José Antonio Muñoz Rojas, que no se deja ir del todo…

Jose Antonio Muñoz Rojas

No algo, sino mucho se queda en el alma cuano un poeta se va...

Se despierta el Duende a las siete y media de la mañana y la luna redonda aún brilla suspendida por poniente. Pasos leves por la escalera. Es su nieta Marina, que asoma la cara con un peluche entre los brazos. No puede dormir más.  La mastina que guarda la casa ha tenido perritos, y qué niño puede dormir mucho sabiendo que al amanecer, como si fuera un panecillo recién horneado, podrá tocar y abrazar un peluche de verdad. Como aún colea el veranillo –no sabemos si el de san Miguel o el del membrillo- la niña sale con sólo una chaquetilla de punto sobre el pijama y se pone a jugar a la luz de la luna con los bebés perritos mientras el abuelo prepara el desayuno. Lenta, muy lentamente, el sol va subiendo su persiana.

Son las cosas del campo.

Van cayendo los membrillos, tan bonitos por fuera como ásperos y a veces corroídos de pecado en su corazón. Y al Duende, que sigue aceptando retos, se le ocurre hacer dulce de membrillo. No tiene ni idea, pero en la casa abunda la literatura culinaria, y ahí está el teléfono para pedir auxilio a alguna asesora a distancia. Así que mientras la luna definitivamente nos deja, los demás duermen y la nieta juega  con los peluches animados bajo la mirada atenta y consentidora de la noble mastina, el Duende emprende la aventura del dulce de membrillo. Cuaje o no cuaje, siempre dejará como mínimo un aroma delicioso en la casa donde se cocina.

Son las cosas del campo.

Al hacerse la cama, el Duende percibe que entre la sábana bajera y el colchón se desliza uno de esos reptiles amables que caza insectos por la noche. ¿Una salamandra, un geco, una salamanquesa? Parece más torpe que sus primas las lagartijas, porque es de extremidades más grandes y más cabezón. Pero no será fácil inmovilizarle, meter la mano bajo la sábana, agarrarlo y depositarlo en el alféizar de la ventana para que se busque la vida al aire libre. Le queda a uno  la duda de saber si ha compartido lecho toda la noche con tan singular compañía, pero con la edad ningún bicho en el medio rural le asusta, y casi todos le parecen amigables. Son las cosas del campo…

Se durmió la noche anterior el Duende con un libro entre las manos. Su título es Dejado ir (Viajes y estancias). Su autor, José Antonio Muñoz Rojas, que con otro título como Las cosas del campo escribió precisa y preciosamente todo lo que un alma sensible puede ver y gozar en el campo. Aromas, temperos, colores, cantares, amaneceres y atardeceres, cielos estrellados, lluvias, sementeras, sentires de los campesinos, el baile de sus faenas, el primitivo –entonces-instrumental de sus laboreos, los sabores de sus frutos, el regusto de su lenguaje…  Debe de ser cierto que la poesía espera su liberación ahí, como la escultura, atrapadas la una en la naturaleza y la otra en la piedra o en el mármol. Debe de ser verdad que sólo hace falta la mano maestra del Bernini de turno o el espíritu exquisito de un José Antonio Muñoz Rojas para que trabajen sobre la sencillez, le den un brillo especial con su talento y nos transporten al éxtasis al resto del personal.

Dicen los periódicos que José Antonio se dejó ir la semana pasada, que no quería cumplir los cien años. Se dejó ir en La Casería del Conde, allá en la vega de Antequera, donde pasó tantos días de su larguísima vida, y donde es cierto que el entorno quizás obligue a ser al menos un poco poeta. Desde sus gustos a sus pasiones, desde sus alegrías a sus aflicciones, desde sus debilidades a sus  convicciones y, por ende, también sus dudas, todo pasó por el filtro de su escritura privilegiada, en prosa o en verso.

Su herencia es que nos despabila el alma cuando le leemos y, sobre todo, nos enseña a mirar alrededor. Y aún duda el Duende de que hoy la visión de la niña y los cachorillos a la luz de la luna, el aroma del membrillo o la travesura de la salamandra emboscada en su cama  le hubieran pellizcado sus ganas de escribir de no ser porque anoche leía fragmentos de Dejado ir. Le hemos dejado que se vaya  porque se merecía un descanso. Pero todos sabemos que los poetas se trenzan incluso con las hebras más insignificantes de la vida, y acaban siendo inmortales.

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17 Responses to “José Antonio Muñoz Rojas, que no se deja ir del todo…”


  1. 1 maribel octubre 5, 2009 en 7:04 am

    Que imagen mas tierna..me has endulzado la mañana gracias…Duende!!!! entre poema y poema ya nos cuentas que tal el membrillo!!! saludos

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  2. 2 El Duende de la Radio octubre 5, 2009 en 7:32 am

    Un poco trabajoso, pero para ser un debut en tales menesteres el dulce quedó estupendo.De postre, queso pon membrillo casero: un lujo que para las niñas pequeñas fue un gran descubrimiento.

    Eso sí, me gustaría saber si es normal que el fruto de los membrillos, tan leñoso, sea tan fácilmnete atacable por los insectos. Es verdad que no los curamos, pero hay que ver lo difícil que es encontrar uno completamente sano. Ciruelas, higos, cerezas e incluso peras y manzanas son en crudo mucho más agradables al gusto, y sin embargo se defienden mejor…

    ¿Habrá algún estudio en alguna universidad de algún país del mundo que explique esta debilidad?…(No desesperemos: siempre hay un curioso para estudiarlo todo)

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  3. 3 Pedrito octubre 5, 2009 en 7:33 am

    Suerte tienen ciertas nietas de tener tan tierno abuelo …
    ¡ Que desayuno más grato nos has deparado, querido Duende, y que buen sabor de boca me deja el aroma de tu dulce de membrillo, a buen seguro, para el resto del dia !

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    • 4 wateri octubre 5, 2009 en 10:36 am

      Da gusto lo bien que te expresas,se nota cuando estas relajado y me alegro al sentirte tan sereno y ver como disfrutas las mañanas,en tu bucólico refugio, entre arces, robles alcornoques y el pantano de Rosarito a lo lejos, lo del membrillo ya es otra cosa , he ctenido la suerte de comprobar tus otoñales aficiones culinarias, pero no de tu vena dulcepastelera , yo te lo cambio por tocinillo de Grado o arroz con leche de Maribel.

      El recuerdo de las nietas me ha tocado la fibra sensible y veo que aunque lo quieras ocultar, ers casi humano , serán los años, estoy de acuerdo tener un abuelo como tú, debe de ser especial, procura esforzarte y piensa todo lo que pueden aprender de tí todas tus nietas , yo sigo sin saber lo que es ser abuelo y se me está pasando ese arroz así que hay que comerlo pronto, un abrazo

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  4. 5 Charivari octubre 5, 2009 en 10:09 am

    Más bonito, casi imposible…

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  5. 6 Higorca octubre 5, 2009 en 10:33 am

    Querido duende, como bien dices los poetas nunca mueren y tampoco este gran maestro que tantos días ha vivido, ahora vivirá eternamente, seguiremos leyendo y estudiando su buen trabajo.

    Un saludo

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  6. 7 El Duende de la Radio octubre 5, 2009 en 12:55 pm

    Querido Wateri
    Advierto en tu comentario ciertas reticencias sobre mis cualidades reposteras…Te aseguro que el dulce me quedó buenísimo. Lo más difícil, que es el punto exacto de gelatinosidad para entrar y salir del molde sin pérdidas, perfecto. Si en tu ya frondoso parque de Beiciella (o Veiciella?)no hay membrillos, plántalos y te prometo horas de repostería gratis (Aprovecharé àra a`prender del arroz con leche de Mme)
    Un abrazo

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  7. 8 José Ramón octubre 5, 2009 en 1:45 pm

    Muy bonito, Duende. Eso es vivir.
    Una cosa: ¿A tu nieta Marina le haces voces? Porque tiene que pasárselo bomba.

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  8. 9 wallace97 octubre 5, 2009 en 4:20 pm

    Pues sí, es una bonita historia, y muy ilustrativa de por dónde van los tiros al hablar de calidad de vida. Maravillosamente contada, como siempre, Duende.

    Creo que das sana envidia a los que tenemos edad de ser abuelos y no lo somos. Al menos a mí.

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  9. 10 juian29 octubre 5, 2009 en 5:01 pm

    Yo ya me he levantado temprano, y he sentido un agradable olor a dulce de membrillo, que no acertaba e saber de donde provenía…

    Amigo Wallace
    No desesperes, una de tus focas jóvenes te hara el más maravilloso abuelo cascarrabias del pais.
    Sl2.
    Julián.

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    • 11 wallace97 octubre 6, 2009 en 8:45 am

      Mucho me temo, Julián, que para entonces ya estaré gagá del todo y ni siquiera seré cascarrabias, que no es ni más ni menos que el recurso al pataleo, el único que nos va quedando en este mundo de los “derechos”, el “progreso” y las “libertades”.

      Y a propósito, ¿cómo es posible no ser cascarrabias? Si te digo la verdad, no lo llego a comprender.

      Un abrazo, y a ver si asomas más por el bosque.

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  10. 12 DOLOROSA octubre 5, 2009 en 7:41 pm

    Qué bonito Duende tu manera de describir ese amanecer, la aparición de tu nieta con el cachorro entre sus brazos. El olor del membrillo, que parece llegar hasta aquí. Y precioso el recuerdo de ese viejo poeta que nos ha dejado tanto a los que amamos la poesía. Felicidades por tus sentimientos y por compartilos con tus amigos.

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  11. 13 Franciska octubre 5, 2009 en 10:06 pm

    Llevo muchos dias sin leer este bloc por haber estado de viaje y me he encantadado encontrar esta historia llena de ternura, algo que todos necesitamos cada dia.

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  12. 14 luna octubre 6, 2009 en 10:18 am

    Enhorabuena, duende, me ha gustado mucho lo que escribiste ayer, no he leído nada de Muñoz Rojas pero siempre quise hacerlo, quizás cuando encuentre mi paz interior o debería leerlo para encontrarla? Es difícil encontrar momentos para leer poesía . Escribe de vez en cuando cosas así que te leeré .

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  13. 15 Ángela octubre 6, 2009 en 5:23 pm

    La nieta Marina del Duende ha heredado de su abuelo una capacidad de observación francamente curiosa en una niña de su edad. Se acerca, inspecciona, recela, mira y finalmente, después de un rato (largo) se emociona y traslada su entusiarmo, como una niña; lo que es. Es mucho más extraño que a su abuelo, le siga pasando lo mismo, casi en cada post. Qué Dios te conserve Duende por muchos años, esa bendita curiosidad que es la que, de verdad, mueve el mundo.

    P.D.: y ya estoy deseando un post para “El secreto de tus ojos”, no os la perdáis.

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  14. 16 Yo mismo octubre 7, 2009 en 6:31 am

    Creo que la mayor parte de la obra de José Antonio Muñoz-Rojas está editada en la Ediorial PRE-TEXTOS. Para mí, en prosa poética, lo esencial son “LAS COSAS DEL CAMPO” y “LA GRAN MUSARAÑA”, un libro de contenido autobiográfico delicioso.”DEJADO IR” cuenta sus numerosos viajes y lo que él llama sus “estancias”. Particularmente interesantes éstas, a mi juicio.

    Se ha editado hace no mucho su obra completa en verso, en un precioso libro de tamaño pequeño que incluye los muy famosos SONETOS A ROSA, probablemente su obra en verso más celebrada. Por último me permito recomendar “OBJETOS PERDIDOS”, que conjuga sensibilidad y sentido del humor a partes iguales. Entre la obra suya que no he leído, espero con gran interés “HISTORIAS DE FAMILIA”

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  15. 17 Betanzos octubre 10, 2009 en 10:38 pm

    Duende, aunque con retraso, he tenido la suerte de no perderme este artículo. ¡Qué sensibilidad, qué estilo! Ya los quisieran muchos que se las dan de escritores. Y qué nivel de blog. Me han encantado los consejos de Yo mismo.
    Te leo desde Sa Granera. Preguntaré mañana a la marquesa, que ahora duerme, si sabe ella de membrillos. (Las mermeladas de limón y de naranja amarga se le dan muy bien).

    Cúidate.

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