Lo que no podrá contar Josemi de La Toja

Desde esta pacífica islita, recrearon José y su primo el Duende la suerte de aquellos marinos que surcaban el Atlántico en un velero...

Desde esta pacífica islita, recrearon José y su primo el Duende la suerte de aquellos marinos que surcaban el Atlántico en un velero...

Cuando el Duende era arrebatado por las grandes novelas de aventuras, buscaba en su propia familia referentes próximos a sus héroes. Como guerrero, contaba con el capitán Figuerola-Ferretti, caído en el campo de batalla,   una foto de color sepia y un sable de recuerdo que normalmente descansaba en el paragüero. Pero para emular al capitán Akab o a Lord Jim tenía que recurrir a un tío más lejano que era marino y se llamaba Pepito Pena.

Pepito era ya entonces un hombre con la cabeza plateada por los años, pero mientras vivió la abuela Mercedes Pena, que era su tía carnal y su gran agente propagandista, nadie le apeó el diminutivo. Los Pena fueron una familia catalana que en los comienzos del siglo pasado, y a pesar de su patronímico, no daban ninguna ídem. Mientras los abuelos cuentan batallitas, las abuelas gustan de evocar el esplendor de los tiempos mejores. Mejores para ellos, claro. La abuela Mercedes no presumía de dinero, pero sí de que viajaba con sus hermanos, incluído el padre de Pepito Pena, a Bayreuth para ver y escuchar a Wagner en el teatro que él mismo creó. El famoso festival quizás no fuera un lujo tan privativo como lo es ahora, pero tampoco sería una ganga. El caso es que los Pena escuchaban a Tristan e Isolda, a Lohengrin, Tanhäuser y Parsifal sin saber que presagiaban el canto del cisne. Poco después, uno de esos jamacucos financieros que de vez en cuando sacuden a las familias arruinó  a la de estos wagnerianos catalanes, y a partir de entonces ya fueron Pena con algo más de razón.

José María Pena emigró a Argentina en busca de fortuna. Allí echaron raíces todos sus descendientes salvo Pepito. Este se hizo marino y navegó por medio mundo. Primero en barcos de vapor, y cuando la Gran Guerra requisó el carbón para usos militares, en uno de esos cliper como los de los grandes relatos de aventuras que el Duende había leído. Pepito Pena, que era un hombre menudo, gran conversador y muy simpático, resultó más despabilado que el tenaz capitán Akab. En lugar de perseguir a la ballena blanca puso sus ojos en una sueca con la que se casó, sacó provecho a sus múltiples travesías y, ya pie a tierra en España, timoneó una extensa familia y varios negocios que devolvieron con creces la alegría a los Pena. A los noventa años, y ya viudo,  aún viajaba en autobús a su casa de Biarritz para reunirse con jóvenes y jovencitas de su edad que disfrutaban jugando a las cartas y con bailes de salón. A quien tuvo que capear tantos temporales en alta mar, la vejez  le debía de parecer una marejadilla de broma.

El José María Pena actual descubrió un día que el primo de su generación que le quedaba más a mano era el Duende, que sólo es primo segundo. Todos su primos hermanos vivían en Argentina, y a algunos ni siquiera les conocía. Al Duende le conoció en la Facultad de Derecho, carrera a la que él dio bastante más lustre que éste. Gran custodio de los valores de la familia, ahora que ya ha vencido algún contratiempo de salud –estado transitorio del cuerpo que, como es sabido, no presagia nada bueno- y que es un feliz abuelo, le ha abierto a su primo las puertas de su casa de La Toja. Casi todo en la vida le ha sonreído, pero le faltaba un primo Pena (tercer apellido del Duende) en la tripulación. El también es un experto navegante. Tiene un barquito amarrado en La Toja para salir a pescar, y un buque de línea imaginario en el que viajamos los que recoge ese aspirador de cariño que José maneja con tanta elegancia.

Qué va a decir uno de La Toja, después de tener esta islita el singular privilegio de ser visitada por Josemi Rodríguez Sieiro. Se queda el Duende con el recuerdo de un paseo matinal en bicicleta con Nuria, prima consorte, que le llevó al mercado del Grove a elegir berberechos, mejillones y percebes entre un brillante muestrario de joyas de la mar. Y con la ruta por La Lanzada y los pueblines de los alrededores para contemplar, con su primo de cicerone, el panorama de la ría de Arosa y del Atlántico por el que navegaba en cliper su padre. A veces, lo mejor de los viajes es mirar hacia dentro, y descubrir otras cosas que no vienen en las guías turísticas. Por ejemplo, un marinero en tierra que sabe lo que es echar un cabo en todos los sentidos. Se trata de José, hijo de aquel viejo marino mercante al que –¡oh paradoja!-aún llamábamos Pepito cuando zarpó definitivamente.

Anuncios

2 Responses to “Lo que no podrá contar Josemi de La Toja”


  1. 1 Pemberton agosto 17, 2009 en 12:43 pm

    La has hecho buena ¡¡ ahora Jose Pena lo va a tener durisimo cuando nos reciba en sus lares gallegos. Igual crea habito, como la visita invernal a su casa de la Pleta en el Valle de Aran y recalamos por las Rias Bajas con mayor frecuencia
    El liston esta altisimo para al menos acercarse a la hospitalidad dispensada al Duende.
    He empezado a entrenar la bici para no desmerecer en el paseo con Nuria y estoy a una dieta casi cuaresmal para preparar adecuadamente la mariscada en el Grove.
    Ha puesto el Duende tan apetecible la visita a Galicia que hasta puede ser que me dejo los palos de golf en casa para concentrarme en otros encantos galaicos….bueno eso quiza sea demasiado pues los 9 hoyos de la Toja son maravillosos y cualquier “empuja bolas” que se precie debe jugarlos siempre que pueda.

    Me gusta

  2. 2 maribel agosto 17, 2009 en 7:09 pm

    que pena querido Duende que por culpa de la crisis y algunas cosas mas solo haya tenido una semana de vacaciones pero juro” que del verano que viene no pasa :tengo que ir a Galicia ya os pedire condejos para iniciar la ruta….besos

    Me gusta


Comments are currently closed.



Siluetas de RNE

Duendes suscritos:

Suscripción

Suscripción por email

Publicaciones:

PARAÍSO DE HOJALATA
Una Infancia de Hojalata

Ir directamente a

Blog Stats

  • 1,339,762 hits

A %d blogueros les gusta esto: