Cartas de un desconocido. O incluso conocido…

La perplejidad de Homper esta vez era que una vecina pudiera ser tan romántica. Ella había anotado cuidadosamente toda la correspondencia depositada en su buzón el último mes y aún no había perdido la ilusión.

-¿Sabe?-le dijo cuando coincidieron en el portal- Algún día me llegará alguna carta manuscrita.

En sobre cerrado, como las cartas de toda la vida, sólo recibía la puñalada hipotecaria, la factura mensual de Telefónica, y la de Gas Natural. La de Iberdrola no tocaba ese mes. Lo demás era morralla impresa: dos folletos de una tintorería de alfombras, tres del Banco Santander, el valor de las ideas, dos ofertas de chalets adosados con el consabido Ahora 30.000 euros menos. La primera promoción, verdaderamente tentadora, en Altos de la Coscojilla, la segunda, de más alto standing, en el Cerrado del Vizconde, sin aclarar de qué vizconde se trataba. Una octavilla de JENARO, fontanería de urgencia, y otra de Pochola y Tirulete, Fiestas infantiles. También había gangas en las pizzas, con regalo añadido, por pedido telefónico, de un buñuelo de manzana y una miniensalada de col, y una tarjeta de EL CERRAJERO DEL SMOKING, un original cerrajero para urgencias nocturnas que, según su promesa comercial, atiende a sus llamadas vestido de etiqueta.

Pese a ello, la vecina de Homper, que desde 1968 trabajaba como secretaria en el Museo de Ciencias, metía su llavín en el buzón con la esperanza de encontrar algo distinto. De la misma manera que aquel pianista en la novela de Stefan Zweig recibía Cartas de una desconocida, ella esperaba que un día llegara a sus manos la carta de alguien, le daba igual que fuera desconocido o incluso conocido. No exigía que fuera tan apuesto como Louis Jourdan, aquel galán francés que lo encarnó en el cine: ella tampoco se parecía a Joan Fontaine. Ni esperaba frases de pasión incendiaria. Me ha encantado verte, fue un rato muy agradable el que pasamos juntos, la verdad es que ha sido una alegría conocerte, ¿sabes que, con crisis y todo, la vida no está tan mal?, te deseo que pases un buen otoño, gracias por ser tan buena amiga, da gusto saber que aún queda gente sensible que aprecia cuatro letras, qué pena lo de Paul Newman, ¿no? Cosas de mujer. O, mejor todavía: algún mensaje que le recordara que detrás de una consumidora había un alma.

-¿A usted no le sorprende que no escriba nadie?

Homper le contestó que alguien le quería tanto que todos los meses le escribía una carta de cuatro folios. El primero le contaba cosas tan bellas como que la coyuntura internacional se resiente de la crisis, y los mercados son tan volátiles que aconsejan variar la estrategia. En este contexto (esto lo decía en casi todas las cartas) es aconsejable pensar en el largo plazo sin asumir riesgos excesivos. Solía acabar diciendo algo así como esperamos que a medio plazo se corrija la tendencia. Y le tranquilizaba especialmente el párrafo en el que aseguraba que nuestros expertos tomarán las medidas oportunas para asegurar el mejor rendimiento de su inversión. A Homper le extrañaba sobremanera el cariño que le demostraba el firmante, porque los tres folios siguientes le recordaban lo que ya sabía desde el momento en que liquidó sus fondos bursátiles. Su inversión era cero, sus rendimientos eran cero, el porcentaje de revalorización era cero, y, en consecuencia, el saldo era cero.

-No obstante lo cual -le sonreía a su vecina soñadora-fíjese si me quieren que me siguen escribiendo todos los meses.

Y se echaron a reir. No sin antes acordar que escribirían a Zapatero el munífico para recordarle que el Ministerio de Sensibilidadque será su próximo conejo de la chistera- debería de ocuparse de cosas como éstas. O sea, crear el CECAP (Cuerpo de Escribientes de Cartas para Animar al Personal) y prohibir la emisión de impresos innecesarios que saturan los buzones.

-Tal vez si le recordamos que esa celulosa de más está quitando la vida a muchos arbolitos inocentes…-apuntó Homper.

-Oh, sí- suspiró la vecina entornando los párpados-Le imagino contando su proyecto en el Congreso…Será tan hermoso su mensaje angélico, que casi me van a sobrar las cartas de amor…

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10 Responses to “Cartas de un desconocido. O incluso conocido…”


  1. 1 lola octubre 22, 2008 en 9:03 am

    Me lo estoy imaginando, podríamos recibir publicidad romántica, ideas para compartir en pareja, con la familia, en celebraciones, encuentros inesperados. Sus aplicaciones son múltiples. Disfrute de la “Semana fantástica del corazón”, regale besos y sonrisas. Por favor, no se olvide en el día de hoy de ser amable y como no, feliz. Le sugerimos el formato gigante, una docena de besos para toda la familia, por la compra de dos packs le regalamos un tercero especial para personas sensibles. Sin colorantes ni conservantes, naturales, dulces, cariñosos, deliciosos, románticos, encantadores, todos llenos de ternura. Vienen muy bien a todas horas, al levantarse, antes de tomar el desayuno. Mientras se despierta a los niños, en la despedida al trabajo, en la oficina con las compañeras de trabajo. Preparados para llevar al salir de casa, tienen fácil acceso y no caducan. Disfrútelos nada más empezar el día y no se preocupe, al llegar la noche después de una larga jornada de trabajo estarán siempre frescos para cuando los quiera utilizar. Recomendado en edades superiores a los 0 años, las dosis diarias están pensadas según la sensibilidad de la persona, no existen contraindicaciones.

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  2. 2 adela octubre 22, 2008 en 9:45 am

    Mi amiga Maria, es de Mallorca aunque reside en Barcelona por motivos matrimoniales, este hecho no la hacía muy feliz y se dedicó a escribir cartas durante un largo periodo de su vida. Lo más curioso, es que hoy en día está muy adaptada al ritmo de la ciudad y es la única persona que conozco que sigue pidiéndome la dirección cuando me cambio de domicilio para escribirme una carta a mano, precisamente el tipo de carta que le gustaría a la vecina de Bob Homper y…confieso que me pidió la ultima dirección en la que vivo hace un mes y no me he molestado en dársela. Hoy Homper me ha abierto los ojos! a mi insensibilidad, conozco a la que podría ser la protagonista de nuestro post de hoy! me encantaría que opinara!, si la ciudad, los niños, la casa, el marido le dejasen unos minutitos, a cambio de mi carta! Maria es un Sol 🙂

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  3. 3 Ángela octubre 22, 2008 en 4:20 pm

    Ministerio de la Sensibilidad Sostenible. No está mal la idea; que entre otras cosas prohibiera la emisión de cartas a los bancos, para comunicarle a uno los movimientos de su cuenta: COMO SI NO LOS TUVIERA CLARÍSIMOS!!!, y con ellas prohibiera también la comisión que emite por enviarlas.
    Que prohibiera también las etiquetas que les colocan a las prendas de vestir y así el contribuyente ganaría el tiempo que pierde en eliminarlas con unas tijeras y además el tiempo que emplea en coser los agujeros que, con frecuencia, quedan al quitarlas. Desde luego denotan nula sensibilidad.
    En fin cosas así.

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  4. 4 José Ramón octubre 22, 2008 en 9:23 pm

    Me sumo a la petición de un Ministerio de Sensibilidad (MS). ¿Dónde hay que firmar?
    Yo lo veo muy útil en estos casos, por ejemplo:
    1.- Un conductor deja su coche en doble fila, impidiéndote salir, o tapa la salida de tu garaje. El MS le manda la tuna.
    2.- Un señor parece muy fino y muy elegante, sí, sí, pero se te cuela en la pescadería. El MS le manda la tuna.
    3.- Llevas tres cuartos de hora en Correos, y, cuando por fin te toca, el funcionario tapa la ventanilla con un cartón y se va a desayunar. El MS le manda la tuna.
    4.- Un conocido (pero poco) se te echa encima y te da la barrila con lo del IBEX 35 y los del Euribor, y con lo de dónde vamos a parar y todo eso. El MS le manda la tuna.
    5.- Etc.

    (Si hay algún tuno en la sala, que me perdone. Y si le he molestado y me quiere castigar, que me mande la tuna).

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  5. 5 MARIBEL octubre 23, 2008 en 8:53 am

    jajajaja que gracioso seria esa idea me ha encantado el post …y las respuestas insuperables!! gracias por alegrarme la mañana!!! feliz dia y besos

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  6. 6 Charivari octubre 23, 2008 en 10:32 am

    Yo era una escribidora de cartas innata. Digo era porque ahora con el dichoso correo electrónico eso se ha perdido. La carta personal me parece una experiencia muy interesante tanto para el que la escribe como para quien la recibe. Tiene sus reglas y sus afanes: la puntuación correcta para expresar la idea en el tono que deseas; sus peligros: la ortografía; la incertidumbre: ¿transmitirá realmente lo que pretendes?… Me encanta.
    Las palabras se las lleva el viento pero la letra escrita permanece permitiendo con el paso del tiempo revivir, con su lectura, momentos y situaciones que son la propia vida.
    Abogo por el Ministerio de Sensibilidad pero… ¡sin la tuna, plis!

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  7. 7 Zoupon octubre 23, 2008 en 12:32 pm

    Cuando fueron a por los que aparcaban en doble fila, guardé silencio porque yo no lo hacía. Luego fueron a por los que se colaban en la pescadería, pero como yo no me colaba, no me importó. Cuando fueron a por los funcionarios bordes, no
    protesté porque yo no lo era. Ahora la tuna viene a por mí, pero ya no queda nadie que pueda levantar la voz.

    José Ramón, parafraseo el poema compuesto por Martin Niemöller (no por Bertold Brecht) porque creo que es demasiado peligroso dejar la tuna y demás armas de destrucción masiva en manos de los políticos de turno.

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  8. 8 Palinuro octubre 23, 2008 en 1:49 pm

    ¡Pobres tunos! Fuerza es reconocer que su música es deleznable y sus voces suenan a lija. Pero, qué sería de nusestras comidas/cenas con los compañerors de promoción-trabajo-mili-celebraciones varias o las de empresa por navidad o convenciones de variado signo sin su aportación a los postres.
    El arte de escribir cartas se está perdiendo. Los que peinamos canas escribíamos de adolescentes y en nuestra juventud apasionadas cartas de amor o incluso prolijas misivas a nuestros más dilectos amigos en cuanto nos separábamos de ellos. Y, como todo arte, es un placer practicarlo. Pero eso require un esfuerzo, lo que además de esforzado – como su nombre indica – es hoy políticamente incorrecto.
    Maribel, tu optimismo y salutación diaria en este blog es uno de los mejores ungüentos para que nuestro espíritu encare con mejor ánimo la catarata de sombríos anuncios con los que nos obsequian los medios de masas. Como se suele decir, que sea por muchos años.

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  9. 9 Palinuro octubre 23, 2008 en 1:54 pm

    Hablando de escribir, pido disculpas por las faltas advertidas después de enviar el mensaje. Aunque parezca increíble, lo he repasado dos veces antes de editarlo. ¡Enfín!

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  10. 10 Bob de Ca's Barber octubre 24, 2008 en 12:37 pm

    Claro! como los tiempos van moviéndose idó, las cosas van cambiando y muchas veses cambian cosas buenas por otras que paresen mejores…y no lo sabemos, saber tanto cada día y de todas cosas y venga y venga es lo que a mi me sosprende más!, escribir asín o asán bueno! puedes enviar un mensaje en una botella, o escribirlo en la arena, o en el tronco de un árbol, hasta en la columna de una chimenea!, la questión es que lo que se escribe bien y con amor permanese. En un tiempo que no había tantas comunicasiones, esperabas las cartas de tu padre con ilusión, si te metía en ellas trositos de recortes de diarios de tu pueblo o dibujitos de las cosas que había hecho, para haserte mejor a la idea, y al final que ya se acababa la hoja, te ponían más mensajitos corriendo, la buela, niños, sa madona y el ratón. Tambien ponias ilusiones en las que podrían ser de amor!, sólo en el momento de abrirlas era fabuloso!, luego sólo ponía, “espero te guste el sitio y estés contento, un saludo” 🙂 , o las cartas de los que viajan, que te envian trositos de allí donde van, estas aun funsionan bien!. Yo las guardo todas en la caja del girasol y a veses cuando no me mandan, idó las vuelvo a destapar y a leer y no lo creerás pero es como volver a oler un perfume 🙂

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