Archivos para 31 marzo 2009

El embudo da la vuelta en el País Vasco

No ha cambiado la Ley Electoral. Pero sí la Ley del Embudo...

No ha cambiado la Ley Electoral. Pero sí la Ley del Embudo...

La tía Clota recordaba la buena fama que en los Estados Unidos siempre tuvieron los pastores vascos.

-Educan sus perros mejor que nadie, y siguen ganando todos los concursos. Llevan las ovejas por donde quieren.

El ferretero de Tinmouth, su pueblecito de Vermont, desciende de uno de esos pastores vascos. Fue el que le dijo a Clota que al PNV le han arrebatado el  gobierno. La tía Clota preguntaba si se va acabar el mundo por eso, aunque desde Estados Unidos se comprenda mejor que el mundo es algo más que el País Vasco.

-No, tía -respondió- Algunos políticos vascos son como el chiste  de aquél chicarrón que va a comer con los amigos y aparece en la sociedad gastronómica  con la cabeza vendada. ¿No lo conoces? Los amigos, al verle así, se quedan pasmados. ¿Qué te pasó, Patxi?…Nada…Según venía andando, que veo un solar vallado, y, pintado en el muro, un rótulo que dice SE TRASPASA…¡Y resulta que no era cierto!

La tía Clota se echó a reír. Hablaba a la cámara con su sobrino sin dejar de hacer punto.

-¿Tan duros de mollera son?-preguntaba ingenuamente la anciana- ¿O es que ha cambiado la ley?…

Homper le explicó que aunque gana las elecciones el que tiene más votos, gobierna el que suma más apoyos en la cámara correspondiente.

-Eso unas veces beneficia a unos y otras a otros, como pasa en tantos ayuntamientos y diputaciones. Pero el PNV creía que eso no iba con ellos, y que así como los demás partidos debían plegarse a esa norma, ellos tienen por derecho natural la representación exclusiva del pueblo vasco. Luego se han puesto de acuerdo PSOE y PP y el PNV a la calle.

-Ya entiendo…Así estaba el ferretero, qué mosqueo…Pero no ha cambiado la ley electoral, ¿no?…

-No tía.

La tía Clota se quedó pensativa. Levantó la mirada de su labor y miró a cámara.

-Qué difícil lo tengo, Hom -suspiró- A ver cómo le explico en inglés al ferretero. lo de la Funnel Law.

-¿Qué dices, tía?…

-La Ley del Embudo. ¿No es eso lo que ha cambiado? Tan acostumbrado estaba a lo ancho que  ahora el PNV no traga por la parte estrecha…

El panga y la buena educación

pangaHabíamos definido hace tiempo a Homper como el Hombre Perplejo. Él creía serlo, en efecto, por los absurdos y contradicciones de lo que veía a su alrededor. Pero de cuando en cuando miraba a su interior y tampoco salía de su estupefacción.

Aquel día, por ejemplo, recordó que hacía bastante tiempo que no tomaba pescado. Desde que vivía solo, había aprendido a cocinar algunos de conocida trayectoria. Pero últimamente, cuando asomaba por la pescadería, lo que más proliferaba era el panga. Al igual que el fletán, la perca o el halibut, el panga era una especie desconocida para Homper.  Con tal nombre, no tenía conciencia de haberlo tomado nunca, y sólo conocía a una amiga que le constaba que lo compraba y lo cocinaba.

-La llamaré y la saludaré- pensó- Hola, ¿todo bien?…Y a continuación le preguntaré  que cómo prepara el panga.

De repente cayó en la cuenta Homper de que, después de varios meses sin haber sabido de él, quizás ella extrañaría su pregunta. Y como no deseaba que le creyera interesado, mal educado o, simplemente chiflado, modificó su estrategia.

-Empezaré preguntando por la familia- imaginó-Y como se que su hija ha tenido un accidente de motocicleta y se ha roto una clavícula me interesaré primero por ella. Hola, Pepa, ¿estás bien?…Oye, ¿cómo va la clavícula de tu hija?..Me alegro…Por cierto, ¿cómo preparas el panga?…¿Lo haces frito, al horno, a la plancha?…

Un rayo de luz le iluminó entonces lo suficiente como para que Homper se quedara perplejo de su propia insensibilidad. Había dado por hecho que la clavícula de la hija de su amiga evolucionaba bien. Pero…¿y si había tenido que operarse? ¿Y si la operación había salido mal? Además Homper se temía que ella, como la mayoría de los mortales, aprovechara cualquier ocasión para desahogar sus penas. ¿Y si el del seguro no se hacía cargo del accidente? ¿Y si, a ese percance, le añadía la crisis que había arruinado sus fondos de inversión? ¿Y si daba la casualidad de que se le había obstruido el bote sifónico del retrete y el fontanero no aparecía? ¿Y si además su suegra le reprochaba el nuevo tinte que le aplicaban en la pelu? ¿Y si, después de tantos meses, el perro había muerto atropellado por un Mercedes?

Confundido en sus propias dudas, Homper se tomó una pausa para repensar su estrategia, y entretanto entró en Internet y se documentó sobre la vida del desconocido panga. Se enteró de que se trata de un pez de agua dulce con aspecto de pequeño tiburón proveniente de Vietnam y criado en cautividad. Algunos científicos despabilados descubrieron que inyectando a la hembra del panga hormonas procedentes de los orines de una mujer embarazada (sic), aquélla -no ésta-aumenta su productividad. Homper volvió a quedarse estupefacto. Pero no tanto como Pepa cuando sonó su teléfono y, al descolgarlo, escuchó una extraña llamada.

-Hola, Pepa, soy Homper. Me encantará saber que estás bien, y que lo de la clavícula de tu hija no tiene importancia. Pero te llamo para decirte que voy a cenar huevos fritos con patatas fritas.

La Noche del Teatro y la de los Salidos

noche-del-teatroTantos años viviendo lejos de España no pasan en balde. Cuando la tía Clota se fue  Estados Unidos aún no se había estrenado Canciones para después de una guerra, aquella tierna y, a la vez, triste película de Basilio Martín Patino. Ahora se acaba de enterar por las noticias que se celebra una exposición dedicada a Miguel de Molina, y ella confiesa humildemente que no sabía quién era este hombre. Tampoco  recordaba haber escuchado antes La bien pagá. A  esta canción y a su artista les dedicaba un buen metraje el filme.

-Ni idea, hijo-le decía a Homper– Ahora todo el que canta o baila es cultura, pero en mi infancia los artistas del folklore lo tenían mucho más difícil. La Argentinita, Carmen Amaya, Vicente Escudero y poco más. Y eso que sus nombres inspiraban más respeto…¿Cómo se puede pretender ser un gran artista llamándose Pitingo, que suena como a chuchería? Porque hay uno que creo que se llama así, ¿no?

Tantos años lejos de España no pasan en balde. Homper ni se molestó en recordar aquella etapa de Dinamita pa los pollos, Un pingüino en mi ascensor y Tarzán y su puta madre ponen piso en Alcobendas.

-Desde aquí hay muchas cosas que no se entienden- continuaba la tía Clota- ¿Cómo les explico a mis amigas Edwina y Thelma  que en Madrid hay tantas noches de los salidos?…

Haciendo honor a su nombre Homper, una vez más, se quedó perplejo. Recordaba la acepción más corriente de este participio sustantivado: persona que tiene fuerte propensión al apetito sexual, lo dice el diccionario. Y se echó a reir.

-¿De qué te ríes? -protestaba tía Clota- Me lo han dicho también mis amigas de Madrid. La Noche de los Museos, la de la Música, la  del Teatro, la de las Iluminaciones de Navidad…El caso es salir a la calle…Y eso sí, será todo por cultura, pero acaban en botellones y en toneladas de basura que hay que recoger al día siguiente…¿Por qué hay tantos salidos?…

-Tía -corrigió Homper- Salido, como dices tú, significa otra cosa. Salen por amor al teatro, o a la música, o a los museos -Y  lo pensó mejor- Aunque es verdad que lo que le priva a la mayoría es echarse a la calle, divertirse,  armar bulla y salirse de madre…Es un incordio para muchos, pero da votos.

-Pues que las autoridades sean consecuentes, y lo avisen claro: mayores abstenerse, y los que vivan en el centro, tapones en los oíos,  que hoy es la Noche del Teatro y habrá otra noche de los salidos…

No lo acaba de entender la anciana tía Clota.Tantos años mirando su España desde la distancia no pasan en balde.

La fe del futbolista

Aunque lo que la Moreneta lleva en su mano derecha puede ser interpretado como una pelota, no está probado que juege al fútbol mejor que otras vírgenes...

Aunque lo que la Moreneta lleva en su mano derecha puede ser interpretado como una pelota, no está probado que juege al fútbol mejor que otras vírgenes...

El inolvidable Eugenio contaba un chiste que tiene mucho de moral práctica para los desesperados. Un montañero pierde pie y se precipita al abismo. Rápido de reflejos, se agarra a un matojo y queda colgando con el vacío a sus pies.

-¿Hay alguien ahí?-pregunta desesperado.

Sólo el eco le responde: ahí-í-í-í…

-¿Hay alguien ahí? -insiste.

Una voz  grave y profunda que parece venir del cielo le responde esta vez.

Tranquilo, hijo, te he escuchado y no temas. Te mandaré una legión de ángeles y el propio aire producido por el batir de sus alas  te elevará a las alturas y podrás recuperar pie.

Se hace un silencio. Hasta que el que el montañero en apuros lo rompe con una pregunta reveladora.

-Ya…¿Hay alguien más-más-más-más?…

Cuando pintan bastos todos esperamos una ayuda extraordinaria. Y los equipos de fútbol que  no cuentan con un mesías como Florentino Pérez para su salvación acuden a la fe. Al Madrid, que es rico, no le hace falta peregrinar a la Virgen de la Almudena y pedir milagros. Bajará del cielo el ser superior que decía Butragueño y traerá de la mano a Kaká, a Cristiano Ronaldo, a Xavi Alonso, a Villa, a Venger y a quien haga falta para superar los males del club merengue. Y no fichará a Scarlett Johanson como azafata del palco porque aún no se le ha puesto en las narices.

Pero donde no hay harina, como dice el refrán, todo es mohina. Si saltamos del segundo puesto de la clasificación del Campeonato de Liga al último, vemos a un equipo al borde de la Segunda División cuyo entrenador tiene que echar mano de la fe. Esta semana, el bravo de Pochettino se hizo los doce kilómetros de ascensión a Montserrat en una hora y cuarenta y cinco minutos- lo que demuestra que aún está en plena forma- para implorar a la virgen patrona de Cataluña la salvación del Español que entrena. Lo que no arregla la plantilla periquita, que lo arregle la Moreneta, que es tan bonita.

Confiesa el cronista que estos testimonios de fe en un mundo tan prosaico como el del fútbol le producen admiración y ternura. Es frecuente ver a jugadores que miran al cielo cuando escuchan su himno antes del partido, o que se santiguan  al salir al campo y besan su medalla cuando meten un gol. Más elocuentes son los de religión musulmana, como Kanuté, que  a menudo orientan sus ojos a La Meca y abren sus manos en actitud de oración sin dejarse impresionar por un estadio que ruge. Pero lo malo en este caso es que casi todos los equipos en peligro de descenso tienen su virgen patrona. La Moreneta hará todo lo posible por salvar al Español, pero tendrá que vérselas con la Virgen del Espino, patrona de Soria,  que velará por el Numancia, con la del Camino, patrona de Pamplona que tirará a favor de Osasuna, con la de los Reyes, a la que se encomendará el Betis, con la Inmaculada, patrona de Huelva, que tratará de echarle una mano al Recreativo, y hasta con la Virgen de Begoña, que es la del Athletic de Bilbao. Todos los aficionados conocen estos equipos. Nadie sabe sin embargo cuál de las vírgenes juega mejor al fútbol y podrá finalmente eludir el descenso.

Por eso, y como en el chiste de Eugenio, es recomendable sustentar la fe en algo sólido: a Dios rogando y con el mazo dando. El Español cae simpático, ha sido capaz de ganar al mejor Barça de la historia en su campo y cuenta con futbolistas maravillosos como Tamudo y de la Peña a los que dolería ver en Segunda. Sin embargo lo seguro es que, además de suerte, le ha faltado alguien en los despachos o en el campo que hiciera mejor su trabajo. Pochettino quizá hubiera subido igualmente a Montserrat, pero no es lo mismo caminar por devoción o amor al deporte que hacerlo con la soga al cuello.

Los amigos de Henry Miller y los míos

Henry Miller ligó mucho más, pero no tendría mejores amigos que los que tiene uno...

Henry Miller ligó mucho más, pero no tendría mejores amigos que los que tiene uno...

Hace años, después de haber descubierto la literatura más desinhibida de Henry Miller este Duende vio en una librería  un volumen del mismo autor que llevaba por título algo tan inocuo como Mis amigos. Lo compró y lo leyó con la misma fruición con la que su cándida mirada había perdido antes, gracias a aquel sátiro de la escritura,  su virginidad lectora. Por cierto, mucho menos enojoso este trámite que el de la pérdida de la otra.

Todos tendemos a generalizar a partir de una muestra. Quien haya leído los famosos Trópicos de Miller, sus Sexus y Plexus creerá que en su musa no todo el monte es orégano, sino el monte de Venus. Pero además de las escabrosas novelas que le dieron tanta fama, Miller dejó al menos dos obras que no tienen nada de turbulentas. Uno es un delicioso libro de viajes que se titula El coloso de Marusi. El otro es el que mencionaba al principio, una mirada aliñada de ternura, ironía  y contenida mala leche sobre sus amigos, espejo de esos americanos mitad cow boys mitad Tom Sawyer -la gorra, el café largo en el snack de carretera, el baseball, la mecedora en el porche de la casa de madera, la barbacoa, la pesca de la trucha, el pavo del Día de Acción de Gracias– con los que uno se ha familiarizado a través del cine y la literatura costumbrista.

Desde entonces siempre quiso el Duende escribir otro libro sobre sus amigos. Uno de los problemas por los que no lo hizo ya es la  elasticidad del vocablo amigo/amiga y amistad. En un país donde cualquiera te para por la calle para decirte amigo, ¿me das un cigarro?, y un menda al que sólo conociste en un viaje a Costa Rica te llama dos meses después para pedirte un favor claramente abusivo con el consabido ¿somos amigos, no?, no es fácil la diagnosis certera del amigo. Digamos que hay amigos de la infancia, del colegio, de la universidad,  de toda la vida, del trabajo, de la familia,  del alma, del blog. Amigos por afinidades electivas  -golf, caza, pesca, viajes, fútbol, teatro, cine,  toros, cofradías, aficiones, el veraneo. Amigos ocasionales. Y, muy importante, amigos de nosesabeporqué.

En cualquiera de estos epígrafes cabe una categoría de amistad que el Duende aprecia sobremanera, que es la del amigo al que jamás hay que darle explicaciones. Puedes no verle en meses, incluso en años. Puedes haber olvidado un pésame, un regalo, una felicitación, o una visita hospitalaria que sin duda merecía. Pero cuando te lo encuentras te abraza, te sonríe, comparte contigo los recuerdos que hilvanaron la amistad y se despide sin reproches por tus ausencias, sin pedirte nada y sin haberte dado la paliza.

A este grupo pertenecen mis amigos de hoy. Félix Bragado es el gracejo andaluz que mejor cuenta los chistes. Luis Felipe Castresana, jurista eminente, el discurso de la vehemencia crítica. Carlos Romero, más conocido como Oblato, que fue internacional de rugby -el más elegante, sin duda, siempre en su moto BMW con techo y luciendo un sombrero de Panamá– aporta su socarronería y su bonhomie. Luis Jiménez Guitard, su caudal de humanidad, que es grande y rebosante de coña marinera. Hay también el consabido Bradomín (le llamaré sólo Antoñito, para no ser indiscreto) que nos entretiene mucho contando cómo se puede seguir seduciendo a los sesenta y tres años. Ji, ji, menos lobos Caperucita. Un brillante empresario y expolítico llamado Eduardo dice lo que no podía decir en la poltrona, y entretiene mucho. También viene uno de los hombres más felices, que más calla, más ríe y mejor vive,  Juan Labaig. Y aparece de vez en cuando Santiago Pelayo, el más misterioso. Siendo el único soltero del grupo, y además funcionario, todos comprendemos que está demasiado ocupado…

Todos estamos convocados hoy a compartir un cocido. Lo cual, la verdad, le hace bastante feliz al Duende. Con tal motivo, siendo así que por ahora no ha cumplido como Henry Miller, y aunque el tema no sea de  interés general, sí quería dedicar a sus amigos una entrada en este blog.  Pues  vale, ¿no?

La infalibilidad del Papa y la de Zapatero

papa02Admite Homper en su natural escepticismo que una de las cosas que le dejan más perplejo es  la infalibilidad del Papa. Sus compañeros de la tertulia ateneísta se toman a chacota tema, y lo entiende, porque son una partida de ateazos convictos. Pero él, que tiene sus respetables dudas, no lleva bien que Roma quiera  sacar el látigo y echar del templo de la fe oficial a los que no aceptan todo lo que manda el santo padre.

-Soy un funambulista de la fe- dijo la última vez que se confesó, treinta años atrás- Creo que avanzo por un cable en el que se me bambolean la razón y las creencias, pero por debajo de mis pies sólo veo el abismo de la nada.

La verdad es que Homper nunca erradicó del todo la fe que le enseñaron. Lo cual no quita para que, como muchos otros posibilistas, reflexione, cribe y luego seleccione. No le gusta por tanto que ahora le anatematicen por revisar su antigua fe del carbonero. Para consolarle, laa tía Clota, mucho más pragmática, no deja de recordarle que aunque Cristo fuera divino, la Iglesia de Roma es una organización humana

-Ya me impresionó ver por la tele a Benedicto XVI aquella vez que compareció vestido de Caperucita-le comentaba en su conversación de ayer- Y pensaba que cómo no se iba equivocar, si al fin y al cabo Ratzinger es alemán, y los alemanes han dejado de ser infalibles hasta en el fútbol….Así que ahora he asimilado el dogma de la falibilidad del Papa. Puede que sea infalible cuando habla ex cátedra -añadió- Pero hijo, la última vez hablaba ex Africa, donde creo que puede condenar el aborto , pero no el el preservativo…¿No crees que la Iglesia necesita una perestroika?

Argumentó Homper que para rectificar y cambiar, hay que saber mirarse en el espejo y ver los propios defectos, algo a lo que tan reacios somos los humanos.

-Fíjate en Zapatero y su gobierno, tía. Hasta el más lerdo sabe que han metido la pata anunciando tan mal la retirada de las tropas españolas de Kosovo. Pero ellos, erre que erre, insisten en que han obrado correctamente. ¿Ves? Nos metemos con la infalibilidad del Papa y ahora hemos de tragar con la de Zapatero.

-Es que ese no falla, hijo -corrigió la tía Clota- Sólo ha sido consecuente consigo mismo. Alguien le definió como el hombre que tiene un problema para cada solución. Y esta vez que, gracias a Obama, parecía salvada su torpeza diplomática, la ha vuelto a ca…, quiero decir, a estropear.

Se frenó a tiempo, porque sigue siendo educada. Pero Homper esta vez no se quedó perplejo por la reacción de su anciana tía Clota. Ella también estaba de acuerdo en que el infalible Zapatero la ha vuelto, con perdón, a cagar.

¿Se ha convertido Almodóvar en un coñazo?

A muchos nos gustaba más el Almodóvar de sus comedias...

A muchos nos gustaba más el Almodóvar de sus comedias...

Hasta Charles Chaplin se puso melodramático en Candilejas. Es muy corriente que los cómicos  acaben queriendo hacer tragedias, como si lo de militar en la risa  les fuera a  negar la categoría que Shakespeare le daba a  Lawrence Olivier o a John Gielgud. Salvando la distancia, es lo que le pasa al Duende, que de vez en cuando se despierta sofocado porque ha soñado que sus lectores le acusan de haber olvidado sus principios.

-Yo era considerado un humorista, ¿sabes?-le confesó a Homper cuando se lo encontró en la cola del autobús.

-Ya comprendo….La tía Clota también está preocupada con la deriva de Pedro Almodóvar. El otro día escuchó a uno de esos que chismorrean en la radio y criticando su última película decía que el manchego se ha convertido en un coñazo. Ya te puedes imaginar cómo fue nuestro diálogo de ayer.

La tía Clota fue incontenible. De entrada, no sabía cómo explicar a sus amigas Edwina y Thelma la palabra coñazo.

-Es muy feo, ¿no?-se quejaba la tía-  Dime, Hom…¿Por qué eso, tan femenino, tiene que simbolizar algo negativo o malo? ¿No podían los españoles deciir, con perdón, un penazo, un carajazo o?…

La tía Clota no se atrevió a decir un pollazo. Ella era licenciada en Filología, había enseñado español en una universidad estadounidense y consideraba que aunque el vocablo hubiera sido admitido en el diccionario ella no lo debería usar.

-Porque además de ser una muestra más de machismo,  una profesora debe hablar bien, ¿no? -se explicaba- Pero ahora resulta que todo el mundo recurre al coñazo. Lo usan también mujeres, incluso ministras… Hasta Rajoy, que debe de ser de colegio de pago, dijo que los desfiles militares eran un coñazo…

-Tía, el lenguaje se vulgariza -argumentaba Homper- Eso forma parte de la cosmética de la democracia. Si no se puede redimir al plebeyo, hablemos como él para que se crea que somos iguales.

La tía Clota admiraba a Almodóvar porque cuando vio Mujeres al borde de un ataque de nervios pensó que era un tipo ingenioso y brillante. Luego llegó ¡Qué hecho yo para merecer esto! y se partió de risa. Pero desde que Pedro quiere ser Douglas Sirk –considerado por algunos como el rey del melodrama elegante- le interesa bastante menos.

-Es una pena que se haya aburrido de su talento para la comedia-decía conteniendo en la risa- Te voy a decir una confidencia…A tu tía Oscar y a mí nos gustaba ver el cine por la tele juntos…Hacíamos manitas, incluso…Y después de ver Mujeres al borde, no se si emocionado o excitado, quiso convencerme de que éramos capaces de repetir esa escena de amor tan…ejem…que abre la película…¡Ja, ja!…

Lo recordarán. La sufrida señora de la limpieza que encarnaba Carmen Maura limpiaba la ducha de un gimnasio. En éstas irrumpía un atleta cachas se abalanza sobre la buena mujer y, sin  mediar palabra, echaban un polvo vertical para el que hay que ser muy buen gimnasta. La anciana comentó entre risas sus pícaras tentativas…Primero se les cayó la ducha de alcachofa y pusieron perdido el baño. Luego se cayeron ellos mismos. Y, muchos fracasos después, alcanzaron el éxtasis en un sillón de mimbre que llevaron al cuarto de baño mientras la ducha caliente envolvía en vapores sus locuras de amor.

-No sabes el partido que le hubiera sacado Almodóvar. ¡Qué pena que se haya vuelto  tan coñ…!- y se interrumpió, muerta de risa- Bueno, tan pretencioso…


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