Martita vuelve a sonreir (Un cuento sobre la sensibilidad)

Se lamentaba Homper- el Hombre Perplejo- a su psicólogo. Mire, trato de encallecer mi sensibilidad y sin embargo creo que fracaso, ¿qué puedo hacer? El psicólogo le recordó que ser una persona sensible, como diría el padre Bonete, no es malo de suyo. Pero Homper replicó de inmediato: calle, no diga tonterías, tú blindas tu alma y el mundo te resbala. Sin embargo abres tus poros a lo que flota en el viento, a los sentimientos, a lo que ven tus ojos, a lo malo o a lo bueno de la vida, y siempre crees que te debe lastrar lo peor. Y acabas sufriendo innecesariamente, como mi amiga Marta.

Y añadió que parecía imposible que Marta lo estuviera pasando mal, con la carita inocente, tan rica y llena de ternura, que Dios le había dado.

Marta había entrado en la edad madura, pero seguía luciendo rostro de niña, y era tan dulce y cariñosa, que invitaba a que se le llamara Martita. Parecía una amiga de Mafalda, o una de esas criaturas con zapatitos, calcetines y lazo en el cabello que ilustraban las vajillas infantiles antiguas. Marta está bien casada con un marido estupendo, un ingeniero de esos que no sólo te quiere, sino que además es capaz de crear una empresa y, lo más importante, de arreglarte la plancha si se pone a ello. Un tipo tan bien organizado que incluso es capaz de entender ese artefacto diabólico para los bebés que se llama Maxi Cosi, no les digo más. Tienen cuatros hijos y esperan un nieto, y viven en una casa con patio ajardinado la mar de agradable. Además, trabajaba en una pequeña fábrica de felicidad, pues por sus manos pasaban niños de esos que antes llamaban incluseros y que, gracias entre otras cosas a sus buenos oficios, encuentran ahora padres adoptivos. Bonito trabajo Sin embargo, las cosas, se le habían juntado alifafes de salud, preocupaciones por el futuro de sus hijos -¿quién se libra de eso?- y alarmas derivadas de su extrema sensibilidad. Y ahora andaba triste, algo deprimidilla.

¡Qué compromiso, doctor!-le dijo Homper. Y el psicólogo se excusó. No se qué decirle, no la conozco, mi cliente es usted…Pero no creo que eso de echar una capa de cemento a la sensibilidad sea remedio…Y haga el favor de no complicarme la terapia con terceros, caramba, que bastante tengo con usted.

Y Homper se echó a la calle recordando el verso de Rimbaud que tanto recitaba su padre. Par delicatesse j´ai perdu ma vie…Y pensaba que, pese a la resistencia del psicólogo, sus esfuerzos por sofocar sus neurona de la sensibilidad no le habían ido tan mal. Pasaba por la Rosaleda del Retiro en su esplendor y conseguía que las rosas no le dijeran nada. Desfilaba ante los mendigos más dignos de compasión y se convencía a sí mismo de que eran farsantes. Veía precipitarse por un balcón a un especulador desesperado por la crisis bursátil y se encogía de hombros. (Hacía bien, el millonetis arruinado se había atado un tirante de los del puenting, por si en el descenso Wall Street rebotaba y salvaba los muebles). Se convencía a sí mismo: educo mi resistencia, me fortalezco, estoy preparado para afrontar el futuro sin ser víctima de mis sentimientos.

Sin embargo aquella noche tuvo un sueño inquietante. Había dejado sobre la mesa de la cocina una merluza en salsa con la que pensaba invitar a cenar a unos amigos. Ya se sabe cómo son de caprichosos los sueños. En esto aparece su nieta encima de la mesa, y mete un pie en la fuente de merluza. Suena el teléfono, Homper toma un rollo de papel de celulosa, limpia a toda prisa el pie de la niña y se precipita a descolgar. Cuando regresa, la niña no está. Sin lavarle el pie, que seguramente olerá a merluza en salsa verde, la madre le ha puesto los zapatitos y se la ha llevado a la guardería. Y Homper pasará el resto del día torturado por la culpa y las dudas. No sabe qué es peor, si que las monjitas miren extrañadas a su nieta porque huele a pescado guisado, o que a sus invitados esta noche no les guste la merluza con sabor a pie de niña. Qué horror: regresa a la sensibilidad.

Y aunque tenga que seguir pagando al psicólogo, se congratula con su suerte, y aún se atreve a rectificar a Rimbaud. Par delicatesse j´ai gagné ma vie, sí, eso debería haber escrito el poeta. Pues, pase lo que pase con el sueño, con el pie de la niña y la fuente de merluza, y a pesar de que el día es plomizo, Homper sabe que gracias a que aún no se le ha embotado el sentimiento conecta con su amiga Martita. Y está convencido de que ésta sonreirá cuando lea sus peripecias. Y pensará que, pese a todo, vale la pena abrir esos ojos con pestañas tan largas que hacen cosquillas a los ángeles y volver a mostrar su sonrisa de niña feliz.

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22 Responses to “Martita vuelve a sonreir (Un cuento sobre la sensibilidad)”


  1. 1 adela octubre 12, 2008 en 1:01 pm

    Una vez…o dos…o tres…me sentía como Martita, creia que mis emociones me hacían más mal que bien, estaba muy perdida puesto que tampo sabía vivir “blindándolas”, entonces! conocí a mi amiga Norina que regalándome un libro de Saramago escribió en el envoltorio;

    – La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa.

    – Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es, que no todos ignoramos las mismas cosas.

    – Hay dos cosas infinitas. El universo y la estupidez humana. Y del universo no estoy seguro.

    Bueno! no son sólo frases bonitas, ni es por que las haya dicho el señor Albert Einstein. Es porque las escribió mi amiga Norina y de una persona que de vez en cuando se viste de blanco y adopta forma de Unicornio en medio de una plaza, me puedo fiar 🙂

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  2. 2 Stick octubre 12, 2008 en 1:10 pm

    Todos los males tienen una parte de mal del cuerpo y otra de mal del alma. Seguro, duende, que a tu Marta le reconfortará en sus males del alma lo que le escribes.
    De los males del cuerpo, ya se sabe que si, después de cumplir 50 años, no tienes ninguno por la mañana, al despertarte, es que estás muerto.
    En todo caso, que cierto es eso de que “¡que bien se está cuando se está bien!”

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  3. 3 rosa octubre 12, 2008 en 5:56 pm

    lloro con el duende pero sonrio. si, hay veces que duele cuerpo y alma, pero reconocerse en la existencia de otros, los amigos, ayuda a cambiar la mirada y…seguro podrás volver a sentir el olor de las rosas y esperar con ilusión la nieta “pringada” de la comida para los amigos.
    gracias al duende:si, hay que recobrar la vida sin perder la sensibilidad (aunque quizás, haya que amainarla un poquito)

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  4. 4 maribel octubre 13, 2008 en 8:53 am

    hay que ser sensibles a los demas pero sin vivir sus vidas….no se puede ir con un corazon de piedra como tampoco puedes derrumbarte con los telediarios sino la vida seria imposible de llevar…..besos

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  5. 5 Úrsux octubre 13, 2008 en 11:59 am

    ¡Qué preciosidad de cuento, Duende!.
    Gracias.

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  6. 6 alfonsina octubre 13, 2008 en 12:23 pm

    Una de las cuestiones que plantea Homper es antigua y a la vez presente en todos los que nos tenemos por sensibles: ¿Es mejor ser sensible?¿Es mejor no serlo? ¿Sería mejor que me importara todo un pimiento?

    De alguna manera, la sensiblidad es como una lupa gigante, unas gafas de 1000 dioptrías que aumentan cada detalle, cada matiz, cada sentimiento, propio o ajeno. Desde ese punto de vista, es mejor ver, oír, saber, que vivir en la ignorancia de tanta gente que, impermeables a los demás, llegan al fin de sus días sin enterarse de qué iba esto. Eso sí, con probable éxito en tdos los aspectos de la vida, puesto que, el que va a lo suyo, raras veces no logra sus objetivos.

    Martita, hace las cosas bien. Su ingeniero hace las cosas bien. Son buenas personas. Son inteligentes y buenos padres y por lo que Homper cuenta, no les ha ido tampoco mal en ese devenir vital.
    ¿Qué pasa entonces? Puede ser que nuestra mente esté preparada para la lucha, así como lo está nuestro sistema inmunológico. Si no hay gérmenes ni bacterias contra los que combatir, el cuerpo genera una enfermedad autoinmune como la alergia, la psoriasis…

    Si no tenemos grandes preocupaciones, nos afecta sobremanera cualquier dolor cercano (porque somos sensibles), o un sinsabor cotidiano sin la menor importancia.

    O a lo peor a Martita le pasa como a mí, que le falta el Libro Gordo de Petete de “Cómo vivir”. Asignatura que Algodonsina echa de menos cada día haber estudiado…

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  7. 7 c. Wateri octubre 13, 2008 en 3:14 pm

    Siempre pensé que ser sensible y casarte con un ingeniero, es factor de riesgo,si encima él es muy inteligente y por lo que cuentas además de mañoso, culto e incluso toque la flauta, puede resultar difícil mantener el tipo. Yo conocí una Marta que cumplía el perfil de la de tu historia . Era deliciosa y se emocionaba ante los numerosos éxitos de su marido, su sonrisa era dulce y sincera y desprendía paz a pesar de que la espalda le hacía trastadas , dejé de verla a ella y a sus chicos, ingeniero incluido. Les recuerdo con cariño y estoy seguro, que si fuera la del relato, ellos con su cariño conseguirán que Marta, no Martita vuelva a sonreir muy pronto, estoy seguro.

    c. Wateri

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  8. 8 wallace97 octubre 13, 2008 en 7:03 pm

    Creo que todos somos sensibles e insensibles. A unas cosas y no a otras, en unos momentos y no en otros. Incluso en ocasiones tenemos que ponernos el traje de insensibles cuando no lo somos, y al revés, lo que supone, respectivamente, un riesgo o una ventaja de quedarnos con el traje puesto.

    En mi opinión es mejor serlo, para cuantas más cosas y cuanto más tiempo, mejor. La sensibilidad hacia lo malo permite reflexionar sobre ello e intentar mejorarlo, y hacia lo bueno permite el disfrute e intentar aumentarlo. Y cuanto más entrenamiento se tiene, mejores resultados, en ambos casos.

    Alfonsina, permíteme alguna reflexión sobre lo que dices, que está muy bien dicho, dicho sea de paso. Estoy de acuerdo con que la sensibilidad es como una lupa gigante, pero creo que sería mejor que fuera como unos prismáticos, y después de mirar desde muy cerca, para verlo bien, deberíamos darlos la vuelta, y mirar desde lejos para saber dónde se encuadra. O sea, una vez que hemos sido sensibles al problema, buscar la causa, e intentar poner en ésta la solución, o exigir que la ponga quien tenga la responsabilidad de ponerla, porque si no, corremos el riesgo de que pase a formar parte del paisaje. Desgraciadamente, es lo que suele ocurrir.

    En cuanto a los impermeables a los demás, que van a lo suyo, la intuición y la lógica me dice que irá en función de sus capacidades. Si una persona llega al final de sus días sin enterarse de qué va esto, es que no está capacitada para ello, y entonces sí puedo concebir que haya tenido éxitos a su manera y bajo su punto de vista, pero alguien que tenga capacidad y no la utilice, no creo que pueda tener sensación interior de éxito por mucho que lo aparente.

    También pienso que es posible que la mente esté preparada para la lucha, al menos en algunos momentos de los ciclos vitales, y que la tristeza es necesaria de cuando en cuando, en alguna medida, para salir reforzado de ella.

    Algodonsina, yo creo que la asignatura de “Cómo vivir” la apruebas por libre aunque no tengas el libro, y con nota. Es más, estoy convencido de que sacarías la cátedra, y nos vendrían muy bien unas clasecitas on-line a más de uno.

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  9. 9 rosa octubre 13, 2008 en 7:22 pm

    ¿sabes una cosa duende? seguro que la martita de tu cuento esta gratamente asombrada, y eso la hará ser mas fuerte, que ante la que está cayendo en el mundo (o quizás por ello), haya “alguienes” que todavía pueden importarles las emociones y hasta hacer cariñosos comentarios.
    No cabe duda que el libro a aprender es como acompañar y vivir acompañado de los otros, de los amigos. ! Ah y seguir al Duende!

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  10. 10 Zoupon octubre 14, 2008 en 11:51 am

    Algodonsina (antes Alfonsina), no estoy de acuerdo con la afirmación de que el que va a lo suyo tenga más posibilidades de éxito. Claro que todo depende de lo que se considere una vida exitosa. Se tiende a equiparar éxito vital con éxito profesional/económico, concepto muy de los yankis. En mi opinión es una equivalencia falsa, pues el verdadero éxito consiste en estar medianamente contento con uno mismo (una rayita por encima del mero soportarse), vivir rodeado de gente buena y que te quiera, y morir más o menos en paz, con la conciencia de que no dejas este mundo mucho peor de lo que lo encontraste. Y en saber que en este valle de lágrimas se puede ser igual de feliz (¡o más!) compartiendo una bolsa de pipas en el parque que cenando en El Bulli.

    Sobre la sensibilidad, como sobre casi todo, lo que dice el Duende a veces: Ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre.

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  11. 11 lola octubre 14, 2008 en 12:31 pm

    Me apunto al tren de la sensibilidad, no serlo quizá te blinde en determinadas ocasiones, pero si abres la ventana de tus sentimientos y le quitas las barreras te va a convertir sin duda en un ser más feliz aunque ello implique en determinadas ocasiones pasar por la estación de la tristeza, el dolor, la melancolía con destino a la depresión. Pero el viaje continúa, no tiene fin y vas conociendo diferentes paisajes alegres o tristes que te permiten sentirte vivo según las estaciones del año y las circunstancias que las rodean. Que no se preocupe Homper, en el abanico de colores de los sentimientos y en las pequeñas cosas se encuentra la felicidad. Y como dice Zoupon, no hace falta reservar en un restaurante de moda para ser feliz. Basta compartir un plato casero cocinado con mimo, sencillo pero exquisito, en buena compañía. No sólo es de agradecer al responsable de cocina que con cariño ha conseguido más que deleitar el paladar de los comensales, sino al que ha permitido gracias a su sensibilidad organizar un encuentro y conseguir que una ilusión se convierta en realidad.

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  12. 12 Bob de Ca's Barber octubre 14, 2008 en 12:36 pm

    Me parese…que te puedo conseguir los libros Algodonsina!! los de el dedo gordo de Petete, esque los tiene la niña en el armario de los libros! y esque empesó a colecxionarlos y como luego salían muy caro, encontró que le bastaban los conosimientos pa poder jugar muchos años!, al cursillo yo tambien quiero que me apuntes aunque digo lo mismo que el amigo Zoupon (Batuadena! que es de difísil de desir!) que si no dejas el redondelito peor y te vas en pas…has hecho un buen trabajo y exitoso, asin que Martita! pa l’ante! siempre! te voy a enviar un sobre lleno de colores con mucha lus y un remolino de pétalos lilas y amarillos!! siempre por Ups!! 🙂

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  13. 13 Alfonsina octubre 14, 2008 en 1:36 pm

    Bob, que verdad, y qué ternura de nombre me has puesto. A tú pitufa algodonsina le hacen falta todos esos libros y alguno más.

    Wallace, mucho mejor tú metáfora de los prismáticos que la mía, así es. Y, como siempre, te agradezco tu valoración, más aún en los momentos malos…

    Zoupón, está claro que a mí me saben mejor las tortillas de patata con amigos, que las comidas de trabajo en sitios carísimos. El dinero no tiene más valor que el de poder obsequiar con él, y compartirlo con quien se quiere. Pero en lo que respecta a tu observación sobre el éxito, es precisamente a eso a lo que yo me refería.
    Nosotros tenemos una concepción común del éxito: Wallace, Bob, tú, Lola, Martita, El Duende y todos los duendeadictos… pero “los impermeables” tienen otra, y en la suya, obtienen lo que quieren. Está claro que a mí no me vale. Pero quien tiene esa baja autoexigencia etico-moral, lo vé desde su prisma, y desde su prisma, raras veces no consigue lo que quiere.

    Yo no puedo renunciar a mi sensibilidad, no puedo cambiar mis principios éticos, no quiero ser fría, ni indiferente al dolor ajeno, pero uno se rebela cuando ve el dolor en los “buenos”, y ese pasar holgado de los que no lo son tanto…Es una rebelión interior que no puedo dejar de sentir.

    Cuando uno supera la adolescencia mental (mucho más tarde que la física), deja de valorar en función del éxito social, y uno empieza a ver, no sin cierta condescendencia a los que lo disfrutan, puesto que en muchas ocasiones se corresponden con personajes tan endebles, inconsistentes, frágiles y vitalmente ignorantes que dan lástima.

    Pero los sensibles siguen luchando contra enfermedades, desgracias, pagando facturas, sufriendo por los demás…
    Debo estar como el día en Madrid…o como Martita.

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  14. 14 lola octubre 14, 2008 en 3:07 pm

    Alfonsina no debes preocuparte, Martita tampoco, ni Homper, ni cualquier duendeamigo que frecuente este bosque, porque tenemos la suerte de poder compartir unas sencillas palabras con el Duende y los demás duendeadictos, capaces de envolverte un día de otoño como hoy en Madrid. Desde el Pirineo te envío una brisa de aire fresco y soleado. Cierra los ojos, imagina que abres una ventana y ves la montaña y en la cima una pincelada blanca, son las primeras nieves. Ahora respira, verás como la sientes. ¿Mejor?

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  15. 15 camiseta octubre 14, 2008 en 3:48 pm

    ánimo; Alfonsina (Algodonsina, me gusta)que conste que no escribo porque ya lo habéis dicho todo, todos… simplemente lo suscribo y a pesar de que duele a veces, me compensa y no me cambio por ningún triunfador social insensible. Además hay que ver todo en la vida de estos triunfadores que en muchos ámbitos de la vida, de triunfar poco. Ánimo también a Martita a quíen con la primera nieta le llega un aire fresco que no es más que el presagio de los que vendrán después.

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  16. 16 Zoupon octubre 14, 2008 en 5:03 pm

    Algodonsina, entre los “impermeables” hay mucho fracasado, incluso tomando su propia vara de medir. Porque los puestos por los que luchan son escasos para tanto aspirante, y siempre corren el riesgo de que en su camino ascendente se les cruce alguien más listo o aún con menos escrúpulos, y que les robe la escalera al primer descuido. Hay mucho cadáver trepa por ahí suelto, pero de ordinario disimulan su aspecto a base de usar las más modernas gafas de sol y hablar (siempre en alto) de cosas de mucho dinero a través de sus igualmente modernos teléfonos móviles.

    Bob, si te resulta difícil llamarme Zoupon, estoy dispuesto a adoptar el apodo (nick) que tú me sugieras, siempre y cuando sea tan bonito como el de Algodonsina. Obviamente no vale Algodonsino.

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  17. 17 wallace97 octubre 14, 2008 en 5:40 pm

    Zoupon, y eso sin contar aquellos, que cada vez hay mas, que les han dado la patada hacia arriba, porque a partir de ciertos niveles, queda más elegante que el despido, y no te creas un enemigo, pues como tiene buenas relaciones, puede volver cuando y por donde menos te lo esperas y tocar las narices, que la vida da muchas vueltas.
    Una vez encumbrado en su nueva posición, lo más fácil es que se pegue él solito el batacazo. Y claro, esos éxitos no pueden ser nada halagüeños.
    Esa táctica, que nació en las empresas, se ha trasladado por ósmosis a los gobiernos. No quiero poner ejemplos, pero hay un especialista en Andalucía.

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  18. 18 Alfonsina octubre 14, 2008 en 8:58 pm

    Gracias, muchísimas gracias. Martita debería caer por este blog. Con gente como vosotros es imposible no sentirse bien.
    Anímala duende.

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  19. 19 Bob de Ca's Barber octubre 15, 2008 en 8:42 am

    Oh! amigo Zoupon! sabes lo que me pasa que las setas no me nasen, caramba! será que aun no ha llovido lo sufisiente en sa roqueta…la questión es que tu nombre es muy ensertado Zoupon, lo he buscado en el dicxionario balearico y dise: claro, contundente, ingenioso, inteligente y buena gente. Me parese fabuloso 🙂

    Sabes lo que has de haser Algodonsina…haser una excursión a Valensia y conoser a mi amiga Adela que s’ha marchao a estudiar au! como no lo hiso de pequeña…y ara nos ha dejao tiraos a todos al solesito en sa roqueta yo de todas las maneras le mando todos los ups! diarios pa que ponga mis sensasiones y vigilarla (no me la desbaraten mas), ella te enseñará la siudad que aun no conose y la horchata con fartons, a mi siempre me ayuda! si el solesito no sale y sinos pol lo menos no me siento solo. 🙂

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  20. 20 Adela octubre 15, 2008 en 8:49 am

    Gracias Lola!! yo tambien he abierto la ventana!, con solidaridad de Algodonsina! y…mmmm! que airecito fresco con olor a monte…
    da vida!.
    Animos nenas! leí en un libro una frase que me hice mia y no se de quien es…”viví una vida vulgar en hechos e intensa en emociones!”
    y…esta es para ti Algodonsina de Charo Fuentes: “Desafía a los hados y las normas. Seamos agronautas del presente.” 🙂

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  21. 21 begoña octubre 15, 2008 en 10:48 pm

    Querida Marta, te llamo querida porque intuyo que te conozco desde hace muchos años. Cuando nuestra vida la dominaban la inconciencia y los sentimientos. Cuando ver a nuestros hijos correr por la playa era disfrutar y no prever el futuro. No te llamo Martita porque siempre creo los diminutivos encierran un punto de condescendencia que no soporto (lo siento Duende). La depresión no ha entrado en mi vida, que, aunque me ha pegado duro, me ha preparado con tiempo para recibir el golpe amortiguado. Te presiento encerrada en un cuarto oscuro en el que de pronto se hará la luz. Abrir los ojos será doloroso, pero la esperanza de volver a ver es una promesa irresistible. Por si te sirve de consuelo, estoy aquí. Un beso enorme para ti y para tu ingeniero, no sabes lo que se echa de menos un compañero en este árduo camino de cada día.

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  22. 22 begoña 2 octubre 16, 2008 en 8:07 pm

    Hacía mucho que no me acercaba al blog del duende, y me alegro al ver que sigue con la gente estupenda que aquí escribe, pero hoy no me quiero fijar en ellos si no en Martita, llamada así porque, entre otros, así le llama su ingeniero, y como también dice el duende “le pega”, no sabía que estabas un poco así, como baja de forma, tristona y todas esas cosas horribles que a veces pasan en la vida, te conozco, sé el sentido del humor que tienes, que te ríes hasta de tu sombra, que tu risa es abierta y franca, que se te ponen los ojillos achinados, pues… ya ves, volverás a sonreir dentro de nada, todo pasa y además sé que eres muy capaz de volver a sonreir como siempre lo has hecho!!! besos

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