La novela que no pudo escribir Corín Tellado (2)

...Y siguió viendo a Esmeralda en las olas de aquel mar embravecido...

...Y siguió viendo a Esmeralda en las olas de aquel mar embravecido...

(VIENE DEL POST ANTERIOR)

Aquella mañana el corazón le dio un vuelco. Se había llegado hasta el cabo un flamante Mercedes, del que se apearon cuatro niños y dos personajes que él identificó como sus antiguos compañeros de facultad.  Mientras los niños jugaban con la videoconsola del automóvil de lujo, Rodrigo y Esmeralda se asomaron a la barandilla del mirador para ver la rompiente enfurecida. Aún mirándoles discretamente camuflado, nuestro héroe leyó en sus labios una conversación no por breve menos reveladora.

-¡Qué bonito y eterno es el mar!, ¿verdad?-dijo Esmeralda.

-Para bonitas y eternas, las vajillas de Porsesa, cariño-replicó él-¿Te has fijado que los bucles del Cupido que adorna el modelo Amorosa que usamos cuando hay invitados siguen luciendo el oro del primer día?…

A nuestro héroe se la cayó el alma a los pies. Vio el gesto de educada resignación de la bella Esmeralda y se maldijo así mismo por no haberle declarado su amor en el mismo momento en que encontró el mejillón en el fondo de su taza de café con leche.

En sus contados viajes a la ciudad, se documentó sobre la vida de su antiguo amor. Mientras Pedro seguía haciendo cábalas sobre el arte de la seducción, siguió sus pasos, buscando en ellos consuelo y algo de pasión atenuada. Averiguó dónde vivía Esmeralda con su marido, dónde estaba el despacho de éste, a qué colegio iban sus hijos, en qué villa veraneaban. Un día, en la sección de sociedad del periódico local que le llegaba al faro dos días después, leyó que el notario Rodrigo Miramolín de Oñoro, presidente y principal accionista de PORSESA había fallecido de un infarto de miocardio. Se le disparó el corazón: era el momento de dar curso tardío a su amor por Esmeralda.

Y entonces recordó que Corín Tellado, que vivía  no lejos de su faro,  había escrito nada menos que cuatro mil novelas románticas, todas ellas de gran  éxito. Pensó que a lo mejor, si le ofrecía el tema para la cuatro mil una, ella a cambio le aconsejaba qué paso seguir para poder sellar su historia de amor con Esmeralda, ya no le importaba nada la cursilada del nombre. Le escribió una carta contándoselo todo. Estaba dispuesto, incluso, a omitir la anécdota del mejillón en el café con leche, por no faltar a su perfumado estilo. Corría el mes de abril de 2009.  Corin Tellado nunca llegó a leer la carta. Cuando la repartió el carter,  la novelista romántica más leída acababa de morir.

A partir de entonces, Pedro se encerró en su faro y pasó el resto de su vida amando a Esmeralda en las olas del mar. De vez en cuando le torturaban los versos que García Lorca dedicó a Ignacio Sánchez Mejía. Descansa, Ignacio, también se muere el mar. Pero Federico no era más que un poeta, y decía muchas tonterías. No como Corín Tellado, que sabía que el mar permanecerá mientras haya vida, y que hubiera escrito del farero Pedro y de la bella Esmeralda una historia sencillamente inmortal.

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3 Responses to “La novela que no pudo escribir Corín Tellado (2)”


  1. 1 José Ramón abril 13, 2009 en 10:17 pm

    (VIENE DEL POST Nº 1)
    una galera turquesa… etc. Pues muy bien si preferimos cantidad a calidad. Porque de calidad… de calidad… de calidad era muy mala.
    Incluso Cabrera Infante o Vargas Llosa, que hablaron muy bien de ella, se referían al fenómeno social, pero no a su calidad literaria. De hecho, Vargas reconoce, después de ensalzarla, que no ha leído nada suyo.
    Hoy han hecho en la radio algún homenaje, y en uno han leído un parrafito que se las traía, de una mujer que se derretía y se mareaba de pasión, pasando del frío al calor, del hielo al fuego en sus entrañas… Jolín. Sabemos que estamos en un mundo postmoderno en el que está prohibido valorar, en el que Leonardo Dantés vale tanto como Bach o como Duke Ellington, y por eso Tellado es tan buena como García Márquez.
    Pues bueno, pues vale. Pero yo, que soy un indocumentado y un zafio, digo que era muy mala, y que ya está bien de confundir al personal.

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  2. 2 Zoupon abril 14, 2009 en 10:10 am

    Corín Tellado no tenía calidad literaria, pero cubría un flanco enorme, el entretenimiento de los millones de personas que seguían apasionadamente sus apasionadas novelas, incluyendo enfermos hospitalizados, abuelos impedidos o viudas insomnes. No es Gran Literatura, pero es literatura balsámica, que cumple una función muy honrosa. Y creo que sin recurrir a la ordinariez nauseabunda de la telemierda actual.

    Lo dicho no excluye que José-Ramón tenga razón en lo que dice, que la tiene toda. Así que, sin despreciar en absoluto el papel que cumplió, procuremos no subir a esta señora a los altares de la narrativa.

    Por cierto, José-Ramón, cuidadín con meterse con Leonardo Dantés, que los de la LOGSE también tenemos derecho a nuestros propios héroes. Que savas que te hestoi bijilando.

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  1. 1 La novela que no pudo escribir Corín Tellado (1) « El Duende de la Radio Trackback en abril 13, 2009 en 6:19 pm
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