El Donut, la cartera y el niño

Desgraciadamente, hay olvidos dulces y olvidos que matan

Desgraciadamente, hay olvidos dulces y olvidos que matan

Escrutaba Homper el espejo y buscaba en él respuesta a su perplejidad del día.

-Cuando se descubra que Jack el Destripador era yo…¿me salvarán las estructuras?

Las estructuras . O el super ego, o la sociedad, llamémoslo como queramos. Qué tranquilidad poder acudir a ella para desplazar culpas. Menudo chollo antropológico. Nadie sabe por qué la sensibilidad popular sólo acepta la responsabilidad individual de los poderosos, ya sean  ricos, políticos, o  famosos. Si estás fuera de ese grupo de elite, tranquilo. A todos nos da terror pensar que en el fondo el culpable puede ser gente sana, normal,  como sin demasiado acierto enunció una vez Rajoy refiriéndose a los que son de nuestro grupo.

-Gente tan maja como yo mismo-y sonreía Homper autoexculpándose de sus abominables crímenes imaginarios.

Todos somos gente maja, por utilizar una expresión coloquial. Pero la gente maja también comete errores. Uno frecuentísimo, por ejemplo, es conducir con unas copas de más. Si no se te cruza un Rayan crecidito que persigue su pelota, puede que no pase nada. Otra cosa es que Rayan sea un bebé y, sobrio o ebrio, confundas una sonda con otra. Como confundes a veces la llave de tu casa con la del coche y te encuentras luego en la calle con coche, pero sin poder volver a casa. Homper evocaba esa escena, repetida en tantos thriller y películas de acción, en la que el bueno llega a la sofisticada bomba que está a punto de explotar y, entre las tripas electrónicas del ingenio, debe dar con el cable que la desactiva y cortarla con unos alicates. ¿Tienen siempre tan claro cuál es el cable clave?

Todos somos gente maja. Aunque, si metemos la pata, desplacemos la culpa dándole una patada hacia arriba. Ayer, a una madre de Lejona se le olvidó el hijo en el coche. El muchachito pasó cinco horas al sol y las altas temperaturas acabaron con su vida. Recuerda el Duende el caso de un niño que se mató hace muchos años jugando con una pistola que creía de juguete. La cargó el diablo, se disparó y le mató. Llegó eso que llaman el debate social y, a la postre, la sentencia de la opinión pública: la culpa era de la tele que incitaba a la violencia y de la publicidad de los juguetes, tan ambiciosa como poco escrupulosa.

Igual reaparece ahora ese socorrido argumento. Pobre madre, bastante tiene con lo que tiene, a saber qué problemas de paro, desarraigo, malos tratos familiares u otros psicológicos procesaba su cerebro cuando se bajó del coche. Cómo vamos a imaginarla responsable de esa muerte, con lo desagradable que es culpar al individuo. Homper, estupefacto,  ya anticipaba los considerandos de la sentencia.

-Considerando que según aquella célebre campaña de publicidad un niño que empieza olvidándose de los Donuts puede acabar olvidándose de la cartera, salta a la vista que es la sociedad de consumo la responsable del delito que se juzga. Por lo que debemos condenar y condenamos a esa sociedad y  absolver a la madre que en lugar del Donut o  de la cartera se olvidó del niño…

Evidente. Al pobre ciudadano, que además vota, ni regañarle.

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11 Responses to “El Donut, la cartera y el niño”


  1. 1 wallace97 julio 17, 2009 en 9:12 am

    Creo que está muy claro que hay errores imposibles de predecir y de evitar. Es el caso de la madre que se olvidó de la criatura en el coche. Es evidente que si una cosa se te ha olvidado, es porque las conexiones neuronales que deberían haber intervenido para evitar el olvido no han funcionado bien. Y aunque en lo sucesivo, sabiendo que te puede ocurrir, pones los medios a tu alcance para evitarlo, la primera vez siempre pilla por sorpresa.

    Y es cuestión de auténtica mala suerte que esa primera vez ocurra con unas consecuencias tan dramáticas. Pobre criatura y pobre mujer.

    Pero en el caso de Rayan, cuando me enteré, lo primero que me vino a la cabeza fue: hay que joderse, que decenas de ingenieros se devanen los sesos para que las conexiones de los aparatitos electrónicos de uso personal sean incompatibles con las de la marca de la competencia, y a nadie se le ha ocurrido que el enganche del tubito que suministra el alimento sea incompatible con la toma del tubito que suministra medicaciones.

    Sinceramente, no lo puedo entender. Estas cosas demuestran el progresivo deterioro que el sentido común está teniendo. O lo que es peor, su exclusiva utilización para asuntos puramente especulativos. La lógica me dice que a un niño de catorce años se le ocurriría inmediatamente una prevención tan simple.

    En cuanto a la culpa, al final, la tenga la tele, la publicidad o el sursum corda, por fuerza la resultante ha de recaer en todos nosotros, como inventores, desarrolladores, usuarios o consentidores de todo lo que nos rodea.

    Mucho me temo que nos creemos muy listos, y la realidad se encarga de decirnos que somos bastante torpes.

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  2. 2 dolorosa julio 17, 2009 en 9:13 am

    Yo no puedo entender que una madre deje a un niño, “guardado” en un coche como si fuera la bolsa de la compra, aunque quizás, dicho sea de paso, no dejaría la bolsa, no fuese a que se le estropeasen los alimentos con el sol y el calor. Pero un niño…un niño no se estropea, un niño, se axfisia. Me estremezco nada más con pensar lo que la pobre criatura debió pasar y cuanto sufrimiento tuvo que soportar antes de morir ¿Cómo puede una madre, cometer semejante fechoría? ¿podrá vivir y dormir después de esto? Por muy dura que sea la justicia con ella, no hay en el mundo castigo para semejamte horror y aunque estoy en contra de la pena de muerte, esta mujer, sí merece morir como ha muerto su hijo. También es castigo, si le queda un ápice de conciencia, que viva con esa culpa toda una vida. Hay mujeres que nunca deberían ser madres.

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  3. 3 wallace97 julio 17, 2009 en 10:34 am

    Dolorosa, entiendo tu reacción, pero en mi opinión, una vez exteriorizado el impulso del corazón, creo que debemos dar paso a asumir que nadie, absolutamente nadie, está libre de que le pueda ocurrir una tragedia similar en un momento de la vida.

    Y a intentar buscar causas más que culpables en toda acción que conlleve víctimas y que no haya sido planificada con la intención de transgredir la norma para obtener un beneficio.

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  4. 4 José Ramón julio 17, 2009 en 10:42 am

    Perdonadme. Hoy estoy tonto (debe de ser el calor) y voy a escribir sobre la postmodernidad.
    Hay tomos y tomos y tomos, y autores y autores y autores sobre lo que voy a decir. No me pondré pesado ni citoso, pero os digo que una de las conclusiones del pensamiento postmoderno en el que estamos es la “muerte del sujeto”.
    Si una obra no es de lectura unívoca, ni responde a jerarquías, y no transmite un mensaje inequívoco, y por lo tanto no hay códigos válidos, entonces todo es interpretación. Todo es rizoma, red, y todo remite a todo, y todo se interpreta con todo. Por tanto, la obra de arte no tiene “autor”, ni ninguna otra obra humana.
    Uno de los corolarios de esta muerte del sujeto es -lógicamente-la exención de la responsabilidad individual. Mis actos no son míos, sino de la red rizomática a la que pertenezco.
    Perdonadme. Debe de ser el calor.

    (Ah. Otra cosa. No se puede elegir dejar de ser postmoderno. Es lo que somos, y este es el mundo, el tiempo y la cultura que vivimos).

    (Y, por último. Me acabo de enterar de que unos cuantos menores han violado repetidamente a una niña de trece años. Ya están hablando en la radio de la enseñanza y de los programas de la televisión. La conclusión es que estos pobres muchachos son menores. Yo añado que en este mundo postmoderno todos somos menores).

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  5. 5 lola julio 17, 2009 en 1:25 pm

    Comparto la opinión de Dolorosa. Tener un hijo no te obliga a ser un buen padre o madre. Los hay que darían la vida por un hijo, pero también debemos reconocer que existen padres que no son un ejemplo a seguir.
    Lo siento, es inadmisible semejante olvido. Se trata de una criatura, no del móvil.

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  6. 6 dolorosa julio 17, 2009 en 9:26 pm

    Walace97, quizás me he excedido y me he dejado llevar por el corazón como tú dices, pero es tan fuerte lo sucedido que en mis meninges no cabe la posibilidad de que una madre, pueda cometer semejante error. Lola me entiende. NO sé si eres padre pero un hijo significa tanto que no cabe dejarlo olvidado en un coche ni en ningún otro sitio como si fuera un paquete y como dice Lola se trata de una criatura que además has tenido dentro de ti y es parte de ti misma. Que la justicia y Dios la perdonen porque si no es monstruo sino una inconsciente, ella no se perdonará nunca.

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  7. 7 maribel julio 18, 2009 en 8:17 am

    yo lo de la madre tampoco lo entiendo…a mi me parece imposible olvidarte a un hijo en el coche…pero la vida es muy cruel…!!!!!

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  8. 8 wallace97 julio 18, 2009 en 10:30 am

    Dolorosa, yo también te entiendo, como te dije antes, y entiendo lo que es un hijo, y precisamente por eso quiero pensar en que ese cruzado de cables que ha tenido que darse en el cerebro de esta mujer no es producto de una irresponsabilidad o una ligereza.

    La unión de una madre con un hijo es algo biológico de por vida, además de afectivo, y es incluso inevitable, creo yo.

    De ahí que sólo pensar en el horror que esta mujer va a tener que soportar toda su vida me ponga el vello de punta.

    La pérdida de un hijo siempre la he tenido como la peor de las tragedias, pero si encima uno es el responsable, no me lo quiero ni imaginar.

    Estoy convencido de que si a esta mujer le hubieran contado un caso así de otra persona, tamién hubiera pensado que a ella no le ocurriría.

    Que no nos pase, pero no pensemos que estamos libres de ello.

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  9. 9 amor y libertad julio 18, 2009 en 11:55 am

    aparte de casos concretos o ironías, es verdad que el abuso del ciudadano por parte del sistema ciego es continuo, y los sistemas no sufren, los indviduos sí

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  10. 10 joselepapos julio 18, 2009 en 2:12 pm

    Una vez, hace ya mucho tiempo, paseando a mis dos hijos pequeños, el mayor, de unos tres años entonces, echó a correr sin darme cuenta y lo perdí de vista. Con más miedo que vergüenza llegué a casa, entregué el menudo a su madre y le dije que el mayor se había quedado jugando con uno amiguitos. Sin perder más tiempo fuí a la policía y allí estaba mi hijo en brazos de una mujer y muy tranquilo. Pues bien, esos escasos minutos de angustia no se me olvidarán en la vida y no deseo a nadie que pase por semejante trago.

    Dicho lo cual estoy por completo de acuerdo con Wallace 97. Nunca sabes cuando te va a tocar a tí y compadezco sinceramente a esa pobre madre.

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  11. 11 lola julio 18, 2009 en 4:55 pm

    Joselepapos, no es la misma situación. No te lo olvidaste en la cafetería o en la gasolinera, que habría sido mejor que dentro del coche. Un niño es así de travieso. Su ángel de la guarda te lo entregó sano y salvo evitando males mayores. No fue un olvido tuyo.
    Podría entender que no aceptar, un descuido mientras aparcas el coche deprisa, vas a comprar algo y vuelves. No habría sucedido nada en veinte minutos.
    El caso de Rayan es distinto, intervienen muchos factores. Compadezco no sólo al padre y la familia del bebé, sino a la pobre enfermera que está ingresada en un psiquiátrico.

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