Orgullo y exceso gay

Si todos los colectivos orgullosos exigen siete días de fiesta callejera...¿cuántas semanas necesitamos que tenga el año?

Si todos los colectivos orgullosos exigen siete días de fiesta callejera...¿cuántas semanas necesitamos que tenga el año?

Un pueblo andaluz y finales de los años cincuenta.. En aquella pequeña comunidad, tan cerrada como la de cualquier población española, no fue Clotilde, alias tía Clota, la única extravagancia. Ella se empeñó en hacer carrera, estudió filología, emigró a Estados Unidos y se ganó la vida  allí como profesora de literatura española. Eusebio ganó plaza de policía municipal, tocaba  el clarinete en la banda, criaba jilgueros y un día dejó a su novia Trini mal plantada para trabajar en Madrid como camarero. Años después  se supo el porqué de tan extraña reacción. Eusebio habia roto en mona.

Esta expresión se la ha escuchado el Duende a su amigo Félix, que es gaditano. No la conocía antes, ni sabe si está muy extendida en el hablar del pueblo. El caso es que Eusebio no se encontraba a gusto en el rol que le había asignado su sexo, rompió en mona, o salió del armario, que es la expresión más vulgar. Y probablemente hizo bien. Como hizo bien, cuando ya había ahorrado un dinerillo, en buscar el barrio adecuado para vivir con su pareja.

-Estaba encantado en Chueca– comenta la tía Clota- Pero dice que una cosa son las fiestas del Orgullo Gay y otra la matraca, el insomnio y el asco de los orines y los vómitos en la calle, ya lo produzcan los gay o los demás.

-Cuidado, tía-le advirtió Homper-Por esas expresiones os pueden colgar el cartelillo de homófonos.

-A mí plim-respingó la anciana como si le hubiera molestado el comentario de su sobrino- Tú veras, viviendo en Vermont y con más años que un palmar…En cuanto a Eusebio, él dice que una cosa es ser homosexual y algo mayor para juergas y otra masoquista…

-Es lo malo de la edad, tía.

-No digas tonterías, Hom. Es lo malo de la falta de educación.

Eusebio también  le había comentado a su paisana que una semana de orgullo tal  vez era demasiado. Y que ni las organizaciones de homosexuales deberían de ser tan exigentes con hacer de sus fiestas Una carnavalada de obligado sometimiento para los vecinos, ni el Ayuntamiento de Madrid tan complaciente al plegarse a sus deseos.

-Tiene razón Eusebín-sentenció la anciana para cerrar el debate- Puede que rompiera en mona, pero desde luego no rompió en memo.

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8 Responses to “Orgullo y exceso gay”


  1. 1 wallace97 julio 4, 2009 en 5:05 pm

    En mi opinión, flaco favor se hace el colectivo gay con tanto orgullo. Se van percibiendo por ahí brotes de homofobia donde no los había. Y no es realmente homofobia, es excesofobia, o matracafobia, o loqueseafobia, pero el resultado es de aversión creciente.

    Y claro está también que detrás de todo aquello con lo que los ayuntamientos e instituciones colaboran tanto, junto con los medios de comunicación, lo que hay es un suculento negocio para unos cuantos, incluso aunque alguno de ellos sea auténticamente homófobo.

    Comparto plenamente el texto del pie de la imagen.

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  2. 2 algodonsina julio 4, 2009 en 7:17 pm

    Visto lo visto, y en mi humilde opinión, el problema está en la veloz transición de péndulo Hegeliano, que hemos hecho desde el lapidar a los diferentes, hasta el oficializar e institucionalizar la marginalidad. Cuando deberíamos quedarnos en el punto medio del respeto absoluto al que tiene una opción distinta. Pero parece que el péndulo se enganchó en la antítesis.

    En el “verdín” de la Puerta de Alcalá estaban copulando dos mozos a plena luz del día, pero mis tres amigos gays: Julio, Manolo y Guillermo no se subirían jamás a una carroza a hacer el mico, porque tienen trabajos serios, y les gusta la privacidad en sus relaciones.

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  3. 3 José Ramón julio 5, 2009 en 12:11 pm

    Iba a hacer un comentario, pero ya lo ha hecho Algodonsina en los mismos términos que lo iba a hacer yo. Yo también iba a hablar del péndulo. El otro día salió por la radio un hombre que estuvo dieciséis meses en la cárcel por ser homosexual. (Y, naturalmente, siendo objeto de burla y de befa todo el tiempo). ¡Qué atrocidad, qué pena, qué vergüenza!
    Yo entiendo que defiendan su derecho y su dignidad, y les apoyo plenamente. Pero con sus paridas no defienden precisamente esa dignidad. Colaboran a hacer pensar que son unas locazas que están en continuo desenferno.
    (En fin, que sobra todo lo que he escrito. Suscribo lo de Algodonsina).

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  4. 4 dolorosa julio 7, 2009 en 8:24 am

    Yo también me suscribo al comentario de Algodonsina y al texto del Duende y con todo mi respeto hacia este colectivo, me pregunto si es justo que los Ayuntamientos financien estos espéctaculos a costa del dinero del contribuyente con tantas cosas como se podrían paliar con los 30 millones de euros con los que ha financiado el Ayuntamiento de Sevilla la cabalgata de esta ciudad. Hoy muchas cosas para sentirse orgullosos y muchas otras para sentirse decepcionados. Feliz verano a todos.

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  5. 5 El Duende de la Radio julio 7, 2009 en 11:07 am

    Aunque cualquier millón de euros me parezca demasiado para ese tipo de cabalgatas, me temo que debe haber un error en las cifras. ¿De verdad que el Ayuntamiento de Sevilla tiene para gastarse treinta millones de euros en el Desfile del Orgullo GAY?…

    Caramba, DOLOROSA. Si fuera así, todos entenderíamos la razón de tu nombre. Dolor, y del alma, se siente ante tantas cosas…

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  6. 6 Angelus P. julio 7, 2009 en 11:51 pm

    Eso de los derechos de colectivos… Los derechos son de las personas, no de ningún colectivo. Y me parece que determinados esperpentos en poco o nada favorecen o fomentan el respeto por los derechos de las personas.

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  7. 7 wallace97 julio 8, 2009 en 9:03 am

    El día de autos tuve que recorrer la Gran Vía enterita a las tres de la mañana. Me gustaría que los medios difundiesen, con la misma profusión que lo hacen con las caravanas, el lamentable y bochornoso espectáculo que allí había a lo largo de toda la calle. Cinco ambulancias del Samur atendiendo comas etílicos (imagino), y la Red de San Luis parecía un catálogo de vehículos de la policía.

    No había ni un sólo hueco en los bordillos de las aceras libre de botellas, vasos, plásticos y vomitonas. Y una riada de zombies, apretados como en el metro en hora punta, deambulando por las aceras y entre los coches en todas direcciones.

    Y claro, me puedo imaginar que tantos miles de vegigas absorbentes no irían precisamente a los servicios a aliviarse.

    Me encantaría que alguien me explicara estas bulas para hacer botellón. Y saber si al día siguiente alguno de los botelloneros estaba limpiando las calles, o si se les presenta la factura del Samur.

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  8. 8 wallace97 julio 8, 2009 en 9:06 am

    O sea, vejigas.

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