¿Y cómo dieron con el camino de la Luna?

La Luna¿Dónde estaba y qué hacía usted el día que el hombre pisó la luna? Ante esta pregunta, repetida hoy en casi todos los medios de comunicación, recordaba Homper que andaba por la costa de Almería, en una casa sin televisión. Y que, consciente de que el alunizaje de Armstrong, Aldrin y Collins era algo irrepetible, se lanzó a la carretera buscando un bar o un restaurante donde verlo. Inútil. O no tenían televisor, o pasaban del acontecimiento histórico.  Fue una noche de búsqueda infructuosa.

Al cabo de los años no acusa ninguna carencia especial  por no haber sido testigo a distancia del milagro. Muchos entonces,  y aún ahora, no se lo creían, y otros apuntan que las imágenes que nos ofrecieron fueron un maquillaje. Pero los astronautas supieron llegar, y, por cierto, muy lejos. Algo que hace más irritante su perplejidad de hoy.

-¿Por qué me cuesta tanto  leer un mapa de carreteras?-se pregunta Homper.

Circula por ahí un libro que lleva el larguísimo título de Por qué los hombres no escuchan y las mujeres no entienden los mapas. Pero Homper, que reconoce no ser buen escuchador, tampoco es mujer y sin embargo no entiende los mapas. O al menos la cartografía al uso. Tiene su Guía CAMPSA de hojas desplegables, pero encuentra demoníaco casar una hoja con la siguiente, y la siguiente con la de la carretera que queda interrumpida, y ésta con la número 26, que está unas hojas más allá, y la 26  con la que limita con ella por el norte, y ésta con otra que, coño, gastada su pliegue, fue arrancada por el uso.

Acude a menudo como sustitutivo del mapa y del copiloto/a -lo único que permite viajar por carretera sin el temor de perderse- a los itinerarios de la Guía Campsa o la Guía Michelin. Pero los encuentra exageradamente prolijos.  Uno  se acaba volviendo loco entre tanto número de carretera o autovía, autopista, glorieta,   cambio de red, indicación de direcciones que deben evitarse, peajes, datos de consumo del automóvil. Además de que las tropecientas hojas que se imprimen, y que hay que ordenar cuidadosamente, acaban echando a volar cuando uno abre la ventanilla. Qué tensión para el conductor solitario.

-Santo cielo-dice fustigándose el meñique sobre la mesa  con el canto de la guía- Si yo sólo quería ir de Madrid a Laiosa, provincia de Lugo. De la Laiosa a El Rosal, provincia de Pontevedra. De El Rosal  a Sanjenjo, de Sanjenjo a La Toja, y de la Toja a San Martín de Luiña, en el principado de  Asturias. Eso sí: no por el trazado más corto ni más rápido, sino por el más bonito.

Ha empezado a preparar el viaje, pero ha abandonado el intento.  Si es riguroso, tomará más tiempo en elaborar el itinerario que en gozarlo. Le recomiendan el GPS, pero probó con él y lo encontró insolente y hasta un poco gilipollas, porque se empeñaba en meterle por direcciones prohibidas, lo que no va con su carácter pacífico y poco aventurero. Y sueña con un mapa parecido al llamado libro electrónico. Una pequeña pantalla donde uno focalice la zona de su viaje, con una lupa y un zoom que se manejen sencillamente y que le guíen a uno sin sufrimiento.

Pero no. Hace cuarenta años que llegamos a la luna y ahora, en el esplendor de la era de las comunicaciones, él se pierde andando por casa. Paradojas (o parajodas) del progreso.

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5 Responses to “¿Y cómo dieron con el camino de la Luna?”


  1. 1 José Ramón julio 20, 2009 en 10:38 pm

    Yo creo que ir a la luna es más fácil, porque el mapa espacial de la zona sólo tiene un punto gordo, que es la tierra, y otro más pequeño, que es la luna. No tiene pérdida. Además, la está viendo uno todo el rato, ahí delante.
    Mientras que si vas carretando de acá para allá, Valdetorres de la Romagosa no la localizas en el mapa, y no se ve hasta que no estás ahí mismo.

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  2. 2 maribel julio 21, 2009 en 7:52 am

    entre los gps y los tonton yo no se que es peor porque llamarse tonton ya son ganas jajaja bueno mientras te pierdes y no pues ves mas paisajes jiji

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  3. 3 José Ramón julio 21, 2009 en 11:34 am

    ¡Anda! ¡Ahora se pueden votar los comentarios!
    (¡Glups! ¡Qué vergüenza!)

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  4. 4 Franciska julio 21, 2009 en 3:09 pm

    Pues a mi tener un mapa en la mano ya me produce un cosquilleo agradable,(n0 se puede comparar con el Gps) porque quiere decir, 1- Que vas a ponerte en carreterA, que me encanta 2.- Que vas a un sitio desconocido, aventurilla apetecible 3.- Puedes encontrate a alguien interesante en el camino, màs apetecible. Total, todo son ventajas para que compense la pelea con el mapa de pàginas, que efectivamente no hay quien lo aguante. Hay que volver al clasico desplegable de siempre. Buen viaje y atenciÒn a las carreteras amarillas.

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  5. 5 Carlos Suárez Pazos julio 29, 2009 en 2:12 pm

    Pídele a alguien que te deje probar los mapas del iPhone, a ver si te gustan más que los GPS.
    Yo uso las dos cosas, y me parecen útiles ambas (pero no mientras conduzco, claro, en ese caso uso sólo el GPS).

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