Meditación sobre el edredón

Ideal para estas noches…
Ideal para estas noches...

La Tatianita vino muy contenta del cole. Aquel día la profe explicó la teoría de que la función crea el órgano, y lo había entendido todo. Se lo contaba orgullosa a su madre, que es doña María, gladiadora del hogar, gruesa de los nervios y doctora en gramática parda. Pero ésta, ceño fruncido y brazos en jarras, la escuchaba con evidente escepticismo.

-Mira, hija, la ciencia dice muchas tontunas – argumentaba- Mi hermana Rosaura dice que si eso fuera cierto, después de tantos siglos esforzándonos para llegar a remeter las sábanas del lado contrario de la cama, nuestras rodillas deberían doblar al revés, como las de las cigüeñas.

Menos mal que no se registró la mutación. Imagínense qué oprobio para el joven Ministerio de Igualdad.

Doña María es poco darwiniana porque ignora que para esa evolución de la anatomía femenina hubieran hecho falta millones de años. Y, afortunadamente incluso antes de que, gracias a Bibiana Aído, los hombres nos hubiéramos lanzado como locos a hacer camas, alguien inventó el edredón e interrumpió la evolución de la rodilla femenina.

El Duende prefiere las camas tradicionales, con sábanas, mantas y colcha. Sin embargo cuando llegan noches tan frías como las de esta última semana se reconcilia con el edredón. Es cierto que en la latitud de la capital de España este cobertor abriga de más desde abril a septiembre. Pero qué delicia arrebujarse en él cuando la luz de las estrellas se congela.

-Es como dormir abrazada por un galán de ensueño-matiza Jocelyn, la íntima de doña María.

El marqués de Betanzos, que es hombre muy viajado y de vasta cultura, mantiene la teoría que el auténtico edredón (feather down: la pluma de la parte baja del cuerpo del pato, dicen que es su etimología) es tan útil en invierno como en verano. Actúa como un aislante que mantiene la temperatura del cuerpo. Pero doña María dice que es otro camelo de la ciencia. Lo probó durmiendo con edredón una noche de agosto en los madriles y casi le da un soponcio.

Todas estas reflexiones venían a la cabeza del Duende la noche del pasado jueves, cuando se tenía que meter en la cama gélida en una casa aislada en el campo. Cuánto echó de menos el frailero. Y cuánto cuesta acomodar los pies en la cama cuando el sobrepeso de tres mantas de lana te aplasta los empeines. Logró entrar en calor, y dormirse. Y, puesto que la humanidad había dormido así, con los empeines forzados, durante siglos, soñó que la función había creado un pie nuevo. De manera que al despertarse del largo sueño, ya no volvía a andar sobre las plantas , como los homínidos de siempre. Sino de puntillas, como las bailarinas. Y así, en plan Ana Paulova, salió a la calle ante la mirada estupefacta de los transeúntes. Hasta que se topó con Darwin y éste le despertó advirtiéndole de que, entre la teoría y el sueño, estaba haciendo el ridículo.

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11 Responses to “Meditación sobre el edredón”


  1. 1 MARIBEL diciembre 1, 2008 en 10:20 am

    Buen dia querido Duende!!! la verdad esque eso de los edredones y las colchas y ahora tabien estan los nordicos creo que eso es segun la persona, en mi casa usamos los nordicos unos mas finos y otros mas gruesos…pero compadezco a la pobre Doña Maria porque hace 4 veranos estuve durmiendo 3 noches en las “super calurosas noches del agosto madrileño” y yo me queria arrancar la piel a tiras del calor que pase..fue horrible!! no se como pudo aguantar ni una hora con el edredon… saludos y besos

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  2. 2 Bobito diciembre 1, 2008 en 10:48 am

    Yo estoy un poco liao, ara con todo esto de las camas!, en mis tiempos conosía el colxón, las sábanas y las mántas y como quedabas aplastao idó! no hasía ningún frio, ah! y en verano, desnudo y si hase tanto calor, a la terrasa!, ara resulta que hay tantos sistemas! la madona que como la señora doña Maria, siempre investigan lo moderno y funsional, me parese que ha creado su propio sistema, entonses…ara con el frio! ha comprao unas sábanas de franel-la, eh! paresen tersiopelo, y no tienes que haser saltitos ni ginnasia antes de meterte en la cama!, ensima de las sábanas pone una mantita pa estar más protegida de la noche y calentita,por un si acaso! es la costumbre! y ensima de la mantita pone un eledrón que…lo compró de plumas, Batuadena! con todas las que tengo en el gallinero, y me parese que…lo ha regalao! porque dise que se le pinchaban en el cuerpo, no serían de “feather down”, asín que se compró otro sitético, de mentidas, en el Ikea, que va con una funda de una enredadera con flores de primavera todo el año a juego con las almohadas, y queda una presiosidad! 🙂 la meditasión la hase enfrente de la tele con una almohadilla pequeña que le ha comprao su profesora de Yoga, tampoco se muy bien como funsiona, pero mira…si es felis… 🙂 🙂

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  3. 3 Alfonsina diciembre 1, 2008 en 10:57 am

    Matización al Marqués de Betanzos:

    según creo es eider-down, porque las plumas utilizadas proceden del pato Eider (una especie cuyo plumón se usa para los cálidos edredones). Al menos así lo han llamado y explicado siempre, los ingleses que he conocido. Pero por supuesto, esta etimología no excluye en absoluto la correcta del Marqués, a quien presento mis respetos.

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  4. 4 Charivari diciembre 1, 2008 en 12:47 pm

    Soy de cama tradicional, me parece mucho más fácil de manejo una vez que encuentras tu gusto de calor y peso según la estación. Estoy con Dña. María en que el edredón en verano (incluso en primavera) puede ser motivo de alferecía o cuanto menos de sarampión. Claro que tengo una amiga egipcia que en agosto en Madrid, la he visto dormir con pijamita de franela, natural, viene de zona achicharrante.
    Duende, hay unos saquitos de semillas (yo lo compré en la mercería de mi barrio) que se calientan en el microondas, mantienen el calor más de una hora y se adaptan perfectamente a todas las superficies. Son estupendos para noches heladoras, por ejemplo.
    Creo, Sr. Marqués de Betanzos, que Alfonsina tiene razón pues yo que con frecuencia ando entre angloparlantes, al edredón lo denominan “eiterdown” por la razón ya mencionada (mire, si repite varias veces, sugiere la palabra que nos ocupa); se puede utilizar también “feather quilt” pero éste debe llevar una pluma más arrabalera o material sintético.

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  5. 5 Zoupon diciembre 1, 2008 en 12:55 pm

    Duende, la evolución de las rodillas sigue haciendo falta, dado que la utilización del aiderdaun (la tesis de Algodonsina es más verosímil) no exime de la necesidad de la sábana bajera, la cual precisa que se enganchen las gomas en las cuatro esquinas del colchón.

    El cambio evolutivo que Doña María echa de menos en las rodillas sería también muy útil en los codos, para dedicarles a algunos gobernantes los cortes de manga del derecho y del revés. ¡Qué gustazo!

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  6. 6 lola diciembre 1, 2008 en 3:49 pm

    Yo también era de cama tradicional hasta que pasé el primer invierno con mi señor esposo. “La noche de las mantas de lana” podría titularse la novela, una serie indefinida de estornudos nos hizo imposible conciliar el sueño. Empezaba a estar asustada, ¿sería yo la causa de la alergia mi esposo? Su despiste no le permitió responderme qué le provocaba tanto estornudo en la cama, hasta que después de un largo interrogatorio llegamos a la conclusión que debían ser las mantas de lana. Fuimos a pedir consejo a la casa de las mantas y un señor muy amable nos presentó a “Don Edredón Nórdico” antialérgico, por supuesto sintético. No se me olvidará nunca, que trabajito doña María ponerle la funda por primera vez al dichoso “enredón”. ¡Qué razón me llevaría a poner la funda al revés, así como también el edredón!. El resultado fue una noche de insomnio, mucho calor eso sí, pero los pies quedaban prácticamente al descubierto. El problema del estornudo estaba solucionado pero el edredón presentaba otro, si cabe mayor. La funda como estaba mal puesta dejaba al descubierto el edredón y acababa molestando, los pies quedaban solitarios encima del colchón y sin edredón. Busqué en el embalaje las instrucciones de uso pero sólo una foto había por explicación. Al día siguiente fui de nuevo a la tienda a devolver el edredón nórdico, porque era más fácil que cambiar de marido. Pregunté si me podían dar uno español, tal vez era una cuestión de costumbres y encima quería una talla mayor porque no alcanzaba a cubrir los pies. La sonrisa del señor que me atendía iba aumentando hasta que me preguntó cómo había puesto la funda. Se lo expliqué con todo detalle así como los inconvenientes que tuvimos la primera noche. Conforme le iba explicando le daba más la risa, por el contrario mi enfado iba en aumento. Con exquisita amabilidad y paciencia me mostró como poner la funda al edredón y me recordó que no olvidase las dimensiones del mismo, teniendo en cuenta que era más largo que ancho. Una vez aclarado el funcionamiento me fui convencida a casa y años después sigo fiel al invento. El problema del exceso de calor o frío se soluciona teniendo dos edredones, uno de invierno y otro de primavera que pueden utlizarse juntos o por separado.
    ¡Ay doña María, todo cuesta la primera vez!

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  7. 7 Ángela diciembre 1, 2008 en 5:23 pm

    Como Lola pienso, que es mucho más fácil cambiar de marido, que la funda de un edredón. Después del aspirador, pocas cosas hay en la casa más ingratas que cambiar una maldita funda de edredón. Que no, que no me convence en absoluto. Deberían por lo menos ponerle unos corchetes en las puntas. De todas todas, lo detesto. Donde esté una buena manta, zamorana incluso, que se quiten todas las plumas del medio. Y lo que es mejor una sabanita de algodón. Qué delicia. De ninguna manera. Qué no, que no me cambio. Aunque tardemos años en evolucionar el movimiento de rodillas.
    Yo siempre he pensado que quizá lo que no estaría mal es hacer mantas de doble grosor, más cálidas para el menos friolero de la cama, y más gorditas para el friolero. Quizá, como la tónica, lo he probado poco, pero ¿Porqué cambiar, cuando uno está completamente agusto cuando se mete en la cama?. Tengo muchas necesidades reales, como para invertir en ficticias.

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  8. 8 Bob de Ca's Barber diciembre 2, 2008 en 9:11 am

    Au! idò yo he dicho basta! de complicasiones y he montao un colchón de algas marinas, secas claro!, tengo a montones serquita de sa barcasa y son fabulosas, es un colchón blando y que huele a mar y ensima espanta los parásitos!, más que nada es por eso! me lo ha dicho el amigo Tarambana, y tan contento estoy que hoy lo voy a poner a los palomos y a las gallinas 🙂

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  9. 9 Palinurova diciembre 3, 2008 en 12:59 pm

    Lola, todavía me estoy riendo al imaginarme vuestras maniobras con el edredon.
    Yo, como buena alemana, me crié con el edredon. Por cierto, el nombre de “eiderdaunen” significa en alemán el plumaje fino y ligerísimo que está oculto debajo de las plumas más gordas en el pecho de las ocas. Así que un buen edredón nunca debe llevar solo plumas de “eiderdaunen” porque sería demasiado ligero y delicado. Debe llevar una buena mezcla de plumas de oca o de pato que son de menor calidad.
    Como ya os dije, me crié con el edredon. Cuando vine por primera vez a España en invierno tuve mis problemas con la cama tradicional de aqui: sábanas remetidas y mantas pesadas encima. Me senti como un bebé fajado. Así que, enseguida levanto los pies para no estar con ellos o en postura bizca o estrábica, según. Luego, cuando ya te has dado dos vueltas en la cama, tienes un revoltijo de sábanas, mantas, colcha etc.. Así que, con esta experiencia a cuestas, cuando me vine a España a vivir en el año 1973, me traje una maleta con mi ropa y otra con el edredón y sus correspondientes fundas. La colocación de la funda, por cierto, es muy fácil una vez que has aprendido el truco correspondiente.
    Hacer una cama tradicional con sábanas,mantas, colcha etc. siempre me produce a) dolor de espalda (efectivamente, para estos menesteres habría que tener rodillas de ave) y b) cardenales en la espinilla por los golpes contra el somier de la cama.
    Total, sigo con mi edredón, convencí a mi familia de sus bondades y, en las frías noches de ahora me siento arrullada con su suavidad y calorcillo. En verano lo guardo, pongo una sábana y a correr. Así que la forma de hacer la cama conlleva toda una filosofía de lo que significa descanso, normalmente aprendida en la niñez. ¡Que cada uno sea feliz a su manera!

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  10. 10 adela diciembre 4, 2008 en 12:16 am

    Palinurova! que gracia me has hecho tu a mi, cuando dices que viniste de Alemania con el edredón! se ve que es algo importante, y me has hecho recordar que yo me fui de una casa de una pareja que tuve, y le dejé los muebles, los cuadros y todo, llené mi furgoneta con mis libros, cajitas, ropa, equipo de música y…buaaaa, buaaa, llora que llora mientras conducía y…no podía ver nada por el retrovisor, no por las lágrimas, sino por una cosa acolchada que ocupaba todo el espacio sobrante de mi furgo, ¡mi edredón!, cada vez que me acuesto me da la risa 🙂

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  11. 11 Angelus P. diciembre 15, 2008 en 7:52 pm

    Ay, Duende, esta historia del edredón me parece de las mejores. Supongo que será porque te la inspira Dª María, esa heroína del plumero, de la M verde y mayúscula desdibujada por los atributos de su feminidad…

    Sin conocer su etimología, ya me sonaba a centroeuropeo. Sólo he conocido el edredón de viaje por las Inglaterras, y se me hizo esquivo y escaposo de puro ligero. Así que no he tenid ocasión de enfundar ninguno, pero imagino que el truco está en introducir un borde en la funda hasta el fondo, estando aquella encogida y, agarrando ambas piezas por dicho borde, sacudirlas con energía para que la boca de la funda se vaya deslizando sobre el edredón… ¿Será así, Palinurova?

    He pasado unos días en tierras leonesas y ¡qué calor en la habitación del hotel! Ni mantas, ni edredón. ¡Qué despilfarro energético en calefacción!

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