Primos que dejan huella

Como Charlot, el primo Juan Pavia también murió junto al árbol de Navidad

Como Charlot, el primo Juan Pavía también murió junto al árbol de Navidad

Recuerda el Duende que en sus tiempos de colegial era muy normal presumir de primos. Aún no había nacido el famoso de Zumosol, pero lo de tener muchos y buenos primos era ya entonces un valor que aquel imberbe ingenuo envidiaba sin reservas. Los suyos, eran todos claramente mayores. No le sirvieron para jugar a las tinieblas -para eso eran especialmente buenas las primas, según contaban- ni a policías y ladrones, ni para competir con ellos al futbolín o a las chapas. Pero alguno fue muchísimo más que un compañero de juegos o un compinche de trastadas. Por ejemplo, el primo Juan Pavía.

Podía, por edad, haber sido su padre, puesto que le superaba en veintidós años. Pero, sin llegar a tanto, se convirtió en algo así como un guía original, una referencia de estilo y encanto personal, y un ejemplo de saber interpretar la vida agradando y ejerciendo el más saludable sentido del humor. Todos somos hijos de nuestros mâitres á vivre y de nuestros mâitres á penser. El primo Juan desempeñó su magisterio sobre todo en el arte de vivir, pero también enseñó filosofía esencial para la convivencia.

-Primera lección, Duende -le recordaría desde la alta cátedra que sin duda desempeña ahora-No vale la pena ser malo, porque todos los cabrones son unos desgraciados. Así que procura ser buena persona, porque serás más feliz. Segunda lección, no seas nunca un tipo triste, porque la suerte elige antes la sonrisa amable que el cenizo. Tercera lección, no pierdas nunca los buenos modos ni descompongas la figura, porque hay que ser señor hasta el final. Cuarta lección, se generoso en lo que puedas: manos que no dáis…¿qué esperáis?

Y así hasta completar lo que podría haber sido un Tratado del hidalgo de nuestro tiempo.

Todo lo que así descrito parece moralina del Catón, calaba a su lado como el agua pulverizada de una catarata de ingenio y de humanidad. Suavemente, y dejando una impronta refrescante acorde con su elegancia natural. Juan fue el primo brillante, tan popular y cariñoso con sus tíos como con sus primas y primos pequeños. También fue el que convirtió al Duende en uno de esos que llaman creativos los publicitarios. Sería su jefe, y sospecho que protector, durante muchos años. Para convertirse luego en una pieza sentimental clave en la arqueología de su personalidad. La mayoría de las travesuras del Duende se forjaron en aquella gran agencia de publicidad llamada Clarín que dirigió el primo Juan. Era difícil no trabajar feliz allí.

Por cierto, el primo empezó a morirse hace tiempo por culpa del mal de Alzheimer. Pero ha sido en vísperas de esta Nochebuena cuando se ha despedido definitivamente. Tal día como hoy de hace años, el Duende escuchó que Charlot, el mejor cómico de la historia del cine, había muerto en su casa de Vevey al pie del árbol de Navidad. Recordaba esta coincidencia cuando en una fecha tan significada para los cristianos asistía ayer al sepelio su querido primo en el cementerio de Arenas de san Pedro. Qué contradicción: en lugar de la pandereta, el sordo bombo de las paletadas del enterrador. Sin embargo, aún con tanta pena, era imposible no imaginar la carcajada estentórea del primo desdramatizando la muerte incluso en este día. Navidad es un día especial, pero si cuando llega el Mesías lo recibimos esperanzados, cuando se van gente como Charlot o el primo Juan, que aportaron tanta alegría a su mundo alrededor, debemos despedirles agradecidos. La vida fluye, y la ilusión continúa.

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14 Responses to “Primos que dejan huella”


  1. 1 wallace97 diciembre 26, 2008 en 1:31 pm

    Doy fe de la personalidad de Juan, con el que tuve la suerte de coincidir durante seis años, sin tener ni idea de que era primo del Duende. Era una persona que cuando se dirigía a ti por el motivo que fuese, inmediatamente desconectabas de todo lo que estabas haciendo, por muy urgente que fuera, a sabiendas de que te esperaba un maravilloso paréntesis, un remanso de paz a la vez que de diversión asegurada, disponiéndote a recibir una clase magistral sobre la vida, siempre apasionante. Sólo oír su potente y elegante voz cuando se acercaba, ya te predisponía a disfrutar de todo ello. ¡Qué gran tipo! Qué pena que personas así desaparezcan.

    Que en paz descanses, Juan.

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  2. 2 julian29 diciembre 26, 2008 en 5:47 pm

    Es una pena que nadie se nos vaya para siempre. Es todavía peor que lo haga en estas fechas.

    No tuve la suerte de conocer a tu primo, pero, si sigo tus explicaciones, ratificadas por las de Wallace, que es como mi padre, seguro estoy de que era una persona que merecía la pena.

    Un fuerte abrazo.

    Julián.

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  3. 3 José Ramón diciembre 26, 2008 en 6:07 pm

    Las lecciones que cuentas que te daba tu primo parecen obvias una vez dichas, pero hay que decirlas y, sobre todo, hay que aplicarlas. Nadie las aplica (la gente es muy tonta). Si él lo hacía, como dices, entonces tuvo que ser una magnífica persona. Y además Wallace lo ratifica.

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  4. 4 joselepapos diciembre 26, 2008 en 8:31 pm

    Yo no tuve un primo Juan pero tuve un tio Vicente que por lo que cuentas era su clon. Gracias a tantos primos Juan y (en mi caso) tios Vicente, nuestra vida se llena de momentos luminosos que nos la hacen más llevadera. Descansen en paz.

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  5. 5 Pemberton diciembre 27, 2008 en 11:55 am

    Yo tambien conoci a Juan Pavia y corroboro lo que dice el Duende, derrochaba humanidad, saber hacer, señorio y encima con los pies en la tierra dirigia una empresa que nos ayudaba a cubrir objetivos año tras año.
    Le envio el pesame a todos sus primos y deudos
    Descanse en paz

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  6. 6 adela diciembre 27, 2008 en 9:49 pm

    Descanse en paz, la huella que dejan estas personas me parece muy importante para los demás (que permanecen), siempre pienso que esta actidud y ese talante en la vida es posible y si otro puede los demás tambien, son ejemplares al fin y al cabo.

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  7. 7 MARIBEL diciembre 28, 2008 en 12:24 pm

    descanse en paz…y feliz por todas las cosas bonitas y recuerdos que dejan!!!!!!

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  8. 8 Ana diciembre 28, 2008 en 10:51 pm

    Hace muchos años que no coincidi con Juàn quizà en la boda de Isabel,pero guardo de èl un buen recuerdo por verle muchas veces en la casa de Serrano,era agradable ,cariñoso y educado.Un señor,descanse en paz

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  9. 9 ISABEL BARROSO diciembre 29, 2008 en 8:10 pm

    TUVE LA SUERTE DE CONOCERLE. ERA UN SEÑOR EN TODOS LOS SENTIDOS Y MUY DIVERTIDO, ERA ADEMÁS MUY SOCARRÓN Y CON GRAN SENTIDO DEL HUMOR, Y COMO TODO GRAN HOMBRE CON UNA MUJER AL LADO MARAVILLOSA

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  10. 10 Marta diciembre 30, 2008 en 12:44 am

    Soy una de los tantos afortunados que hemos tenido la oportunidad de conocerle. Yo concretamente desde hace unos 26 años y no sabéis cómo me alegra saber que somos muchos los que compartimos tu opinión. Únicamente querría añadir que Juan era a su vez un Abuelo que deja huella. Esa perfecta combinación de originalidad, innovación, bondad y ternura que a muchos nos sirve de modelo para afrontar la vida.
    Gracias, un abrazo.

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  11. 11 De un quijote sin molinos enero 7, 2009 en 1:33 pm

    Unos modestos recuerdos.

    Nunca vi a nadie que anduviera por el mundo con ese paso zigzagueante, siempre a medio caer, con sus manos de dedos finos a la espalda, andando sobre las palabras con las que construyó su particular mundo. Gracias al tío, desde hace años sólo me fío de aquellas casas en las que al llegar, hay una pared dedicada a los libros, haciendo perfectas columnas de papel que pueden mantener los techos en caso de derrumbe. El imperio del minimalismo ha arrasado muchas modas, y entre ellas ha desterrado la anarquía de los lomos, todos ellos distintos, demasiado libres para ser estéticos con la moda actual. Así, los hogares diáfanos (para ser pensados, para meditar y soñar, dicen), han traído almas diáfanas, en las que el eco de una idea se repite como una cacofonía por los siglos de los siglos.

    El amor por los libros lo aprendí del tío, no de forma verbal o explícita, sino por el roce de las cosas, como los verdaderos amores, que nunca se pueden explicar. Para ser elegante no hay que dar conferencias, simplemente hay que estar tocado por el gesto bello, la gracia verbal, el porte distinguido. El tío supo rodearse de papeles, vivir entre conceptos, crecer en un mundo en el que las cosas sólidas sólo valen para soportar las livianas. Nunca le escuché hablar de una hipoteca, ni de un pago, pero sí de Napoleón, o de la maldita máquina de segar que nunca estaba calibrada en su punto para que el césped luciera, o de aquella obra faraónica que fue la puesta de largo de la antigua caja registradora, que le llevó al menos un lustro. Con su pulso torpe y su enorme paciencia, con esa banda sonora que le ponía a todas las tareas, el tarareo que anunciaba su presencia, se enfrentaba a cosas menudas, ninguna prueba física que se pudiera considerar cansina. En todo esto radicaba su belleza, en su capacidad innata para no ser práctico.

    Al tío le debo un par de manías: llevar la contraria como gimnasia para que las conversaciones sean menos aburridas, y no poder tomarme una sardina en lata sin limpiarla minuciosamente de escamas y espina. También creo que nos enseñó a todos a ser pacientes, a esperar que las cosas ocurrieran por sí solas, algo budista y oriental. Y las cosas han ocurrido, y han ocurrido bien. A todos nos iguala la muerte, única certeza desde el primer hálito de vida, pero no a todos nos iguala el recuerdo ni el patrimonio moral que dejamos. Y su patrimonio, además del buen sabor que nos ha dejado, son 5 personas incomparables que viven al margen de los puñeteros males de este siglo: horterez, apariencia, afectación, pequeñez intelectual,…

    Gira il mondo gira.

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  12. 12 Juan enero 8, 2009 en 9:11 pm

    Con solo 16 años de vida apenas pude disfrutar de la compañía de mi abuelo como me hubiese gustado. Es como si solamente hubiese conseguido vislumbrar la estela que deja una estrella fugaz en el firmamento.
    Apenas consigo acordarme de las famosas lecciones morales de mi abuelo que me daba cuando todavía no podía comprenderle.
    Y apenas consigo apartar de mi mente a la persona que desde pequeño siempre quise imitar como modelo, y aún tan pequeño no me equivocaba.

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  13. 13 nillo86 enero 8, 2009 en 10:19 pm

    yo le recordaré siempre en su flamante Mercedes de 1970, como éste http://www.seoski-turizam.net/mercedes/mercedes-wallpapers/1970-Mercedes-Benz-280-S.htm y tendré uno igual. Como él bien decía ¨si es que yo me cambiaría de coche, pero es que ya no los hacen bonitos¨

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  14. 14 Ángela enero 9, 2009 en 8:13 pm

    Hace días que quiero participar con mi recuerdo en este post, pero quizá hace 20 ó 25 años que no coincidía con Juan Pavía y con muchos de sus hijos, a quienes he vuelto a ver la pasada Navidad. Sin embargo, leo atenta los comentarios que aportáis, y el del Quijote sin molinos, uno de sus sobrinos, me da la pista. Recuerdo a Juan entrando, impecablemente vestido, por la casa grande del Rincón, y ahora estoy completamente segura, lo recuerdo tarareando, con esa placidez y esa tranquilidad que ya destilaban su madre y su tía. Desde Asturias, un abrazo muy fuerte a todos los Pavia.

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