Regreso a Luanco

(Foto de Jose Manuel González)

Alguien recomendó alguna vez aquello de no volver donde se ha sido feliz. Cuestión previa: ¿quién sabe cuándo se es absolutamente feliz?

La máxima puede valer en general, pero como matiza muestra siempre recordada doña María todo es mu correlativo. Volver a París o a Roma comporta pocos riesgos para el coleccionista de postales sentimentales, porque el núcleo de la ciudad, lo bonito del sello, se mantiene desde hace siglos. Pero regresar treinta años después a lo que era una  idílica aldea en la costa de Asturias -como supongo que pasaría en cualquier otra  zona de España- entraña graves riesgos. Uno puede sentir desolación, frustración, desengaño, pérdida de fe en la racionalidad del hombre. Y, aún peor, puede sentirse poseído por el espíritu del mismísimo Belcebú y querer mandar al fuego eterno a los enemigos del paisaje. Si es que hay sitio en el infierno para tantos.

En la familia del Duende hubo un antepasado que acuñó la expresión -muy usada por las generaciones siguientes- si yo fuera rey absoluto para condenar sin paliativos a todo lo que o los que a uno no le gustan. No es nada democrático pero es muy útil, y desahoga el espíritu justiciero que la evidencia absurda y estúpida despierta en el fondo de nuestra beatífica alma. Bueno, pues el menda fuera rey absoluto mandaría al Averno a todos los que de una u otra forma han conseguido que uno acabe aborreciendo a esos lugares donde fue uno feliz. Alcaldes cegados por el fantasma del desarrollismo, ediles corruptos, constructores corruptores, urbanistas abusones, especuladores insaciables, arquitectos venales, nuevos ricos exhibicionistas, aldeanos ineducados, cursis ostentóreos…Qué suerte para ellos que, al final, el Duende sea un perfecto demócrata y reniegue de los usos del tirano. Aún añorando, sotto voce, el poder llevar al infierno a los destructores de postales. Por bastante menos, arrastraba sus cadenas un pecador al que Woody Allen interrogaba en el infierno de una de sus películas. ¿Y usted por qué está aquí? -le preguntaba el cineasta- Yo fui el inventor de los muebles de metacrilato-respondía el infeliz condenado.

Espera el Duende que aún pase bastante tiempo antes de conocer en ese mismo infierno a los que se cargaron la pequeña villa de Luanco, entre Gijón y Avilés. Era un pueblo marinero bien guapín, con algunas casas nobles y bien pintadas, una iglesia con Cabildo asomada al mar, un largo espigón que llamaban el Gallo, muy apropiado para pasear amores adolescentes, y una pequeña playa donde lucían su palmito chicas muy monas. El Duende lo conoció en 1965, y lo desconoce ahora. Ya no hay reyes absolutos. Y quizás pecamos de ilusos. Pensar que en su lugar iba a reinar aquí el sentido común  es como esperar que Bush que se emocione leyendo las rimas de Bécquer.

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7 Responses to “Regreso a Luanco”


  1. 1 José Ramón agosto 22, 2008 en 2:04 pm

    No conozco Luanco, pero puedo imaginar perfectamente lo que dices porque conozco casos similares.
    (Que hablen nuestros amigos mallorquines, por ejemplo).
    Si yo fuera rey absoluto llegaría a algún tipo de acuerdo contigo para que nuestras dos naciones se coordinaran en esa labor desinfectante.

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  2. 2 maribel agosto 23, 2008 en 9:16 am

    pues si querido Duende la verdad esque a muchos nos gustaria ser “reyes absolutos” tampoco conozco luanco pero viviendo en la provincia de Alicante poco me puede asombrar pero …es lo que hay, ya poco podemos hacer. si acaso intentar recordarlos los pequeños riconcitos que nos encantaban….. besos y feliz dia

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  3. 3 Adela agosto 23, 2008 en 9:35 am

    Tengo unas fotos muy bonitas de Luanco con mi prima, hace ya bastantes años y sólo se ven casitas de colores frente al mar gris azulado de invierno y niños solitarios jugando en las calles con los regalos de Navidad, me recordó a Pelourinho en Salvador de Bahia, una postal muy bonita de hace quince años por lo menos! el tiempo pasa y no me doy cuenta!, aquel momento fue feliz y no me apetecería que se borrara prefiero no verlo de otro modo.
    Si yo fuera rey absoluto sería más exigente con el respeto al medio y a los que allí viven, estudiaría el origen de sus construcciones y porque son así, en Valldemosa se hacían las casas de piedra para aislar del calor del verano en la montaña y muy anchas por el frio del invierno, las persianas dejan entrar el aire y protegen del sol fuerte su diseño hace al llover el agua se deslice hacia afuera, además las casas cubiertas de piedra se confunden con la montaña y sus jardines con la vegetación, es más ordenan el paisaje de una manera muy bonita y armónica, hoy en dia querido José Ramón ya no es así, los adosados (acosados , bien llamados por ti) forman parte de ese pueblo, junto con los souvenires absurdos, incluso han puesto un Capuchino ( cadena de cafeterias de lujo), fui allí con unos amigos aunque mi idea era ir al bar de toda la vida a tomar el chocolate con coqueta de patata, y como el Duende en Luarca mi sorpresa cuando nos sacan una carta de cafes de lujo a 6€ por taza, me levante y muy educadamente le dije a la camarera que nos ibamos que un Capuchino de estos no es lo que nos hacia ilusión, me miró como yo miraría a un extraterrestre, al final nos tomamos una tónica en una terraza donde los camreros eran mejicanos, muy simpáticos. Ya no voy allí, solo a visitar la Cartuja o si algún concierto que me puedo permitir!.
    Por cierto! hubo una época en que los muebles de metacrilato eran un lujo, recuerdo que las amistades decían ¡se ha comprado una mesa y…es de matacrilato! aaaah, los demás no sabíamos lo que era pero…asentiamos como, ¡vaya… que nivel! era sinómimo de algo caro y por tanto, de calidad! 🙂

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  4. 4 CARMEN agosto 23, 2008 en 9:27 pm

    Duende te encuentro un poco pesimista y demasiado destructor, estoy en Asturias y la Luna que se reflejaba la otra noche en el mar ( la mar) era espectacular , como para volverse a enamorar.Es verdad que se han hecho muchas barbaridades, pero el Occidente de Asturias por lo menos para mi sigue siendo `magico.
    Hola Adela tu si que sabes de horrores en Mallorca.Tengo a mis padres en casa y voy muy mal de tiempo ,pero leere todos los atrasos y escribire largo y tendido besos a todos
    Especiales para Camila Juan ySara

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  5. 5 El Duende de la Radio agosto 24, 2008 en 8:14 am

    Siempre hay algo que se salva, claro.Pr lejos que lleguen las tropelías del hombre,aún no hay quien nos ciegue el horizonte que dice Carmen. A ver si hay suerte y nos lo conservan algunasgeneraciones más.

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  6. 6 Zoupon agosto 26, 2008 en 8:15 pm

    Se pregunta el Duende quién sabe cuándo se es absolutamente feliz. Y la respuesta, por desgracia, es sencilla. Nunca. Porque cuando crees que eres absolutamente feliz no lo eres realmente, a sabiendas de que ese momento que tanto disfrutas es pasajero, y eso siempre pone una nota de amargura que no se puede ignorar.
    La palabra feliz casi siempre va con verbos en pasado, y rara vez con verbos en futuro. Con verbos en presente, creo que nunca.

    Yo casi dejaría que todos esos fétidos factores que cita el Duende campasen a sus anchas por donde les viniera en gana si tan sólo a cambio respetasen Asturias. No sé, quízá Puerto de Vega siga igual. O Rinlo, delicioso pueblín al lado de Ribadeo.

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  7. 7 adela agosto 27, 2008 en 10:39 am

    Puedes disfrutar de un momento de felicidad sin más, y cuando haya pasado ser más feliz aún y dar las gracias por haberlo vivido, siempre llevarás la emoción con tigo y es lo que le da el valor de feliz 🙂 y es atemporal.

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