Como niña con zapatos nuevos

Ayer domingo el Duende se propuso esquivar el desánimo de la crisis y aprovechar el otoño. Esta época del año tiene sus partidarios y adversarios. Hay algunos a los que les pesan los días cortos y la hoja amarillenta y caduca. Para otros en cambio, el ambiente húmedo y suave es como un ungüento mágico que lima las asperezas de la vida. Eso se nota muy especialmente cuando se deja el asfalto y se pisa la tierra, que a estas alturas de la estación se pone amorosa y delicada. Qué delicia pisarla y sentir que sólo el crujir de Les feuilles mortes – maravillosa canción, por cierto- rasga el muelle silencio del parque en otoño.

Por  esa joya  verde urbana que es el Retiro madrileño paseaba ayer domingo el Duende con Marina. Marina, de profesión nieta mimada, tiene tres años largos, y  está emocionada porque acaba de descubrir el termometro, que es como su lengua de trapo llama al metro. Tomar el termometro, bajarse en la estación de Retiro, comprarse unos ganchitos, mecerse en el columpio, dar de comer a los peces y los patos del estanque y ver los títeres es un planazo. Aunque hasta ahí, no demasiado original. Marina, que es tan suya como alguna de sus antecesores, había estrenado la tarde anterior, para una fiesta, unos zapatos blancos. Todas las niñas han estrenado alguna vez zapatos, pero los de Marina, cosa insólita, eran del estilo de los locos años veinte. Como los que llevaba Mía Farrow en El gran Gatsby, con su tacón alto y todo. Dicen que durmió con ellos puestos. Y, desde luego, por muy de paseo que fuera la mañana ella no estaba dispuesta a dejárselos en casa.

Lo cual  propició que el Duende, además de la nieta, tuviera que cargar una mochilita -rosa y de Hellow Kitty, para más inri- donde llevaba los zapatos ordinarios. Zapatos que le puso una vez que la niña se dio cuenta de que, como cantaría Nancy Sinatra, los nuevos are not for walking. Al cabo de un rato la operación fue a la inversa: la niña se casó de ser vulgar y quiso volver a presumir. En los parques ahora se ven cosas muy raras, pero no deja de ser curiosa la estampa de una niñita rubia sentada  en un banco mientras a sus pies un señor con el pelo blanco, como si fuera un heraldo del príncipe de La Cenicienta, le quita y le pone zapatos de princesa. No recordaba el Duende nada parecido de su abuelo, pero aquellos eran otros tiempos: ni traumas infantiles, ni complejo de culpabilidad del adulto, ni  Summerhill, ni derechos del niño ni pamplinas. Los niños entonces, cero a la izquierda y aguantoformo.

Por lo demás, disfrutó con los títeres como el que más. No exactamente mirando al Gato con botas y al Marqués de Carabás -algunos héroes infantiles no pasan de moda- sino, apostado tras el tinglado del titiritero, viendo las caras emocionadas de Marina y compañía. Como apostilla a menudo doña María, la felicidad va siempre en pequeñas diócesis.

Al regreso, abuelo y nieta se cruzaron con una columna de Hare Krishna.

-¿Y esos qué son?-preguntó la criatura aún más sorprendida que con los títeres.

A ver cómo le explicaba que, aún sin zapatos nuevos, hay otras formas de hacer el camino de la felicidad.

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8 Responses to “Como niña con zapatos nuevos”


  1. 1 adela octubre 20, 2008 en 10:06 pm

    Vaya! como entiendo a Marina! recuerdo intensamente esa misma sensación que nunca más he vuelto a tener con ningunos zapatos, eran unas bailarinas rosas de terciopelo y tenía unos años más porque me dediqué a mirar el escaparate durante dos meses de camino a la playa, a algunas de mis amigas ya se las habian comprado, yo supliqué y supliqué, hasta que las pude estrenar en la berbena del mes de agosto!,si la felicidad se mide en momentos, aquel fue uno importante 🙂

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  2. 2 lola octubre 21, 2008 en 6:48 am

    Bonito cuento de otoño, la princesa y su príncipe. Cuanta felicidad nos brinda la infancia, sigo sin entender porqué tenemos que pasar a otras etapas de la vida y detenerse en la edad adulta, cuando estrenar un par de zapatos no nos hace felices y en ocasiones hasta nos produce alguna que otra molestia.

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  3. 3 MARIBEL octubre 21, 2008 en 9:04 am

    esta claro que para los niños gracias a dios siempre seran niños…para los que las marcas todavia no tienen ninguna importancia,las crisis no saben ni lo que son, pero unos tacones siempre son una ilusion……besos

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  4. 4 Macu octubre 21, 2008 en 9:21 am

    Vaya, me consuela saber que mi hijo no es el único que sale a la calle con lo que más ilusión le hace…..aunque en su caso es una excavadora, un camión volquete y una hormigonera (el pobre tampoco sabe de la crisis del ladrillo). Me hubiera gustado ver al duende con la mochila al hombro de Hello Kitty por el Retiro.
    Espero que a Marina le dure mucho su etapa de niña.

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  5. 5 Bob de Ca's Barber octubre 21, 2008 en 11:03 am

    Eso es un domingo y lo demás son pardaladas! un domingo con títeres y titiretas y una niña que se llama Marina y se ven las olas del mar en su ojos con la espuma blanca sobre ellas :), ara ya se la mujer que le roba el corasón de caramelo al señor Duende! porque pa colgarte el bolso de hello Kitty, es que te lo han robao bien robao!, y te es igual :)!, yo me cuelgo siempre uno presioso de Ives Rocher! que lleva la madona cuando compra sus cosas de bellesa y lo llena de regalos ( esta tienda siempre quiere regalarte cosas si compras otras) y es como una primavera salvaje colgada al hombro, donde nasen todos los hierbajos y flores sin control!, la questión es que las siudades han de tener Retiros y si son verdes… por favor, mejor y los niños han de poder ir con mochilas rosas para sus abuelos y los abuelo poder saborear su caras de libertad, au! he dicho!

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  6. 6 Ángela octubre 21, 2008 en 3:59 pm

    Qué precoz Marinita!!!!, claro que tuvo una nany mucho tiempo que también se desplazaba siempre con un bolso diminuto y glamuroso en el que a presión había metido unos playeros inmensos para después del besamanos en las fiestas. Al principio, eran sólo los zapatos lo que se cambiaba, luego descubrió que también podía guardar un cinturón, una camiseta, una gorra, unos pantalones…porque no un collar, y en cuanto se cansaba de su atuendo, buscaba el primer baño y se transformaba. Adentrada la noche, con frecuencia perdía el bolso, y con él, el abono transporte, el ipod, el lápiz de ojos, las llaves, el móvil y el vestidito que se había quitado, la cazadora y -como no- los zapatitos de tacón. Ese era el final del cuento.
    Que no pierda jamás Marinita su profesión de “nieta mimada”, ni mucho menos su bolso de Hello Kitty.

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  7. 7 Palofi octubre 21, 2008 en 6:10 pm

    Que suerte Marinita.Eso solo pasa con el primero de los nietos,tiene muchisimas ventajas,en cuanto aumenta la prole va uno perdiendo las energias y ya no puedes hacer eso con todos.Aprovechate Marina el que da primero da dos veces,eso te aseguro que es cierto.
    Y tu Duende disfruta la emoción del primer nieto yo la recuerdo como las palpitaciones del primer amor….algo indescriptible.

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  8. 8 c. waterI octubre 21, 2008 en 7:06 pm

    Querido duende ,hoy conoceré tu casa y tu nueva faceta de chef, la verdad que estoy convencido que me va a gustar.

    El sábado en la boda de Félix, tu Marina se puso junto a mí, claro estaba conmigo su abuela y nos preguntaba continuamente, con un cierto titubeo escocés heredado de su tío-abuelo, sobre todo lo que ocurría y yo le dije: Calla que estan casándose , ella me repondió como una centella, no es verdad, están de pié, claro los que se cansan se sientan. Lloró porque no la llevaron a la fiesta a pesar de sus zapatos ataconados pero tú lo solucionaste llevándola al Retiro.

    Cualquiera que te lea pensárá que el duende es humano, no cambies sigue siendo duende

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