Diaghilev minimizado/ Un cuento surrealista

diaghilev-and-the-ballets-russesPese a si inveterado optimismo, el Presidente hojeó la prensa esa mañana y torció la sonrisa. Salvo los suyos, nadie parecía entender su visión de España, su audaz estrategia para superar la crisis económica,  su forma de gobernar, el alcance de sus medidas y su noble deseo de reformar el mundo y encaminar a la humanidad hacia su modelo de perfección. Cuántas críticas desaprensivas. Qué pobreza en los análisis. Qué superficialidad en los editoriales y en las columnas de los periódicos. De repente, su mirada reparó en una noticia de la sección cultural: un siglo de la creación de los famosos ballets de Diaghilev. Se le iluminó la cara. Pidió por el interfono que le llamaran a la ministra de Cultura.

-Ministra –le preguntó-  He estado leyendo lo del aniversario de Diaghilev…¿Te has dado cuenta de que no hemos aportado nada al ballet? Esto no puede ser. Lo hemos reformado casi todo, así que prepárame un plan para reformar el ballet.

Las ansias de reforma del presidente y su ministra se plasmaron en varios proyectos sucesivos. En aras de la igualdad, se promovió como modelo de ballet ideal aquel en el que las bailarines y bailarinas fueran gordos como botijos. Todos los españoles merecen las mismas oportunidades, y no había razón para que michelines, celulitis y demás indiscreciones adiposas cerraran el camino a nuestros artistas del baile clásico. Se cambiaron los nombres de algunos de los pasos tradicionales: bibianesque, amontillé, plus que burlesque, zapatieré. En El lago de los cisnes Gisela no sería Gisela, sino María Teresa, aunque su cara se pareciera más a un polluelo de buitre que a un elegante cisne. Y se cambiaría la tradicional reverence –de un decadente que te cagas- por un gesto de coleguis más acorde con la modernidad imperante. Algo así  como la palmadita de los del basket entre la prima donna y el galán subrayada por un guiño de complicidad entre ambos.

-No es suficiente –sentenció el gran reformador.

Nuevos proyectos, nuevos rechazos. No es suficiente, no es suficiente, insistía el Presidente. Un día, en el café matinal con su querida vicepresidenta, el Presidente aún fue más explícito.

-¿Sabes una cosa?-le confesó- Esta noche soñaba que yo era Diaghilev. Y la verdad, me sentía muy a gusto…Sólo un poquito ridículo, con esas mallas tan ajustadas y ese paquetillo…¿Es necesario que el papel masculino luzca justamente así?…

Sus sueños eran sus deseos. Y sus deseos eran órdenes que sabrían interpretar adecuadamente las ministras de su máxima confianza. Se habló  con la sastra del Ballet Nacional y se le transmitieron las inquietudes del Presidente. Y el ensayo del proyecto definitivamente elegido fue espectacular: en el porté que marcaba la apoteosis del ballet, eran las ministras en tutú y con plumas de cisne las que, impulsando  al Presidente en un en plié conjunto, lo elevaban a las alturas desde donde irradiaba rayos de esperanza a un mundo redimido gracias a la Alianza de Civilizaciones.

-Me gusta –se decía el gran reformador al contemplar el asombro de las que le aplaudían entusiasmadas. ¡Me gusta!…

Quizás no se había mirado antes al espejo. Pues le interpretaron mal, y, sin tener en cuenta su natural modestia y discreción,  habían encargado a la sastra una malla con coquilla especial que, más que para un nuevo Diaghilev, parecía hecha para cubrir los atributos del caballo de Espartero.

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4 Responses to “Diaghilev minimizado/ Un cuento surrealista”


  1. 1 Zoupon septiembre 2, 2009 en 9:42 am

    Sólo un detalle: Digo yo que la obra se representaría bajo el título de “El Lago y la Laguna de los Cisnes y de las Cisnas”. Por lo demás, delicioso el relato, aunque temo que la imagen de Zapatero elevado a las alturas en plan pantocrator (léase “pantocreitor”) progresista en su mandorla de rayos, y con paquetón postizo, no me deje dormir bien esta noche.

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  2. 2 wallace97 septiembre 2, 2009 en 4:08 pm

    Duende, es admirable tu destreza para ironizar con tan buen humor y hacer sarcasmo de una realidad a la que, efectivamente, es recomendable de cuando en cuando ver como una tragicomedia. Me gustaría verla como comedia, y así lo haría si no fuese por la dramática estela de consecuencias ya previstas y vistas, de las previstas y todavía no vistas, y de las ni siquiera previstas que se verán.

    Quizás la ofuscación me impida ver que realmente está haciendo cosas que el clamor popular reclamaba incesantemente: ¡por favor, que cambien todas las aceras de España, no podemos caminar con las que tenemos!, ¿de qué nos sirve invertir en educación, en justicia o en sanidad si no podemos andar por los pavimentos actuales? El eco de la petición resonaba por todas partes, era una súplica comunitaria al gobierno, no podíamos seguir así, eran imprescindibles las aceras en todos los rincones de la geografía.

    Y ahí estaba el salvapatrias, escuchando la petición unánime, y sacando ocho mil millones de euros, como si los sacase de su cuenta corriente, y de los que me gustaría saber qué porcentaje ha ido a parar a los bolsillos de los obreros que han pavimentado España y cuántos a las sacas de los accionistas de las empresas constructoras.

    Y luego los alcaldes, que están invirtiendo esos dineros en obras anteriormente presupuestadas y aprobadas, que estaban paradas (supongo que para no meter ruido y no molestar al ciudadano), utilizarán el dinero que se están ahorrando en colegios y hospitales.

    ¡Desde luego, qué desagradecido soy!, ¿pues no voy y les critico?

    Menos mal que me he descojonao con la imagen de las ministras en tutú y con plumas de cisne impulsando al Presidente a las alturas, y al contrario que Zoupon, dormiré pácidamente con una sonrisa en los labios toda la noche.

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  3. 3 maribel septiembre 2, 2009 en 4:51 pm

    GRACIAS POR TODAS LAS COSAS QUE NOS CUENTAS Y DICES..REALMENTE LOA HAS DIBUJADO PERFECTO…SALUDOS

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  4. 4 José Ramón septiembre 4, 2009 en 1:34 pm

    Me ha parecido un relato muy realista. La coquilla especial no es postiza, Zoupon, es que Zapatero los tiene así.

    (En este “así” véaseme separando las manos, la izquierda muy a la izquierda, y la derecha muy a la derecha. Vamos: así).

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