Risto y los límites de la estupefacción

Así se quedó Homper cuando se planteó qué le podía dejar más estupefacto...

Así se quedó Homper cuando se planteó qué le podía dejar más estupefacto...

La cuestión filosófica que Homper se planteó ese día se podía formular así. ¿Qué es más grande? ¿La capacidad de endeudamiento del erario público o, simplemente, la capacidad de estupefacción del contribuyente?

En su ignorancia, y a tenor de lo que veía en sus gobernantes, la primera era una noción infinita. De repente, imaginaba que Zapatero y Elenita protagonizaban un spot navideño de un nuevo juguete que hacía estragos. Se trataba de una especie de Cheminova para futuros economistas audaces donde metías en una probeta el gasto social y en un matraz la financiación e las autonomías y te sentabas a esperar a la puerta de la granja. No se sabe cómo, empezaban a salir gallinas que ponían huevos de oro, y vacas tan ubérrimas que llenaban con su leche todos los ríos de España, normalmente bajos de caudal por estas fechas.

Inasequibles al desaliento, Zapatero y Elenita, que aún confiaban en que las cucarachas produjeran miel y que en Los Monegros se descubriera una bolsa de petróleo como para  hacer palidecer de envidia a Obiang, repitieron su consigna.

-El pesimismo no crea puestos de trabajo.

-Eso, eso –aplaudió un secretario de estado-¡Y el que venga detrás que arree!…

El secretario de estado fue discretamente cesado, por desafecto y por tocapelotas. Y entretanto el astrofísico Tegumoll Doper, de alguna universidad muy fiable de esas que todas las semanas publican algun estudio de algo, formuló la nueva Teoría de los Cuántos, que más o menos se podría enunciar así. Cuánta flexibilidad hace falta hoy día en un presupuesto público, cuánta credibilidad en los administrados, cuánta fe en todo lo demás y cuánto durará todo esto.

Difícil tenía Homper superar esos interrogantes que, supuestamente, ayudarían a determinar los límites del déficit público. Pero al día siguiente abrió las ediciones digitales de los periódicos en todos ellos encontró una noticia que aún le dejaba más estupefacto. Pásmense: Risto Meijide había sido cesado `por Tele 5 como jurado de Operación Triunfo.

Y él preocupándose por tonterías.

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7 Responses to “Risto y los límites de la estupefacción”


  1. 1 José Ramón julio 15, 2009 en 8:27 pm

    Yo de cuántos, de financiaciones y de presupuestos no tengo ni idea, pero de Risto sí quiero hablar, si me permitís.
    Había un programa muy blandito en el que salían jóvenes que cantaban divinamente y que querían ser famosos. (Hay millones de personas que cantan divinamente, y que dibujan divinamente, y que tocan el saxofón divinamente, y que juegan al fútbol divinamente, y que escriben divinamente, pero de ahí a ser famoso va un abismo, sobre todo porque ni llegan a famosos los mejores ni hay ninguna relación lógica entre una cosa y otra). Otro día, si se tercia, podríamos hablar de la tautología “si quieres ser famoso tienes que ser famoso”. “Para ser famoso hay que ser famoso”.
    A lo que iba: Un programa muy blandito, muy cordial, muy paratodalafamilia. Insufrible, vamos.
    Y alguien (un talento de esos que hay por ahí) pensó que si metían entre los educados y positivos miembros del jurado a un asqueroso, a un hijodesumadre, la cosa podría ir muy bien. Y fue estupendamente. La gente se enganchó al programa para ver a este tío humillando a los concursantes. ¡Qué bueno! “Me das asco”, “vas vestido como un payaso”, “tienes menos expresión que mi lavadora”. El joven aspirante a estrella estaba a punto de llorar (¡qué divertido!) o se ponía gallito (¡qué divertido!).
    ¿Y ahora le echan? Algo tendrán pensado. Habrán hecho el paripé de la ética indignada para mandarle de vacaciones y que vaya preparando el gran hit de la temporada que viene: “Gran Vomitona”, o “Yo felaciono mejormente”, o “Te Viadar Doshostias”. Estoy expectante. En septiembre será más y mejor. Menos mal que tenemos la tele. ¿Qué sería de nosotros sin ella?
    (¿Y sin nuestros previsores gobiernos?).

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  2. 2 wallace97 julio 16, 2009 en 9:00 am

    ¿Me permitís una vez más ser pesado por reiterativo?

    Todos estos asuntos, tanto los presupuestarios, como los del famoseo repugnante, como todos los que nos rodean, están relacionados entre sí.

    Pero no han llovido del cielo. Los hemos ido amasando y perfilando aquí abajo, a ras del suelo, en nuestras casas y en nuestros trabajos, en nuestros estudios y en nuestro ocio, día a día, mes a mes y año tras año.

    Y se veía venir. Era una simple cuestión de extrapolación, que se podía hacer aplicando el principio de proporcionalidad simple.

    Vamos, tan sencillo como que de aquellos barros estos lodos.

    Y hemos preferido ser cómodos, por acción o por omisión, durante los últimos treinta años, y llegar al convencimiento de que al fin y al cabo, yo no puedo hacer nada.

    Pues bien, ahora, al menos preparémonos para pagar la factura sin protestar. Y para estimular a los que vienen detrás para que vayan haciendo ya una estimación de la factura que tendrán que pagar por las consecuencias que estos lodos traerán de aquí a otros treinta años.

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  3. 3 Pedrito julio 16, 2009 en 10:17 am

    Comparto una vez más la estupefación del sufrido Homper, agradezco a Jose Ramon el retrato del tal Risto (que no tenia el dis-gusto de conocer … grima, grima, grimíssima) y – aunque no le haga falta – animo a Wallace a que persista en su bienvenida “reiterativa pesadez”, último recurso del impotente contribuyente ante el alocado despilfaro que hace el gobierno
    ( no siento ceder a la tentación de ahorrarme la mayúscula ) del
    dinero de todos, de la credulidad de muchos y de la excesiva paciencia de tantos.
    Resulta realmente doloroso – incluso para el forastero que se atreve a asomarse a este blog – asistir de un tiempo a esta parte al desmantelamiento programado de un pais cuya energia, genio y pujanza venian forzando la envidia de sus competidores europeos desde medio siglo.
    Mil gracias al Duende por su visión aguda, sus trazos certeros y el humor con el que sabe aliñar la actualidad, haciendo sabrosas a nuestro paladar las noticias más envenenadas …
    Felices vacaciones a todos, y que Dios nos pille confesados ante los disgustos que nos esperan a la vuelta.

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  4. 4 Zoupon julio 16, 2009 en 11:35 am

    Supongo que de niños todos nos hemos hecho la misma pregunta: Si los pobres no tienen dinero, ¿Por qué no se hace más dinero para dárselo a quien lo necesita?. Papá nos miraba con ternura condescendiente y nos decía que eramos demasiado chicos para entenderlo, que cuando nos hiciesemos mayores lo comprenderíamos. En nuestro fuero interno, todos los niños intuíamos que cuando papá nos decía eso, a veces era porque ni él mismo lo entendía.

    Creciendo se nos pasó la candidez infantil y el idealismo adolescente. Y nos explicaron, y creímos comprender, que aquello de fabricar más pasta para los pobres no era posible, que si la inflacion, que si la competitividad, que si el pan para hoy es hambre para mañana.

    Y hoy es el día en que descubrimos, entre soñolientos y acobardados, que sí es posible fabricar dinero de la nada y estirar los presupuestos y los déficits hasta el infinito, siempre y cuando lo necesiten los ricos, en forma de banquero, gran empresario o polítiquillo autonómico.

    Así que cuando mis hijos me hagan la pregunta de marras, me veré obligado a decirles que no se puede fabricar más dinero para los pobres porque a los ricos y a sus mamporreros socialdemócratas (que son unos señores que cantan a pleno pulmón nosequé rollo de los parias de la tierra y la famélica legión) no les sale de los cojones. O quizá les diga que esperen a mayores para desengañarse por si mismos, como creo que hizo mi padre.

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  5. 5 José Ramón julio 16, 2009 en 1:40 pm

    Efectivamente, Zoupon, se puede fabricar más dinero.
    ¿Pero quién te dice que iba a ir a parar a los pobres?
    ¡Anda que no hay poceros con necesidades imperiosas! ¡Anda que no hay yates más grandes esperando ser comprados o encargados!

    Otra pregunta que me hacía yo de niño era que por qué no se le pagaba a todo el mundo un sueldo de un millón de pesetas, por ley, como salario mínimo interprofesional. (En mi ingenuidad cifraba la riqueza absoluta en cobrar un millón de pesetas al mes).
    Eso sí me lo explicó mi padre muy bien: “Si yo cobrara un millón al mes nos podríamos comprar un Mercedes, ¿no te parece?” Yo le contestaba que sí, pero él me quitaba la ilusión diciéndome que tampoco podríamos, porque cada obrero de la fábrica Mercedes cobraría un millón (yo no sabía que se hacían en Alemania), y los que hacían el transporte otro millón cada uno, y los del concesionario otro millón cada uno. Y para que todos pudieran cobrar sus magníficos sueldos, un Mercedes costaría 300 millones. Y una barra de pan dos mil pesetas, y unos zapatos ochenta mil… y seguiríamos siendo igual de pobres con nuestro flamante sueldo de un millón. Entendí aquello por encima. Pero poco más. Que tiene que haber pobres para que haya ricos, es más o menos la conclusión que saqué, y que nos ha tocado el lado malo.
    Y que algunos heredan de sus padres fincas, empresas, fondos de inversión…, y otros sólo diabetes, calvicie, miopía…

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    • 6 lola julio 16, 2009 en 2:07 pm

      Que no, no habéis entendido nada. Hay ricos y pobres para que podamos contar cuentos a los niños. Y así, aprendan que hay que soñar y ser felices por encima de todo, que es lo más importante en la vida. Que el dinero no da la felicidad. Porque cuando has crecido y eres adulto, es lo único que cuenta.

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  6. 7 Franciska julio 16, 2009 en 3:22 pm

    Vivimos en la zona rica del planeta, o sea que todo es relativo si empezamos por ahi. Todos somos ricos, unos más que otros, eso sí, y unos se aprovechan de otros, eso sí, y unos quieren estar por encima de otros, eso tambièn. Pero, sin entender nunca lo que intentan venderme de economia los politicos,lo que esta claro, es que les esta saliendo bastante mal.
    Dicho esto, creo que hay que olvidarse un poco del dinero y disfrutar con lo que tenemos, que dicho sea de paso, es mucho. Aconsejaria al que pueda, como cura personal, ir una vez a africa, y ver con que poco se alcanza algo de felicidad .
    ,

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