El síndrome QPA

cherubini_

A menudo, uno se pregunta con cierto desasosiego: ¿qué pinto yo aquí?..

El sedicente filósofo Valdovino de Los Yébenes, harto de que los maestros  clásicos le hubieran pisado el terreno especulativo en los grandes incógnitas del pensamiento humano, preparaba una ponencia sobre Minucias que propician la Angustia Existencial. El propio nombre de minucias excluía el pesimismo, tan machacado por Schopenhauer, y la naúsea de Sartre. Quedaba muy poco académico, pero en realidad se trataba de insignificancias, percepciones de finísimos matices, naderías, vulgo chorrradas: pequeñas circunstancias que cuando se viven no le impulsan a uno a precipitarse por el Viaducto, meterse una infusión de lisérgicos o hacerse el harakiri con el cuchillo jamonero, sino a pasar un mal rato posiblemente evitable. Jó, qué marrón es filosofar.

Lo más trabajoso no era enumerar esos pellizcos de desasosiego íntimo, sino jerarquizarlos. Soportar el vuelo de una mosca a nuestro alrededor mientras estamos a punto de sucumbir a la siesta, y no sabemos, por tanto, si aterrizará en nuestra nariz o elegirá otro rumbo y nos dormiremos. Qué horror. Sentir que una persona  apreciada por nosotros  nos quiere hacer una confidencia muy, muy cerca, sin saber que le huele el aliento. ¿Es peor o mejor que aquello? Ver que se te escapa el autobús mientras un ciego reclama justo esos treinta segundos que necesitas para que le ayudes a cruzar la calle. ¿Cómo decidir correctamente? Engullir una croqueta exquisita  a mediodía, cuando suspiras por ese preciado manjar, y morderse la lengua de la manera más tonta. ¿Cabe más desatino? Descubrir un moco asomando por la nariz de esa cara que, hasta que te acercas, deseabas besar ardientemente. ¿Qué es más angustioso?-se preguntaba Valdovino. ¿Qué más estúpidamente molesto para el alma que quiere vivir serena?

-Pues no te pierdas el Síndrome QPA- le dijo el Duende a Valdovino mientras, después de mojar el dedo en el café, escribía una gran interrogación sobre el mármol del velador.

-Cuéntame, cuéntame los síntomas-inquirió el pensador mientras sacaba su libro de notas.

-Verás…Yo escribo en MARCA. Podría escribir en una revista de poesía, en el Calendario Zaragozano o en el Anuario de Actuarios de Seguros, pero sólo MARCA se ha interesado por mis letras. Me invitan a todos los actos que organizan. Esta semana, un coloquio con Fernando Torres y una Gala Fútbol Draft 2009 en el Estadio Santiago Bernabéu. Yo no entiendo casi nada de fútbol, y no sabía qué es un draft: en el diccionario, borrador/ Llamamiento a filas. O sea, selección de jugadores jóvenes, fomento de la cantera. Voy por cortesía, sin saber a qué voy. Me reciben azafatas encantadoras y guapísimas. Me cuelgan una identificación de congresista. Me acompañan por las gradas vacías hasta el campo, donde entregan unos premios y hay una cena. Sobre el verde, mucha gente. Juveniles, entrenadores de juveniles, padres de juveniles, federativos, directivos, redactores deportivos, árbitros: no conozco a nadie. Miro a mi alrededor: nunca había visto ese inmenso coliseo desde el centro del campo. Sigo sin ver  a nadie conocido. ¿Qué pinto yo aquí? Por disimular, saco el móvil del bolsillo y hago como que llamo. Empiezan a sacar bandejas de aperitivos. El jamón está buenísimo y yo estoy hambriento. Con la misma mano que sujeta el teléfono, cojo una loncha de jamón y un piquito de pan y me lo llevo a los labios disimuladamente antes de continuar la falsa conversación. Me muero de vergüenza. ¿Qué pinto yo aquí?, me repito. Y de repente veo que todos los asientos vacíos se han llenado de madridistas que, como los romanos implacables, me señalan desde la grada coreando su sentencia con el  pulgar hacia abajo: Duende, gorrón/ ¡No comas más jamón!/ Duende, gorrón/ No comas más jamón!…

Brillaba la media luna en lo alto. Añadió el Duende que nunca se sintió más absurdo y más observado. Y Valdovino de Los Yébenes también anotó en su libreta que, en vista  de que no bajaba una Superwoman que le rescatara de tan enojosa situación, el pobre Duende, víctima sonrojante del síndrome QPA, huyó despavorido del estadio como ese defensa que acaba de romperle la tibia al ídolo local y quiere librarse de la ira de las turbas.

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6 Responses to “El síndrome QPA”


  1. 1 lola junio 2, 2009 en 9:04 pm

    Vaya hombre, o sea que esa llamada tonta que recibí y no entendí muy bien, ¿eras tú? Debías tener todavía el jamón con el correspondiente trocito de pan en la boca, porque era incapaz de descifrar lo que decías. Ya estás borrando mi número de tu móvil si eso es todo lo que se te ocurre decir.

    ¡Que risa duendesillo! A mí me ocurre todos los días plantearme el suicidio, pero como vivo en una planta baja, lo tengo más que marrón, bastante negro. Subirme a un árbol tampoco merece la pena, no han crecido bastante. Hay un pantano cerca de casa, pero el agua de la montaña está gélida y antes de ahogarme podría coger una pulmonía, tendría que llamar al médico. La verdad, no sé que hacer.

    Dr. Wallace ¿qué me sugiere usted?

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  2. 2 wallace97 junio 2, 2009 en 10:45 pm

    Lola, no sé lo que te sugerirá el Dr. Wallace. Pero yo, que hasta la semana pasada te hubiera dicho que si vienes por Madrid, no te tires del viaducto, hazte socia del Atleti, y morirás a disgustos, ahora ya no te puedo recomendar eso, porque están todos los seguidores haciendo cola ya para renovar el abono.

    Así que te diría que escucharas una canción de Lara Fabián titulada “Aime”.

    Me suena que alguien se la recomendaba hoy mismo a la tía Clota y sus amigotas.

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  3. 3 Bob de Ca's Barber junio 2, 2009 en 11:25 pm

    Ah, sí! yo lo he tenido, tambien!, sabes lo que pasa que si caes bien, idó todos quieren llevarte al mejor sitio y no te dejan desir que no, entonses…que vas haser! ido ir, la questión que había que jugar al golf, los palos son un caliportal entender pa que sirven y lo más difisil de entender es como me habia de colgar la bolsa a la espalda,se me iba pa adelante y no podía caminar asin que… me dijeron, ido sabes que…pues tu condusirás el carrito y…No tenia frenos!!caaaaaaa, casi damos una vuelta a la campana! un susto!, mu mareta meua que ya no quería saber nada más y un calor y enga andar y andar, eh! me desidí esperar en un estanque hasiendo compañía al sesped con los pies en remojo y ya dirán cosas!.
    Tambien lo volví a tener en una sena de ir muy empimpoyados, que te pensabas! aun tengo el rose en el cuello de la corbata que me puso la madona, no se lo que me desía nadie, pero como les sonreia ido! seguian hablando! me parese que eran estrangeros, porque estaban muy bronseados de ese de ir en barco, cuando empesaron a sortear las papeletas de regalos, batuadena salada! me entraron unas ganas de ir haser un piripi, que hise pi-piri-piri-pipi y voló la cadernera!.
    Entonses piensas…un i oli!! 🙂
    El esistensialismo siempre dise al final en la letra pequeña que…pa que te vas a preocupar si total tienes el camino hecho,con que limpies un poquito la hierva, sierres las canselas que se han dejao abiertas y lleves un buen sapato, au, tira millas!

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  4. 4 lola junio 3, 2009 en 1:39 am

    Gracias Wallace, Bob de Ca’s Barber me lo ha aclarado todo. Es un sol este hombre, mira que tiene las cosas claras él!

    Bob, ¿así que estabas dando palo al algua? Por eso no te leíamos el pelo. No lo hagas más ésto ¿eh? Si te vas, me parese bien, pero hombre, te llevas l’ordenador contigo en la maleta, pa desir algo a los duendeamigos, ¿estamos? ¿a que lo entiendes esto, verdá?

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  5. 5 lola junio 3, 2009 en 10:35 am

    A veces nos toca vivir situaciones en las que sencillamente piensas: tierra trágame.

    Hace ya muchos años cuando una lucía tipito, me invitaron a una boda. Fue lo que se dice realmente un compromiso. Me acompañó mi actual marido, era una amiga suya. Habían sido compañeros de fatiga de unas oposiciones. Muy maja la chica y el novio también. Pero al trasladarnos a vivir a otra población fuimos perdiendo el contacto.

    En esa época antes de la llegada del verano había perdido mucho peso y acababa de comprarme un conjunto muy mono y decidí utilizarlo para la boda. Muy mona, me decían, vas muy mona. Pensé que aún habiendo recuperado un kilito de más podría lucir aquella minifalda, puesto que no era una boda muy formal podía pasar.

    El caso es que no puedo llevar la ropa ajustada, me provoca inflamación abdominal. Para entendernos el vientre se empieza a llenar de aire como un globito al principio, luego resulta francamente molesto. En broma, suelo decir a los curiosos que estoy embarazada y la cuestión queda zanjada.

    Esa boda no se me olvidará nunca. Sólo conocíamos a la novia y apenas al novio. La misa duró una hartá, más de una hora sin poder moverse en la iglesia. La cara de los asistentes iba transformándose a medida que pasaba el tiempo.

    Una vez finalizado el acto nos dirigimos al lugar donde se celebraría el banquete. En los jardines del local se sirvió un aperitivo mientras se iban formando corrillos de gente saludándose unos a otros. Nosotros parecía que formásemos parte del mobiliaro de la terraza, como dos farolas más que apenas alumbraban, digo yo, por la cara que pondríamos. Para tener algo en las manos puesto que no existía el móvil entonces y tampoco fumábamos decidimos tomar un refresco, hacía mucho calor. Esa fue el arma del crimen.

    No puedo tomar bebidas con gas, lo sé perfectamente, pero era lo que había y pensé que por un sorbito no pasaría absolutamente nada. Estaba equivocada. El kilito de más que había recuperado me molestaba, pero era pasable. Fue probar esa bebida que a todos gusta, muy conocida en el mundo entero y se produjo lo inevitable.

    El vientre empezaba a tomar dimensiones imposibles de disimular con aquella minifalda. Como era verano, tampoco llevaba abrigo o chaqueta con que cubrir el perfil delatador, es decir, una ligera curva que iba aumentando considerablemente el volumen del abdomen. Y el banquete aún estaba por empezar, peor aún, la sesión fotográfica estaba al caer. Qué apuros.

    No sabía que hacer, ni que excusa inventar. Así que cuando nos tocó el turno de inmortalizar aquel desagradable momento para mí, hice de tripas corazón, nunca mejor dicho. Posé con mi mejor vientre, liso por completo. Para lograr semejante resultado, inspiré profundamente unos instantes mientras se hacía la foto. Abracé considerablemente al novio, casi estaba escondida tras él, mantuve el tipo con una sonrisa. Cuando apareció el flash creí que me moría, parecía uno de esos apneístas cuando vuelven a la superficie del mar después de haber descendido a las profundidades marinas.

    Durante la cena el problema persistía, no fui capaz de probar bocado a pesar del hambre que arrastraba y de los exquisitos manjares que se sirvieron. Me limité a tomar agua fresca y bendita. Como excusa dije que tenía una ligera indigestión. Nos fuimos antes de que acabase la fiesta, de lo contrario habría ingresado en urgencias.

    Nunca más he vuelto a pasarlo tan mal en una boda hasta que llegó la mía. No llevaba minifalda y había recuperado el tipito, fueron otros detalles insignificantes, esta vez provocados por el novio. Por Dios, qué despistao es. No se olvidó la novia de puro milagro.

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  6. 6 Angelus P. junio 11, 2009 en 1:30 am

    Pues sí, algo parecido al QPA (¡qué sensación de pequeñez!) sentí desde la pista del Palacio de los Deportes el pasado viernes… Pero, como tú, Duende, aproveché para tomarme un par de tapas de callos que estaban de rechupetearse los dedos todos, que diría D. Antoine. Las tapas no eran como los pinchos “de diseño” que se vieron por estos pagos días atrás, estilo Adrià, que les dio su bendición en persona. Se trataba de una muestra de las delicias culinarias del tapeo madrileño, popular, generoso y a buen precio. Salí francamente “restaurado”…

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