Corriendo por la Serena y recordando Nueva York

(Foto de Kateimi)

No se puede perder uno por la inmensa, y siempre fascinante España profunda. No es recomendable al menos hacerlo esta primavera juguetona de lluvias, aromas y colores, porque  el viajero corre el peligro de caer en el síndrome del Duende  volandero. Consiste éste, más o menos, en  la necesidad de posarse en cualquier cuadro del paisaje que se ve por la ventanilla del coche o del tren e integrarse en él hasta que  el  verano asome la oreja y empiece a  agostarse el pasto. Luego, otra vez a volar buscando nuevos horizontes.

 El de este fin de semana queda por La Serena, en el término municipal de Siruela. Allí, en unos cerros llamados los Morros de Lesmes desde los que se divisa un paisaje que está entre los de Memorias de Africa y la tierra de promisión que Moisés ofrecía a los israelitas, asienta sus reales Rafael Ordovás, un amigo  con el que el Duende vivió una peripecia de las que no se olvidan. Corría el año 1990. Éste y otros insumisos a la edad le animaron a correr la Maratón de Nueva York. El Duende había vivido la soledad del corredor de fondo hacía ya bastantes años, y por cuatro veces. Corrió las cuatro primeras maratones de Madrid, consiguiendo rebajar sus tiempos hasta un honroso cronómetro de 3 h. 27′. Pero en aquel momento ya era un largo cuarentón,  y además había desmitificado la prueba. Hasta acabarla, creía que esa machada era sólo para los elegidos como Felípides o Abebe Bikila, pero una vez  superada, sintió una cierta amargura: si él, que nunca fue  un gran deportista, lo consiguió, es que la famosa maratón no era para tanto.

Aunque no lo fuera, Nueva York bien valía la pena. El Duende se conformaba con terminar,  así que fue devorando kilómetros y adelantando a alguno de sus amigos impetuosos al trote cochinero. Cuando, ya renqueante, doblaba ante el Hotel Plaza la penúltima curva antes de la meta, dio alcance al intrépido Rafael aún más fatigado. Y entraron, cuerentones exhaustos, pero encantados, los dos juntos en la meta de Central Park.

 Desde entonces  sus vidas han seguido caminos distintos. Rafael es un deportista compulsivo. Ha subido al Aconcagua o el Kilimanjaro, ha cruzado el Sahara en todo terreno, ha hecho rafting y alpinismo, lo ha probado casi todo. Se lo puede permitir porque su cuerpo siempre está en excelente forma física -para todo: Ordovás, ¿qué las das?, decía la leyenda- y su negocio le ha respondido como es de esperar en un tipo tan dotado para las relaciones sociales.

 Lo del fin de semana fue una exhibición de señorío y generosidad en una tierra que el amigo deportista mima como la niña de sus ojos. Nos reunió a unos cuantos en su feudo de los Morros, y allí nos empapó de naturaleza y primavera extremeña. Verdes de distintos matices -los madroños, las encinas, los algarrobos incluso algunos majestuosos castaños- amapolas pintonas, jaras sonriendo como palomitas de maíz, la retama con su floración amarilla…y caballos, ciervas, muflones, jabalíes con sus rayoncitos, conejos…Parece mentira que un monte tan áspero como el mancho mediterráneo encierre tanta vida dentro.

 Algo de esa le inocula al señor del Morro. Convencido éste de que los años no pasan por él, reivindicó la camaradería de aquella carrera de Nueva York  para liarle al Duende y meterle un tercio de maratón el sábado y otro tercio el domingo. Mamma mía, qué paliza. Resulta pintoresco acordarse de la ciudad de los rascacielos cuando se trota por una de las zonas rurales más despobladas de España, donde aún se ven campesinos en burro  y donde la mayor altura la marcan la espadaña de la iglesia de Siruela o el nido de la cigüeña en campo abierto. Pero aquella maratón tan recordada fue, además, una prueba de amistad. Y esa es una carrera en la que tanto Rafael como sus amigos aún tenemos mucho por recorrer. 

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17 Responses to “Corriendo por la Serena y recordando Nueva York”


  1. 1 Rascayu mayo 19, 2008 en 3:31 am

    ¡Duende, va por usté!

    Start spreadin’ the news,
    I’m leavin’ today
    I want to be a part of it,
    New York, New York…
    These vagabond shoes
    Are longing to stray
    Right through the very heart of it,
    New York, New York…

    I wanna wake up in a city
    That never sleeps
    And find I’m king of the hill,
    Top of the heap…

    My little town blues
    Are melting away
    I’ll make a brand new start of it,
    In old New York…
    If I can make it there,
    I’ll make it anywhere
    It’s up to you,
    New York, New York…

    New York, New York…

    I want to wake up in a city
    That never sleeps
    And find I’m A-number-one,
    Top of the heap,
    King of the hill,
    A-number-one…

    These little town blues
    They are melting away
    I’m gonna make
    A brand new start of it
    In old New York
    A-a-a-nd if I can make it there,
    I’m gonna make it anywhere
    It’s up to you,
    New York, New York…
    New York…

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  2. 2 Charivari mayo 19, 2008 en 11:47 am

    Qué bién describes, Duende, la naturaleza. Dan ganas de dejarlo todo e ir a visitar el paraíso que describes hoy. El campo está exultante esta primavera con esos miles de vedes (en algún sitio leí que es el color que más tonalidades brinda), amarillos, violetas, rojos y… agua, agua, agua.
    En el embalse de La Jarosa los pescadores impenitentes ven como se recuperan las aguas a ojos vista aunque la espadaña del pueblo anegado aún sobresale más de lo deseado.

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  3. 3 maribel mayo 19, 2008 en 12:24 pm

    hola a todos!! Duende que regalo es leerte …me dan ganas de ir a trotar por los campos de mi alrededor que dicho sea de paso viviendo en Alcoy (alicante) debajo del pulmon que es nuestra:: FONT ROJA..la verdad esque apetece3 pasear y trotar de lo lindo….pero el stres de la vida nos lleva por otros derroteros…..feliz dia

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  4. 4 Palinuro mayo 19, 2008 en 4:53 pm

    Disfrutamos este año, por fin, de una PRIMAVERA, así escrito con mayúsculas ¡Qué manía esa de identificar la primavera con el tiempo seco y soleado! Solo cabe pedir que se prolongue en la medida de lo posible. Que ya tendremos tiempo de hartarnos de calor antes de que llegue el otoño.

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  5. 5 Charivari mayo 19, 2008 en 5:17 pm

    Estoy de acuerdo contigo, Palinuro. Ahora, todo el mundo desea el buen tiempo contínuo sin pensar en las consecuencias. Ésta es una primavera de verdad, propia de estas latitudes; yo estoy encantada con ella a pesar de que me arruine los huesos.

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  6. 6 Charivari mayo 19, 2008 en 5:23 pm

    Aprovecho para decirles a Gervasio y Lola que logré cambiar mi azulejo -como véis más arriba- pero ahora, Charivari caprichosa, he decidido que me quedo con el primigenio ¿será porque es el único? cuando tenga tiempo meditaré sobre ello.

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  7. 7 Zoupon mayo 19, 2008 en 6:50 pm

    Cuántas cosas hermosas se pueden hacer sin gastar dinero: Subir a un cerro y contemplar el paisaje, escuchar el discurrir del agua del regato, observar cómo se mueven inquietos los pajarillos, correr la Maratón, dejarse invitar por los amigos sin ofrecer más resistencia que la justa y necesaria…

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  8. 8 Gervasio mayo 19, 2008 en 8:50 pm

    De perdidos al rio. El morro de lesmes, el arroyo de la celá, el morro del palo, la peña gacha … en fín la Sierra de Siruela, Gervasio se la conoce mejor incluso que La Pedriza. Espero Sr .Duendez que su amigo Rafael Ordovás (que tiene nombre de comentarista de Radio3) le haya enseñado la ermita de Altagracia:

    http://siruela.dip-badajoz.es/index.php/mod.pags/mem.detalle/idpag.17/idmenu.130/chk.4d1e210e551ce353e4a3f252bf6d36fb.html

    Maravillosa ermita muy venerada por los siruelenses. Espero que le haya mostrado el maravilloso valle de la Celá con su arroyo y sus cientos de castaños que forman un microclima especial en la zona.

    Espero que hayan subido juntos a peña Gacha, el pico mas alto de la zona con uan altitud un poquito menor de 1000 m. Espero que haya subido Vd. a los observatorios forestales de la sierra (morro del palo) donde los guardas forestales aborígenes se pasan los ardientes y calurosos veranos extremeños oteando el horizonte en busca de un hilillo humeante amenazador. También deseo que le hayan enseñado los maravillosos quejigos y robles de la sierra, así como las vistas espectaculares de la comarca.

    Maravillosa zona, pero no todo es perfecto en la vida. Es una pena que fincas como la citada tengan que sobrevivir a base de monterías de caza mayor. Ya no estamos en la época narrada espectacularmente en “los santos inocentes”. Gervasio ha trabajado de chaval de jaleador y de secretario trayendo como un perro las perdices a los señoritos portugueses y madrileños y cargando con sus escopetas y cajas de cartuchos. Pero esto no ha cambiado del todo. Muchas de estas fincas (el abercial de Juán Abelló, el amiguete de Mario Conde, el morro de lesmes, las fincas de los lladó, ministro del Claudillo, La de la hija de D. Juán de Flores, la Panda, el horrillo, los Marquez de Prado, etc, etc, etc) pertenecen a los señoritos de Madrid y apenas generan riqueza en la zona.

    Quiero recordar que Siruela y su término municipal no pertenecen a la comarca de la Serena sinó a la de la Siberia. En fín de perdidos al rio…

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  9. 9 Angelus P. mayo 20, 2008 en 12:02 am

    Rascayú, gracias por la letra de “New York, New York”, que pensaba buscar en la Red, por aquello del aniversario del tío Frankie.

    Duende, nada más leerte ya se me quejan media docena de discos vertebrales. Abebe Bikila, aquel etíope negrísimo que me impresionaba en mis primeros tiempos de caja tonta… ¿No tuvo un accidente y quedó parapléjico?

    Estoy muy en desacuerdo con la costumbre de llamar “buen tiempo” al seco y soleado. Aunque me está dando trabajo extra en el control de los herbazales y hongos de los frutales, esta primavera va magnífica. Los cereales vienen cuajados de grano, cuando tras el sequísimo invierno se temía el desastre. Las viñas prometen buenos racimos. Los rosales están impresionantes…

    Gervasio, ¡y yo que creía superados los tiempos de Paco “el Bajo”! Magnífica la novela de D. Miguel y extraordinaria la adaptación cinematográfica de Mario Camus y el trabajo de los actores, todos ellos. Me impresionaron las interpretaciones de Landa y Terele Pávez (dejo aparte al inconmensurable “Azarías” Rabal y el elenco de secundarios de lujo). Vaya, creo que se nota que me gustó la peli. La habré visto media docena de veces o más…

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  10. 10 wallace97 mayo 20, 2008 en 12:24 am

    Zoupon, ¡y que lo digas! Lo mejor del mundo es gratis, o casi gratis, porque a tu frase “escuchar el discurrir del agua del regato”, le añadiría también “escuchar el golpear de la sidra en El Regatu”, o en cualquier sidrería. ¿Cómo puede estar tan buena la sidra, me pregunto yo? Entre ella y la cerveza, me quedo con las dos. Son buenas amigas de un grupo de amigos en buena charla.
    Gervasio, me temo que el Duende va a tener que volver, pues se habrá dejado la mitad por ver y patear.
    En cuanto a la primavera, Paniluro y Charivari, al menos en la zona centro, yo creo que la del año pasado sí que fue total. Había llovido en su momento y no hubo primavera anticipada como suele ocurrir últimamente, y la fuerza de los brotes y la exuberancia no la recordaba desde muchísimos años. Las hojas de los árboles duraron hasta diciembre y enero. Creo que este año es bastante más débil, y que en agosto tendremos ya las hojas de los árboles por el suelo, pues hubo un primer amago en febrero que ha debilitado la de mayo. Quitando el día de la caminata no había caído una gota en un año. He estado viendo unas fotos de flores que hice el año pasado en mayo y nada que ver con este año en el mismísimo sitio.

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  11. 11 El Duende de la Radio mayo 20, 2008 en 12:42 am

    No se si fue por accidente, pero Abebe Bikila sí acabó en silla de ruedas. Después de la hazaña de haber corrido sus maratones descalzo,no podía haber mayor paradoja que la de condenarle a la parálisis.

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  12. 12 Marina mayo 20, 2008 en 1:25 am

    Esta primavera está siendo preciosa. En esta tierra aparecen pocas primaveras sensacionales, y ésta lo está siendo. Pocos son los años en los que no pasamos del húmedo invierno en el que el mar te rodea y te inunda, al verano en el que el sol te envuelve quemándote la piel desde sus primeros rayos. A mi tampoco me gusta que llamen mal tiempo a los maravillosos días en los que aparece la lluvia haciendo que broten, en los paisajes ya conocidos, nuevos colores que siempre te sorprenden y nubes que hacen visible el envoltorio que nos cubre. Y cuando hay tormenta me pone tan feliz que me da por reírme a carcajadas.
    Aquí, Gervasio, existen aún extensiones de tierra sin construir, gracias a cotos de caza, cortijos y dehesas de ganaderos del toro bravo, así que doy gracias al cielo que toda esa tierra no haya estado en manos de mis gobernantes locales que nos han vendido, a la menor ocasión, al mejor postor.

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  13. 13 Trini mayo 20, 2008 en 8:01 am

    Comparto con el Duende el que mis recuerdos de Nueva York están ligados a un amigo: nuestras maratones eran a ritmo de paseo, mientras arreglábamos el mundo y él me enseñaba rincones y sitios que yo no hubiera descubierto nunca. Y para no desentonar en el club de mitómanos, debo contar que lo mío no tiene remedio: la versión del tío Frankie era lo que sonaba en mi MP3 en cuanto despegó el avión que me llevaba para allá, y vi encenderse las luces de Manhattan desde el Empire State con la “Rapsody in Blue”… 7 bajo cero hacía, con lo que no deja de tener su mérito calzarse la banda sonora de la película de Allen entera allá arriba.

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  14. 14 Zoupon mayo 20, 2008 en 9:12 am

    Ay, Wallace, entre el regato y El Regatu me pones en un brete. Casi que me quedo con El Regatu. Y entre la cerveza y la sidra, ay, otro brete. Tiene la cerveza una ventaja sobre la sidra, y es que te puedes tomar una buena caña en Valencia, Badajoz, Granada o Torrelavega, pero la sidra está tan unida a Asturias que fuera del Principado ya no es lo mismo, ya no sabe igual, oh. Bueno, en el País Vasco la sagardoa también tiene su aquel.

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  15. 15 Angelus P. mayo 20, 2008 en 11:47 pm

    Mucho me gusta la cerveza. Pero donde se haga una buena espicha acompañando a unos tacos de Cabrales… Más aún si es tras una buena marcha por los Picus…

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  16. 16 santanderina mayo 21, 2008 en 12:13 am

    ¡Qué bonito has contado lo de la Serena, duende! Si hasta dudo de haber estado allí, con tantos y tan ricos matices y sensaciones como describes…! He disfrutado muchísimo con el relato y suscribo todo, porque es una forma estupenda de dar las gracias de nuevo a Rafael.
    Seguiré buceando por el blog, que es una fuente inagotable de sorpresas…

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  17. 17 Núria julio 14, 2008 en 10:27 pm

    Totalmente deacuerdo con el comment de Gervasio…Lo que realmente es una pena que el morro de Lesmes no sea “público” para disfrute de los habitantes de Siruela o para sus descendientes, como es mi caso, hija de Siroleña nacida en Barcelona, que este verano no ha podido subir al Morro para divisar el paraje y todo el pueblo a casi 1000m. de altitud…¡Una gran pena! que pasara a ser propiedad privada, para que vayan gente como Usted que no entienda, que todavía, haya gente k …”feliz como en remoto tiempo los mortales, paternos campos ara y no rinde a la usura vasallaje…” y añadiría…que montan en burro y los llevan a beber a la Fuente Santa…como hice yo de niña con las bestias de mis abuelos.
    Yo también he viajado, pero no cambio por nada aquellos parajes de la SIBERIA EXTREMEÑA.Saludets.

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