El honor de ser pregonero

(Foto de Juanele)

Para hacer el pregón de unas fiestas –le aconsejaron una vez al Duende- mejor ser el hombre de la tónica que Demóstenes. Demóstenes era, según la tradición, un maestro en la oratoria, que es algo teóricamente muy apreciable a la hora de pregonar. El hombre de la tónica en cambio era un actor francés cuyo nombre ahora no se recuerda, pero que en una época fue considerado popular. Unas veces, porque otras se le diría simplemente famoso. Y famoso, lo que se considera famoso de verdad, es sólo el que sale en la tele. Corolario final: da igual en calidad de qué salgas por la pequeña pantalla. Si la gente identifica tu careto serás la sensación del pueblo, y al menos una o dos niñas te señalarán alborozadas como al mono de la casa de fieras.

-Mira, mama -no mamá- ¡Un famoso!

Eso al parecer prestigia a las fiestas populares.

Suele oponer este argumentario el Duende siempre que han reclamado de él el favor – preséntese como honor, por no faltar al prestigio de la muy honorable villa de turno-de ser pregonero de las fiestas de una ciudad, villa, pueblo, aldea, villorrio o pedanía, que en todas las garitas se ha hecho guardia ya a estas alturas. Pero que si quieres arroz, Catalina. Si el edil de turno te conoce y confía en ti, presume que todo el pueblo lo hace. Sin embargo el personal se pasa el día pastoreando cabras, o cultivando espárragos, o bordando mantelerías, o labrando las higueras con el tractor. Y cuando vuelven a casa o al bar, prefieren ver la tele, que es lo que les distrae más. Veinte años de radio no dan la popularidad a nadie. La pedanía de El Raso, un barrio de Candeleda, escuchó del Duende el pregón de las fiestas del Apóstol Santiago como quien escucha a un loquito a las puertas del mercado. ¿Eso qué es lo que es?-que diría Carlos Herrera con su acento almeriense. Una oreja, sólo una oreja, de Jesús Vázquez que se hubiera asomado al micrófono, habría tenido más éxito. Y no digamos nada si aparece una uña de Casillas, una papada de Isabel Pantoja o una teta de Belén Esteban.

No sabe el Duende en su perspicacia si se habrá notado que no le gusta nada dar pregones. Como suele predicar cada vez que le piden ser duende sin poder hacerse el invisible, y careciendo de la popularidad del hombre de la tónica, sólo lo haría o por mucho cariño o por mucho dinero. Espero que esta vez al menos quede claro su inmenso afecto por el Raso, un lugar que aunque sólo fuera por su castro celta, tan hermosamente plantado en las laderas de Gredos,  bien merece una visita. Aunque sea pasadas las fiestas, y el viajero se pierda esos pregones de famosos que no dicen demasiado.

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4 Responses to “El honor de ser pregonero”


  1. 1 Bob de Ca's Barber julio 27, 2008 en 10:46 am

    Esto de haser favores…sería fabuloso que fuese a favor de todos, porque mira, el amigo Jaume que hiso el santo el otro dia, ara no se cuando era, como no sabe si llegará al cumpleaños, idò por un si acaso dijo: lo selebrar todo junto y haremos una fiesta grande. Resulta que le pidió por favor al amigo Joan, que es su contable, que le hisiera de cantante en la fiesta, Joan es gran amante de la música y más del tinglado del espectáculo, se lo tomó muy enserio y montó un buen exsenario con altasvoses y micrófono y se vistió con su pantalón negro bien planchao, sus sapatos de charol blancos y su americana roja, impresionante! la questión es que era hora de serrar, que sinos los vesinos enseguida denunsian! y Joan ni soltaba el micro ni bajaba del exsenario, entonses Jaume por cariño desidió pagar la multa y…ya lo veremos!!! 🙂

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  2. 2 Zoupon julio 28, 2008 en 12:30 pm

    Duende, en los tiempos que corren, lo importante de un pregón no es su contenido, da igual lo que se diga mientras el orador sea cualquier famosete del tres al cuarto. Y en algunas zonas de España, también cuenta mucho en qué idioma se pronuncie. De este modo en mi tierra ya puede venir a pregonar cualquier gilipollas del Gran Hermano, y decirnos que somos todos unos paletos y unas paletas porque llevamos las gafas de sol de hace tres años, que si nos lo dice en gallego, ya le aplaudimos a rabiar.
    En cierta ocasión fueron las patronales florida y galaicamente pregonadas por un meritorio escritor, y un paisano que estaba a mi lado comentó: “Qué ben falou este home, que non lle entendín nin papa”

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  3. 3 José Ramón julio 28, 2008 en 1:02 pm

    En mi pueblo no se estilaba lo de dar el pregón para las fiestas desde el balcón del ayuntamiento. Hasta que un nuevo alcalde, hace cinco años, decidió instaurar tan meritorio episodio.
    Buscaron a quién podían contratar para el evento, pues iba a ser el primer pregonero de la historia (de la historia del pueblo).
    Y contrataron a Paco Porras, que dio un discurso que no sé cómo fue, porque no fui.

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  4. 4 adela julio 29, 2008 en 10:49 am

    En la isla de momento siguen haciendo los pregones personas ilustres de los pueblos por algo especial que han hecho o por su trayectoría profesional en favor de todos, supongo que no debe ser rentable pagar un avión para hacer un pregón, mejor!! 🙂

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