Archivos para 30 junio 2008

Pilar Cernuda y la “poblemática” de las duchas pequeñas

Pilar CernudaNadie que haya seguido la trayectoria profesional de Pilar Cernuda diría que es una pipiola. Tantos años de vuelo cubriendo viajes reales y acontecimientos políticos, quince libros publicados, infinitas crónicas, incontables entrevistas e intervenciones en tertulias radiofónicas y televisivas, numerosos premios profesionales. Proyectando siempre en su trabajo un estilo sencillo y directo,  un criterio político sereno y aseado y una sensibilidad social característica de lo que llamamos buena gente. Nadie pensaría, cierto, que Pilar es una niña. Pero tampoco nadie que la vea en vaqueros, con su carita de rasgos pequeños y bien dibujados, sus ojos claros y su melenita corta imaginaría que ha cumplido los sesenta. La respuesta la dio su colega Raúl Heras mientras nuestra amiga periodista bailaba como una loca. Pilar insiste en que son sesenta, pero yo creo que en realidad está cumpliendo por segunda vez los treinta.

 Para tal acontecimiento nos había invitado Pilar la noche del pasado sábado a un montón de amigos en Naturavila, un complejo deportivo provisto de varios pequeños hoteles rurales a dos kilómetros de la ciudad amurallada. El Duende se quedó pasmado de su capacidad de convocatoria: había políticos con mando en plaza, políticos cesantes, rebeldes con causa y melena rubia, figuras emergentes, periodistas compañeros, periodistas de otros medios, grandes comunicadores, gente de la tele y de la radio. Y amigos. Pilar es posiblemente una de las más trabajadoras de su profesión, pero aunque haya conseguido un merecido prestigio con la pluma, aún es superior su cosecha de afectos. Todos la celebramos, algunos nos aventuramos al bailoteo con ella, perseguimos la croqueta, quizás nos pasamos de copas. Y nos dimos cuenta de que hasta  en verano se agradece tener a mano un jersey cuando se pone el sol y asoma la noche abulense.

 No podría quedar el post en la crónica mundana sin aportar al menos crítica de utilidad social. Resulta que se alojó el Duende en un hotel rural más bien modesto que aprovecha una de las antiguas dependencias agrícolas del complejo. Uno exige lo justo para pasar una noche, pero lamentablemente, en los espacios pequeños como el de aquella habitación, siempre se acuerda de doña María y sus poblemáticas. Por ejemplo, la obsesión de optimizar cada centímetro cuadrado del cuarto de baño plantando un plato de ducha  de sesenta por sesenta. Pretende el  avariento constructor que una dama gruesa de los nervios, como nuestra gladiadora del hogar, pueda girar en esa cuadrícula y ducharse con normalidad. Y lo haría conteniendo la respiración si no fuera porque el mando de la ducha, que es de tipo picaporte, queda perpendicular a la pared y le roba, por tanto unos quince centímetros a su masa corporal. Resultado: cuando gira para enjuagar su cuerpo enjabonado, sus michelines mueven el mando y cambian la temperatura del agua. Qué agradable, qué bien inventado. Dirá el Duende lo mismo que dijo respecto a las lámparas de cabecera de las camas hoteleras: ¿hay alguien que las pruebe antes de instalarlas?

 La cosa es que este post era, sobre todo, como homenaje a Pilar Cernuda y para agradecer su invitación a la fiesta. Y siente el Duende que haya derivado en queja. Pero sabe que una periodista de raza como ella, tan solidaria con los humildes,  entenderá que doña María aproveche para felicitarla y, de paso, denunciar las duchas hechas de espaldas al pueblo.

  

Ensueño y pesadilla

Sabe el Duende que la parroquia no está para nada. Campeones, campeones, oé, oé, oé. Lástima que estos triunfos hagan salir a la calle a tanto descerebrado. En la calle Goya de Madrid, a casi un kilómetro de la maltratada plaza de Colón, un niño toreaba  a los coches que pasaban con una bandera española mientras el irresponsable del padre jaleaba el lance como si fueran verónicas de José Tomás. Como para que hubiera acabado en un enganchón mortal.

 Pero nobleza obliga. Aunque las alergias primaverales o el aire acondicionado le tienen mermado al Duende, guarda un listado de temas pendientes que pretende abordar  poco a poco. Ha cabado la Eurocopa, el Duende sigue.

 Por cierto, que no se quejen tanto los vecinos del centro de Madrid por la noche que les espera. Peor lo deben de estar pasando los ciudadanos Urkullu y Puigcercós. Menos mal que les quiere contratar el Instituto Dale Carneggie como profesores del master de Cómo ganar amigos.

Los derechos del moscardón

moscardon

(Foto de Gustavo)

Hay que ser responsables. Alguien tiene que escribir esta noche de algo que no sea el triunfo de España contra Rusia en fútbol. Enhorabuena, lo han hecho muy bien, fue la cena más agradable que el Duende ha vivido en mucho tiempo (se puede cenar mientras se ve el partido). Pero no podemos soltar también nosotros el botafumeiro. Sobrarán turiferarios, ya verán.

Así las cosas, y por contribuir a la oxigenación del cerebro, llama la atención el Duende sobre los derechos humanos de los simios, que así lo ha visto escrito en algún periódico. Sin entenderlo, claro, pues si son humanos no pueden pertenecer a la especie de los simios, y si son simiescos no podrían ser humanos. Da igual, aquí con tal de mejorar el mundo nominalmente consagramos cualquier absurdo. Desde que Sigourney Weaver nos sensibilizó a todos con la historia de Gorilas en la niebla, los monos tienen derechos humanos. Vale.

Comentaba doña María en la radio esta mañana que entre los precios del mercado y la sensibilización por los animales van a conseguir hacerle vegetariana. Eso no es nada al lado de las poblemáticas de conciencia que se le plantean ante cualquiera de esos bichitos que de vez en cuando aparecen por casa. ¿Se puede matar un ratón de un zapatazo sin ofender a la nueva moral? Si las cucarachas son también criaturas de Dios…¿no merecen también vivir? ¿Tiene un minuto de nuestro sueño más valor ético que el vuelo de un mosquito de trompetilla con el que acabamos de un manotazo? Hasta doña María, que no es precisamente mujer de cultura, sabe que animalitos son todos. Asín que a ver quién marca las normas -resume- pa que una pueda vivir sin sobresaltos y no parecer una asesina.

De momento Oscar Luis, el mayor de sus hijos, que es un ecologista de raza, ha liberado a todos los periquitos, los canarios y los hamsters del Bloque los Arándanos. A última hora de la tarde, aún había varios de los roedores bajando las escaleras. El próximo objetivo es Kentucky Fried Chicken, que para abastecer a su negocio de comida rápida sacrifica a siete millones y medio de pollos (no se sabe cada cuánto tiempo) sin el menor miramiento.

Total, que esta noche María lo pasó fatal. No puede ir contra corriente, y menos contra su propio hijo. Mientras dormía se filtró un moscardón en su habitación y le dio la noche. Porque Manolo, su esposo, como buen sindicalista y sufridor del Atlético de Madrid, dormía profundamente roncando como un motor Perkins, pero ella no pegaba ojo. Podía haberlo pulverizado con el insecticida, o incluso aplastarlo con la zapatilla. Sin embargo la defensa de los derechos de los animales le ha llegado muy dentro.

Y aunque el moscardón es bastante asqueroso, tuvo la paciencia de atraparlo con una toalla, cogerlo con los dedos, abrir la ventana y liberarlo para que continúe el ciclo de la vida donde Dios le dio a entender. Absurdo, pero edificante, ¿no?

De patriotas, forofos y “Eau de meade”

(Foto de Scaamanho)

Se entiende que el fútbol sea, incluso a estas alturas de la película, un saludable opio del pueblo. Una variante del panem et circensis con el que los césares adormecían al pueblo. Se comprende que gane España a Italia, después de ochenta años de conjuras e ignominias y que lo celebremos del Rey abajo casi todos los españoles. Mayormente los gobernantes, que así se libran un par de días de que los gurúes de la opinión les pongan a parir. Estamos en crisis, pero no nos importa, porque entre Casillas y Cesc nos han hecho recuperar el orgullo de ser españoles. El fútbol hace patria.

  Si ayer éramos un detritus de sociedad sin héroes, hoy somos los más grandes, y hay que desmelenarse. Moncloa respira aliviada. Los patrocinadores del campeonato se frotan las manos. Los medios, mucho más. Más consumo de TV, más venta de periódicos. La gente sólo compra con pasión los éxitos y el glamour, los perdedores, que en el cine quedan tan bien, son unos desgraciados. Quince millones de espectadores vieron por televisión la serie de penaltis. En Madrid, el consumo de agua en ese momento crítico se redujo en más del 50%: lo que ahorramos en fregoteos y en las cisternas que no vaciamos. Los anunciantes no se rascan la mollera demasiado, y sólo han tardado horas en arrimar el ascua a su sardina. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Viena, TOYOTA insertaba hoy un anuncio de página con una foto del equipo de Luis junto a uno de sus coches y este ambicioso titular: Queremos seguir haciendo historia. Lagarto, lagarto.  Hacer historia por haber llegado a las semifinales, caramba. A cualquier cosa llamaban chocolate las patronas, que se decía antiguamente. Pero el sentimiento de patria exige estas proclamas bobaliconas. por España.

 Supone el Duende que esa es la única excusa para autorizar la cobertura vergonzante que se da a la figura del hincha, omnipresente estos días en los telediarios y en los papeles. Nada tiene de malo ser aficionado, ni animar al equipo nacional. Es justo, digno y saludable. Pero de ahí a creer que cualquier grupo de gamberros borrachos envueltos en la bandera o vestidos de lagarteranas son tan mediáticos como los Luthier o las chirigotas de Cádiz y merecen que los demás escuchemos sus canciones y sus gritos como si fueran  Grammy de oro o genios del humor, va un abismo. El pueblo es más o menos sano, pero en las mejores familias hay un borrico que se convierte en energúmeno en cuanto le dan una oportunidad.

 Todo lo que tiene de bonito el fútbol -al Duende le encanta- lo tiene de abominable la vulgaridad del hincha embrutecido. Y por muy modelno que sea el alcalde y muy potente el grupo de comunicación que patrocina eso de ver la Eurocopa en la plaza de Colón, no hay razón para ofrecerles la calle a precio de saldo sabiendo, como se sabe, que los bárbaros acabarán haciendo de las suyas. O sea, cortando el tráfico, asaltando a la pobre Cibeles, zarandeando a los automovilistas que no insultaban a Italia, ocasionando sesenta y cinco intervenciones del SAMUR, vomitando por las esquinas, provocando a la policía y perfumando los aledaños de Colón con ese delicado Eau de Meade que deja cualquier concentración  de vándalos y guarros.

 por España, como decíamos. Aún  con el marrón de soportar que, a fin de cuentas, la necedad y la mala educación siguen siendo tan rentables como políticamente correctas.

Que viva Italia

Le despejó la carretera. Venía el Duende de viaje y apenas encontró coches que dificultaran su llegada a Madrid. Toda España vibraba viendo a la selección de fútbol de España jugando contra Italia.

 Le ha solucionado al Duende su día de radio. Y prácticamente su jornada de trabajo: ¿quién se atreverá  a dudar de que no ha habido más noticias que la victoria de España sobre Italia?

 Además, al Duende, pelín sádico, le encanta ver que los azzurri, que iban de blanco, mueren de la misma forma que otras veces nos mataron.

 Pero lo que más le ha gustado han sido los fuegos artificiales. Terminó el partido y sobre el horizonte nocturno de la capital de España se pudieron ver varias de estas alegrías pirotécnicas que tanto alegran las noches de verano. Breves y fugaces, como deben ser. Pero bonitos: siempre se sueña algo cuando se contemplan fuegos artificiales.

 Por cierto, los más generosos por la zona de Moratalaz. Y ni uno sólo por la Plaza de Colón, donde la 4 ha instalado toda su fanfarria mediática y populachera pagando al Ayuntamiento de Madrid  sólo 4.000 € por jornada de fútbol. Se podían haber estirado, ¿no?

 En fin, lo siento por Rajoy, al que mañana le oscurecerá al fútbol. Pasar a semifinales de la Copa de Europa no sujeta la inflación, ni baja el euribor, no ajusta el precio de los alimentos, ni resolverá la crisis económica. Pero menos da una piedra: todos somos simples y como nos han dicho que somos más felices si pasamos de cuartos de final, pues somos más felices. Mañana puede que uno se quede sin trabajo, pero por si acaso, esta noche, banderas ondeando y claxons atronando el sueño de los madrileños. Podemos elegir, como nana, entre el espantoso ¡Que viva España!  de Manolo Escobar o el aún más horrible ¡A por ellos! armonizado por Luis Aragonés.

  Así que enhorabuena, España, y gracias a nuestros adversarios eliminados. Eso: que viva, que viva Italia.  

 

El valle de Arán y la claridad del instante

El primo Juan Manuel, que en paz descanse, se había construido una casa entre los pinares de Arenas de san Pedro, frente al macizo de Gredos que corona el pico de la Mira. Allí, el arquitecto José Luis Fernández del Amo, que ya había creado un estilo propio en los muchos pueblos diseñados para el Instituto Nacional de Colonización  –un organismo cuyo solo nombre provocaría ahora un infarto en Moncloa- levantó un edificio que ofrecía, sobre todo, vistas. No es el pino resinero el árbol favorito del Duende, pero hay que reconocer que en multitud,  a lo lejos, y cubriendo de verde la inmensa mole rocosa  que en su día pintara Goya, componía una  hermosa  postal. Los desmadres urbanísticos  aún no habían destrozado el pueblo, y  además el primo se debía a sus raíces, que arraigaban en la zona. Quizás por eso, y por su muy británico sentido de la ironía, de vez en cuando miraba el horizonte desde su jardín y proclamaba feliz: Yo he viajado por casi todo el mundo, y os aseguro que no he visto muchos sitios más bonitos que Arenas de san Pedro.

 Recuerda el Duende con cierta ternura esta osadía, tan disculpable como todo exceso que nace del cariño. También nuestros hijos nos suelen parecer los más guapos. Lo recuerda porque atendiendo a la invitación de su buen amigo Santiago lió el petate el jueves y se vino a hilvanar senderos por el Valle de Arán. Escribe estas líneas, de mañana,  ante la balconada de una típica casa aranesa. Es de piedra y madera,  cubierta por un tejado de pizarra levemente curvado hacia fuera para escupir la nieve. Frente a la casa de Garós, en el fondo de la zona más oriental del valle, un monte tupido de árboles va graduando la intensidad de los verdes de abajo arriba. A medida que asciende la empinada ladera, los abedules, las hayas, los fresnos y los nogales van cediendo al tono más oscuro de las coníferas.  Silencio. Sólo rasgado por el viento meciendo las copas de los árboles y por el trinar de los pájaros.

 Al encanto germinal de estas primeras horas de la mañana se suman los recuerdos de las rutas  de ayer y anteayer. Ascenso por la cuenca del Aiguamog  hasta el circo de Colombers  y amable paseata desde el Plan de Beret hasta el pueblo abandonado de Montgarry. Según los conocedores del lugar, ha tenido el Duende la inmensa suerte de dar con el momento más glorioso de la primavera del valle. Es el primer golpe de calor después de dos meses de nieve y lluvias. Los cursos de agua fluyen desbordantes por el deshielo precipitado. A menos de un kilómetro de su nacimiento, en el Llobató, el Garona, que luego nos pone los cuernos con Francia, baja poderoso y barroco. La naturaleza está como para inspirar a Dios si le falla la memoria y quiere probar con otro paraíso. El verdor exultante  hace miles de guiños en forma de flores silvestres: botones azules, árnicas amarillas, campanillas moradas, torviscos purpurados, violetas, lirios, ranúnculos blancos…No es cultura del Duende, sino de Asunción Sobredo, la mujer de Santiago, que es bióloga y de botánica sabe la tira. En estas, cruza el sendero un rebeco y se pierde en la espesura dando saltos. Uno quiere vivir, sobre todo, para ver cosas así. Más horizontes que los que le hacían suspirar al primo Juan Manuel.

 Qué lástima de tan poco tiempo para tan hermoso valle. Por consejo del amigo Santiago, que es refinado y culto, se ha dejado guiar el Duende por la exquisita prosa del Viaje al Pirineo de Lérida de Camilo José Cela. Qué lectura tan deleitosa, caramba. Pero al poco de iniciar este post, le ha sorprendido una estrofa  de un libro abierto sobre la misma mesa del despacho donde escribe. Es de Versos i proses de la Vall D´Arán, de Pere Benavent, publicado en Barcelona en1958. Dice así:

                                               Oh prats florits!, magnífica ventura

                                              d´aquesta tofa de vellut fragant

                                              polícrom esplendor, nuesa pura,

                                             perqué l´ocell del viure no es detura

                                             en el clar branquilló d´aquest instant?

 Le falta al Duende entender palabras como tofa y branquilló, pero cree interpretar lo fundamental, y está de acuerdo. Al pasear por sitios así, y en momentos como éste, uno se pregunta por qué el ruiseñor de la vida no se detiene en la claridad de un instante tan gozoso como el que acaba de vivir.         

Cómo colocar los pies en la cama y soñar con Cyd Charisse

Buenas señales. El doliente amigo Félix dormía habitualmente boca abajo. Para ello deslizaba su cuerpo hasta que los empeines de los pies reposaban en el borde del colchón y bajaba la almohada hasta la altura que reclamaba su cabeza. La cicatriz que le ha quedado de su operación  se lo impide ahora, por lo que ha de hacerlo boca arriba.

Esta postura le ha permitido diagnosticar que, a pesar de los muchos siglos de cultura camera que soporta la civilización occidental, el diseño de las sábanas de arriba, mantas y colchas es manifiestamente mejorable. Su razón es, desde luego, digna de doña María: si en la pastelería, protegen la bandeja de pasteles con unos cartones que abovedan el paquete…¿por qué no inventar algo parecido para los pies de la cama?

Ya digo, si tiene humor para este tipo de disquisiciones es que se siente mejor.

El Duende, tan aficionado a debates de este orden, confiesa que no había caído antes en la cuenta. Apenas se acuerda de dónde y cómo coloca sus pies en el momento de conciliar el sueño. Cree, más bien, que con los talones apoyados en el colchón. Sólo hace años, cuando hacía más frío y la mantas eran de lana pura, le molestaba su peso presionando sobre los dedos y forzando la articulación del empeine en forma antinatural. Luego venía Morfeo y lo arreglaba en un abrir y cerrar de ojos. No los abría, los cerraba y en paz.

Más cuidado que la postura del cuerpo, casi siempre a gusto en cualquier cama, ponía en preparar el sueño. Suponía que , si se le invitaba con astucia,  no podría fallar el más deseado. Esa  es desgraciadamente una de esas asignaturas pendientes que todavía no ha podido solucionar la ciencia Se clonan ovejas, se investiga con células madre, se llega a Marte, se obtiene energía de los frijoles. Pero aún no hay invento para poderse programar a la medida lo que uno quiere vivir en sus sueños. El Duende lo intentaba. Antes de apagar la luz, se concentraba en el objeto del deseo, se sumía en un duermevela y caía dormido. Su gozo en un pozo. Normalmente soñaba que aún le quedaban pendientes asignaturas de la carrera. O, peor aún, días de mili.

Esta noche no reparará en  los pies sino por consideración a Félix. En cambio sí volverá a provocar el sueño más anhelado. De momento, va imaginar que la inolvidable Cyd Charisse estira una de sus maravillosas piernas y sube por ella como si fuera una escalera hasta alcanzar la luna. Allí, con las clases de baile de  Fred Astaire, y tras dejar de lado  a Gene Kelly, baila con la genial bailarina la coreografía de Brigadoon. Dicen hoy los papeles que Cyd Charisse acaba de morir, pero, a diferencia de mi amigo Félix, ella sí sabía cómo poner los pies. Y  sólo con eso ha acabado alcanzando la inmortalidad.


Siluetas de RNE

Duendes suscritos:

Suscripción

Suscripción por email

Publicaciones:

PARAÍSO DE HOJALATA
Una Infancia de Hojalata

Ir directamente a

Blog Stats

  • 1,338,061 hits

A %d blogueros les gusta esto: