El gran conversador de Sanjenjo

sanxenxo

Aquí veranea un amigo del Duende del que habría que hablar largo, largo y tendido...

Cada maestrillo tiene su librillo. O sea,  su propia receta para ser feliz. Hay quien hace catedrales Burgos con mondadientes, otros que convierten su mesa de trabajo en un astillero y reproducen en maqueta el buque Juan Sebastián Elcano y muchos otros que se evaden de las miserias humanas dándole al naipe. En el pazo de Lugo donde pasó el Duende sus primeros días de vacaciones Teresa se ponía un poncho y salía al fresco de la galería con su ordenador,  porque ese era el único rincón de la casa donde llegaba Internet. Sólo quería el acceso de la red para jugar al bridge con un chino, un estadounidense de San Francisco y un italiano.En O Rosal, provincia de Pontevedra, Angeles, además de pescar, entretenía el resto de sus tiempos libres en otra timba multinacional del mismo juego. Y Katy, la anfitriona del Duende en la siguiente parada, que fue Sanjenjo, no sólo jugaba al bridge, sino que da clases a quien lo quiere aprender.

En este pueblo  además de la pesca, la navegación y la playa, las otras grandes pasiones del veraneante son  el bridge,  y el mus, juego de naipes que uno, desgraciadamente, ni entiende ni sabe practicar. Rara avis este duende: sabe hablar y cantar al revés y no es capaz de entender el mus, que lo gozan desde los chispas y paletas hasta los catedráticos y los ministros. Ca cuá es ca cuá. De repente se sentía un huésped raro y ligeramente incómodo. Nada pescador, navegante sólo de papel (con Conrad, Melville, Stevenson y otros patrones), poco amigo de la playa y tontito para las cartas…¿cómo iba a ser bien acogido en Sanjenjo?

El Sanjenjo actual debe mucho a los ávidos constructores, pésimos urbanistas  y peores políticos que debieron de meterle mano. No sabe uno si el responsable de su afrenta arquitectónica es munícipe, autonómico o de la administración central, pero, sea lo que sea, es de esperar que pase un largo purgatorio junto con el inventor de los calzoncillos sin bragueta y el de los grifos redondos, que no hay manera de manipular cuando se tienen las manos enjabonadas, (cosa, por otra parte, normal en la ducha). Para imaginar el Sanjenjo ideal no hay más que contemplarlo desde el monte, asomado a la ría en un enclave natural verdaderamente excepcional. Pero es preciso además borrar con una goma imaginaria los llamativos desmanes que, seguramente en nombre del desarrollo, se han ido cometiendo en su solar. De los salvapatrias y ganapastas compulsivoss, liberanos Dómine. Menos mal que el cemento no puede taparlo todo.

Por ejemplo, no ha tapiado del todo el mar, ni algunos monumentos entrañables –como la Iglesia de San Xes- milagrosamente salvados en el propio casco urbano, ni la brisa, ni la luz del sol respladeciendo en sus verdes montes, ni el espíritu  de algunos de los veraneantes de Sanjenjo. No puede tampoco  sellar la boca de Javier Rodríguez-Gimeno, alias Rodri, conversador infatigable y navegante sentimental que pesca a la cacea amigos que naufragan en el desánimo. Rodri es un compañero del colegio que ni siquiera era de la clase del Duende. Jamás fueron al cine, jugaron a las chapas o espiaron a las chicas del Loreto juntos. Rodri fue, además,  un figura del equipo de jockey sobre patines y un buen futbolista, con ese puntito de orgullo peleón que le hace antipático al que tiene que competir contra él, como era el caso de uno. Además es del Madrid, y se sospecha que raulista: cuántos puntos negros en la biografía de un gran hombre. Sin embargo, reapareció en la vida del Duende en dos momentos de apuros con una inusitada generosidad y una sonrisa abierta y generosa. La gente a la que le contaba su invitación –tú vienes a pasar unos días este verano a nuestra casa en Sanjenjo, seamos amigos desde la infancia o desde antes de ayer- no entendía que el Duende no vacilara en aceptarla. También fue al Rousillon a intimar con Lola y Fred, dos amigos forjados en este blog. Afortunadamente, las sirenas de Ulises no paran a cantar aquí.

Fueron un par de días de largas, inacabables conversaciones que anudaban un tema con el siguiente, un recuerdo con otro aún más amable, una sonrisa con alguna pincelada de filosofía práctica para vivir, dejar vivir y, aún así, ser moderadamente felices en estos tiempos convulsos. Al final, muchas carcajadas, cenas con amigos del amigo, paseos, tintos de verano, y la única frustración de ser invitado inútil para el bridge y, peor aún, para el mus. La casa de piedra de Rodri, Katy y su hijo Antonio, un modelo de la arquitectura tradicional que  nunca debería haber abandonado Sanjenjo,  se alza junto a un sencillo cruceiro que él, hombre de fe, divisa desde su habitación.

-Debes volver –le dijo al Duende cuando se despedían con un caluroso abrazo al pie del Cristo de granito.

Seguramente quiso añadir que él, como le enseñó el Maestro, siempre está dispuesto a esperar a cualquier amigo con los brazos abiertos.

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5 Responses to “El gran conversador de Sanjenjo”


  1. 1 lola agosto 13, 2009 en 12:22 pm

    Cher Lutin, ha sido un placer conocerte. Estamos encantados, bien lo sabes, que aceptaras nuestra invitación. Recorrer tantos kilómetros para llegar a un lugar desconocido, del que sólo sabías la dirección, nuestro nombre y poco más.

    Quisiera dar las gracias a la radio, sin ella, no habría conocido a tus entrañables personajes, hace ya algunos años, de los que soy gran admiradora. Y aunque me cueste, también a internet, porque a través de este blog ha sido posible el encuentro. Y como no, al Duende por haber hecho realidad una ilusión. Sí, duendeamigos, porque de ilusión también se vive.

    Todavía recuerdo cuando este blog echó a andar y lancé una invitación al aire. Fred me dijo que estaba loca si pensaba que un Duende vendría a algún día a casa. No sé si estoy loca, pero lo cierto es que ese día llegó y de repente, apareciste. Me alegró saber que también eres de carne y hueso. Ya no sólo formas parte de la radio, de internet, eres además, una gran persona.

    No te diré que vuelvas porque me repito una y otra vez. Esta es tu casa. Cuando tú quieras, te estaremos esperando.

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  2. 2 Marina agosto 14, 2009 en 12:20 am

    Alguien dio una vez, que cada vida es un libro. Y que, si no se viajaba, no se pasaba de la primera página. Tú Duende has escrito algunas más en tu libro este verano.¡¡¡Es estupendo!!!.Y tambien lo es, tener tantos amigos que deseen ayudarte a escribirlas.Sin duda eres merecedor de ello.
    ¡En hora buena!

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  3. 3 Zoupon agosto 14, 2009 en 11:11 am

    Seguramente mi recomendación llega tarde de nuevo, pero no dejaré de hacerla. Desde Sangenjo hay una excursión muy interesante que culmina en el monasterio de Armenteira. Yo lo visité hace muchos años cuando estaba en ruínas y no había nadie por allí, resultaba cautivador. Ahora que está restaurado y objeto de visitas turísticas no estoy seguro de que me gustase lo mismo.

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  4. 4 Betanzos agosto 14, 2009 en 6:21 pm

    ¡Qué grandes verdades, querido Duende, y qué bien descritas: el crimen cometido con Sanjenjo y la amistad de ese “navegante sentimental que pesca a la cacea amigos que naufragan en el desánimo”! Aunque, bien mirado, estando en Galicia, podías decir que la pesca era al curricán, que es lo mismo que la cacea,pero con etimología galaico-portuguesa, si no me equivoco. (Cuando vaya al pazo en otoño, lo consulto en el Barcia, que guardo en esa biblioteca). Cuídate. O, vale, que decían los romanos.

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  5. 5 C, WATERI agosto 15, 2009 en 7:54 pm

    QUERIDO DUENDE:ESPERO QUE HABLES DEL VALLE DE LAS LUIÑAS A DONDE VINISTE Y CORRISTE LAS CALELLAS Y ESTUVISTE CON TODAS TUS HERMANAS Y BUENOS AMIGOS. PARA QUE JAVIER RODRIGUEZ GIMENO Y CARI, QUE SON ENCANTADORES, SEPAN QUE ESTO ES MAS BONITO Y QUE EL DUENDE PREFIERE ASTURIAS
    C. WATERI (AGUAYO)

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