Amadas primas

(Foto de Merkur)

Aquel tipo adoraba a las primas. A ello contribuía la literatura. Había leído todas las novelas propias de la primera juventud. En casi todas aparecían primas guapas, primas seductoras, primas con las que  se viajaba en tren o en barco, o con las que se veraneaba en el Tirol o en una isla griega. También había primas mas cercanas, primas de Albacete, de La Bañeza o de Valladolid, con las que primero se juega a las casitas o a las familias y luego se acaba descubriendo el esplendor en la hierba. Quien tenía una prima maciza y con las mejillas como manzanas, tenía un tesoro.

  Sus amigos, por cierto, también tenían primas. Gustavo, en particular, estaba enamorado de una de ellas, año y medio mayor que él. Se llamaba  Sofía, y justo aquel verano se le había puesto el pecho lleno de tetas. Las novelas y el cine hablaban mucho de episodios así.  Un día de verano cogieron la merienda, se escaparon de casa,  le  robaron el chinchorro al tío Tomás y se lanzaron a pescar en la ría. Ella hizo un movimiento peligroso y cayó al agua. Gustavo no lo dudó y se zambulló tras ella. Recordando  lo que había visto en el Tarzán de Johny Weissmuller, cruzó su brazo derecho por debajo la axila de la chica y nadando a duras penas con el brazo izquierdo le ayudó a ganar la orilla. El chinchorro, a la deriva, fue arrastrado por la corriente hasta perderse en la mar. La chiquilla, presa de un ataque de nervios, se arrebujó en el hombro del muchacho y no paró de llorar hasta que el sol secó sus ropas y ambos se encontraros enredados en besos y abrazos.

  Gustavo nunca olvidaría esa tarde, pero la edad no perdona. Ella completó su desarrollo mientras él seguía buscando desesperadamente en el espejo motivos para afeitarse. Ella se enganchó en la pandilla de los mayores y acabó casándose con un ingeniero de caminos. Gustavo siguió amando a su prima, pero no volvió a verla hasta que, veinte años después se celebró el funeral  por el usurpador, muerto repentinamente mientras se calzaba unas botas de esquí. Gustavo entonces acompañó a la prima Sofía todo lo largo del camino de cipreses que cruzaba el cementerio, y antes de despedirse se le ocurrió emplazarla  para  el verano. Le propuso salir otra vez a pescar en la ría. Pero  no lo harían en el chinchorro del tío Tomás, sino en un pequeño barquito de su propiedad.

 Y aquél verano, salvando las distancias,  se pareció bastante al Verano del 42  que entonces triunfaba en las pantallas.

 Gustavo era amigo del Duende, que no tuvo primas como Sofía. Todas eran mucho mayores que él. Pero alguna de ellas no obstante da para una historia luminosa y tierna que contaremos otro día.

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6 Responses to “Amadas primas”


  1. 1 Salvador junio 19, 2008 en 8:05 am

    La mia se llama Concha.

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  2. 2 Palinuro junio 19, 2008 en 12:32 pm

    Las primas cierto que eran mucho mayores. Pero algunas de las hijas de las primas y primos sí que dieron algo de juego en el universo adolescente del Duende y de los suyos.

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  3. 3 Adela junio 19, 2008 en 12:44 pm

    Ostras! que momento! me ha recordado la peli “Love history” cuando el la busca por toda la escuela de música desesperado y ella está en el portal de su casa sentadita en la escalera llorando desesperada y le dice…” amar significa no tener que decir lo siento”. Oh, oh, oh… 🙂

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  4. 4 Charivari junio 19, 2008 en 1:14 pm

    ¡Qué tierno! Casi, casi podíamos plagiar ligeramente a D. Francisco de Rojas y titular hoy este rincón “Entre primos anda el juegos”

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  5. 5 Bob de Ca's Barber junio 20, 2008 en 12:12 am

    Que me gusta el amor! disen que cuando estás enemorado tienes más salud y todo funsiona mejor, como vives en una nube y crees seguro que eres superman! te sientes fenomenal, mira a Gustavo! seguro que si se cae al agua la prima de su abuelo le dise que espere un poquito que ara llama a la guardia sivil que viene enseguida y…ya lo veremos!, yo no se que tendrán esas primas encantadoras de hombres que…te hasen sonreir todo el dia, subirias a Lluch a pie, nunca estás cansado y hases las asequias mejor que nadie, les buscas la flor más original, les hablas de cosas que no sabes pero lo parese, ah! y les abres la puerta del coche 🙂

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  6. 6 Zoupon junio 21, 2008 en 11:45 am

    Tengo entendido que las primas siempre se iban con el de la Bultaco Metralla, dos o tres años mayores que ellas y que fumaba rubio, y te dejaban con un palmo de narices. Entonces tú también empezabas a fumar rubio a escondidas y soñabas con tener una Bultaco Metralla algún día.

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