Durmiendo abrazado a un botijo

El cronista Concordio Bezal lo tenía muy difícil. Esperaba a que la luna del 24 de julio, jueves, despuntara por encima de los tejados para liberar a la musa.

  La musa tenía trabajo. Debía de inspirarle tres artículos de distinto calado. Uno para la Gacetilla Local, en la que tenía pensado denunciar la dificultad para pulsar el botón que abría el caño  de las fuentes públicas. Según sus trabajos de campo, ningún niño de menos de ocho años ni nadie por encima de los setenta tenía la fuerza suficiente para percutir sobre el endemoniado botón de latón que abría el chorro. Su muelle ofrecía tanta resistencia que incluso Barbatán González estrella del catch madrileño de los años cincuenta y primo segundo del gran Hércules Cortés había renunciado a beber agua gratis. Ahora, como los turistas, paseaba por Madrid añorando su gloria perdida con una bolsa del Corte Inglés en una mano y un botellín de agua mineral en la otra. Qué deterioro de su prestigiosa imagen.

 El segundo artículo iría destinado a El afinador, que al contrario de lo que indicaba su nombre, no era el órgano de expresión de los fabricantes de pianos, sino una revista literaria donde se limpiaba, se fijaba y se daba esplendor al idioma. Según Concordio, estas funciones habían sido abandonadas por los académicos porque la Academia de la Lengua era una casa de putas. Los amigos del cronista pensaban que esto lo decía en sentido figurado, y le disculpaban. Pero un día Concordio explicó que no, que lo decía en sentido literal. Según sus noticias, el barrio de los Jerónimos acogía en los años cuarenta a buen número de mujeres que, aprovechando la timidez de las farolas de esas calles tranquilas, hacían manualidades sotopantaloneras a cambio de tres pesetas y la voluntad. Algún académico rijoso apuntó que había que regenerarlas, y solicitó que fueran admitidas como aprendices de archiveras y documentalistas. Esto lo contó Concordio en el Café Gijón, y le valió la reprimenda de otro académico que, casualmente, tomaba un gin fizz, y que amenazo con querellarse contra él por calumnias. A partir de entonces Concordio templó sus acusaciones, y las calificó sólo de leyenda urbana.

 Como, con querella o sin ella, Concordio quería hurgar en el idioma para mejorarlo, pensaba escribir el artículo de aquella noche sobre la necesidad de afinar el término tatarabuelo (a), que según el diccionario es el padre o madre del bisabuelo o bisabuela. Comoquiera que sus conocimientos de griego le decían que en la lengua de la antigua Hélade tétares es cuatro, y tatarabuelo era una clara derivación de esa palabra, entendía que el así llamado debía ser el abuelo de cuatro generaciones. Por lo que era urgente crear el neologismo trisabuelo/trisabuela, que sería el padre o madre del bisabuelo, hoy incorrectamente llamado tatarabuelo, y reservar esta palabra para el progenitor de aquellos. Concordio esperaba que por esta brillante reforma le dieran algún premio, a ser posible pensionado.

 Finalmente el tercer artículo estaba destinado a poner al gobierno a caer de un burro. En este caso el trabajo era menor. Bastaba rescatar de su archivo cualquier otra de sus celebradas columnas políticas, adecuar las fechas a las actuales,  cambiar el Proyecto de Ley de Paso a Nivel por el PREBO  (Plan de Relanzamiento del Encaje de Bolillos, que tanto se debatía en esos días) y mandarlo a la redacción.

 Esperaba Bezal, en efecto, que con la luna despertara la inspiración. Pero era la noche más calurosa del verano,  en el bar de copas de la esquina sonaba machaconamente La barbacoa  de Georgi Dan, y las ventanas abiertas para ventilar el sofoco disipaban a la musa. Mientras una de ellas ofrecía la estampa de una sueca jamona que repasaba sus piernas con la Epilady a la luz de un flexo, otra mostraba a un conductor del Parque Móvil  en camiseta fumando un cigarro con el mismo gesto dramático del príncipe Segismundo  en La vida es sueño.

 La luna, mermada, acabó por salir con desgana. Y un gato negro corrió por el tejado para festejarla. Pero el termómetro no bajaba de los veinticinco grados, y Concordio concluyó que con ese panorama la musa nunca podría estar a la altura de su categoría intelectual. Así que se abrazó al botijo y se metió en la cama con él esperando conciliar el sueño.

 

 

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4 Responses to “Durmiendo abrazado a un botijo”


  1. 1 MARIBEL julio 24, 2008 en 8:50 am

    Buenos dias querido DUENDE!!! realmente la pasada noche ha sido horrorosamente calurosa….pero a finales de julio es lo mas normal, bueno ya he desayunado y me voy a seguir con el trabajo!!!! besos

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  2. 2 José Ramón julio 24, 2008 en 11:14 am

    Lo del botón durísimo para abrir el chorro de las fuentes públicas: Totalmente de acuerdo con Don Concordio.
    Lo de la RAE: Totalmente de acuerdo con Don Concordio, y más desde que admitieron “posicionar”.
    Lo de criticar al gobierno: Siempre, sea cual sea. Para eso están sus miembros y sus miembras.
    Durmamos abrazados al botijo. ¿Dónde queda un botijo?

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  3. 3 Zoupon julio 24, 2008 en 12:36 pm

    No sólo el botón de las fuentes está duro, es que cuando logras abrirlo sale el agua con tanta fuerza que te empapas hasta el cogote a poco que acerques el morro al caño. Y ZP tan pancho, oiga.

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  4. 4 adela julio 25, 2008 en 12:00 am

    En mi casa tenemos aun el botijo de mi padre y no es tonteria conservan el agua mucho más fria y más tiempo, a la sombra claro, aunque para dormir…creo que…demasiado frio!.
    Veo la luna mermada y sin ganas, igual que Concordio Bezal y no es por el calor ni las musas, es porque se ha ido un amigo algo lejos, se llama o le llamábamos Chico, quizas sus nuevos amigos le llamen de otro modo, no lo se, parecía una complicación al principio su amistad aunque luego fue un regalo, es la pura verdad! y aunque el post no es de este tema, con permiso del Duende me gustaría haceros conocedores de una página web estupenda, http://www.herztier.com , me han ayudado muchísimo a encontrar un hogar bueno para Chico, personas que se dedican a salvar animales de la calle y darles alimentación, higiene y amor. Muchas veces no ayudamos a estos animales porque nadie nos va a dar una mano y no los podemos tener en casa, pues el equipo de herztier lo hacen y les estoy muy agradecida.
    Al final la que recibia amor era yo y no Chico, vaya será por eso que las musas están tristes, aunque él vivirá feliz 🙂
    Gracias a los que ayudan a los demás, sea quien sea 🙂

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