatina, como relleno de galletas……….

    Comparto el sentimiento de muchos otros que no les gustan los After eight. Los encuentro muy empalagosos, muy “british”.

    Recuerdo bien aquellas pastillas de chocolate Mayo, que se utiliraban para rayar y fundir para conseguir el chocolate hecho, que se comía con pan tostado al fuego, con ese característico olor, ¡Uhmm!

    Me voy a por dos bombones mas.

    Adieu.

    Julián.

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  16. 16 Marina abril 22, 2008 en 4:45 pm

    Cuando yo era pequeña, aparte de esperar con impaciencia el día de la semana que me daban la jícara de chocolate para comérmelo en la merienda, la esperaba con ilusión para mirar la estampita que traía la tableta entre el papel plateado y el envoltorio. Eran maravillosas a mis ojos. Las coleccionaba y las miraba una y otra vez.
    Mas tarde me ocurriría lo mismo con los cromos. Tenia cromos en una cajita que no me importaba jugar con ellos y perderlos, pero había otra cajita con los sagrados, impecables e intocables.
    Me sigue gustando mucho, mucho el chocolate pero, al contrario que a la mayoría de vosotros, me gusta con casi todos los productos que le quieran poner. Mm…¡bueno no, con menta no me gusta!

    ¡¡FELICIDADES A LOS “MARCHOSOS”!! A ver si quedáis otra vez mas al sur y nos vemos. Seria estupendo y muy deseado. Besos a todos 🙂

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  17. 17 Bob de Ca's Barber abril 22, 2008 en 5:51 pm

    Idò yo aún saboreo una torre dorada llena de pastillitas diferentes de xicolate de Lind, que han traido las xicas de Ca’s Barber del aropuerto!! Mumareta meua!! son tantos sabores que alusino y ensima como son pequeñitas idò pueres estar todo el dia comiendo y no pasa nada !!
    y…como es que lo que venden en los aropuertos no lo encuentras en el mercadona? Ja ho val!! es una delicatisia !!! :), Aún llevo la camiseta! ara me queda mejor que sa estirao!! 🙂 voy muy alerta a ensusiarla!!! 🙂

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  18. 18 Charivari abril 22, 2008 en 6:46 pm

    Me encanta el chocolate, cuanto más negro mejor (¿esto será políticamente correcto?). El blanco ni probarlo, no me gustó nunca, ni de niña. Vengo comprobando que cuando meriendo chocolate a la taza -que suelo tomar dos- no me duermo hasta las tantas de la madrugada sin experimentar por ello desazón alguna, es decir, que me afectan sus propiedades alcaloides pero me da igual ¡es tan rico!
    Tengo un amigo que remata sus cenas con algo de chocolate, a tal grado llega este ritual que durante la Cuaresma (es religioso convencido) su penitencia es no probarlo.

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  19. 19 Paloma abril 22, 2008 en 8:42 pm

    Yo recuerdo que cuando era pequeña y no tenía para comprarme chocolate, le pedí a mis padres que en mi santo me dieran dinero para comprar mucho chocolate a ver si de una vez por todas lo aborrecía, pero no hubo manera, me compré chocolate de todas las maneras y no lo aborrecí.
    Ahora mismo estoy a regimen y me estais poniendo los dientes largos con tanto chocolate. Bueno, mañana miro a ver si lo encuentro sin azucar. Besos a todos

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  20. 20 Angelus P. abril 23, 2008 en 1:24 am

    Paloma, me temo que sin azúcar, y dulce, dejará de ser chocolate. He tenido que interrumpir la lectura para ir a buscar un par de pastillas (ya no onzas como aquellas de Pedro Mayo) de chocolate del negro al 75% de cacao. El chocolate tomado con menta después de las ocho me produce ardor de estómago, pero el negro este resulta tonificante al anochecer.

    Espero no pringar el teclado. A propósito, Joce, mira en el Panel de Control si tienes configurado el teclado como español (alfabetización tradicional o internacional) o como armenio.

    En mi niñez, aquel chocolate Orbea traía entre el papel parafinado y el envoltorio unos minicuentos cuyo contenido he olvidado, pero que eran un gran reclamo publicitario para un futuro lector empedernido…

    Begoña, me parece que la absolución que necesitas sólo te la puede dar el mismísimo D. Segundo en persona. Y a Julián, bueno, una buena penitencia ya le impondrá, no por la chocogula (el que esté libre de pecado…), sino por quebrantar su promesa de abstinencia durante no sé cuántos días, que hay testigos. Y, si no, que hable el espía.

    Bob, que nos tienes un poco abandonados. ¿No habrás crecido hacia adelante con tanto dulsesito sin control (buey suelto, ya se sabe) en este finde y por eso no alcanzas las teclas?

    A riesgo de enrollarme demasiado, quiero contaros una anécdota del fundador de la orden claretiana, S. Antonio Mª Claret. Invitó a merendar chocolate a su amigo el filósofo Balmes, y aquel día, al ser preguntado, Balmes aseguró que el chocolate estaba “Claret i Clará, como Su Reverencia”. El prelado debió de recoger el mensaje, y en la siguiente oportunidad, la respuesta que obtuvo fue que el espeso chocolate estaba “excelentísimo y reverendísimo, como Su Eminencia”.

    Me pregunto si el P. Bonete no será también de la misma Orden…

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    • 21 manuel junio 21, 2010 en 1:07 am

      conservo algunos de esos minicuentos con todo esmero…

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