Archivos para 30 diciembre 2008

INEM hasta en los nacimientos

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La prima Alicia vivía como una pepa, y afortunadamente no había tenido necesidad de trabajar nunca. Hasta que giró levemente la veleta de la fortuna, y tuvo que hacerse cargo de una floristería familiar.

También le apremiaba la presión social. Ella hubiera sido feliz cumpliendo las funciones de una respetable dama burguesa: el esposo, los hijos y la casa. Pero hasta las más tradicionales de sus amigas habían abandonado el estereotipo para trabajar fuera del hogar. Empezaba a estar de moda el verbo realizarse. Y al parecer, el ser humano no se realiza si no proyecta su acción personal más allá del ámbito familiar. La prima Alicia sacó pronto sus propias conclusiones sobre la dureza de lo que es trabajar en un establecimiento comercial.

-Pues dirán lo que quieran-sentenció -Pero a mí lo único que se me realizan son los pies.

Desde ese momento el Duende siempre ha admirado a cualquiera que tiene que pasar su larga jornada de trabajo yendo de aquí para allá, de la caja a la trastienda, del escaparate al teléfono, subiendo a una escalera para sacar un objeto de lo alto de una estantería o manipulando el toldo, atendiendo a un pelmazo o abriendo todo el muestrario a esa señora implacable tan minuciosa para elegir sus compras. Todo de pie, y casi siempre con una sonrisa en los labios.

Más genéricamente podría subrayar su admiración por el pequeño comercio, una de las primeras víctimas de la crisis. Por eso aplaude aún más su esfuerzo por agradar en Navidad. El Ayuntamiento de Madrid se ha esforzado este año por vender el slogan de Madrid, la ciudad de la Navidad, y difunde en todos los medios el programa de fiestas, actuaciones y el itinerario de belenes y nacimientos públicos. Pero sin entrar en un museo o en una iglesia, el curioso puede pasear y disfrutar viendo escaparates. Suena a diversión antigua, pero tampoco es mala solución para tiempos caninos.

Y al menos en la capital -como, supongo, en toda España– hay pequeños comercios que merecen un aplauso por su gracia y su originalidad. El Duende se ha parado ante muchos escaparates disfrutando como un niño. Pero ninguno tan entrañable e ingenioso como el de una pequeña cristalería de la calle Padilla, a la altura de los números 35 -37. Ahí, en poco más de un metro cuadrado han montado un nacimiento sencillamente encantador. No le falta de nada: ni castillo de Herodes iluminado, ni molino con las aspas girando, ni río con agua corriente, ni sentido de la perspectiva y de la proporción en las figuritas, más pequeñas las lejanas que descienden desde una procelosa montaña en dirección al portal.

Pero, sobre todo, no le falta sentido del humor. Porque, si bien el portal es el centro de atención, uno puede observar a su lado otra cueva encendida donde, sorprendentemente, se ha acumulado una gran cola de los que en otros nacimientos van a ver al Niño. ¿El motivo?…Alguien atiende al público en esta cueva, y encima de ella hay un rótulo que dice INEM. Ya hay INEM hasta en el nacimiento, por si el Niño no alcanza al milagro que vamos a necesitar para colocar a tanto parado.

El pequeño comercio, querida prima Alicia, además de realizar los pies aguza el ingenio.

Los santos, y escasos, inocentes

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Se tomaba una alubia, se empaquetaba en cualquier papel. Este diminuto paquete se envolvía en una hoja de periódico viejo, y éste en otro hasta agotar las existencias. Finalmente se buscaba alguno más presentable, se cerraba con un lazo, se le colgaba una etiqueta con el nombre del destinatario, que era el cabeza de familia, y se le entregaba a la hora del desayuno del 28 de diciembre. Éste hacía el paripé, lo abría con mucho protocolo en sus gestos y al llegar al cogollito del envío misterioso y encontrarse con la pobre alubia simulaba un gesto de frustración. Entonces aparecía la chiquillada y coreaba entre risas.

-¡Inocente!…¡Inocente!…

Además, ese mismo día leíamos en los periódicos que el Madrid arrebataba Kubala al Barça y que se descubría un pozo de petróleo inagotable en Vallecas. Y nos lo creíamos, porque éramos, efectivamente, así de inocentes.

Homper, entonces un chavalín, se quedó por primera vez como un Hombre Perplejo el día que supo que el anticipo de esas inocentadas se debía a un ataque de cuernos del rey Herodes, que por querer asegurarse la muerte del Mesías recién nacido ordenó la degollación de todos sus contemporáneos. Qué carácter. Veíamos la matanza en aquellas viñetas desplegables en las que, con la ayuda de un puntero, los maestros de entonces enseñaban la Historia Sagrada. Y Homper se le ponían los pelos de punta. Menos mal que casi veinte siglos después la conmemoración se convirtió en una guasa.

Ojalá volvieran las bromas. Ya se han borrado de casi todos los medios, porque la información objetiva y serena es un principio ético tan inatacable que no admite chuflas. Pero vaya si quedan inocentes.

Inocentes masacrados en Gaza y en tantas otras regiones en guerra. Inocentes en los archivos de los pederastas. Inocentes trabajando en minas. Inocentes manipulados como mascotas por las necesidades del guión que marca la política. Inocentes a los que se les enseña la historia que interesa, y sólo la lengua que les distingue, aunque les vaya a cerrar las puertas del resto del mundo. Inocentes víctimas de que la mayoría de las familias, por fas o por nefas, por el egoísmo de unos y las miserias económicas de otros, no están para risas…

Se pregunta Homper estupefacto si ahora la humanidad es más cruel con los niños, cosa que no cree en absoluto. Lo que pasa es que entonces no se enteraba de la misa la media. Los medios no llegaban tan lejos como ahora, cuando todos podemos saber de casi todos los horrores. Aparte de los benditos niños, sólo la ceguera y la sordera pueden permitirse el lujo de seguir siendo inocentes.

Señor, que el Zapatero prodigioso acierte

Los ojos del presidente lanzando los destellos del niño de Freixenet...

Los ojos del presidente lanzando los destellos del niño de Freixenet...

Si quieres ser feliz, como me dices/ no analices, muchacho, no analices (Joaquín Bartrina) No era precisamente del poeta favorito del presidente, que prefiere a su paisano Gamoneda. Pero era la frase que el Comité de Comunicación estimaba más oportuna para no volverse a meter en jardines en el tradicional mensaje de fin de año. Promesas vagas, brindis al sol, posibilismo onírico, voluntarismo redentorista, pachulí dialéctico, citas literarias. Coherencia en definitiva con el consejo de su asesor más considerado: no digas nada, presidente, pero dilo muy bonito y que la señora Petra te siga diciendo ¡guapo! cuando sales por la tele.

Los años anteriores su pico de oro y su tradicional y patriótico optimismo le habían jugado sendas malas pasadas. En 2006 predijo con pasmosa seguridad el fin del terrorismo y al día siguiente estalló una bomba tremebunda. En 2007 aventuró que seríamos campeones de la economía y que éste sería el año del pleno empleo cuando ahora las oficinas del INEM no dan abasto para atender a las colas de parados. Los expertos en comunicación dieron un puñetazo en la mesa y exigieron un cambio.

-No te metas en jardines, jefe.

-De acuerdo-admitió el Presidente-Pero…¿cómo puedo seguir siendo el que soy y contrarrestar, además, ese video navideño de la oposición?

Todos los Comités de Expertos en Comunicación tienen un genio. Y el talento de turno propuso un video alternativo que podríamos describir así. En un horizonte rosa infinito, perfilada contra el cielo a modo de Escarlata O´Hara, aparecía la silueta del presidente. Lucía un traje blanco de príncipe de cuento, eso sí, modernizado por Vittorio y Luchino con unos detalles muy originales, y avanzaba lentamente hacia cámara con su natural donosura mientras pajarillos mariposas felices y demás criaturas del bosque coreaban la banda de sonido. Sonaba ésta como la de La bella durmiente de Walt Disney, pero aunque los voces argentinas y los gorgoritos eran del mismo estilo, cantaba esta otra letra oportunamente escrita: Este mundo encantadooor/ puede ser mucho mejoooor/ si hacemos nuestra labooor/ con talante y con amooor…

Esta ambientación mágica enmarcaba un acting a tono con su mensaje. Portaba el presidente una rama de olivo en una mano y una rosa roja en la otra, y marcaba unos pasos de elegante ballet al ritmo del emotivo jingle. Pero a continuación, un curso acelerado del mago Tamariz y los inevitables efectos especiales convertían a la rosa en la paloma de la paz, a la paloma en el búho de Minerva, símbolo de la sabiduría, y al avechucho en un angelito que con un cuerno de la abundancia, manejado a modo de manga pastelera, iba escribiendo en chorros de oro las palabras Paz, Prosperidad y Progreso sobre el mapa de las diecisiete comunidades autónomas españolas. En ese momento, el presidente, emulando al niño de Freixenet, sonreía a cámara y lanzaba un guiño que era un puro destello de diamantes, al tiempo que una voz en off grave y solemne, pro humanizada por un leve trémolo emocional decía: No hay fronteras para el progreso…A lo hecho, pecho. Y este año, además dos de berberechos. Qué bonito, cerrar con un tierno homenaje a los célebres dos huevos duros de Groucho Marx.

La película estaba prácticamente rodada por Pixar, pero no obtuvo el visto bueno del partido porque una de las ardillitas del bosque que coreaban el jingle se parecía sospechosamente a un tal Pepín. Con lo que a falta de mejores argumentos, y olvidando lo que había dicho en el Congreso al catastrofista líder de la oposición cuando pitaban oros –señor Rajoy, es usted un profeta de desastres y un desastre de profeta, porque nuestra economía va mejor que nunca- el presidente volvió a las andadas y volvió a prometer prodigios.  Diagnosticó, oh sorpresa,  que en el segundo semestre de 2009 ya empezaremos a remontar la crisis y a crear empleo.

En el Comité de Comunicación bramaron: ¡no analices, muchacho, no analices!…¿No ves que en boca cerrada no entran moscas? Alguno más rotundo no se anduvo por las ramas: la cagaste, Burt Lancaster. Sin embargo, en la acera de enfrente, una señora del PP con tres hijos en el paro aprovechó la Misa de la Familia para mirar al cielo y elevar una plegaria insólita en ella.

-Señor, Señor…¡Haz que esta vez el presidente acierte!

El christmas ideal

Se acerca uno a caa del amigo, le felicita y le da un abrazo. No hay mejor christmas...

Se acerca uno a casa del amigo, le felicita y le da un abrazo. No hay mejor christmas...

¿Y qué habrá sido de los christmas?

La palabra es una contracción de Christ Mass, literalmente Misa de Cristo, y por abusiva conversión/identificación de la poderosa lengua de Shakespeare, Navidad. En castellano, y por aquello de tener vocablo propio para esta pascua, inventamos una especie de contradinécdoque (alguno más culto que el Duende citará la palabra justa, que seguramente obra en nuestro diccionario). O sea, si la sinécdoque es hablar de la parte como símbolo del todo, nuestros christmas reducen la Navidad anglosajona a una simple tarjeta que toma como pretexto la fiesta cristiana y felicita a los amigos.

Felicitaba, sería más propio decir. Porque entre los SMS y los correos electrónicos el Duende no ha recibido ni uno este año. Ninguno que no sea una cortesía impresa que firman el banco de o la hidroeléctrica de turno o la parroquia del barrio. Eran en otro tiempo no sólo un buen negocio para las papelerías, sino una ilusión para quien lo recibía y un motivo de decoración en el hogar tan importante como las bolas y el espumillón, que entonces estaban de moda.

El Duende, en la cursilería propia de la infancia, los clasificaba en tres grupos. Los serios, que normalmente estampaban una reproducción artística de la NatividadMurillo, Rubens, Fra Angelico, Rafael, por ejemplo- los incomprensibles, que se separaban del pretexto litúrgico y reproducían un grabado de algún edificio noble o una pintura abstracta, y los que, simplificando, llamaba los bonitos. Obviamente, éstos eran los que más apreciaba: portales de belén de cuento, muñecos de nieve, abetos, trineos, coros celestiales de ángeles, niños enfundados en gorros de lana y bufandas cantando villancicos, En este capítulo los que más cotizaba eran los de Ferrándiz, un señor que se hartó de dibujar jesusitos, angelitos, monaguillos y papás noeles con cara de pepones rechonchos y risueños. Cuanta más mentirijilla, mejor.

Correos, con su empeño en no repartir un envío que no lleve en el sobre su código postal -dato que casi nadie tiene a mano- las nuevas tecnologías y quizás también la crisis han acabado con los christmas. Parece como si todos nos hubiéramos puesto de acuerdo en que este crack es un pretexto suficiente para acabar con el deber de mandar christmas y, sobre todo, de escribirlos. Felizmente desaparecen cuando la vida va depurando nuestro apego a las cosas, y no los echamos de menos.

Lo sorprendente es que, al menos este Duende, tampoco se ha volcado en SMS ni corrreos electrónicos, ni ha acusado la falta de los de ninguna persona querida. Como el valor en los militares, las buenas intenciones se les suponen a todos. Lo único que ha echado de menos es el tiempo para verlos de uno en uno, felicitarles y darles un abrazo. Es lo que se propone todos los años y nunca puede hacer por no saber estirar a conveniencia los días. Ese es el christmas soñado, pero desgraciadamente no lo traerá ni el I+D+I ni el milagro de otra Navidad.

Primos que dejan huella

Como Charlot, el primo Juan Pavia también murió junto al árbol de Navidad

Como Charlot, el primo Juan Pavía también murió junto al árbol de Navidad

Recuerda el Duende que en sus tiempos de colegial era muy normal presumir de primos. Aún no había nacido el famoso de Zumosol, pero lo de tener muchos y buenos primos era ya entonces un valor que aquel imberbe ingenuo envidiaba sin reservas. Los suyos, eran todos claramente mayores. No le sirvieron para jugar a las tinieblas -para eso eran especialmente buenas las primas, según contaban- ni a policías y ladrones, ni para competir con ellos al futbolín o a las chapas. Pero alguno fue muchísimo más que un compañero de juegos o un compinche de trastadas. Por ejemplo, el primo Juan Pavía.

Podía, por edad, haber sido su padre, puesto que le superaba en veintidós años. Pero, sin llegar a tanto, se convirtió en algo así como un guía original, una referencia de estilo y encanto personal, y un ejemplo de saber interpretar la vida agradando y ejerciendo el más saludable sentido del humor. Todos somos hijos de nuestros mâitres á vivre y de nuestros mâitres á penser. El primo Juan desempeñó su magisterio sobre todo en el arte de vivir, pero también enseñó filosofía esencial para la convivencia.

-Primera lección, Duende -le recordaría desde la alta cátedra que sin duda desempeña ahora-No vale la pena ser malo, porque todos los cabrones son unos desgraciados. Así que procura ser buena persona, porque serás más feliz. Segunda lección, no seas nunca un tipo triste, porque la suerte elige antes la sonrisa amable que el cenizo. Tercera lección, no pierdas nunca los buenos modos ni descompongas la figura, porque hay que ser señor hasta el final. Cuarta lección, se generoso en lo que puedas: manos que no dáis…¿qué esperáis?

Y así hasta completar lo que podría haber sido un Tratado del hidalgo de nuestro tiempo.

Todo lo que así descrito parece moralina del Catón, calaba a su lado como el agua pulverizada de una catarata de ingenio y de humanidad. Suavemente, y dejando una impronta refrescante acorde con su elegancia natural. Juan fue el primo brillante, tan popular y cariñoso con sus tíos como con sus primas y primos pequeños. También fue el que convirtió al Duende en uno de esos que llaman creativos los publicitarios. Sería su jefe, y sospecho que protector, durante muchos años. Para convertirse luego en una pieza sentimental clave en la arqueología de su personalidad. La mayoría de las travesuras del Duende se forjaron en aquella gran agencia de publicidad llamada Clarín que dirigió el primo Juan. Era difícil no trabajar feliz allí.

Por cierto, el primo empezó a morirse hace tiempo por culpa del mal de Alzheimer. Pero ha sido en vísperas de esta Nochebuena cuando se ha despedido definitivamente. Tal día como hoy de hace años, el Duende escuchó que Charlot, el mejor cómico de la historia del cine, había muerto en su casa de Vevey al pie del árbol de Navidad. Recordaba esta coincidencia cuando en una fecha tan significada para los cristianos asistía ayer al sepelio su querido primo en el cementerio de Arenas de san Pedro. Qué contradicción: en lugar de la pandereta, el sordo bombo de las paletadas del enterrador. Sin embargo, aún con tanta pena, era imposible no imaginar la carcajada estentórea del primo desdramatizando la muerte incluso en este día. Navidad es un día especial, pero si cuando llega el Mesías lo recibimos esperanzados, cuando se van gente como Charlot o el primo Juan, que aportaron tanta alegría a su mundo alrededor, debemos despedirles agradecidos. La vida fluye, y la ilusión continúa.

Un ángel con pintas en el lomo

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Aquella Navidad, Homper hizo más honor a su nombre que nunca. Se quedó literalmente convertido en el Hombre Perplejo cuando desde el otro lado del teléfono la anciana tía Clota, temblando de la emoción, le contó esta bonita historia.

-Iba a comer sola, hijo. Sólo una sopa caliente y un panettone que me había regalado el tractorista que nos trabajaba la propiedad. Ya sabes, es italiano. ¡Cómo nevaba!…Puse la radio para escuchar algún villancico, ya sabes…Aunque aquí no se estila, yo siempre ponía el Misterio al pie del árbol. A tu tío Oscar le gustaba, ¿recuerdas?…Estaba emocionada, pero triste, ya sabes…

La tía Clota huyó a Estados Unidos porque no quiso ser una poyetona. Así llamaban en el pueblo a las maduritas que, por las tardes, se sentaban en los poyetes de la alameda a ver pasar los mozos. La tía Clota no estaba dispuesta a dar pena a nadie. Hizo carrera, se doctoró en Literatura y Filología y fue contratada en una universidad norteamericana. Cuando ya había cumplido cuarenta y cinco años conoció a un viudo granjero de Vermont llamado Oscar, se enamoraron y se casaron. Ya jubilados los dos, vivían en una hermosa propiedad en medio del bosque y cerca de un río donde él pescaba las mejores truchas del condado. Un día, forcejeando con una de ellas especialmente vigorosa, sufrió un infarto y murió dejando a tía Clota sola, aunque rica.

-¿Te acuerdas de aquel banquero joven tan encantador que me gestionaba eso que?…-la tía Clota no entendía de dinero, y dejaba incompletas las frases. La tía Clota enseñaba literatura, y cosas de esas de las palabras que no sirven para hacer negocios.

Desde la muerte del tío Oscar, Homper había visitado a la tía Clota en dos ocasiones. La primera la tía le presentó al encantador Will Bevan, un joven bostoniano, MBA y ejecutivo de un banco de negocios. Era su hombre de confianza. La segunda, cenaron los tres un asado junto a la chimenea mientras caían las primera nieves del invierno. Los ojos de la tía Clota hacían chiribitas cuando miraban a Will. Will le devolvía sus miradas con el cariño que exigía una cartera de valores tan sustanciosa como la que le dejó el tío Oscar.

-Ya sabes Hom -le gustaba llamarle por su apócope-Desde que me arruiné en eso que…

-Los fondos de inversión, tía Clota-interrumpió Homper.

-Si, eso, ya sabes, ¿no?…Desde entonces, y puesto que ya no vienes tú, no he vuelto a celebrar nada. Y el día de Navidad se me venía encima, ya sabes…Apenas el Misterio, ningún adorno, sólo la sopa y el panettone en la mesa. Y sobre todo, ya sabes, la soledad…Encendí la chimenea y me quedé mirando por la ventana cómo caía la nieve…Y en éstas oí el motor de un coche…Un portazo, dos golpes en el llamador…Abro la puerta y…

-¿Era un ángel de esos que se inventaba Frank Capra?-bromeó Homper.

-Bueno…-titubeó la tía Clota-Era un joven muy bien parecido que llevaba traje oscuro, camisa blanca, zapatos abotinados y uno de esos abrigos de cuello de terciopelo…Era Will, sí…Me dijo que había desafiado la tormenta de nieve para compartir conmigo su menú de Navidad…Lo traía en el coche, perfectamente preparado…Él mismo extendió el mantel, calentó el pavo y el relleno, las salsas, aliñó las ensaladas, el pudding de postre…¡Qué gran corazón! Al brindar con champán y desearnos feliz Navidad, le di un beso. Y él me sonrió.

-¿Y por qué te eligió precisamente a ti para almorzar en Navidad?

-¡Porque era un ángel!…Tuvo la dignidad de decirme que, puesto que había sido él el que me había recomendado los fondos que me arruinaron, no podía consentir que me quedara sola y sin celebrar la Navidad por su culpa…¡Hasta me regaló un reno de porcelana precioso!…

Homper recordó entonces que gracias a las trampas y a la devergüenza del encantador Will Bevan, la tía Clota había perdido los veinticinco millones de dólares que heredó del tío Oscar. Pero dio igual. La tía Clota advirtió que Will no apartaba la mirada de la magnífica cubertería de plata que, con un mueble ad hoc de madera de roble y cajoneras y bandejas tapizadas en terciopelo azul, le había colocado el propio banco por su primera imposición a plazo fijo. Y no teniendo mejor regalo para responder al detallazo de la cena y el reno, se la ofreció como regalo de Navidad.

-Lévesela-dijo dulcemente-Es de buena calidad, porque me la dio su banco. Y yo ya no la voy a necesitar.

En vista de lo cual el joven ejecutivo la besó agradecido, recogió la mesa, guardó todos los cacharros en las cajas correspondientes, cargó luego el mueble con la cubertería de plata en el coche y volvió a perderse en la tormenta de nieve de aquel 25 de diciembre.

-Es bonito que aún haya ángeles así, ¿no, Homper? Ya sabes, cuando una sufre la soledad…

La tía Clota insistía que había sido un ángel como los de las películas de Frank Capra. Mientras que Homper, más prosaico, opinaba que fue más bien un caprón con pintas en el lomo.

Otros gordos de Navidad

Hay otros gordos que, felizmente, tocan...

Hay otros gordos que, felizmente, tocan...

Fue un día de la Lotería de Navidad, o sea un día espléndido de hace no menos de veinte años. El brandy de tal nombre patrocinaba el sorteo en la SER, que, como todas las emisoras, considera que la cantinela de los Niños de san Ildefonso es esencial. Todas las radios cultivan esta costumbre, que en la opinión del que suscribe, completa las tres horas más aburridas del año. Sólo hay otro momento más absurdo, igualmente retransmitido por todas las emisoras, que es la retransmisión de los encierros de San Fermín. Pero las audiencias mandan.

Alguien de la agencia de publicidad de Espléndido conocía al Duende, que entonces no era ni duende ni ná de ná. Le sentaron al lado de Iñaki Gabilondo para que, entre tabla y tabla, y en los contados minutos en los que el presentador calla, dejara caer sus comentarios. Pellizcos, bocadillos, chascarrillos, chorradicas. Tópico tras tópico. A pesar de todo, al ya famoso presentador le debieron de convencer, porque luego le ofreció al Duende su primer contrato radiofónico. Al final de la jornada todos decíamos lo de siempre: la mejor lotería es el trabajo. Quién nos iba a decir que en 2008 eso está más cerca de la verdad que de la frase hecha.

Como es sabido el Duende tiene una prima lotera, a la que desea que reparta el Gordo. Y, aunque jamás cató uno, comprende y justifica la alegría de los premios. Pero no puede resistir lo que los medios de información han hecho de este día. Año tras año los mismos lugares comunes. La administración que lo repartió, la peña que lo compró, el inevitable bar donde corren ríos de cava, la señora que ayudará a sus hijos, la pareja que pagará su hipoteca, los novios que se casarán a lo grande. Y la cantinela de los Niños de San Ildefonso al fondo. Casi prefiere aguantar al completo una ronda de la tuna.

Es probable que no le toque el Gordo. Y lógico: si nunca le cayó una desgracia…¿por qué iba esperar tanta gracia? Aparte de que el premio ya le fue comunicado dos días antes. Su amigo, el gran Félix, pasará las vacaciones en los Pirineos con su mujer, sus hijos y el nieto incluído. Y hasta se pondrá los eskíes. Los médicos le han dicho que ha vencido a la enfermedad. Velay por qué tiene tan poca importancia que el Gordo se olvide de uno.


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