Un encuentro con Dalí (1)

lo importante es que hablen de uno...

Tenía razón: lo importante es que hablen de uno...

Sólo una vez en su vida vio el Duende a Salvador Dalí en carne mortal. Fue en uno de los salones más elegantes y refinados que pisó en su vida, en la casa del inolvidable Luis Escobar, marqués  de las Marismas del Guadalquivir, un elegante chalet del Parque del Conde de Orgaz.

Por aquel entonces el Duende se buscaba la vida como publicitario. Como Luis Escobar, que se había hartado de hacer buen teatro, había cobrado gran popularidad por su papel de marqués rijoso en La escopeta nacional de Berlanga, al  Duende se le ocurrió tentarle para una campaña testimonial de Gastón y Daniela. El hombre no era lo que se dice un Adonis, pero rebosaba bonhomie, buen humor y mejor gusto. A cambio de un dinerete que, como buen aristócrata, simuló aceptar a regañadientes, se sentó en un sofá tapizado con las telas que había que anunciar y posó con su inconfundible sonrisa de buque rompehielos.

-Sáqueme del lado malo-dijo al fotógrafo ofreciendo la mejilla derecha-porque el otro es imposible.

Le dio mucho lustre a aquella casa de telas.

Luis Escobar, al que los de su generación apodaban el Panzas -viendo su figura esmirriada uno, con el clásico, pensaba que cualquiera tiempo pasado fue mejor- vivía como un Médicis de nuestro tiempo rodeado de muebles, cuadros, esculturas, bibelots y libros apasionantes. Pocos ratones de biblioteca habrán sido más felices que los que pasearan por los anaqueles de aquella casa. Compartía su exquisita soledad con un mayordomo de sospechosa hombría, un loro al que, en cambio, le faltaba  mucha pluma y una cocinera infatigable. Al fondo del jardín de aquella hermosa casa había una piscina adornada con grupos escultóricos italianizantes donde el marqués se bañaba en verano. Nadando, el simpatiquísimo marqués parecía un pollo de pelícano.

¿Cómo iba a perder el Duende la oportunidad de curiosear en un ambiente así? Recibió la invitación al cocktail, se puso su mejor traje oscuro y se plantó en aquel enorme salón -biblioteca donde no hubiera sido extraño que apareciesen los fantasmas de la Pardo-Bazán, de Oscar Wilde o de Marcel Proust. No se presentaron. El único fantasma vivo que se personó fue el ínclito pintor llamado Salvador Dalí.

Del que, a la vista de un polémico anuncio rodante, hoy cabe extraer uno de sus pensamientos más lúcidos. Tenía razón el bufón de los pinceles: lo importante es que hablen de uno. Aunque sea bien…

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4 Responses to “Un encuentro con Dalí (1)”


  1. 1 MARIBEL enero 28, 2009 en 9:26 am

    si que tuvo que ser todo un personaje nuestro Dali…pero como nos lo has contado queridisimo duende…tu no te quedas a la zaga!!!!! besos

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  2. 2 DOLOROSA enero 28, 2009 en 10:09 am

    Hace unos años, me pidieron que diese una charla sobre el Gran Genio y para ello tuve que leerme su vida, tanto la pictórica como la literaria que fue tanto o más imoportante que la primera.
    Indagué también sobre su vida personal y descubrí que detrás del gran actor, porque una interpreación espléndida fue toda su trayectoria, había un hombre con los pies en la tierra, lejos de lo que aparentaba cara a los que le ensalzaban o repudiaban. Fue un gran admirador de su madre a la que idolatraba sinceramente y gran amigo de sus amigos, sobre todo, en el mundo del cine. Tuviste mucha suerte, Duende, por haber conocido a tan polémico personaje. Pero es
    lógico que los Genios se encuentren.

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  3. 3 El Duende de la Radio enero 28, 2009 en 1:53 pm

    Gracias por lo que dices, Dolorosa. Pero fue un simple saludo. Mi experiencia es que el VIP nunca retiene un solo rasgo del ciudadano que se le acerca y le saluda.

    De todas formas, creo que el personaje interesante al que te refieres había cedido ya al histrión “avida dollars” que revela su último cliché. Una lástima. Tampoco han contribuído nada a mejorarle los escritos de Ian Gibson y otras memorias como las de Buñuel, poco partidario de Dalí, somo se sabe. Más generosas son las notas que acerca de él incluye Alberti en LA ARBOLEDA PERDIDA. Uno de los libros de memorias, por cierto, que más me han gustado.

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  4. 4 Charivari enero 28, 2009 en 9:59 pm

    Sin duda es un genio, ahí está su obra que pasa a la posteridad. El que quiera compañero más convencional tendrá que agenciarse a un jefe de sección de grandes almacenes, pero no será lo mismo, claro.

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