Las cosas que hace nadie

Cualquiera que tenga familia lo sabe. Todo el mundo hace algo en la casa, pero a veces  un gran Houdini inconfeso que surge en cualquier grupo humano obra el milagro de las  cosas que no son hechas por nadie. Por ejemplo, en una casa de campo es esencial tener localizadas las linternas, por si hay un apagón. A un soi dissant  jefe de la familia le puede gustar además tener la suya propia, que es la mejor, a buen recaudo. Pero, ay, si una noche se va la luz y el iluso del jefe quiere echar mano de ella es muy normal no encontrarla en su sitio. Las linternas no vuelan, pero no se procupen: no ha sido nadie. A veces los cuerpos inertes se trasladan por impulso de  fuerzas extrañas que la ciencia no ha sido capaz de describir.

  Tampoco ha sido nadie el que apuró la última cerveza del frigorífico, ni  el que se llevó para siempre las pinzas de la batería porque el coche de su amigo le había dejado tirado, ni el que perdió el mando del garaje , ni el que consumió la botella de malta de veinte años hasta dejarla justo con un dedo de preciado líquido. Este último detalle es muy importante, porque mientras no está totalmente vacía la botella se puede considerar que uno no está moralmente obligado o a reponerla o, como mínimo, avisar de que hay que comprar otra botella del whisky de malta que le gusta a papá. Mejor así, en impersonal: hay que, no se que alguien sugiera que tienes que, lo cual es mucho más molesto.

 Nadie deja los CD y los DVD fuera de su funda. Nadie se llevó el segundo tomo de los Cuentos de Allan Poe. Nadie abandona colillas en el cenicero sin hacerse cargo de ellas. Nadie es tan desalmado como para no  cerrar los tubos de pasta de dientes, horrible felonía donde las haya. Aún así, siguen amaneciendo abiertos. Nadie se va a la cama sin molestarse en apagar las luces, y sin embargo alguien que se levanta temprano se las encuentra encendidas…¿Por qué ese Nadie no se responsabiliza de todo lo que apuntamos?

 Supongo que ayer era el día para recordar al alcalde de Móstoles, a Daoiz, Velarde y el Teniente Ruiz. Pero como a fuerza de efemérides tan gloriosas como abusadoras le acaban aburriendo a uno, hoy el Duende cree que cumple mejor servicio a la sociedad anunciando que a su simpático caballito de madera de color rojo, unos treinta centímetros de alzada, montado sobre una plataforma del mismo material y con unas ruedas parecidas al del caballo de Troya, fabricado artesanalmente en Polonia y comprado en la tienda de souvenirs de  Naciones Unidas en diciembre de 1974, le han cortado la cola. Era lo único de su cuerpo que probablemente había tomado prestado de un conejo, y, por tanto, fue tan fácil de afeitar como agarrarla y tirar de ella. Por la índole del atentado y por la altura del anaquel donde estaba el muy apreciado caballito, el Duende pensó que podía haber sido su nieta Marina la culpable. Pero cuando se lo preguntó sin rodeos, la niña se limitó a abrir los ojos mirando a otra parte mientras paseaba la lengua por sus pequeños labios. Algunos silencios son elocuentes. Le estaba diciendo, Duende, con lo mayor que eres…¿aún no sabes que esas cosas siempre  las hace nadie?  

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20 Responses to “Las cosas que hace nadie”


  1. 1 José Ramón mayo 4, 2008 en 6:07 pm

    ¿Y terminar el rollo de papel higiénico y no reponerlo? Eso tampoco lo hace nadie.
    No sé si os acordáis: Hace tiempo os conté que de vez en cuando me toca caminar por el pasillo, con los pantalones por los tobillos, cantando lo de “Las muñecas de Famosa se dirigen al portal…”.

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  2. 2 wallace97 mayo 4, 2008 en 8:50 pm

    Para mí hay cuatro cosas que jamás consentiría a “nadie” que las termine y no las reponga o no avise, a saber, dentífrico, papel higiénico, cebollas y hielo. Cuando alguna vez ha ocurrido le he montado tal pollo a “nadie” que afortunadamente no ocurre más que cada diez años, más o menos.
    José Ramón, claro que nos acordamos, y todavía estamos esperando el vídeo en youtube.

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  3. 3 Julian29 mayo 4, 2008 en 9:37 pm

    Yo pongo post-its por la casa, avisando de las cosas que NADIE hace. Parece que NADIE fué al colegio, las lee, y que hace algo para que no vuelvan a ocurrir. Podeis probarlo, a mi me funciona…

    De nada.

    Julián.

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  4. 4 lola mayo 4, 2008 en 9:44 pm

    Y qué me decís de la bolsa de la basura, eh? Braulio, habría que inventar un sistema de cierre autómatico cuando la bolsa estuviese llena. Otro encargado de reponer una bolsa nueva, y para rematar la faena otro que llevase la bolsa al contenedor.
    José Ramón, es verdad, seguimos esperando.

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  5. 5 Zoupon mayo 5, 2008 en 10:22 am

    Duende, quizá compartamos un nadie. A lo mejor es un mismo nadie el que coge las pilas de mis linternas, las agota en las que te distrajo a tí, y las devuelve gastadas a las mías.

    José Ramón, te contaré mi secreto. Para estas emergencias engo un rollo escondido en el cuarto de baño, y nadie sabe que está allí, porque perdería su sentido. Cuando tengo que echar mano, lo repongo también en secreto.

    Aparte de las pilas y otras cosas que habeis dicho, nadie deja los capuchones de los rotuladores sin poner, nadie nunca cambia la bombilla fundida, nadie ni de coña rellena la botella de agua de la nevera y, sobre todo, sobre todo, nadie deja siempre el coche sin gasolina.

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  6. 6 Ángela mayo 5, 2008 en 5:09 pm

    Y que me contáis de las tijeras y el celo!!!. Cuánto tiempo perdido en busca de las tijeras y celo!!! Bufff, y las pinzas de depilar!!! Nunca las ha cogido tampoco nadie.
    Duende tengo que confesar, puede que lo de la última cerveza de la nevera…haya sido yo!!!

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  7. 7 Julian29 mayo 5, 2008 en 6:21 pm

    Angela, muy bien, muy bien. Ya es hora de empezar a confesar. Venga, te sentirás mejor. No pasa nada…

    ¿Eres tambien la de la botella de agua de la nevera?, ¿eres tu la de las linternas, ls DVDs fuera de su funda? No pas nada, puedes decirlo… Te comprndemos.

    Sl2
    Jln.

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  8. 8 el candil de la sierra mayo 5, 2008 en 7:34 pm

    AMIGOS,exactamente igual,las luces encendidas,y las puertas cerradas en invierno para intentar,no pagar combustible por la FILO,en verano las persianas y porticones por justo al reves mantener estas casas de pueblo como a la antigua,pero claro tendriamos que preguntar,cuando llegan los recibos,si hacemos un escote,pero no me atrevo,solo cuando pienso que me siento como con tomadura de pelo,y entonces me oyen un poquito,luego se me pasa y a otra cosa MARIPOSA,de que va lo proximo….puede ser cualquier cosa.UN ABRAZO.

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  9. 9 Charivari mayo 5, 2008 en 7:57 pm

    Y digo yo, si sacas el hielo y vuelves a meter la bandejita en el congelador ¿cuesta tanto que entre llena de agua? Puedo llegar a entender que Nadie, por vagancia u otro síndrome desconocido, la deje sobre la encimera con tres o cuatro hielos aún en su seno que se terminan derritiendo, pero que cuando la vayas a sacar sólo estén esos tres o cuatro hielos porque el resto de la bandejita está vacía ¡meee poonne!

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  10. 10 Gervasio mayo 5, 2008 en 8:40 pm

    En estos dias terribles (como diría Silvio Rodriguez) un vago es un heroe. Ahora que se prima la competitividad, la productividad, el consumo, la cantidad de horas de trabajo diarias, ser un vago es una heroicidad, es un estar al margen. Si los punkies de finales de los 70 resucitaran hoy en día, su mejor protesta sería la vagancia. Que mejor manera de ser antisistema que negarse a trabajar, a producir, a consumir, a gastar.

    Existe un movimiento en la actualidad que defiende “lo lento”, el mínimo consumo, la no competencia, “Movimiento Slow” dicen los americanos. Flohos, vagos, decimos en el sur de la Península. Los antisistema hoy en día lo són, y no por desconocimiento o dejadez, sino por elección personal y como forma de protesta ante una sociedad cruel que los ignora.

    El coche de mi compañero es como su trastero, ahí puedes encontrar de todo, ¡Que se pierde algo! seguro que está en el coche. Si no puedes acoplarte en su asiento, es que no entiendes esta filosofía…

    http://www.eutimia.com/slow/

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  11. 11 wallace97 mayo 5, 2008 en 10:58 pm

    Charivarri, ¡¡¡sí, sí!!! Se supone que cuando vas a coger hielo es porque te apetece muchísimo algo fresquito, te lo pide el cuerpo, estás asfixiado, tienes el gaznate más seco que Barcelona el último año, y ¡chaaan, sorpresa!, abres el congelador, y ¡ni un puñetero hielo! Es como para matar a todos los nadies que te rodean.

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  12. 12 wallace97 mayo 5, 2008 en 11:09 pm

    Gervasio, no estaría de más que poco a poco nos fuese invadiendo el Movimiento Slow. A ver si aunque sea por la ley del péndulo…
    No tenía noticia de él, pero lo practico hace tiempo, en la medida en que me dejan. Tengo un problema, y es que hasta ahora no he podido organizarme mis tiempos a mi antojo, siempre me tuercen los planes, hasta el punto de que paso de hacerlos muchas veces.

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  13. 13 Palinurova mayo 6, 2008 en 1:09 am

    Vas a comprar algo y Nadie te ha cogido tu último billete de 20 € y tu con cara de gili..Y vienes cansada de un largo viaje en coche y Nadie ha dejado la nevera vacia y ni una cerveza fría, pero Nadie dejó una docena en calentito en la despensa. Pero la venganza es dulce: estos días Nadie habrá lavado y planchado 50 camisetas de todos los colores acumuladas ni nadie habrá preparado platos preferidos después de varios días de abandono (viaje) etc. etc.

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  14. 14 Zoupon mayo 6, 2008 en 9:22 am

    Gervasio, por desgracia los flohos que yo conozco pasan bastante de currar, pero de consumir y de gastar (con los cuartos de Papá, o de otro pariente, o del Estado), no pasan en absoluto.
    Se niegan a trabajar, pero más que antisistema, son unos caraduras que se acaban aprovechando del trabajo de los demás.
    No le tengo especial afecto al trabajo, desde luego, pero prefiero trabajar que vivir del cuento.

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  15. 15 Gervasio mayo 6, 2008 en 3:22 pm

    Quizá no haya estado yo muy acertado con el apelativo de floho o vago, los “slow” a los que me refiero son militantes activos. Sí, trabajan pero no compiten, comen, pero buscan comida en los restos que derrochan los restaurantesy hoteles, comsumen y gastan lo mínimo, y no derrochan ni energia, ni alimentos, ni bebida, ni drogas, ni siquiera cultura.

    Ha habido muchos movimientos juveniles en las últimas décadas del siglo pasado (undergrounds, folkies, heavys, mods, punkies, okupas, antisistemas, etc) Al final todo queda en alternativas estéticas o son engullidos por el sistema. Supongo que con el movimiento “slow” pasará lo mismo, pero esto es como el testigo de una carrera de relevos, se va pasando de una generación a otra y va contribuyendo de forma positiva a mejorar y cambiar un poco esta sociedad.

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  16. 16 El Duende de la Radio mayo 6, 2008 en 4:11 pm

    ¿Nadie va a poner término a las naderías de Nadie? ¿Podemos tlerar tanto nihilismo, anto SLOW o, simplemente, tanto jeta?

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  17. 17 Macu mayo 6, 2008 en 4:40 pm

    Siempre podemos pagarle a Nadie con su misma moneda. Yo lo hice con mi hermano (uy perdón, con un nadie con el que vivia) y funcionó a la perfección. Claro, que estábamos los dos solos en casa. Si hubiera estado toda la familia hubiera sido un caos.

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  18. 18 lola mayo 6, 2008 en 6:38 pm

    Seguro que Doña María tiene mucho que decir sobre Nadie, por eso está así de de los nervios, porque en su casa son muchos Nadie, entre hijos, sobrinos y nietos. Que nos diga lo que piensa al respetive.

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  19. 19 Gervasio mayo 6, 2008 en 9:30 pm

    No hay prisa, nuestro destino ya lo conocemos, es el mismo para todos, no perdamos los nervios, soportemos la diferencia. La verdad no es única, no es exclusiva de nadie. Las religiones monoteistas son autoexcluyentes y fundamentalistas, las ideologías políticas también. La naturaleza funciona a otro ritmo, estamos desacoplados con ella y las medidas de nuestro tiempo no tienen nada que ver con el suyo.

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  20. 20 Adela mayo 10, 2008 en 11:15 am

    Me parece injusto que se sospeche siempre que Nadie es un niño, ¡pobrecita Marina!. A mi caballito de madera, que no es rojo sino color madera natural encargado en la tienda de muebles Coli de Inca con su base del mismo color en forma de balancín, no sólo le arrancaron la cola sino tambien su trenza que lucía sobre la cabeza y…tambien caí en la tentación de desconfiar de un inocente para resultar que…Nadie tenía zarpas y bigote de gato, hacia sus delicias durante la noche con el caballito 🙂

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