Archivos para 30 junio 2009

“Guarriteros” y otros enemigos públicos

¿Se atreverá alguien a decir que la mayoría de las pintadas y "grafittis" son una simple agresión a la estética urbana?...

¿Se atreverá alguien a decir que la mayoría de las pintadas y "grafittis" son una simple agresión a la estética urbana?...

No era ni Palladio ni Norman Foster. Pero era un arquitecto que había tratado de construir edificios dignos y respetuosos con la estética urbana y con el medio ambiente.

También se consideraba  un hombre comprometido con su tiempo: la Nueva Frontera de Kennedy,  Mayo del 68, Woodstock, la Perestroika, el Compromiso de Kyoto, el nuevo orden mundial…Incluso el cambio climático y el de modelo económico: todo lo había tratado de entender y de asimilar. Y lo había acatado solidariamente, porque el artista que latía dentro de él no podía obligar a todos a comulgar con sus ideas.

Y sin embargo, aquel día, cuando vio pintarrajeados los muros de su decoroso bloque de viviendas sociales que tanto habían mejorado el barrio, se indignó.

-Otro atropello más en nombre de la libertad-masculló.

Luego se encerró en su estudio y en su diario personal, escribió:Thomas de Quincey dejó una obra que muchos recordamos, sobre todo, por la contundencia gamberra de su título. Se trata del artículo Del asesinato considerado como una de las bellas artes. Pues bien, hoy este humilde arquitecto y urbanista, arrimando el ascua a su cabreadísima sardina, se permitiría parafrasearle y corregirle para escribir Del asesinato del “guarritero” considerado como una de las bellas artes.

Distingo al grafittero del “guarritero”. El primero es el que, sin respetar el derecho a decidir la propia estética -que debía estar entre los llamados derechos humanos- pinta en los muros ajenos algo que al menos puede ser bonito (aunque a mí casi nunca me lo parezca). El “guarritero” no sólo no respeta ese derecho, sino que guarrea los edificios con manchas, trazos, chafarrinones y signos que afean las calles y nos cuestan una pasta a todos los ciudadanos.

Y, como Homper –el Hombre Perplejo-, apuntalaba su perplejidad con otras reflexiones relacionadas con el asunto.

1ª ¿Por qué el ciudadano medio se pone hecho un basilisco cuando un transeúnte le le araña la carrocería de su coche con la varilla de un paraguas y calla resignadamente ante las agresiones de los “guarriteros”? ¿Es más importante tu automóvil que la casa donde vives?

2!ª ¿Se permitiría que unos “guarriteros” pintasen con un spray el traje de nuestras vicepresidentas, tan monas y aseadas como visten,  al salir del Consejo de Ministros?

3ª Además de retirarle a Franco las medallas, los títulos y las distinciones honoríficas de cualquier ciudad, villa, villorrio o aldea de España, y de otras medidas que reafirmen el espíritu democrático municipal…¿nos atreveremos alguna vez a reprochar el abuso de los “guarriteros”.

Cerró su cuaderno, lo guardó en el cajón de su mesa de trabajo y salió a la calle. Su bloque de viviendas había quedado convertido en un horror. Sin embargo, lo que él sentía es la calle le  miraba como si fuera el enemigo del pueblo. Al fin y al cabo, era uno de esos canallas de la construcción…

El Rey ha muerto: viva Yo

Sentir la muerte de los ídolos, "ma non troppo"...

Sentir la muerte de los ídolos, "ma non troppo"...

-Es terrible, y debe de ser la coraza de la edad-le confiesa la tía Clota al siempre estupefacto Homper-Pero no he conseguido derramar una sola lágrima por Michael Jackson.

Dice que Jerome, el hijo de su amiga Thelma, fanático irredento del ídolo caído, ha dejado la tienda de la gasolinera de Tinmouth y de momento ha huido a vivir a solas sus penas en una cabaña junto a un lago. No puede superar el impacto por la muerte del rey del pop.

-¿Sabes?…Yo, como soy más vieja, ni canto con una cerilla encendida, ni llantos histéricos ni nada. Lo primero que pensé  es qué pena de chico. Pero luego corregí: qué majadero. Y es que en la tele repasaron la historia de otros artistas que murieron prematuramente por sus excesos: Elvis, Jimmy Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison…Pero si son tan geniales…¿cómo no aprenden que con eso del alcohol, las drogas y los fármacos raritos no se juega?…

Se sorprende Homper de la rotundidad del juicio de su anciana tía.

-Oye, tía-le reprocha débilmente-Tú antes no eras así. Recuerdo que cuando murió Gary Cooper dijiste te encerraste en el cuarto de baño para llorar a gusto.

-Otros tiempos, hijo…-confiesa con cierto sentimiento de vergüenza-Desde que soy vieja de verdad  me resbala casi todo. Me he dado cuenta de que la muerte de los demás forma parte de mi vida.

Reflexiona Homper, que ya se asoma al pórtico de la ancianidad. Recuerda el día en que venía encantado de ver en la entonces joven Filmoteca Nacional Cantando bajo la lluvia, y al llegar a casa su hermana le dijo: han asesinado a Kennedy. Creyó que el  mundo se hundía bajo sus pies. Al día siguiente se personó en la embajada de Estados Unidos, y estampó su firma en el libro de pésames, con frase y todo. Estaba convencido de que la propia Jackie Kennedy repasaría las condolencias y recibiría la suya como ungüento mágico para su dolor. Ahora el hombre empezaba a reaccionar como su tía: nada de rasgarse las vestiduras, de paripés lacrimógenos, de numeritos y frases para que te seleccionen y salgas en la tele como ejemplo de sensibilidad.

-Mueren, ergo existo, ¿no, tía?.

La anciana suspiró largamente.

-Más bien instinto de conservación.

Y Homper se propuso empezar la semana sorteando el egoísmo que nos va inoculando la edad,  y pensando más en esos familiares y amigos que aún le alegran la vida.

Mi Bahamontes de cabecera

Medio siglo ya de aquel Tour de Francia que ganó Bahamontes

Medio siglo ya de aquel Tour de Francia que ganó Bahamontes

Los más viejos lectores de MARCA recordarán Marcelino pan y vino, primero cuento y luego película. Era un niño imaginado por José María Sánchez Silva que aparece abandonado a la puerta de un convento, se cría al amor de los frailes y, que,  además de fantasías en su cabeza, guarda en una cajita  sus tesoros particulares: el tres de copas de la baraja, unos botones metálicos de uniforme militar, un cepo para pájaros y una pata de gallina. Qué ternura, lo que podía ilusionar a un galopín de entonces.

Muchos años después, Amelie, la exitosa heroína de la película de Jean Pierre Jeunet, descubre bajo una losa de su cuarto de baño una cajita de hojalata. La caja contiene otros tesoros  guardados cuarenta años atrás. Entre ellos, un ciclista de plástico… ¡exactamente igual al que veneraba yo cuando Bahamontes ganó  el primer tour de Francia para España! Qué recuerdos.

Mi ciclista tenía su historia. En la década de los cincuenta sólo se podía seguir el ciclismo por el MARCA, la radio y el NO-DO. Para jugar a ciclistas, se juntaban las puntas de los dedos de las manos, se plantaban éstas sobre el terreno del patio del colegio y se trazaba una carretera en la tierra. En ella, percutiendo el dedo índice sobre las chapas bautizadas con nombres de ciclistas, se simulaba, golpe a golpe, la etapa del día. Para hacer más vistosa la carrera, compramos unos ciclistas de plástico que acompañaban el viaje de las chapas. Y así reproducíamos en miniatura la famosa “serpiente multicolor”. Ni el Scalextric, ni las  videoconsolas, ni  el IPOD  de moda habrán podido resultar tan apasionantes como nos parecía a nosotros aquel juego de niños.

En 1959 el abajo firmante pasaba el tórrido verano arrullado por las chicharras de los pinares de Arenas de San Pedro. Para bañarnos en el Charco Verde, había que subir por una carretera estrecha y tortuosa. Aquel mes de julio se barruntaba que Bahamontes, el Aguila de Toledo, ya varias veces Rey de la Montaña en el Tour, podía subir al podium del Parque de los Príncipes luciendo el anhelado maillot amarillo. Qué emoción. Nosotros seguíamos jugando a las chapas y sudando la gota gorda a lomos de una bicicleta Orbea. Pero algo sublimaba nuestro esfuerzo. En realidad, aunque íbamos a bañarnos, creíamos coronar, con Federico, el Puy de Dôme o el Galibier. Resoplábamos como cerdos conducidos a la matanza, y llegábamos al río Pelayo exhaustos. Era el precio de querer ser copartícipes de la hazaña.

Supimos que ésta se había consumado porque un domingo, al regreso, paramos en  el pueblo y los padres, que nos esperaban allí y que normalmente sólo invitaban a un vaso de gaseosa y patatas fritas, aquel día se estiraron y nos pagaron una Coca-Cola y unas gambas al ajillo. O sea, el despiporren. Lógico: un tipo enteco y renegrido que se había forjado en carreteras como las nuestras era el primer español en ganar el mítico Tour de Francia. Ese mismo día cogí mi Bahamontes de plástico que tantas metas había había cruzado de mi mano, y utilizando un pincelito de esmalte de uñas le pinté el maillot amarillo con el que ya pasaba a la historia. Puede parecer ridículo, pero durante años figuró en mi mesilla de noche junto a la Virgen de Fátima fosforescente que velaba mi inocente sueño. Dios, su madre y “el Aguila de Toledo”, todos me parecían la misma inmortalidad.

Se lo diré el martes, cuando acuda al merecido homenaje que le va tributar MARCA por el medio siglo de su proeza. Al igual que el niño de Amelie, perdí con los años a mi ciclista de juguete, mi Bahamontes de cabecera. Pero como compensación habré podido saludar al hombre que hace medio siglo se convirtió en el primer mito de nuestro ciclismo.

Farrah Fawcet y Michael Jackson: “sic transit”…

Desde aquí, dice la tía Clota que se percibe menos lo efímero de la gloria terrenal...(foto de FREDERIC ALVAREZ)

Desde aquí, dice la tía Clota que se percibe menos lo efímero de la gloria terrenal...(foto de FREDERIC ALVAREZ)

Dice la tía Clota que Jerome, el hijo de Thelma, se ha negado a abrir la tienda de la gasolinera  de Tinmouth, Rutland County, Vermont (USA). Trabaja, o trabajaba ahí, No es otra consecuencia más de la virulenta crisis económica. Según interpreta Homper, el cartel que ha colgado en la puerta equivale a ese cerrado por defunción que antiguamente se colocaba en los pequeños comercios.

-Ha sido demasiado, sobrino-le aclaraba –En una misma semana mueren Farrah Fawcett y Michael Jackson. Y no sabes lo que eso puede significar para este pobre chico.

La tía Clota dice que Jerome no es precisamente un chico normal. Un chico, para la tía Clota, puede ser un hombre que no es de su edad. Y Jerome, que ya ha cumplido los cincuenta y pesa ciento veinte kilos, se ha distinguido siempre por esa vehemencia inocente que a veces distingue a los hijos del tío Sam. Quiso ser, sucesivamente, globetrotter, pastor evangelista, angel del infierno, pintor en Marruecos y novelista. La única novela que presentó a las editoriales se llamaba El guardián entre la cebada, que era exactamente igual que El guardián entre el centeno salvo el cambio de cereal, que a su juicio dotaba a su obra de una intención crítica muy digna de elogio. Los editores, tan cortos de miras, se la tiraron a la cabeza. En vista de lo cual Jerome se encerró en el garaje de la casa de sus padres y se pasó dos años tratando de inventar el sándwich del siglo, que era un sándwich de una pasta que fundía el sabor del hot dog con el de la Coca-Cola, y que debía ser servido envuelta en una servilleta con las barras y estrellas. Tampoco se encontró a sí mismo en este intento y abandonó sus experimentos. Luego se casó con una negra de Missouri, que le abandonó aduciendo que le engañaba: Jerome se iba a pescar y jamás traía ningún salmón. De nada sirvió que alegase en el tribunal que siempre iba a pescar fuera de temporada. La esposa de color de ébano le despidió de mala manera, porque estaba probado que le engañaba. De repente se vio solo, desesperado, y se hizo fetichista. Por las noches de verano, cuando ya había cerrado la tienda de la gasolinera, último puerto donde ancló su alma errática, miraba las estrellas y después de contar las cincuenta primeras, que reservaba para la bandera de su patria, sólo veía las caras de esas estrellas que redimen a los mortales de sus miserias.

-Pobrecillo-comentaba la tía Clota- Aún está en esa edad en la que crees que los ídolos populares te hacen mejor…Y claro, perder en una misma semana a una belleza como Farrah y a un artista como Michael Jackson…

A Homper le sorprendió la crudeza del análisis de la tía Clota. Recordó que a él también se le abrió el mundo bajo sus pies cuando murieron Pier Angeli y Audrey Hepburn.

-¿Sabes?-desvió la conversación-Me fui de viaje a ver unos amigos que viven en un pueblecito del sur de Francia …Me llamó la atención lo entrañable que era la plaza de su pueblo, y el interés con el que observaban a una pareja de mirlos que han anidado a sólo tres metros de su ventana…

-Eso es otra cosa –subrayó la tía Clota- Ver pasar la vida no es lo mismo que lamentar que sic transit gloria mundi.

Y se despidió porque, según dijo, el brownie que tenía en el horno se le estaba pasando.

Yo quiero un paisaje con burros

Cuánto más bonito es un paisaje con burros que sin ellos...Sueña a veces el Duende que es multimillonario. A lo bestia: estratosféricamente mega-rico, insultantemente poderoso. La sabiduría popular lo dice: pagando, san Pedro canta. Y ante tantas posibilidades de disfrutar de la vida como ofrece el club de los Bill Gates, Warren Buffet, y Amancio Ortega, se le plantea  al hombre el problema de jerarquizar los caprichos. Con lo poco acostumbrado que está al dinero.

Quién sabe por donde empezar. ¿Emprender una expedición a la Antártida con el mago Tamariz al cuidado de los perros y los trineos? ¿Contratar un crucero de lujo hasta el Perito Moreno exclusivamente para sus amigos inclyendo además a Cristine Scottt-Thomas y Naomi Watts? ¿Comprar un ático en Ile de Saint Louis y llenarlo de libros, instrumentos de astronomía antiguos y juguetes de hojalata comprados a los mejores coleccionistas? ¿Construir una sala de conciertos junto a su cuarto de baño y crear el Festival de Música para el WC ennobleciendo así eso tan poco honorable que es aliviarse? Qué placer, qué categoría: sentarse a despachar con el Sr. Roca mientras al lado la Filarmónica de Berlín interpreta la Obertura 1812 de Tchaikowsky o    La cabalgata de las valkirias de Wagner, músicas incidentales muy apropiadas para la ocasión. Ah, se le olvidaba, otro capricho aún más rebuscado y exquisito: remontar el curso del Nilo hasta sus fuentes tomando gin tonics  en unas andas con aire acondicionado que son llevadas por Cristiano Ronaldo y Kaká vestidos a la federica. Tampoco es que sean sueños tan extravagantes. Lo que ocurre es que a los ricos de siempre les falta imaginación, y siguen la misma receta de lujos y de placeres prohibitivos. Qué falta de personalidad.

Sin embargo el sueño de esta noche fue mucho más pobretón. El Duende sólo llegaba a millonario normalito que compra un buen cuadro en una sala de subastas. El problema de elección esta vez surgía en torno a dos lienzos. Uno de ellos era un óleo  de Camille Pissaro que representaba un paisaje con un camino blanquecino flanqueado por sendas hileras de chopos. El otro, un lienzo de las mismas medidas y parecida coloración de Darío de Regoyos,  ofrecía un panorama muy similar. Donde el francés ponía chopos, Regoyos habían pintado quizás robles y castaños. Había otra gran diferencia. Por el camino del pintor vasco iba un hombre llevando del ramal a un borriquillo. El Duende se quedaba con el segundo cuadro. No porque fuera mejor pintado, ni más asequible. Sino porque era un paisaje animado. Nunca entendería a los que, en la misma tesitura, eligen lo primero.

Es terrible cruzarse media España en un viaje y comprobar, por ejemplo que en el inmenso solar que media entre Madrid y el pueblo turolense de Alcañiz uno no ha visto ni un burro. El campo de hoy que no se ha vendido a los polígonos industriales es un puro desierto de vida animal. Tampoco vio el Duende ninguna otra caballería. Es más, ni siquiera una vaca, o una cabra, o una oveja. Eso sí, muchas alquerías ruinosas, majadas semiderruidas, casas que antaño fueron ocupadas por labriegos y que hoy sólo alojan fantasmas del pasado. En lo alto de un risco del Maestrazgo, en una carretera jalonada por preciosas iglesias mudéjares, sí alcanzó a distinguir a un buitre. ¿De qué se alimentará la criatura?

Otro más de los muchos problemas que asedian a los sabios arregladores del mundo. Además de cambiar el modelo económico, combatir el cambio climático y otros marrones, problema nº 325: cómo reanimar el campo en un país que, como España, tiene tanto y, sin embargo, se ha olvidado del mismo.

Espíritu de croqueta, alma de esponja

Así, pero sin colores otoñales, vieron la Abadía de san Martín del Canigó Lola, Fred y el Duende

Así, pero sin colores otoñales, vieron la Abadía de san Martín del Canigó Lola, Fred y el Duende

Anotador inseguro de lo que ve y lo que siente, el Duende cree que de vez en cuando viene bien acuñar una frase, o colgarse de algunos versos ya famosos. Los más socorridos son los del poeta Paul Éluard: hay otros mundos, pero están en éste. Interprétense como se quieran.

Mientras hacía camino, como un viajante de comercio jubilado y nostálgico, por algunas carreteras y desfiladeros gloriosamente perdidos en la geografía del Pirineo oriental, el Duende arrimaba el ascua a su sardina. Puede haber otros viajes, pero el gozo lo llevo dentro. Y descubrir que ese rincón, tal vez desconocido para la mayoría, me estaba esperando para sorprenderme con su belleza tan humilde y poco pretenciosa me llena de felicidad. Hay otros mundos más espectaculares. Pero también más concurridos, y por tanto menos interesantes. Las auténticas estrellas de lujo son las que  da el sosiego y el silencio.

Atravesar la Cerdaña, entrar en el Rousillon francés por una puerta estrecha y como olvidada del tiempo y de la grandeur, peinando carreteras descarnadas y atravesando pueblos grises, desportillados y con apariencia fantasmal, reptar por puertos que deslomarían al Bahamontes de hace medio siglo –en ese momento parece anclada esta región- meditar sobre el peso del tiempo y la levedad del ser en la Abadía de San Martín del Canigó. Y al final del camino, al pie de este monumental macizo, encontrar reposo en la casa de unos amigos que el Duende encontró en este blog. Las fotos se perdieron en los recovecos imposibles de su cámara digital, pero las impresiones permanecen.

Frases. Ya sean los mundos del poeta, o cualesquiera otros por los que aún pueda rodar, este Duende propone verlos con espíritu de croqueta y alma de esponja. Rebozarse en las tierras que pise. Que toda hermosura, por pequeña que sea, se le imprima, le esponje el alma y pueda contarla a su manera. Animando tal vez a algún curioso a comprobar  que el mejor viaje, a veinte kilómetros o en el cabo de Hornos, es preparar la mirada.

Suicidio aplazado

Felices cámaras aquellas en las que aparecía el pajarito y sonaba un "click"...

Felices cámaras aquellas en las que aparecía el pajarito y sonaba un "click"...

Por suicidio inmediato, vendo cámara digital SAMSUNG L73.  El Hombre Desesperado- había intentado una y otra vez entender las instrucciones de manejo de aquel ingenio que, a decir de su hijo, era lo más fácil de manejar del mundo. Imposible.

Para empezar, el manual de instrucciones  decía Leia com atençao este manual antes de usar a nova câmera. El Hombre Desesperado no creía en la unidad ibérica, que ahora ronda en el pensamiento de algunos politólogos ilustres. Por tanto le molestaba que una cámara japonesa se adelantara a los acontecimientos y eligiera el portugués como idioma oficial de sus explicaciones. A decir verdad, entendía casi todas las palabras. Pero le cabreaba que una cámara japonesa comprada en el Corte Inglés le hablara en portugués. Y además no entendía lo que querían decir. Era dramático: todo, desde la explicación de lo que era ese aparato a las instrucciones de uso, le parecía tan rematadamente mal expuesto y peor escrito que no entendía ningún manual.

Anotó en su Moleskine de puño y letra: no puedo seguir viviendo en un mundo para el que soy tan inútil. No aguanto ni un minuto más sentirme el más gilipollas del planeta. Quiero desaparecer, que es una de las pocas cosas para la que no necesito manual de instrucciones.

En la redacción de su improvisado testamento, una luz le iluminó. Pensó que a pesar de su baja autoestima, su muerte no debería ser en balde. Así que, dominando por un momento su obcecación, tomó la pluma y añadió: si a pesar del suicidio inmediato, Dios me indulta  y me concede la gracia de sentarme a su lado, le convenceré de que incluya en su lista de condenados sin remisión posible a todos los redactores de instrucciones de los aparatos modernos. A todos.

Se consoló pensando que al menos esos sutiles malvados arderían en las calderas de Pedro Botero con las almas de todos los villanos que en el mundo han sido, desde NerónGilles de Rais hasta el inventor de los muebles de metacrilato y el compositor de  Macarena. Y a continuación se dirigió al botiquín para coger la caja de barbitúricos.

No pudo ingerirlos. Una semana antes su lupa se había hecho pedazos al estrellarse contra el suelo de la cocina. Y su vista, ya fatigada quizás por  haber visto tantas muestras de la estolidez humana, no alcanzaba a leer las diminutas letras del prospecto. Editores de prospectos de fármacos  en letra microscópica, anotó en su testamento como adenda: otros que deben ser arrojados al fuego eterno.

Así que, incapaz de saber cuántos barbitúricos necesitaba para despedirse de la vida sin excesos, reprimió la ira de haber perdido las fotos de su último viaje –un desastre más en su vida- y decidió aplazar el suicidio para mejor  ocasión.


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