Un grabado precioso

En la España de los años cincuenta, sacabas la cámara en la plaza de un pueblo y cuando querías darte cuenta posaba el pueblo entero para la foto. Inútil decir que querías retratar a tu novia o a tus amigos. Se apostaban detrás de ellos y sonreían esperando el pajarito. La gente quería trascender de su momento y  de su pobre  circunstancia de posguerra. Les hacía ilusión  volar con la estampa de su lugar y ser vistos en él quién sabe donde ni por quién. El fotógrafo nunca los identificaría, pero a los figurantes anónimos les daba igual. Escapaban de sí mismos, trascendían, se sentían importantes.

  Es el mismo mecanismo psicológico por el que nos encanta encontrar nuestro paisaje particular recreado por un artista. Uno de los cuadros más famosos de Antonio López García es una perspectiva de la Gran Vía de Madrid que todos los madrileños han visto mil veces. Probablemente, todos nos sentimos parte del cuadro, pues por allí hemos pasado alguna vez. También en las películas nos encanta identificar nuestro paisaje. A veces lo intuimos, o creemos recordar que alguna vez paseábamos por el mismo escenario donde se han besado los protagonistas. El Duende es de los que no deja la sala de cine hasta que los títulos de crédito -por cierto, siempre los últimos- apuntan los emplazamientos del rodaje, por si se confirma que eran los que él creía haber reconocido. En las películas de la tele es inútil: la avaricia publicitara corta la emisión de la película en cuanto aparece la palabra FIN, al punto de que a veces te quedas sin saber el reparto ni, peor aún, el nombre del director. Qué mezquindad.

 A todos nos emociona que lo nuestro converja con la mirada del artista. Digamos que el testimonio de éste confirma nuestro buen gusto y nuestro criterio. El WW Escarabajo o la lata de Coca-Cola de Andy Warhol se ven colgadas en tantas paredes porque son  en pop art las mismas visiones  cotidianas de millones de personas de todo el mundo. La que desde su palomar disfruta el Duende de Madrid  es parecida a la que en su día plasmaron Goya  y Aureliano de Beruete. Demasiado caros para colgarlos en casa, aparte del feo que le haríamos al Museo del Prado. Sin embargo hace unos días el barón de Cap Llentrisca, buen amigo del Duende y asiduo del blog, le ha obsequiado con un grabado titulado Vista panorámica de Madrid (1752) coloreado con acuarela de la época que ofrece una vista de la capital en el siglo XVIII desde el mismo punto de vista desde el que la observa hoy. Algunos ciudadanos pasean placidamente por la ribera sur del Manzanares -tan crecido, por cierto, que hasta se imagina un islote en su centro- mientras  que al otro lado, asomada a la Cornisa Imperial, se extiende una pequeña ciudad en la que destacan muchas torres y cúpulas de iglesias y, en el lugar que  hoy se levanta e Palacio Real, el Alcázar de Madrid.

 A esas fechas el Alcázar había desaparecido, pues ardió por completo la nochebuena de 1.734, pero eso no empaña el encanto de una preciosidad de grabado. Además tiene otro valor añadido. El Duende lo mira como un simple amante del arte y, observado con detenimiento, de pronto ha descubierto  que en ese Madrid regalado también ha quedado grabada la huella de un afecto profundo.

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14 Responses to “Un grabado precioso”


  1. 1 Adela junio 5, 2008 en 1:18 pm

    Absolutamente cierto! me alegro tanto cuando contemplo paisajes de la isla como “Es Port.Cala Figuera” de Bússer o “Noche de luna llena.Formentor” de Tito Cittadini, o cualquier pintura de Dionís Bennàsar, mi preferida “Coral, nácar y esmeralda” porque veo en ellos mis emociones, mis sentimientos, mis colores, mis paisajes preferidos de toda mi vida hasta hoy! 🙂

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  2. 2 Carlos Suárez Pazos junio 5, 2008 en 2:10 pm

    Estaría bien, si al propietario no le importa, ver una foto del grabado, para que los demás podamos apreciar aunque sea digitalizado y por lo tanto con mucha menor riqueza y calidad tan precioso regalo.
    Un saludo al titular del blog y a sus asiduos comentaristas de un lector diario poco comentador.

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  3. 3 Ángela junio 5, 2008 en 5:08 pm

    Creo que las vista de la azotea del Duende son fabulosas!! Eso cuentan.
    Lo de los títulos de crédito yo también intento hacerlo, pero sólo en el cine, en la T.V. nunca. Es cierto que la avaricia publicitaria interrumpe le emisión en cuestión de milésimas de segundo, pero además aunque quisiera, YA NO LOS VEO. Dios mío que necesidad de unas gafas. Mejor dicho de una graduación.
    Disfruta el regalo.

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  4. 4 Bob de Ca's Barber junio 5, 2008 en 9:08 pm

    Qué te parese amigo Duende! idò yo tengo tambien dos pirograbados originales pero de mi amigo Juan Sena, que se los copió al Archiduque LLuis Salvador, que desia que los hasia él y lo que hasía era haser trabajar a los demás, be! él hasía otras cosas,en la casa de Michél Duglas!, son más modernos pero, del mil ochosientosipico y ensima no bastaba esa sorpresa! que también me trajo a casa el mismísimo Nixe, eh! lo he puesto en el sitio más prinsipal de la ximenea, en el medio! pa que se vea bien!, estos amigos no tienen presio y eso que yo sólo le regalaba melocotones… 🙂

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  5. 5 Angelus P. junio 6, 2008 en 1:10 am

    Pero Bob, no me cabe duda de que él sabía apreciar todo el arte que Natura ha puesto en tu melocotón. Ese terciopelo amarillo-naranja, con una nube roja jaspeada de granate. Ese aroma delicioso a verano, lleno de sol y agua, ese tacto inigualable y el sabor que resume todo ello, incluído el mimo del hortelano, que entrega con él su dedicación y cariño hecho fruta. Una auténtica obra de arte.

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  6. 6 Zoupon junio 6, 2008 en 9:36 am

    Yo no pienso hablar de Madrid hasta que nuestro estimado Wallace, que me regaló esta ciudad hace tiempo, me la envíe debidamente envuelta en papel de regalo y por paquexprés. Eso sí, a portes debidos.

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  7. 7 Bob de Ca's Barber junio 6, 2008 en 10:15 am

    Ara que lo dises…amigo Angelus los melocotones de Ca’s Barber son ni más ni menos asin como tu dises 🙂

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  8. 8 Salvador junio 6, 2008 en 12:50 pm

    Vi pintar a Antonio López en la Gran Vía a la Gran Vía. Por aquel entonces yo vivía en la calle del Barquillo y casi todos los sábados me acercaba a echarle un vistacito al lienzo. Había que madrugar porque, en cuanto cambiaba la luz, don Antonio agarraba los bártulos y se marchaba. Como el pintor estaba tan ensimismado, munca me atreví a decirle ni buenos días.
    El cuadro al que me refiero no es el de la foto, sino otro pintado desde la acera de la derecha, junto a la iglesia de San José.

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  9. 9 wallace97 junio 6, 2008 en 1:23 pm

    Querido Zoupon, llevo meses de pelea con Correos, y entre otras cosas, porque me ponen pegas para enviar un paquete que vaya metiendo tanto ruido, me dicen que al pasar por los pueblos iría despertando a todo el mundo. ¡Después de lo que me costó empaquetarlo!, no veas para poner el papel de regalo alrededor de la capa de contaminación, no había forma de pegar la cinta adhesiva.
    Bueno, sigo intentándolo, y espero que a vuelta de correo me envíes la ciudad en la que vives tú, o ya puestos, la comunidad entera. Es de bien nacidos ser agradecidos. Por cierto, yo te hacía en Asturias, pero me suena que últimamente has dado señales desde Galicia, ¿no?
    Un saludo.

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  10. 10 wallace97 junio 6, 2008 en 1:36 pm

    Salvador, pues entre tú y yo le tuvimos bien vigilado a Antonio López. Pasé por ahí todos los días de lunes a viernes a eso de las nueve de la mañana, y allí estaba el hombre, dándole al pincel. No recuerdo exactamente el año, pero fue entre el 80 y el 83, que trabajé por la zona.
    Era curioso ver el avance diario del cuadro.
    Si mal no recuerdo, el que tú dices, desde la acera de la derecha, está en el museo Reina Sofía.
    El que ilustra el post de hoy, recuerdo haberle visto pintándolo, pero sólo un día o dos, con su caballete en la isleta del cruce de peatones. No sé si fue anterior o posterior, aunque creo que posterior.
    Saludos.

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  11. 11 gatablanca junio 6, 2008 en 4:40 pm

    Tienes toda la razón, Duende. Yo que vivo en Cantabria y que, aunque natural de Madrid, donde viví hasta hace tres años, siempre me consideré cántabra de corazón, ahora que ya no piso las calles madrileñas a menudo, cuando las veo siento nostalgia. ¡Si por eso estuve un par de meses enganchada a la novela “Amar en tiempos revueltos”, de la 1! ¡Sólo porque salían imágenes del Madrid de los años 50!

    Es la segunda vez que me atrevo a hacer algún comentario, pues los vuestros son demasiado profundos y jugosos, pero os leo con fruición en cuanto me llega el correo. Muchas gracias a todos, y en especial al Duende, por tantos buenos momentos.

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  12. 12 carlos junio 6, 2008 en 5:24 pm

    López,Toral, Naranjo, Nieto, Torrens pintaban lo que veían ,en los 80 se veía y se pintaba lo que se miraba, Ahora no se mira para no ver, ni tener que pintar y el que ve , mira para otro lado y no pinta nada de nada Solo tú Trasgu del aparatu parece que miras, ves y si quieres pintar, pues pintas con un par.

    Peter Pan Y tú vais a menudo de verde

    Carlos Wateri

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  13. 13 Zoupon junio 9, 2008 en 9:20 am

    Wallace, creí que lo de enviarme Madrid era un regalo, no un trueque. Si es un trueque ya me lo voy a tener que pensar un poco, porque me gusta mucho Madrid, pero me encanta mi pueblo. Si al final me decido, para envolverlo pediré ayuda a Cristo, no al hijo de Dios, sino al artista (o presunto) húngaro que envolvió el Reichstag.
    Y entre gallego y asturiano, pues… depende. Ahí va toda una pista ¿no?.

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  14. 14 wallace97 junio 9, 2008 en 9:39 am

    Zoupon, efectivamente era un regalo, pero si cuela, cuela.
    Y lo de pues… depende, no es una pista, es una confirmación.

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