La “poblemática” del señor barón

 

Hay aristócratas para todo. Cuando Berlanga presentó  en su Escopeta Nacional a aquel marqués de Leguineche que coleccionaba pelos de pubis femeninos, no inventaba nada. Muchos años después cayó en las manos del Duende  un libro presuntamente autobiográfico de un señor llamado Ricardo Soriano. Este caballero, marqués de Ivanrey, un aventurero inquieto, rico y vividor, fue al final de sus días uno de los descubridores e impulsores de Marbella. Y con la misma naturalidad con la que, a través de la pluma de la periodista Ana María Mata relata sus iniciativas turísticas y empresariales, no tiene el menor recato en confesar que él era el creador y propietario de esa pintoresca colección. No se deduce de sus palabras que le pareciera nada excepcional, sino tan normalita como la de un filatélico o un numismático. Hay aristócratas que , efectivamente, parecen de otra pasta que el resto de los mortales.

 No pertenece a esa clase el barón de Cap Llentrisca, amigo del Duende y comentarista eventual de este blog. Quizás `por no poder probar  el origen de su baronía, o por pertenecer a la nobleza del reino de Redonda, como ya apuntamos en su día, el caso es que, conservando algunos rasgos de la más rancia aristocracia europea, sintoniza con el pueblo en la apreciación de algunos problemas que podrían ser denunciados por doña María. Ha seguido las chácharas de esta buena mujer durante años, pues la escuchaba a través de la radio de su Jaguar mientras su mecánico -que no chófer ni conductor- llamado Vidal  le llevaba a su despacho cada mañana. Pues bien: según le confesó a este Duende, el barón estaba estupefacto de que la sagaz crítica  de las pequeñas miserias humanas no hubiera denunciado el problema que refirió a continuación.

 Ocurrió que aquella mañana Vidal libraba, por lo que el señor barón tuvo que ponerse al volante. A mitad de camino, aparcó el coche, sacó su teléfono móvil del bolsillo y marcó un número. Necesitaba hablar por teléfono con Mrs. Gladys Summerbee, subdirectora de la famosa joyería  Tiffany´s, de Nueva York y encargada de confirmarle que el collar de diamantes que pensaba regalar a la baronesa por su aniversario -no digamos cuántos años, no la jodamos- estaba listo y le sería enviado por mensajero a su despacho, previo burofax confirmando la transferencia de su importe.  También ocurrió que, a mitad de conversación, el aparato, un terminal extraplano de última generación, se le resbaló y fue a parar a ese espacio inalcanzable que media entre el asiento del conductor y la caja de cambios. Lo cual ocasionó, primero, que el señor barón se desollara la mano al desafiar la impenetrabilidad de los cuerpos sólidos intentando atrapar con la yema de sus dedos, empeño imposible. Segundo, que la llamada le costara casi tanto como el collar, pues él no podía colgar, y, por otra parte, no quería decirle a Mrs. Summerbee que colgara ella para no parecer un roña o un mal educado. Y tercero, que, de vuelta a casa y recuperado el ingenio con una de esas largas tijeras prensiles que se utilizan en la cocina, le entrara  un ataque de nervios pensando que una gilipollez como el pésimo diseño interior de su coche le hubiera hecho casi perder la mano y, desde luego, tantas horas de su valioso tiempo. ¡No sólo es de espaldas al pueblo –se lamentó airado- sino también de mí!

 Doña María mantiene que el señor barón tiene toda la razón. Y además añade que los nuevos coches ofrecen cantidad de chorradas innecesarias sin haber resuelto cosas muy sencillas. Por ejemplo, distribuir por igual el calor y el frío entre asientos delanteros y traseros y conseguir que los que viajan atrás  no tengan que desgañitarse a voces para que les entiendan el piloto y el copiloto. ¿Un nuevo diseño acústico del techo? ¿Una instalación de micrófonos interiores?…Pues que se estrujan las meninges los del Salón del Automóvil, que aunque doña María ya no es lo que era el barón de Cap Llentrisca está dispuesto a tomarle el relevo.

 

 

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23 Responses to “La “poblemática” del señor barón”


  1. 1 Jesus abril 29, 2008 en 6:02 am

    Hola, y buenos dias ya hace tiempo que sigo sin aclarar mi situacion como radioyentemediotontomedejaron con los cambios menos mal que me quedo este blog, respiro gracias nuevamenteeeeee, soy el que se aclara poco con el ordenador y tambien me callo una moneeda al lado del freeno en un semaforo que le pensaba dar a un chaval por la sucia que armo en el parabris y se armo la de dios cuando el semaforo mandaba pasar y yo con la jodida mano metida en la ranura tocando la moneda, me aparte despues de la piteria que se armo y bronca cada vez que pasaba un coche.

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  2. 2 lola abril 29, 2008 en 6:08 am

    Desde luego, las poblemáticas del señor barón deberían tenerse muy en cuenta porque ¿a quién no se le ha perdido algo en su propio coche? ¿Existe una oficina de reclamación de objetos perdidos en el coche propio?
    Aquí la reina, con unas poblemáticas más de pueblo estuvo buscando durante horas la lentilla de su actual marido, también en el coche. No recuerdo ahora mismo la marca, no, pero un Jaguar no era, de eso estoy segura, creo que era un Renault 4, su primer coche. De esto hace ya más de veine años. Conduciá el rey, porque a la señora nunca le gustó conducir y menos con un cambio de marchas tan particular. Ya se cargó el palier con sólo cuatro meses de vida, nuevesito y tuvo que llevarlo a reparar, desesperá estaba, con el trabajito que le costó comprarse un coche nuevo. La llamaban Sor Lola, qué graciosos todos, nunca entendieron que se comprase ese coche porque era el más barato del mercado. Y menos mal que a fuerza de insistir y reclamar por escrito al concesionario que se lo vendió, consiguió el color que desde un principio quería, blanco. Años después desconozco por qué el aquel simpático vendedor se empeñó en que el color amarillo del cuatro latas iba mejor con su personalidad.
    El caso es que aquélla tarde se quedaron sin ir al cine, la lentilla se resistía a aparecer y todavía no entiende cómo es posible que al girar el volante mientras se está aparcando, salte una lentilla del ojo y desaparezca en el interior del coche.
    El resultado de toda la operación fue una lentilla perdida, una tarde sin cine y una bronca interminable por su parte. Ya se estaba planteando no sólo cambiar de coche, sino también de novio. Al coche le hizo más de doscientos mil kilómetros y el novio sigue siendo su marido.
    Además de las sugerencias del Duende a los fabricantes de coche, se me ocurre otra a mi juicio importante. Digo yo, ¿para cuando coches automáticos p’al pueblo?

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  3. 3 maribel abril 29, 2008 en 6:48 am

    hola a los duendeadictos!!!! la verdad esque se trata de una poblematica” muy real jajajaj….besos a todos!!!

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  4. 4 Zoupon abril 29, 2008 en 9:16 am

    Estimado Sr. Duende:

    Quiero pedirle tres favores:

    Primero, no se meta con los vehículos de esa marca, porque funcionan todos divinamente.

    Segundo, absténgase en lo sucesivo de airear los pequeños percances de la nobleza patria (aunque la baronía sea el estadio inferior), que constituye el espejo en el que el pueblo debe mirarse, y además sus miembros son todos amigos míos.

    Tercero, dígale al señor barón que tener un mecánico que se llama Vidal es una perfecta ordinariez, habiendo Bautistas a puntapala.

    Su seguro servidor,
    Josemi Rguez. Sieiro.

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  5. 5 Cap Llentrisca abril 29, 2008 en 11:34 am

    Gracias mil, querido Duende por hacerse eco de mi denuncia, compartida, como habrá visto por otros lectores de su página. Veo que, aunque doña María no está muy activa, su espíritu reivindicativo sigue en vigor. Un ruego, sin embargo: no vuelva a poner en tela de jucio mi baronía (ni menos aún con v): esta mañana al entrar en el Eubusus (esto es “pa” nota), algún Tur de Montis me dijo guasón: “Oye Cap llentrisca que parece que el tuyo es de aquellos de pega”. Y esto, no, esto no.

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  6. 6 Bètes en sauce abril 29, 2008 en 11:40 am

    Duende la solución es tan sencilla como poner unos faldones de gomaespuma que cubran el hueco entre el asiento y el encaje de la palanca de cambios y que se desplace con el primero. Además, caben vistosas combinaciones, verbigarcia, que el asiento es azul marino, la gomaespuma amarilla, que el asiento es crema, la gomaespuma, chocolate… Estoy seguro que a Braulio se le ocurrirá el modo de ejecutarlo, pero le recomiendo que antes de divulgarlo registre su invento en la Oficina de Patentes y Marcas para que no se lo explote un fabricante sin escrúpulos.

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  7. 7 José Ramón abril 29, 2008 en 11:57 am

    ¡Qué buen coche es el Jaguar! Yo lo tengo para los lunes.
    Sr. Barón: No sé si soy merecedor de nota; supongo que no, porque para mí Eubusus es Ibiza, y no le hago, señor barón, en un automóvil tan modesto.
    A mí se me metió el otro día un “conguito” justamente en ese hueco entre el asiento y la palanca de cambios, y ahí debe de seguir. Quién sabe qué fauna estará acudiendo a él, y en qué estado se encontrará. Y no lo veo. Nada.

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  8. 8 Paradox abril 29, 2008 en 12:02 pm

    Se me hace extraño en tan singular personaje la no instalación de un sencillo sistema de manos libres con lo cual evitar estos pequeños problemas y a la vez, evitar la posible multa de la Benemérita.

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  9. 9 Cap Llentrisca abril 29, 2008 en 12:11 pm

    Bien, José Ramón. Veo que hoy la cultura está al alcance de todo el mundo, y, en efecto, Eubusus es el nombre latino de Ibiza. Pero habrás de saber también, hijo, que es el nombre del casino de Vila (es decir, la ciudad de Ibiza) donde nos reunimos lo poco que queda (de lo poco que hubo) de la nobleza isleña.

    Esto de que la cultura está hoy al alcance de todos, me recuerda una anécdota, creo recordar que de Crsitina Montojo, una de las primeras y distinguidas damas que vino a veranear a la isla por los años 30, y madre de dos simpáticos escritores que publican hoy en los diarios pitiusos (Jorge y Lucía). En los últimos años de su vida, y después de muchos de ausencia de las playas ibicencas, pidió a sus nietos que la llevaran un domingo a Cala Comta. Quedóse horrorizada al ver aquellas multitudes en una playa donde nunca habia habido más que “los de siempre”, y exclamó. “Desde que han enseñado a nadar a todo el mundo, esto se ha vuelto insoportable”!

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  10. 10 lola abril 29, 2008 en 2:07 pm

    Bète en sauce, puede pensar que “je cherche la petite bête”, pero creo recordar, Mon Dieu, que je suis bête! que a su “è” le falta un palito en la tête.

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  11. 11 Marina abril 29, 2008 en 4:28 pm

    No es por desanimarle antes de empezar señor barón pero un noble como usted, aun siendo del reino de Redonda,(por el espíritu de igualdad de la mesa del Rey Arturo,digo) nunca podrá denunciar las poblemáticas en las que doña María pone el dedo.
    Para empezar-y perdóneme la libertad- yo le recomendaría que el Jaguar lo dejase más veces aparcado y a su mecánico limpiando tuercas y que cogiese el bus, metro, taxi.. o incluso una vespita, como el Duende. Así, al menos, vería “las realidades de este mundo” más despacio y con mas detalle para poder denunciar otras poblemáticas más de todos, no tan frivolas -perdóneme de nuevo-como…simplifiquemos, el poco espacio de su Jaguar.
    Aun así, lo que yo creo es: que para poner el ojo tan bien puesto en “los cotidianos” hay que ser mujer.:)
    Por ello: reivindico que el Duende deje este espacio a nuestra añorada doña María al menos una vez al mes para que hable con nosotros ahora que podemos ya que en la radio solo lo hacia con Julio y nosotros nos limitábamos a escucharla. Podríamos hasta consultarle cosillas.
    Señor Duende:¿sería mucho pedirle que lo hablase con ella?…quizás esté muy ocupada

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  12. 12 Bêtes en sauce abril 29, 2008 en 4:44 pm

    Gracias, Lola, fue “une faute de frappe”

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  13. 13 Cap Llentrisca abril 29, 2008 en 4:48 pm

    Coincido con usted, querida Marina, en que doña María hacía mejor estas denuncias y reivindicaciones porque estaba más concienciada. Al Duende le encuentro yo últimamente muy “snob” (sine nobilitate) y como que busca el roce con nosotros los “nob” ¿no cree usted?

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  14. 14 joce abril 29, 2008 en 8:15 pm

    Me voy a poner feminista. ¡Qué fácil para los hombres tener el coche limpio y reluciente, y que imposible para las gladiadoras del hogar!. Si yo fuera del trabajo a casa y de casa a jugar al tenis, sería otra historia. La última vez que limpié el coche, me encontré un bote de champú familiar y una lara de tomate. Y a una prima mia le salieron varias plantas en el maletero, que en primavera incluso echaron flor.

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  15. 15 José Ramón abril 29, 2008 en 10:35 pm

    Discúlpeme, señor barón, por mi osadía. Yo, ignorante pero con ese prurito absurdo de cultura que tenemos los recién llegados, y que no hace sino estorbarnos y confundirnos en un estéril “quiero y no puedo”, interpreté su expresión “esta mañana al entrar en el Eubusus…” como “esta mañana al entrar en el Seat Ibiza…”, lo que resulta imperdonable. Tuve que intuir que no era eso. Lo hubiera intuido de haber tenido un poco más de tacto y de criterio. Cuán diferente de “esta mañana al entrar en el selecto casino Eubusus…”
    Tiene usted (¿se le puede tratar de usted?) toda la razón: La plebe lee, e incluso opina, y habla de lo que no sabe. Y eso está mal, porque o se es o no se es. Quedarse a medias es serle infiel a la propia clase y no estar ni en Pinto ni en Valdemoro, y amargarse la vida estérilmente.
    ¡Cuánto debemos aprender! ¡Cuánto necesitamos de su ejemplo!

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  16. 16 Julio abril 29, 2008 en 10:59 pm

    No era mi propósito codearme con la nobleza ‘baronil’, pero con la cuestión del acento ‘grave’ o ‘circunspecto’ de su nombre (`^) y su singular y su plural de su ‘bête’ o de sus ‘bêtes’, me hago un lío con transcripción fonética de su apellido. Pues si hago caso al señor Duende, que (se)’es-conde’ en este bosque, no sé ya si usted es de Betesanzos o de Betanzos:-(

    Perplejo estoy.

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  17. 17 Marina abril 29, 2008 en 11:42 pm

    Estoy muy de acuerdo-sin que sirva de precedente- con usted señor barón. Un primer paso para pasar de”snob” a “nob” que sí que conlleva nobilitate, seria dejar paso a mejor vehículo.
    Como el señor Duende ya canta en un coro, frecuenta la institución sagrada. Obligación que supongo unida al cargo.
    Yo propondría el titulo de barón de Bonete. Pieza esta antigua y muy unida al susodicho.
    Otro titulo que creo seria oportuno y perdone mi atrevimiento, seria barón de Santa María.
    Pero ¡que sabremos el pueblo llano de reyes y nobles que todo lo hacen de espaldas al pueblo!

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  18. 18 Bête en sauce abril 30, 2008 en 5:29 pm

    Para Julio:

    ¡Qué nivel Peñafiel!
    (que diría el señor barón).

    Tiene usted mucha razón,
    si hacemos la “liaison”
    (y va el segundo pareado).

    Corrijo el plural y
    saco el puñal:

    ¿Qué indiscreta información
    permite a su señoría
    relacionar a la mía
    con el citado barón?

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  19. 19 Cap Llentrisca abril 30, 2008 en 5:35 pm

    Cierto, cierto, José Ramón. Veo que va usted por buen camino. Sigamos con este roce blogístico y algo sacaremos en claro.

    En cuanto a Marina, cierto también que el Duende merece un título, pero Bonete me resulta un poco irreverente. Si empezamos así tendríamos un marqués de la Casulla, un conde de la Estola… Y esto no, esto no.

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  20. 20 Julio abril 30, 2008 en 10:25 pm

    Le confieso que, perplejo,
    con tanto ‘barón’,tanta ‘bête’,
    me siento muy circunflejo
    (respecto al puñal)
    si me decuido, me lo mete.
    (el puñal, claro)

    Lo de ‘indiscreta información’,
    no es invento mío, monsieur ‘Bête’,
    tampoco del santo ‘barón’
    (-voto a bríos-)
    sino del reverendo Bonete.

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  21. 21 Bête en sauce abril 30, 2008 en 10:35 pm

    Pues con esto y un biscuit
    hasta demain a las huit

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  22. 22 lola mayo 1, 2008 en 11:03 am

    Mi querido señor Bête En Sauce, permítame que le introduzca en el modus operandi de este bosque, debería usted saber que pertenece a los duendecillos.

    El título de barón que dice poseer, no es suficiente acreditación que le permita pasear por esta propiedad. Se lo dice Su Majestad la Reina de Francia, título que no me ha sido otorgado sino que viene de familia. Me parece querido barón, que no ha respetado el protocolo requerido para la ocasión, a saber:

    ¿Comenta usted con suficiente regularidad en este blog?
    ¿Se ha puesto en contacto con mi secretario, Julián, y le ha facilitado la información necesaria para poder disfrutar de este paisaje?
    ¿Por qué no acudió a La Pedriza acompañado de exquisitos manjares?
    ¿Temía que el pueblo llano pudiera contagiarle un exceso de buen humor?
    ¿Posee la camiseta marca de la casa que le distingue como miembro honorífico de esta hermandad?

    Solicito que en breve, el señor barón, se tome el tiempo necesario para remediar tales exigencias, que le serán devueltas con creces, en forma de sentido del humor, cierta filosofía de ver la vida y poco más. A menos, que considere que el contaco con el pueblo llano pueda aportarle algo más.

    Perdonadme señor. Recordad que si no acierto a serviros mejor es sólo por mi excesivo celo en obedeceros.

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  23. 23 Marina mayo 3, 2008 en 5:12 pm

    Siento ,amable conde, mi torpeza. Lejos de mi ánimo está la irreverencia.
    Aplicaba un lema que me convenció:Ride si sap..
    Por cierto; celebro que por su buen conocimiento del vehiculo y de su utilización(no hay mas que conocer sus porches)haya ud.entrado a formar parte del exclusivo colectivo de Expertos en Automóviles Reales.

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