Archivos para 26 febrero 2009

El delincuente heroico

Su delito será reprobable, pero él no dejará de ser un  héroe admirable

Su delito será reprobable, pero él no dejará de ser un héroe admirable

Había sido un ciudadano de esos que llaman modelo. Jamás había roto un plato.

De niño fue cuidadoso y aseado, respetuoso con sus padres y profesores, cariñoso con sus hermanos y buen amigo de sus amigos. Si veía a un ciego tanteando la acera con el  bastón, se ofrecía para ayudarle a cuidar la calle. Si tropezaba con un mendigo, se rascaba el fondillo de sus bolsillos hasta coger una moneda y depositarla en la mano del necesitado.

Compartía la bolsa de pipas, el cubilete de chufas, las bolas de anís, las chocolatinas Nestlé, el chicle Bazooka y hasta las chapas y las canicas con su compañero de pupitre. Y era tan respetuoso de la ley de Dios, que hasta corría a confesarse cuando Dori, la panadera, se inclinaba tras la barra de mármol para coger la pistola y, sin darse cuenta, dejaba entrever por el escote aquel glorioso par de tetas que le trastornaban.

-Padre-decía-me confieso de que me he deleitado mirando el canalillo del entrepecho de la  panadera.

-¿Tú, con lo bueno que eres?-le preguntaba el mosén incrédulo.

-Sí padre. Si hasta el más justo de los justos peca al día más de setenta veces siete, imagínese esta pobre criatura, con lo que requetebuena que está Dori…

Estudió derecho y terminó de forjar su personalidad aprendiendo las virtudes morales y cívicas que le faltaban. Se empapó del espíritu de las leyes. Y se convirtió un conspicuo adalid del estado de derecho, haciendo suyo el dura lex, sed lex de los romanos  y el famoso aforismo de odia al delito y compadece al delincuente.

Pero un día se enteró de que un vasco al que los amigos de ETA habían destrozado su hogar con una bomba, se había tomado cumplida venganza arrasando la herriko-taberna donde se reunían los autores de la fechoría. Cogió un bate de béisbol y la emprendió a estacazos contra aquel cubil de canallas.

Aquel vasco había cumplido escrupulosamente la ley del Talión haciendo a sus agresores lo mismo que ellos le habían hecho a él con la impunidad consentida de un gobierno que mira para otro lado cuando le peta. Pero, naturalmente, había quebrantado el respeto a la propiedad privada, y fue detenido como delincuente convicto y confeso.

Y, por primera vez en su vida, el hombre probo que nunca se había apartado de la ortodoxia, aplaudió con las orejas un delito. Luego se miró al espejo y vio ante él a su propia conciencia, antes tersa y limpia, cuarteada y putrefacta, como si fuera el retrato de Dorian Gray.

Pero le dio igual. Esta vez no sólo no confesó confesó su pecado cívico, sino que durmió feliz como un niño agradeciendo el arrebato justiciero del delincuente heroico.

Bermejo o el arte de callarse y hablar a tiempo

mariano-fernandez-bermejo-ministro-de-justiciapreview1Lo malo del poderoso es que impresiona tanto a su alrededor, que nadie se atreve a denunciar sus excesos

-¿Por qué nadie le paró los pies a este ministro?-le preguntaba la tía Clota a su sobrino.

-El poder nos ciega a todos. Hasta que se pasó, e incluso los suyos empezaron a fallarle.

La tía Clota le guardaba una cierta simpatía a Mariano Fernández Bermejo. Más que nada, porque es de pueblo, como ella, y aún en los años en que nació el hoy ex ministro eso de ser de pueblo y llegar tan alto era un meritazo. Además, una vez que fue de excursión a la Villa de Mombeltrán con unos amigos y pararon en la gasolinera de Arenas de san Pedro, ella tuvo que hacer uso del cuarto de baño y lo encontró limpísimo.

-Buena señal, y más en España -puntualizó la tía- Pero claro, la cacería, lo de no tener licencia, cenar con ese juez…¡Matar ciervos cuando a tu presidente aún le llaman Bambi…

Bendita ingenuidad.

La tía Clota sabe que el hoy  ex ministro es hijo del dueño de la gasolinera de Arenas de san Pedro, y que el señor Fernández estaba en las antípodas ideológicas de su hijo. Porque la sangre izquierdista le viene de su abuelo materno, don Emiliano Bermejo, dueño del Colegio del Carmen, un edificio con mucho encanto y un gran jardín que fue derribado por la piqueta para albergar unos horribles bloques de viviendas.

-Pero ya ves, tía. Legalizaba o ilegalizaba ANV, a conveniencia del Gobierno. Comprometía a Montesquieu a dos por tres. Y como era mordaz y daba caña a la derechona le jaleaban. Uno deslumbrado por el poder y otros porque no quieren ver…

-Pues acabo de escuchar a Victoria Prego, que tiene muy buen criterio, y dice que es un hombre muy inteligente y de gran preparación…

-Y simpático -añadió Homper-Que me lo ha dicho un amigo que le conoció en su juventud.

También le contó el amigo que el ex ministro tiene una hermana que se llama Pepita y era de las más guapas de Arenas de san Pedro. De cara muy bien dibujada, piel muy blanca  y silueta perfectamente proporcionada, tenía el aire delicado de un retrato de Madrazo o de una heroína de Chejov. Al contrario que su hermano, parecía tan discreta y tímida que el amigo no se atrevió a decirle que le gustaba, por si se asustaba. Tampoco se lo recordó cuando la encontró cuarenta años después, casada y profesora de matemáticas en un instituto de Valladolid.

-Lo que es no hablar a tiempo-concluyó tía Clota-Si alguien lo hubiera hecho, el ministro a lo mejor había salvado la silla, y tu amigo quizás hubiera acabado con Pepita.

Quién lo sabe. Pero es tan difícil saber callarse o hablar a tiempo…

Bach y el sonido del vino

El sonido del vino escanciándose puede ser tan bello como una catnata de Bach

El sonido del vino escanciándose puede ser tan bello como una catnata de Bach

La belleza de la música también va por barrios. Después de escuchar en una iglesia de la calle General Ricardos de Madrid el  Concierto de Branderburgo nº 5 y tres cantatas de Juan Sebastián Bach, Homper estaba aturdido, casi embelesado.

-¿Cómo se puede disfrutar  esta maravilla en un lugar tan  inesperado como éste?-se preguntaba a la salida  mientras a su lado rugía el motor de un autobús.

Siempre hay que criticar a los políticos, y más si hablamos  de gestión cultural. Pero hay que reconocer que estos lujos, si llegaban, se quedaban antes en los barrios buenos. Sonaba buena música en el Auditorio, en el Teatro Real, quizás en el Conservatorio, en las Academias, en las sedes de las fundaciones y otras instituciones culturales. No mucho lo que antes se conocían como los madriles. El bar de al lado de esta iglesia de Carabanchel anunciaba tapas y zarajos, que son tan castizos y obreros como aquel baile de chulapos y de horteras que cantaban en la zarzuela de La Gran Vía.

-Se puede porque es gratis-decía uno-Si fuera de pago y pa fardar yo no venía.

-¡A ver!-apuntaba otro-No habría localidades. Como cuando vienen el Baremböhm, el Zubin Metha, Iwa Mula o Juan Diego Flórez. Muchos de los que pueden pagárselo van para escucharles. Pero muchos más para que se vea que ellos están entre los elegidos que pueden darse ese lujazo, ¿no te digo?

Alberto Ruiz Gallardón es criticable por muchas cosas, pero lo de repartir la audición de  ese tesoro musical que son las cantatas de Bach por iglesias de Madrid y su periferia es mérito suyo. No sólo suyo, claro. Los coordinadores y directores artísticos son Oscar Gershensohn (director, además de La Capilla Real y de la Orquesta y Coro Vía Magna) y Alberto Martínez Molina, que a su vez  dirige el magnífico grupo Hippocampus, que era el  protagonista del concierto de ayer. También hay empresas aflojando la mosca, claro. Menos mal que Bach no tiene por ello que cambiar su pentagrama. Suena igual de sublime si se escucha en la catedral de Leipzig que si lo patrocina el Banco Santander.

-Los mejores placeres son siempre gratis-se decía Homper como corolario de la hermosa tarde que ya presagiaba primavera.

Se acordaba del chorro de la fuente, del murmullo del arroyo, del tremolar de las hojas de los álamos, del canto del ruiseñor. Y de otro sonido redondo, profundo, misterioso y poético como una atmósfera de Velázquez que suele pasar inadvertido porque aventura algo aún más esperado y deseado. Es el gorgoteo del vino cuando avanza por el cuello de la botella para ser escanciado en la copa. Glop, glop, glop. Escrito parece una broma, pero qué bello suena. Lo comprobó él mismo aún bajo el efecto de las cantatas.

-Incluso el vino más caro -concluyó Homper- regala el sonido de su viaje hasta la copa. Es otro placer añadido que nadie con sensibilidad debería dejar de apreciar, ¿no?

Pendientes del Oscar de Pe

penelope_cruzHagamos historia. La tía Clota tenía sus ahorros en una agencia bancaria. Su joven director -un hombre, por supuesto, encantador- le convenció de que abriera en su oficina una IPF y se beneficiase de una cubertería de plata a precio increíble. Años después la tía Clota se casó con Oscar, un viudo del Condado de Rutland, en Vermont. Oscar era un agricultor que había hecho fortuna. Vivieron felices quince años. Luego él murió, y ella se quedó desconsolada, pero rica. Entretanto, su banquero de confianza había dejado la banca comercial y vendía fondos de inversión. Era uno de los minúsculos tentáculos de un tal Madozz.

El día de Navidad de 2008 la tía Clota, convenientemente arruinada por aquel encantador geta, acababa de colgar el teléfono después felicitar a Homper, su único sobrino, bastante rarito, por cierto. La anciana se aprestaba a celebrar la Pascua con una sopa y un panettone. La nieve cercaba su casa de Tinmouth. Estaba triste: se veía  pobre y, sobre todo, sola. Se oyó el ruido de un coche todo terreno y alguien llamó a la puerta. La tía  Clota abrió y se encontró a su banquero de siempre que, arrepentido de sus fechorías, acudía a compartir con su clienta arruinada un espléndido almuerzo de Navidad  que él mismo había preparado y traía en el maletero de su coche.

-God bless you-le dijo emocionada.

A la tía Clota el detalle le iluminó la Navidad.  Atendió a su visitante como si fuera el hijo que nunca había logrado tener. Se emocionó con su gesto. Y al final estaba tan acongojada por haberse arruinado y arruinar así la carrera de aquel joven, que le acabó regalando la misma cubertería que él le vendió.

-Te hará mejor servicio que a mí, hijo-le dijo al despedirse con lágrimas en los ojos- ¡Feliz Navidad!

Cuando les contó a sus amigas Thelma y Edwina esta historia ellas no se lo creían. Las tres se disponían a ver por la tele la noche de los Oscar, que era el planazo del año. A Clota le emocionaba particularmente, porque la famosa estatuilla llevaba el mismo nombre que su difunto marido. Edwina y Thelma estaban pendientes de Brad Pitt y de Benjamín Button, les gustaba la película y el actor. La tía Clota deseaba, sobre todo,  que ganara el suyo Penélope Cruz.

-Fijaos-les decía a sus amigas- Hija de un ferretero de Alcobendas que llega a ser una estrella de Hollywood…¿No es eso una historia de cine?

Las amigas de tía Clota sonrieron. A ellas les gustaba el cine porque la fábrica de sueños glaseaba de azúcar las amarguras de su vida. Pero pensaban que el almuerzo de Navidad de Clota con su banquero seductor tenía más gracia que la de Benjamín Button o la de esa película con título de telegrama que es Vicky Cristina Barcelona.

Todos damos la lata

imagen12El Duende se confiesa al modo clásico.

-Me acuso, padre de dar la vara de forma inmisericorde con lo que me obsesiona. Desproporcionadamente, reconozco. Me acuso de estar volcado en el Museo del Juguete de Hojalata.

Museo según la enciclopedia es un edificio o lugar destinado para el estudio de las ciencias, letras humanas y artes liberales, primera acepción. Y, en segunda, lugar en que se guardan objetos notables pertenecientes a las ciencias y artes, como pinturas, esculturas, medallas, máquinas, armas, etc. Parecía, en principio, pretencioso para esta causa, pero no. Entra en el etcétera.

Debería de ocupar su mente en otras cosas, pero velay que el próximo sábado su amigo Paco Gil y él inauguran en la Casa de las Flores de Candelada un pequeño museo cuyo principal contenido son los juguetes. Juguetes de otro tiempo, juguetes de hojalata. Y más juguetes que se siguen fabricando por el mundo con el mismo espíritu ingenuo e incluso con la misma matricería. Y dale que dale, no piensan en otra cosa.

-Me acuso, padre, de dar la lata, la barrila, la brasa, la paliza a todo el que pase a su lado con este monotema. Ponga penitencia.

Pero el cura ha sido indulgente. ¿Dar la paliza con tu tema? Eso es el pan nuestro de cada día. Este periódico, esta tele y esta radio lo dan con la corrupción del PP. Estos otros con la intolerable cacería de Bermejo. Aquellos con la incompetencia del gobierno para atajar la crisis. Aquellos otros con la obsesión de la oposición por distraer sus problemas internos aventando los pequeños deslices del gobierno. Los empresarios, con su lucha por el crédito y sus problemas laborales. Los jueces se quejan de la situación que les lleva a la huelga. Los cineastas lloran por su industria ruinosa. Los ecologistas por el desprendimiento de una gigantesca placa de hielo en la Antártida. Los hoteleros por el descenso de turismo.  Aquél con su handicap de golf, ésta con sus dolores de espalda. Cada loco con su tema. Y mi prima Tere con los discos verdes, que duran demasiado poco para  cruzar tranquilitos sin que nos arrollen los coches.

-Todos hablamos de lo nuestro hasta aburrir a las cabras -le dijo el cura al Duende con la absolución final- Así que no te aflijas, hijo si, en lugar de dar la lata, tú nos cuentas lo que fue tu Paraíso de hojalata…

Celos de Esther Ferrer

¿No puede ser todo el mundo artista del "performance"...?

¿No puede ser todo el mundo artista del "performance"...?

Tía Clota o la  hermosa aventura de seguir aprendiendo cuando la vejez nos intenta doblar la cerviz.

-No te escandalices, sobrino-le advirtió a las primeras de cambio apenas se conectaron con el Skype – Me he dado cuenta de que soy una artista..

Homper se quedó más perplejo que nunca. Mientras la anciana tía hablaba, le mostraba un montaje fotográfico  en el que ella estaba sentada en un taburete, vestida tan sólo con unas bragas negras, un sostén cuyas cazoletas eran dos Donut  y un tricornio de guardia civil en la cabeza. En el regazo sostenía una vistosa caja de Membrillo de Puente Genil, y, sobre éste, una pecera con dos peces de colores. A su lado, su amiga Thelma, disfrazada de Hércules Poirot y con un gato en brazos, trataba de contener al minino que lanzaba una mirada asesina a los peces, mientras que  Edwina, enfundada en una camiseta con la imagen del Che Guevara, se ventilaba   las axilas con un abanico.

-Las caras las fotografió Thelma-precisó la tía- Edwina, que dibuja muy bien, estampó nuestros rostros en una cartulina y, con collages y el lápiz hizo el resto. Pero la idea es mía.

Homper no sabía qué decirle.

-No se por qué te quedas así-se revolvió la tía adivinando el estupor de su sobrino- ¡Somos artistas del performance!

Nuestro Hombre Perplejo creyó  por un momento que a su anciana tía le apuntaba ya la demencia senil.

-Hijo- insistió ella-¿No has estado en ARCO? ¿No sigues las nuevas tendencias del arte? ¿No sabes quién es Esther Ferrer?

Homper se acababa de enterar de que esta artista donostiarra afincada en París, sólo unos años menor que tía Clota, fue Premio Nacional de Artes Plásticas. Ahora los artistas de vanguardia no pintan ni esculpen: hacen composiciones e instalaciones. La que más se ha difundido estos días, por ser la estrella del stand que el periódico EL PAÍS presentaba en ARCO, muestra a la artista sentada en una silla con la cara triste, los pechos al aire y un perrito de peluche a modo de sombrero sobre su cabeza. Esther es coherente con su excentricidad estética. No se relaciona con nadie, no ve la televisión ni lee la prensa, apenas sale de casa y consume lo mínimo para sobrevivir. Cualquier observador diría que lo suyo son sólo mamarrachadas, y se preguntaría quién es el genio que hizo de ella un fenómeno artístico.

-Dime algo, Hom -volvió a la carga – ¿Qué tiene esta mujer que no tengamos nosotras?

 Homper no quiso desengañar a la pobre tía Clota. No se atrevió a recordarle que cualquier icono cultural de nuestro tiempo es, sobre todo, manipulación.  

 

 

La liga de los amantes de la perrunilla

Las perrunillas, tan ricas como mal envasadas, merecen mejor trato

Las perrunillas, tan ricas como mal envasadas, merecen mejor trato

El día 16 de febrero estaba siendo, como casi todos los días, trágico. O cómico, según se mirase. O irrelevante. El caso es que Homper se quedó perplejo una vez más al advertir que la realidad puede ser percibida de formas muy distintas, según las circunstancias de cada quisque. Su mala conciencia le conducía a la apreciación más nefasta. Su sentido de la supervivencia, le aconsejaba evadirse y elegir lo irrelevante.

En una sola jornada de lo que podrías denominarse como de responsabilidad social, Homper había llevado a cabo tres actos temerarios y un ejercicio de utopía. Los actos temerarios habían sido escuchar las noticias de las ocho en la radio, leer un periódico, y finalmente, ver un informativo en la televisión. Deprimente. Naufragio de una patera en Lanzarote con veinticuatro ahogados a cien metros de la costa. Asesinato de una chiquilla en Sevilla a manos de su novio y otros cómplices. Memorial de quiebras, cierres empresariales, despidos y otras llagas de nuestra economía. Repaso de procesos y actuaciones diversas contra chorizos, adictos a la mamandurria y corrupciones diversas. Repertorios de frases de políticos en campaña. Y el caudillo Chávez citando a San Pablo para justificar su afán de perpetuarse en el poder. Eso sí, no por interés personal, sino por el compromiso de que la revolución bolivariana pendiente redima al mundo.

El ejercicio de utopía fue ponerse en contacto con la tía Clota y consultarle si le gustaría que escribiera de ella y de sus amigas Thelma y Edwina en una novela que podría llamarse Días dorados en Tinmouth. El título le mosqueó bastante a la tía.

-No me dores la píldora -le espetó- Y nunca mejor dicho. Sería preferible que te busques otros temas que vendan más. Pero si vas a hablar de nosotras, cuenta la verdad sin el eufemismo ese de los días dorados. Tres ancianas de Tinmouth o Últimos días en Vermont sería más ajustado a la realidad. Mentiras, sólo las necesarias, que ya somos mayorcitas.

O sea, que no les hacía demasiada ilusión ser protagonistas de una novela. Y si ni siquiera ellas la iban a leer, para qué escribirla. El dilema eterno. ¿Escribir de qué, si todo lo que llamaba su atención ya había sido mucho mejor tratado por otros?

-Por cierto, sobrino-apuntó la tía- La última vez que me enviaste perrunillas me llegaron pulverizadas.

Qué gran verdad. Las perrunillas, esas deliciosas pastas campesinas que tanto echaba la tía Clota, se venden en bolsas de plástico o en cajas sin tapas, cubiertas sólo por una película de celofán plástico. Las galletas danesas o inglesas, que son mucho más duras, más empalagosas y engordan más, se venden en cajas de lata y se pueden mandar por paquete postal, porque están protegidas. Él tuvo que envasarlas en la primera caja de cartón que pilló, que era la del  router de su ordenador, y el blindaje no fue suficiente.

-No te preocupes, tía -respondió Homper- Encontraré una caja de galletas danesas para el próximo envío. Y gracias por la idea…La liga de los amantes de la perrunilla…¿Verdad que eso no lo habrá escrito nadie?


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