Sobre el deber de escribir sólo lo necesario

(Foto de K!T)

El sabio Engibert subió a lo más alto del monte Karijuzn y  se asomó al abismo. Desde ahí, decía la leyenda, la caída era tan larga que cuando los huesos daban en el suelo habían crecido las uñas hasta enroscarse como matasuegras. O sea, en el descenso  pasabas hambre, sed, dormías, sentías apetito sexual, te desesperabas, deseabas morir y cuando superabas todas esas vicisitudes aún seguías cayendo. No obstante, Engibert cerró los ojos, dio un salto al frente y se precipitó al vacío.

 ¿Por qué había tomado Engibert tal decisión? Porque había cometido el crimen de escribir algo cuando en realidad no tenía nada de qué escribir. Por aquellos años, el clima ya había cambiado tres veces, se habían domesticado las emisiones de CO2, se había zurcido el agujero de ozono, los osos polares campaban por sus respetos por  el Ártico y ya no era primavera en el Corte Inglés más que cuando era primavera fuera del Corte Inglés. O sea, en primavera. Sin embargo un nuevo peligro acechaba al planeta. Desaparecida la era de la informática y de los soportes inverosímiles para la letra escrita, capas y capas de papeles escritos por todos los que no teniendo etiqueta de escritores se obstinan en escribir habían terminado por velar la luz del sol, alterando la función clorofílica de las plantas y, a partir de ahí y de la desesperación de los herbívoros, buena parte de la cadena alimentaria. Muchas especies de vertebrados e invertebrados habían desaparecido. Sólo sobrevivía, tan fresco, un omnívoro intelectual llamado Luis María Ansón, que como tiene que leerlo todo para seguir siendo Luis María Ansón, no se resignaba a desaparecer.

 En esas circunstancias, Engibert, consciente de que escribía casi todos los días sin razón aparente para hacerlo, había decidido quitarse de en medio. No podía superar la culpa que sentiría si alguien -seguramente Luis María Ansón- leyera lo suyo, frente a cosas mucho más importantes que nadie lee nunca. Había leído antes de un muy docto filósofo que la mayor obra de caridad que uno puede hacer a la humanidad es no escribir más de lo estrictamente necesario.

 Y cuando, aún en caída libre, Engibert se dio cuenta de que moría por haber escrito más de lo necesario y que, sin embargo, nadie sabría la auténtica razón, advirtió que en realidad sí tenía algo que decir. Quería haber aclarado que esta vez, excepcionalmente, escribiría para aclarar por qué no escribía. Aunque sabía que, llegado al final del trayecto, nunca más podría escribir.

 Algún escéptico podría creer que esto es una milonga, y que Engibert no es de verdad. Pero si lo inventó el escritor de esta historia …¿cómo no iba a ser real? Tan real como que el Duende esta noche estaba muy cansado, y, simplemente, no quería quedar mal con los que, sin razón o no, leen incluso lo que nunca  debió ser escrito.

 

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24 Responses to “Sobre el deber de escribir sólo lo necesario”


  1. 1 Palinuro junio 4, 2008 en 9:36 am

    Las consideraciones del Duende sobre el imaginado Engibert – parece que reflejo de su propia circunstancia – se me presentan como un especie de laberinto intelectual acerca de la justificación del hábito de escribir. Al llegar a la meta, como esa del juego de la Oca, se queda contento, pues justifica la necesidad de escribir en el suministro del pienso espiritual a sus seguidores. Bueno, pues yo creo que es una razón de peso. Me gustaría leer otras opiniones.

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  2. 2 camiseta junio 4, 2008 en 10:58 am

    creo que le han dicho los partícipes del blog, más de una vez, que no se agobie pero es inutil… es su propia idiosincrasia. Le va a pasar siempre y el Duende es así unas veces y otras no se agobiará y le saldrán los post como de corrido. Ya lo sabemos y habrá que contar con ello. Por si acaso y si de algo te sirve a mi me gusta ver tu comentario diario y me admira que tengas tiempo para escribirlo, teniendo en cuenta que a mi, no me da de si la vida para casi nada

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  3. 3 Julio junio 4, 2008 en 11:02 am

    No será un servidor quien pretenda contradecir a un sabio, sobre todo si se llama Engiberto, pero , a mi entender, la escritura no debe de ser una obligación, sino una ‘necesidad’. Si se acepta este principio – que no es de obligado cumplimiento – no “hay crimen de que arrepentirse”.

    Uno escribe, o debería, porque siente la necesidad de ‘ex-presarse’, es decir ‘echar fuera lo que está preso, detenido’ dentro de nosotros. José Luis Sampedro en su libro “ Escribir es vivir” lo dice mucho mejor: “Si trato del arte de vivir de un modo estrictamente vinculado a la creación es porque en mi caso escribir ha sido y sigue siendo una necesidad vital”

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  4. 4 lola junio 4, 2008 en 11:35 am

    ¿Es este el cartel del inicio de las vacaciones Duende? ¿o tiene que ver con la desaceleración?
    Lo de Engiberto suena a una de esas pesadillas que no acaban de nunca de terminar.
    Hable con el padre Bonete, le dará sabios consejos. Los duendeamigos ya se lo hemos dicho, sabemos de sus numerosas obligaciones y la dificultad de acudir a diario al blog. Oigame, esta es su casa, venga usted cuando pueda. Le estaremos esperando.

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  5. 5 Charivari junio 4, 2008 en 12:39 pm

    Me sumo a las recomendaciones que se le hacen al Duende pero comprendo también que le cree cierta inquietud el no cumplir con esta ¿obligación moral? que se ha impuesto. A mi, particularmente, me ha creado mono el entrar en este blog: gracias, Palinuro, por conducirme hasta aquí.
    Julio, estoy de acuerdo en que hay que seguir la línea de José Luis Sampedro pero no sólo en lo que se refiere a la escritura sino también a su filosofía de vida ¡qué hombre sabio!

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  6. 6 Bob de Ca's Barber junio 4, 2008 en 1:52 pm

    He visto que la madona…muchas veses cosina una buena graixonera como si fueran a comer dosientos, lo que hase pero…es poner buena parte en los tupers para la conservadora, asin los dias que no tiene humor pa cosinar, idò ya está hecho! y mira es bien bueno! aunque digan que no!,:), ara tambien entiendo que un dia diga ¡basta! que cada uno se haga lo suyo! be! tampoco sería un poblema, peor alimentaos y menos sanos…eso sí! 🙂 . Lo que encuentro es que…el señor Engibert tendría que haberse puesto el paracaidas porque si aluego deside que ha de desir porque no va ha desir nada más idò ¡lo ha de desir! y poria ser que aun se anime más y siga volando un poquito más, a mi me pasa que los que no nunca tienen nada más que desir, son los que más quiero escuchar, Batuadena que sin rasón! 🙂

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  7. 7 Adela junio 4, 2008 en 2:11 pm

    Bueno, me ha recordado Engibert a una profesora muy buena de alemán, una vez en el tren hacia Leipzig en una excursión tuvimos mucho tiempo para hablar de nuestras vidas y…sólo recuerdo un momento de aquella larga conversación donde ella me confesó que ya no le interesaba leer nada! niguna lectura en el mundo ya tenia interés para ella, era profesora de literatura con mucha cultura literária, por eso fue sorprendente para mi, sigo preguntándome por la razón, es difícil conocer razones de otro, aunque sospecho que …ella buscaba algo y supo que ya nunca lo encontraría en los libros quizás ahí perdió su interés, no lo sé 🙂 , la recuerdo con enorme cariño.

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  8. 8 wallace97 junio 4, 2008 en 2:18 pm

    ¿Haber escrito más de lo necesario? ¿Nadie sabría la auténtica razón? ¿Lo que nunca debió ser escrito? Me pregunto: ¿cómo se sabe todo eso? Y me respondo: imposible.
    Seguro que el monte Karijuzn está formado por la literatura-basura existente, de ahí que se tarde tanto en caer, pues el negocio de la edición es de los más rentables, a juzgar por las porquerías que se editan. Está claro que internet va a dar un giro a todo esto, y si antes era imposible leerse ni un cero coma cero cero equis por ciento de lo que se escribe, por mucho Luis María Ansón que se fuese, a partir de ahora para qué te cuento.
    Y ante la proliferación de vertidos verborreicos en la que estamos inmersos, y la que se avecina, continúo con mi método de no querer abarcar lo inabarcable, sino todo lo contrario, reducir las expectativas al mínimo, y quedarme con lo que me va llegando sin buscarlo y que me es válido. Así llegué a este blog desde la radio, y aunque entienda, poniéndome en el lugar del Duende, que él piense que nunca debió ser escrito, desde el lado de los lectores no lo concebimos así, pues no estaríamos aquí. Creo que no hace falta más razón, y que nunca será más de lo necesario, por más que te acuerdes de todos nosotros y de nuestras familias cada vez que te pilla el toro por falta de tiempo o por exceso de actividad. Así pues, que sepas que si aflojas o paras, nos fastidiaría, pero lo entenderíamos. O mejor, lo entenderíamos, pero nos fastidiaría.

    Bob de Ca’s Barber, me ha encantado tu comentario. Sigues siendo el filósofo de lo sencillo y lo bello.

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  9. 9 lola junio 4, 2008 en 4:18 pm

    Bob de Ca’s Barber es el mejor. El Duende podría hacer como la madona de Bob, cocinar muchos posts cuando pueda y conservarlos. Así cuando no le vaya bien escribir lo descongela, no lo vamos a notar.
    Wallace tiene razón, llegamos aquí a través de la radio, ahora que le hemos encontrado no nos puede dejar otra vez. Luis María Ansón sólo hay uno, sin embargo, son muchos los duendeadictos. No puede ser de ninguna de las maneras. ¡Que faena, tendría que volver a escribir otra canción, peor aún, cantarla! Después, enviársela a todos los duendeamigos. ¿Verdad Wallace?

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  10. 10 wallace97 junio 4, 2008 en 5:42 pm

    Pues sí, Lola, pero no estaría mal pensado que escribieras otra y la cantaras. Aunque para que fuese “otra”, deberíamos oir primero la primera ¿no te parece?
    Duendeamigos, ha llegado a mis oídos que circula por ahí un documento inédito, una versión de Lola Faisán cantando la letra que la presidenta del blog, la reine de la France, le dedicó al Duende en el post del día 20 de abril, al hilo de la canción de Lara Fabian “On t’aime”, de la que puso un enlace. En fin, yo no digo nada, pero creo que habría que socializarla, ¿no?

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  11. 11 Lola Faisán junio 4, 2008 en 7:28 pm

    Hola duendeamigos, he de confesar que no estaba previsto, pero al desvelar Wallace mi identidad y después de consultar con mi respresentante el Sr. Gallo, autoriza al secretario Wallace (Julián tiene mucho trabajo y ha dejado el puesto vacante hasta después de las vacaciones) a enviar a los duendeadictos la versión española de la canción de Lara Fabian que lleva por título: Homenaje al Duende de la Radio. Hay una condición que cumplir, todo el mundo tiene que aprendérsela para poder cantarla en el próximo encuentro.

    P.D. No se admiten risas, sólo carcajodas.

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  12. 12 paradox junio 4, 2008 en 8:54 pm

    Pues para no tener nada que escribir me ha parecido sublime. Creo que siempre tenemos algo que contar, algo que escribir, lo que no sé es si siempre tenemos alguien que nos quiera leer. En el caso del Duende aunque no tenga algo que escribir siempre tendrá gente que le quiera leer.

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  13. 13 Zoupon junio 5, 2008 en 9:02 am

    A diferencia del pesado que no para de hablar y lo aguantas por obligación, educación o compromiso, lo que se escribe nunca está de más, porque es potestad del lector seguir leyendo o tirar el escrito al fuego. Y si el Duende con su maestría tiene dudas, qué no tendremos los demás. Así que, como dijo el ominoso Fernando VII, “vayamos todos, y yo el primero, por la senda del monte Karijuzn”.

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  14. 14 Salvador junio 5, 2008 en 11:10 am

    ¡Plas!, ¡plas!, ¡plas!
    La clave está en tu última frase, Duende,: “lo que nunca debió ser escrito”.
    Y hay tanto que nunca debió ser escrito…
    Hoy, como ayer, cualquiera escribe. Publicaciones y más publicaciones. Bodrio tras bodrio. Y lo peor es que, con tanto hierbajo en el descuidado jardín, se las ve uno y se las desea para encontrar una flor.
    ¡Ya mismo el carnet de escritor!, mediante examen riguroso y renovable cada dos años.
    Ah, y con puntos.

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  15. 15 Angelus P. junio 6, 2008 en 12:43 am

    Confieso. Anoche se me cerraban las persianas y tuve que plegar sin leeros.

    Confieso. Conforme iba leyendo esta especie de testamento vital del Duende, más me convencía de que no era su texto. Vamos, que tiene un “amanuense de piel oscura”. O un desdoblamiento, un aflorar de esa agua subconsciente, impetuosa, limpia y fría. Sólo al final he reconocido su yo propio e intransferible.

    Confieso que me siento culpable. ¿Cómo no sentirse concernido, tocado y derribado por el celoso reclamo del Duende y su apremiante circunstancia? El Duende, como decía Gloria Fuertes, le pagan y escribe, le pegan y escribe, le apremian y sigue escribiendo…

    Me pagan y escribo,
    me pegan y escribo,
    me dejan de mirar y escribo,
    veo a la persona que más quiero con otra y escribo,
    sola en la sala, llevo siglos, y escribo,
    hago reír y escribo.
    De pronto me quiere alguien y escribo.
    Me viene la indiferencia y escribo.
    Lo mismo me da todo y escribo.
    No me escriben y escribo.
    Parece que me voy a morir y escribo…

    ¿Lo que nunca debió ser escrito? Mi tocayo Gabilondo acaba de decir que las palabras son muy importantes porque hacen cosas, y que no hay sonido si nadie lo oye. Los efectos de tus palabras, Duende, las que leemos y por tanto existen, a la vista están.

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  16. 16 Angelus P. junio 6, 2008 en 12:51 am

    Como siempre, algo se me queda en el tintero. Sigo escuchando el estupendo “La noche menos pensada” sin Manolo H.H., que lleva días en el dique seco. Tertulia sobre la Música. Y este apunte para desearle desde aquí a Manolo un pronto y pleno restablecimiento.

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  17. 17 Adela junio 6, 2008 en 10:30 am

    Ayer me dijo un supuesto profesor ” las palabras no significan nada en si mismas”, intentó explicarme que son simples códigos a los que las personas damos un sentido u otro, me explicó que: “hijo puta” puede ser un saludo o un insulto. Para mi es en cualquier caso una grosería!, Angelus maestro, podrias aclararmelo? me dejó, algo consternada la inconsciencia en el uso de la herramienta de las palabras, y me dió la sensación de extraño cambio de sentido de los significados.

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  18. 18 Angelus P. junio 6, 2008 en 7:46 pm

    Claro, dicho así parece frío, pero es cierto. Salvo las palabras con origen onomatopéyico (que también, pero menos), son puramente convencionales y aleatorias. Si no fuera así, todos entenderíamos cualquier idioma, y las variaciones semánticas entre ellos serían mínimas. Otro asunto es el valor que damos a una palabra en un determinado contexto. El ejemplo más claro lo aporta la polisemia (pensemos, pongo por caso, en los múltiples significados de “banco”). Y no vamos a entrar en el tema de la intención del hablante, o la interpretación que el escuchante o lector puede hacer… Creo que este tema requiere al menos un par de horas de clase para dibujar su estructura básica. La semántica es un mundo, tan simbólico, variopinto y contradictorio como el mundo de nuestra experiencia vital. Es la parte más genuinamente humana de la Lingüística. Y la que más me gusta.

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  19. 19 Adela junio 8, 2008 en 8:55 pm

    Vaya Angelus! pues a la semántica creo que me refería! tienes razón.
    Ultimamente no se lo que me pasa, quizás ha sucedido siempre y no me daba cuenta pero… tengo la sensación de que casi todos los significados de palabras importantes se deslizan a significados contradictorios, por ejemplo: explotación = normalidad, paciencia = atropello, la realidad = la casualidad, etc. lo que me preocupa es que ese desliz es interiorizado y normalizado por las víctimas de su significado no por la parte manipuladora aunque a esta le viene de perlas.

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  20. 20 wallace97 junio 8, 2008 en 10:18 pm

    Adela, creo que ha sucedido siempre, hace casi cuatrocientos años decía Baltasar Gracián que si quieres ver la realidad del mundo tienes que darle la vuelta a lo que algunos te quieren hacer ver, pero tienes razón, y me alegra mucho que lo menciones, y más aún que te preocupe, en que últimamente parece que esos mecanismos que nadie los diseña, pero que siempre son aprovechados por unos pocos cuando ven que funcionan y que sus efectos son para ellos de suma utilidad, parece que se van extendiendo y amplificando precisamente por parte de las víctimas y son capitalizados por los manipuladores. Los ejemplos que has puesto me parecen perfectos, y lo que más me cabrea es la asunción derrotista que adoptamos con el “y qué le vamos a hacer, las cosas son así”, que recuerdo que en una ocasión me dijiste que todas las conversaciones en tu entorno terminaban con esa frase.

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  21. 21 Adela junio 9, 2008 en 8:11 am

    Verás me pasó algo curioso que sólo me conmovió a mi y te planteas, me pasa algo raro?, estoy haciendo un curso de auxiliar en geriatría y en un debate de clase, moderado por el director de una residencia se discutía de la importancia de la figura del auxiliar como persona muy directa en el trato diario con el residente. Mi comentario fue chocante para el director al plantearle que si es tan importante, está muy poco valorado en salario (800 €) en una privada, (1200)en una pública, dado a las condiciones de horario y dureza por la implicación emocional y personal, me dijo que es injusto pero el convenio es así y la realidad es así es por ello que debe de ser un trabajo vocacional!, lo que no podía creer fue cuando alumnas que ya lo realizan decían que es “normal”. Para mi es contradictorio, no normal.

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  22. 22 wallace97 junio 9, 2008 en 8:40 am

    Si entendemos por raro lo poco frecuente, te pasa algo raro, pero si entendemos por raro lo que no se ajusta a la lógica más elemental, les pasa algo raro al resto.
    Y entiendo lo de los trabajos vocacionales, pero entonces que sea para todas las actividades que requieran vocación, y a todos los niveles, entre ellos los médicos, y más que nadie los políticos y los jueces. Suponiendo que orienten sus vidas a esos menesteres con una vocación inicial, que ya es suponer hoy día, está claro que al segundo día la han tirado por la borda.

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  23. 23 Adela junio 9, 2008 en 11:22 am

    Eso es lo que pensé, que tiene que ver la vocación con lo justo y lógico, como puede fomentar una persona la independencia en los demás como exigencia cuando no se fomenta la suya?, es muy fácil confundir a las personas con las palabras. Asumir que lo que sucede repetitivamente es normal y deriva en falta de visión más profunda me parece muy peligroso.

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  24. 24 Angelus P. junio 10, 2008 en 12:16 am

    Ya. Me parece que el tal director iba para político… pero lo detuvo su gran vocación de servicio. ¡Juás, juás!

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