Santo Estevo y la gallina con sus pollitos

Buena combinación para el turismo excitante: descubrir un lugar como éste y encontrarse después a una gallina con sus polluelos...

Buena combinación para el turismo excitante: descubrir un lugar como éste y encontrarse después a una gallina con sus polluelos...

Santo Estevo de Ribas de Sil . Un monasterio gran parte del cual es hoy un flamante parador. A su lado, el templo, dieciochesco, de ese barroco gallego tan elegante que ha universalizado el Obradoiro de la Catedral de Santiago. El monasterio, como el parador, asomado al Cañón del Sil, y rodeado de más bosques a los que sólo les falta el gnomo. Un gnomo, esas frondas mágicas necesitan al menos un gnomo.

Santo Estevo de Ribas de Sil Y cómo es posible que la gente que dice que viaja le hubiera hurtado este nombre al Duende. Otra manera de plantear la cuestión: ¿para qué viajan los que pueden viajar si dejan de lado a un sitio como éste? Hay dos teorías sobre el placer de viajar. Ver todo lo que ven los demás y que luego te han contado, aunque no te quedes con nada, y ver sólo lo que puedes disfrutar y recordar sin sufrir por lo que dejaste a un lado. El mundo es muy grande, nunca lo conoceremos  por completo. Pero Santo Estevo está ahí, en un rincón de nuestro país. Santo Estevo de Ribas de  Sil. Llegas, respiras, entierras el síndrome de Stendhal, te relajas.

Y eres feliz.

Dos notas más. En Luíntra, una aldea muy coqueta que está a solo seis kilómetros del monasterio, el Duende hace un alto. En un bar pide un vino del país, y le ofrecen como tapa un cuadrado de exquisita empanada.

-¿Y cuánto es?

-Sesenta céntimos.

Hasta aquí debió de llegarse Zapatero para poder asegurar que el precio de un café era ochenta céntimos. En Luintra probablemente por ese precio incluyen la magdalena.

Al regreso, y antes de entrar en la añeja casa de Belesar el Duende se cruza con una gallina y sus polluelos. El encuentro le inspira cierta ternura. ¿Será que empieza a ser también una estampa de otro tiempo?…Lo que anticipaba, verano de grandes emociones: reaparece la gallina con pollos, aunque sigue faltando el gnomo.

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11 Responses to “Santo Estevo y la gallina con sus pollitos”


  1. 1 wallace97 agosto 3, 2009 en 1:32 pm

    Pues nada, otra vueltecita que me he dado por Galicia, gracias al Duende.

    Cuando el estado de ansiedad por aprender o por conocer sitios se apodera de uno y se siente la sensación de impotencia de no poder abarcarlo todo, es bueno recurrir a una frase de José Larralde: “Cuantas más cosas se saben, más quedan por aprender. La ayuda que da el saber termina en lo que se ignora, si hasta la luz de la aurora termina al anochecer”.

    Aplicable también a los sitios y a la gente por conocer, que no en vano son también saber y aprendizaje.

    No deja de ser un consuelo, aunque parezca un poco tonto. Si al fin y al cabo, cuanto más se sabe más se es consciente de lo que queda por saber, y por mucho que uno viaje no pasará de conocer un infinitésimo de lo que hay, pues disfrutemos de lo abarcable de forma más concentrada, y saboreémoslo repetidamente.

    ¡Para que luego me llamen pesimista!

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  2. 2 José Ramón agosto 3, 2009 en 3:32 pm

    Tú sí que sabes, Duende.
    Reconozco que yo peco a menudo de la otra forma de viajar: Quiero verlo todo, fotografiarlo todo, que no se me quede nada en el tintero.
    Llevo una lista con cinco museos, doce iglesias, dos palacios, etc, y lo veo todo a la carrera y haciendo muchas fotos. (Con la cámara en el ojo todo el rato, para no disfrutar de nada ni ver nada).
    Me estoy intentando quitar, aunque la tentación de apresarlo todo es muy grande. Y luego de lo que uno se acuerda es de un café a la sombra de un naranjo, y de un gato, y esas cosas.

    (De verdad. Estuve hace veinte años en Nueva York, y después de tantos rascacielos y tanto de todo, lo que nunca se me va a borrar es una señora mayor haciendo footing en Central Park con un abrigo de visón sobre el chándal. Esa imagen, y lo que sentí al verla, y lo que aprendí de eso, vale más que completar la tonta lista de “lugares imprescindibles”).

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  3. 3 lola agosto 3, 2009 en 5:00 pm

    Si el Duende es “una estampa de otro tiempo” debo ser una estampilla. De paso por tierras cántabras admirando su belleza, me quedo con la imagen de prados verdes con vacas y terneros que apenas se tienen en pie. Esa es la verdadera vida respetuosa con la naturaleza.

    Cerca de casa hay un campesino que vende frutas y verduras. Un señor mayor, que no piensa jubilarse nunca. Trabaja todos los días, incluso el domingo, y aunque cueste creerlo es feliz. Hay un letrero que dice: “por encargo”, que cambia según la cosecha. Si no le queda en la cesta, va a recoger las zanahorias en la tierra o las berenjenas directamente de la planta.

    Me pregunto, ¿qué pretendemos al recorrer tantos kilómetros?

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  4. 4 Angelus P. agosto 3, 2009 en 11:50 pm

    Déjate de gnomos, Duende, que se vuelven incendiarios…

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    • 5 Angelus P. agosto 4, 2009 en 12:02 am

      Quería decir que lo suyo, de suyo, son las meigas y aun la Santa Compaña. ¿A que sí, Don Segundo? 😉 No importemos más personajes ni rituales, que ya tenemos bastante con santaclauses y jalouines.

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  5. 6 wallace97 agosto 4, 2009 en 3:19 pm

    Siempre me pasa lo mismo. Entro para hacer un comentario, y la mitad de las veces me dejo en el tintero lo que quería decir. En esta ocasión me lo ha recordado Angelus P.

    Seré muy prosaico, pero jamás me atrayeron los personajes del mundo fantástico que no retraten a los reales, es más, siempre me produjeron rechazo. Creo que el mundo encierra infinitas realidades muy cercanas muchísimo más poéticas. Muchas de ellas lo han llegado a ser debido a su casi total desaparición, como es el caso de la gallina y los polluelos que comenta el Duende.

    Y si es imposible abarcar todas las realidades, ¿para qué inventar fantasías? Para fantasías, me quedo con la de un mundo real sin las aberraciones actuales.

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  6. 7 dolorosa agosto 4, 2009 en 5:15 pm

    Tienes razón,Duende, al final de un viaje en el que te han enseñado, Monasterios, Catedrales, Museos, bodegas,etc., te quedas con alguna cosa sencilla que sin tú buscarla, te llega como un magnífico regalo. Esto me ocurrió por tierras de la Rioja. Visitando Santo Domingo de la Calzada, me escapé del grupo y me fui por las afueras del pueblo por una carretera llena de árboles y casitas encantadoras, cuando me fijé en un hombre de edad avanzada subido en una escalera cogiendo cerezas. Mi amiga y yo, nos paramos a mirarle y entonces el hombre, nos hizo una señal para que nos acercásemos y con toda gentileza nos ofreció un puñado de aquel fruto dulce y jugoso que en aquella mañana calurosa nos supo a gloria. Puedo asegurarte que se me han olvidado muchas cosas de las que vimos pero aquéllo, el gesto amable de aquel hombre y el sabor de la fruta, todavía lo conservo como si en este momento estuviera paladeándolo. Es verdad que al fin y al cabo, lo más sencillo puede resusltar lo más importante.

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  7. 8 Zoupon agosto 5, 2009 en 11:57 am

    Supongo que llego tarde al decir esto, pero si no fuera así te recomendaría que no dejes de acercarte a San Pedro de Rocas, un lugar mágico. Como dice Angelus, no encontrarás allí al gnomo (a no ser como turista), pero es fácil toparse con algún trasno (trasgo indígena) “que che faga algunha trasnada”, como esconder las llaves del coche o cosas parecidas. Si por azar te lo encuentras, pregúntale por las de un Renault 5 azul que se llevó (presuntamente) hará unos doce años.

    Aparentemente vas sin rumbo, pero no das puntada sin hilo: Sanabria, Caurel, Ribeira Sacra, belleza para dar y tomar. De nuevo supongo que es tarde para otra recomendación, pero para compangar este fase galaica del viaje que te estás pegando, nada como una buena sombra para leer “Merlín y Familia”, de Álvaro Cunqueiro. Una delicia, y para quien se anime a leerlo en gallego, más todavía.

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  8. 9 lola agosto 6, 2009 en 9:50 am

    Duende cuéntanos, ¿encontraste al gnomo?. Vamos, que te hemos perdido la pista y queremos seguir viajando contigo. Sigue dándonos envidia del paisaje que ves y de las temperaturas que disfrutas.
    Merci beaucoup.

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  9. 10 maribel agosto 7, 2009 en 6:52 am

    DUENDE QUE ENVIDIA ME DAS!!!!!!! A quien no le gustaria ser el duende…….besos

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  10. 11 Luis Figuerola-Ferretti agosto 7, 2009 en 8:31 am

    Ayer y anteayer en Sanjenjo, hoy en la Toja, esta tarde rumbo a Asturias…Cuanto siento no haber leído antes las recomendaciones de Zoupon. Pero tomo nota. Como Douglas Mac Arthur, anuncio que volverémos. El Duende y yo.

    Lo que es una pena es no haber podido escribir y subir algun post sobre la marcha. Procuraré enmendarlo cuanto antes. Aún así, diez comentarios…¿No anda desparramado el personal?…

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