El panga y la buena educación

pangaHabíamos definido hace tiempo a Homper como el Hombre Perplejo. Él creía serlo, en efecto, por los absurdos y contradicciones de lo que veía a su alrededor. Pero de cuando en cuando miraba a su interior y tampoco salía de su estupefacción.

Aquel día, por ejemplo, recordó que hacía bastante tiempo que no tomaba pescado. Desde que vivía solo, había aprendido a cocinar algunos de conocida trayectoria. Pero últimamente, cuando asomaba por la pescadería, lo que más proliferaba era el panga. Al igual que el fletán, la perca o el halibut, el panga era una especie desconocida para Homper.  Con tal nombre, no tenía conciencia de haberlo tomado nunca, y sólo conocía a una amiga que le constaba que lo compraba y lo cocinaba.

-La llamaré y la saludaré- pensó- Hola, ¿todo bien?…Y a continuación le preguntaré  que cómo prepara el panga.

De repente cayó en la cuenta Homper de que, después de varios meses sin haber sabido de él, quizás ella extrañaría su pregunta. Y como no deseaba que le creyera interesado, mal educado o, simplemente chiflado, modificó su estrategia.

-Empezaré preguntando por la familia- imaginó-Y como se que su hija ha tenido un accidente de motocicleta y se ha roto una clavícula me interesaré primero por ella. Hola, Pepa, ¿estás bien?…Oye, ¿cómo va la clavícula de tu hija?..Me alegro…Por cierto, ¿cómo preparas el panga?…¿Lo haces frito, al horno, a la plancha?…

Un rayo de luz le iluminó entonces lo suficiente como para que Homper se quedara perplejo de su propia insensibilidad. Había dado por hecho que la clavícula de la hija de su amiga evolucionaba bien. Pero…¿y si había tenido que operarse? ¿Y si la operación había salido mal? Además Homper se temía que ella, como la mayoría de los mortales, aprovechara cualquier ocasión para desahogar sus penas. ¿Y si el del seguro no se hacía cargo del accidente? ¿Y si, a ese percance, le añadía la crisis que había arruinado sus fondos de inversión? ¿Y si daba la casualidad de que se le había obstruido el bote sifónico del retrete y el fontanero no aparecía? ¿Y si además su suegra le reprochaba el nuevo tinte que le aplicaban en la pelu? ¿Y si, después de tantos meses, el perro había muerto atropellado por un Mercedes?

Confundido en sus propias dudas, Homper se tomó una pausa para repensar su estrategia, y entretanto entró en Internet y se documentó sobre la vida del desconocido panga. Se enteró de que se trata de un pez de agua dulce con aspecto de pequeño tiburón proveniente de Vietnam y criado en cautividad. Algunos científicos despabilados descubrieron que inyectando a la hembra del panga hormonas procedentes de los orines de una mujer embarazada (sic), aquélla -no ésta-aumenta su productividad. Homper volvió a quedarse estupefacto. Pero no tanto como Pepa cuando sonó su teléfono y, al descolgarlo, escuchó una extraña llamada.

-Hola, Pepa, soy Homper. Me encantará saber que estás bien, y que lo de la clavícula de tu hija no tiene importancia. Pero te llamo para decirte que voy a cenar huevos fritos con patatas fritas.

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8 Responses to “El panga y la buena educación”


  1. 1 José Ramón marzo 31, 2009 en 9:49 am

    Lo de la globalización es un lío. Eso de comer pequeños tiburoncillos vietnamitas de agua dulce fecundados con orina de mujer embarazada me da muchísimo miedo.
    Marchando una de huevos fritos con patatas. O unos boqueroncitos.
    (Yo creo que lo que hay es mucho lío).

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  2. 2 DOLOROSA marzo 31, 2009 en 1:04 pm

    Decididamente, mucho mejor los boquerones, una buena pescadilla y unos calamaritos, fritos en un buen aceite de oliva virgen con Denominación de Origen, acompañados con unos sabrosos pimientos del piquillo y a ser posible, regados con un buen vino blanco o tinto, que tanto monta uno como otro para el pescado. Y si todo esto se toma con una agradable compañía, mejor que mejor. Buen provecho Homper.

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  3. 3 begoña marzo 31, 2009 en 1:17 pm

    ¡HORROR! Enterarte de la cruda realidad siempre resulta decepcionante. Seguiré con las anchoas albardadas que son mi plato favorito.

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  4. 4 Zoupon abril 1, 2009 en 10:49 am

    Aquí se montó una buena a cuenta del pececillo vietnamita, porque siendo Galicia como es una potencia pesquera de primer orden, y presumiendo como presumimos de tener algunos de los mejores pescados del mundo, en los comedores escolares públicos les daban panga a los niños. La disculpa de las autoridades escolares fue que como era un pescado muy insípido y muy blanquito, los niños (siempre reacios a lo que tenga espinas) se lo tragaban muy bien.

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  5. 5 adela abril 1, 2009 en 12:39 pm

    Sigo pensando que si consumimos lo que tenemos más a mano, por cercanía, mejora la calidad y nuestra salud, comer pescado de Vietnam, piñas del Caribe, plátanos africanos etc, etc lo veo una complicación, pudiendo ser las cosas más fáciles, no me estraña que Homper acabe en los huevos fritos con patatas!

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  6. 6 algodonsina abril 1, 2009 en 6:21 pm

    Begoña, ¿Cómo son las anchoas albardadas? ¡Qué hambre!

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  7. 7 begoña abril 2, 2009 en 11:54 am

    BUENÍSIIIIISMAS. Compras anchoas o boquerones, brillantes y frescos, los limpias bien quitándoles la cabeza, los abres por la mitad y les retiras la espina central si que se rompan. Los dejas en un escurreverduras para que para que pierdan el agua y los salas ligeramente. Después los pasa por harina y huevo, y los fríes en abundante aceite y ¡A COMER!

    Espero que te gusten. A esta horas, y después de haber desayunado a 7,30, también me muero de hambre.

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  8. 8 el leyva marzo 22, 2012 en 4:11 pm

    no comeis panga y comeis pollo con hormonas vaca con clembuterol aguja con mercurio pan de trigo transgenico boquerones con anashaki vino con sulfitos etc.
    no me tireis de la lengua que es para no parar, pero como dice rubalcabra, la culpa es del PP
    ahora me voy a comer un panga entero pa mi solo besos

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