También Hitler fue niño

¿Cuándo aprenderemos que un niño mal educado puede acabar en un monstruo?...

¿Cuándo aprenderemos que un niño mal educado puede acabar en un monstruo?...

Rousseau el Aduanero es un pintor naïf que consiguió destacar entre la nube de genios impresionistas de su época. Y pintaba ciertamente un mundo ingenuo. Un siglo antes, otro Rousseau, Jean Jacques, el filósofo, había concluído que el hombre nace bueno, y es la sociedad la que lo estropea. Se nos mire por donde se nos mire ahora todos somos roussonianos. Jugamos a la utopía de la señorita Pepis, y nos creemos superguay hasta que nos malean y una noche tonta violamos a una chiquilla o matamos a una amiga. Aunque sólo tengamos catorce años. A esa manera de concebir la sociedad unos le llaman buenismo. Otros, simplemente, estolidez.

-Estupidez, sobrino-remacha la tía Clota a Homper– Ignorar lo que se sabe desde siempre…¿Habrán probado los legisladores el aceite de hígado de bacalao?…

Esta vez el estupor de Homper va a acompañado de visibles arcadas. Puaff, qué asco. Cómo iba a olvidar aquel aceitorro asqueroso que, según los mayores, tenían que tomar los niños de entonces para criarse sanos.

-No había nada peor, tía. Era vomitivo.

-Como casi todas las medicinas de entonces. ¿No te acuerdas de que te diluíamos la aspirina en una cucharadita de azúcar? Pero es que nos enseñaban que, para aprender a vivir, también hay que aprender lo desagradable de la vida.

Parece que fue Jardiel Poncela quien definió a los niños como esos locos pequeñitos que andan por ahí. También podría haber dicho esos canallas pequeñitos. Al propio Homper le tortura en ocasiones una pesadilla que fraguó en su infancia. Un tribunal compuesto por un perro callejero, un mochuelo y un gran sapo le condena a morir quemado como Juana de Arco. No hace falta ser Freud para interpretarlo. Homper recuerda cómo vio a unos golfillos atar una lata al rabo de un perro, echarle gasolina por el culo y reirse mientras el pobre animal salía aullando enloquecido de dolor. Con todo, de ese crimen sólo fue culpable por omisión, mientras que al pobre mochuelo, que no podía volar, lo lapidó él mismo al pie de una encina, y al sapo lo destripó de mala manera  con la punta de un vidrio roto. La rapaz y el batracio se le aparecen a menudo en sueños acusándole. ¿Pero cómo fuiste capaz de hacernos eso?…

-Y seguramente hubiera degenerado en un doctor Petiot si alguien no me hubiera advertido severamente que no hay que maltratar a los animales –reconoce Homper.

Añade la tía Clota que entonces  también se decían otras cosas, como recuerda Serrat en una de sus canciones. Niño, eso no se hace, eso no se dice, eso no se toca. Pero eran otros tiempos, cuando no éramos roussonianos, y los padres y los maestros podían decir NO y BASTA sin crear alarma social en nuestra falsa Arcadia feliz.

-No es que cualquier tiempo pasado fuera mejor –matiza la anciana- Somos nosotros, que no aprendemos del pasado.

Homper lo comparte: qué maravillosos los niños. Sobre todo cuando no somos tan cándidos, y tenemos presente que hasta Adolfito Hitler jugaba a la pirindola y suspiraba por los caramelos de fresa.

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9 Responses to “También Hitler fue niño”


  1. 1 wallace97 julio 22, 2009 en 4:10 pm

    No sé si seré roussoniano o no, aunque imagino que todos lo somos en algunos momentos de la vida y en otros no, según que las cosas que tengamos que justificar nos afecten en mayor o en menor grado o más o menos directamente. Vamos, que todos tenemos un cierto grado de bipolaridad y de esquizofrenia.

    Pero como los que tenemos una cierta edad hemos tenido que darle muchas vueltas a la cabeza al asunto de la educación de los niños / jóvenes, sí que he llegado a una conclusión más o menos definitiva, que creo que es la misma a la que llegó Perogrullo en su día: un niño es el resultado de lo que observa en su entorno próximo, o sea, familia, colegio, barrio y medios de comunicación.

    Y pienso que la resultante de esos entornos va produciendo una distorsión creciente en la percepción de la realidad, y por lo tanto, unas perspectivas nada halagüeñas a medio y largo plazo. De hecho, ya lo estamos viviendo hoy día. Si tuviera que resumir y concretar esa resultante, diría que se trata de una falta creciente de escrúpulos en unos, de forma que las excepciones se van convirtiendo en regla, y de una pasividad de los otros en las mismas proporciones.

    Pero siempre he dicho, digo y diré lo mismo: esos chavales, cuando han venido al mundo estaban por moldear, lo mismo que lo estábamos nosotros. Y creo que les hemos moldeado bastante mal. Vuelvo a renegar de mi generación en ese sentido. Lo podíamos haber hecho muy bien y lo hemos hecho bastante mal. Claro, que es sólo una opinión, pero basada en realidades, en hechos, que están ahí, susceptibles de ser analizados y medidos con otra ley que no sea la del embudo.

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  2. 2 maribel julio 23, 2009 en 6:58 am

    yo soy de las que creo que tampoco hay que genertalizar..habran algunos buenos; no? pero si que es verdad que no lo hemos hecho nada bien…antes tenias muy claro EL BIEN Y EL MAL y ahora no lo distingen “esas miradas que te hacian enmudecer del padre y esas zapatillas de las mamis que te encontraran donde estuvieras” claro que eso ahora se llama maltrato……asi nos va……

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  3. 3 Zoupon julio 23, 2009 en 11:01 am

    Estoy de acuerdo con Wallace, un niño es básicamente el resultado de lo que vive y observa en su entorno: familia, colegio, barrio y medios de comunicación. Pero de todos esos factores el clave es la familia, sin duda. Y no creo que haya que estudiar psicología y pedagogía y sexología y dialéctica para ser padre, simplemente se trata de aplicar el sentido común en la relación con los hijos, y dedicarles tiempo, esfuerzo y sacrificios. Y saber que entre llevar a los hijos del ronzal y con orejeras por la vida, o dejar que se crean que ancha es Castilla, hay un término medio.

    Lo políticamente correcto es decir que de una violación masiva a una menor todos somos culpables, y tal vez en algún sentido sea cierto, pero es una afirmación que requiere muchísimos matices, no vaya a ser que acabemos pensando que el ciego que vende cupones en la esquina de mi calle tiene la misma responsabilidad que los papás de los violadores.

    Un compendio de sentido común:

    http://blogs.periodistadigital.com/electroduende.php/2007/09/19/emiliocalatayud_menores8794

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  4. 4 José Ramón julio 23, 2009 en 1:01 pm

    Wallace ha escrito: “Vuelvo a renegar de mi generación en ese sentido. Lo podíamos haber hecho muy bien y lo hemos hecho bastante mal”.
    Estoy de acuerdo. Nuestros padres (tengo cerca de 50 años) sufrieron la guerra, la pobreza e incluso la miseria, aunque fuera por un tiempo. En su generación había muy poca cultura, y si eras de pueblo menos. Aprendíeron a leer, a escribir (mal) y las cuatro reglas. Vivieron un mundo machista, injusto y muy desigual. Y con todo eso nos criaron a nosotros lo mejor que pudieron.
    Nosotros, sin embargo, hemos vivido en paz, hemos alcanzado prosperidad, hemos gozado de mejores condiciones para desarrollarnos (es espectacular el cambio de rol y de perspectivas de la mujer en los pueblos pequeños). Como bien dice Wallace, hemos tenido muy buenas condiciones para educar muy bien a nuestros hijos, y lo hemos hecho muy mal. Como sociedad y como colectivo deberíamos avergonzarnos.

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  5. 5 lola julio 23, 2009 en 1:17 pm

    Desde luego Zoupon cuánta razón tienes. Hemos perdido el sentido común, el norte y los papeles. Nos hacen falta más jueces como Emilio Calatayud Pérez, pero también más personas con su criterio. No es necesario ser juez para eso.

    Con lo sabia que es la naturaleza y lo bien que hace las cosas, debería aplicar algún tipo de filtro a la hora de ser padre. Si en principio todos podemos ser padres, sólo algunos están capacitados para ello. Y no me refiero ni a los másters, ni a las tarjetas de crédito disponibles para educar a un hijo. Basta como bien dices sentido común, sin olvidar predicar con el ejemplo.

    Recuerdo cuando empecé a fumar siendo adolescente, una estúpida moda que había que imitar. Mi padre, gran fumador, con un cigarrillo en la mano intentaba convencerme de lo malo que era el tabaco para la salud. Al preguntarle por qué fumaba, me respondió convencido y con la autoridad que le caracterizaba, que era diferente, porque él podía hacer lo que quería. Si hubiera hecho un esfuerzo por dejar de fumar, puede que le hubiese imitado y no habría sido necesario que pasaran algunos años para dejar de hacerlo.

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  6. 6 begoña julio 23, 2009 en 1:33 pm

    Lo podíamos haber hecho muy bien y lo hemos hecho muy mal porque hemos escatimado a nuestros hijos lo único que necesitaban: tiempo. El progreso, el trabajo, la sociedad… nos ha tenido tan ocupados que la educación, la ternura, la entrega y los azotes y capones los hemos delegado en terceros. Recuerdo que cuando era pequeña lo que más me molestaba era llegar a casa a la hora de comer y encontrar que mi madre no estaba. Gracias a mi “liberación” (qué buen tema para un post), hace 22 años que de lunes a viernes no como en casa. Supongo que, gracias a la ayuda de la Divina Providencia, hoy tengo tres hijos en perfecto estado de revista. Reconozco que ha sido el mayor logro de su padre y mío.

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  7. 7 algodonsina julio 23, 2009 en 4:34 pm

    ¿Soy la única que piensa que el Parlamento debería legislar como Dios manda y no enzarzarse en peleas partidistas estériles, sucias e infantiles?

    ¿Se comportarían del mismo modo, o en el mismo número, los delincuentes si supieran que las penas iban a ser mayores?

    ¿Es que nuestros políticos no han pensado que si eliminas la religión debes insistir con más fuerza en la ética?

    El otro día haciendo zapping oí una frase de un tipo con pinta de croissant: “no te consiento que digas que el cine porno no es un arte”. Apagué la tele y tuve pesadillas.

    Esto es lo que hay.

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  8. 8 Angelus P. julio 23, 2009 en 10:20 pm

    Estupendo, hecho el diagnóstico, aunque yo cambiaría el orden de responsabilidades:

    1. Familia
    2. Ambiente mediático: TV, videojuegos, Internet…
    3. Colegio
    4. Barrio

    En mi trabajo docente he tenido la suerte de no recibir agresiones físicas, pero sí morales y en mis bienes (coche), y desautorizaciones paternas delante del niñato impresentable de turno.

    Soy, pues, parte implicada. Y ahora decidme: ¿quién le pone el bozal al monstruo?

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  9. 9 El Duende de la Radio julio 23, 2009 en 11:56 pm

    Y encima este Emilio Calatayud es profesional del derecho y se conoce las leyes…¿No le podían haberle hecho ministro? ¿O es que el sentido común siempre va a a ser polçiticamente incorrecto?

    Por cierto. Qué lástima que su intervención fuera anterior a la última propuesta de reforma de la Ley del Aborto. Habría que escucharle sobre la no necesidad de autorización paterna para que aborten las menores.Cosas veredes, Sancho…

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