Katyn. Para saber lo que es malo

KATYN es una película que debía de ser de visión obligatoria para los jóvenes que apuntan maneras ultras...

KATYN es una película que debía de ser de visión obligatoria para los jóvenes que apuntan maneras ultras...

Confiteor Dei –sueña el Duende por la noche. Me confieso ante Dios tododopoderoso de que pequé gravemente de pensamiento. Pensaba que había buenos y malos. Y que, naturalmente la guerra de los buenos no era mala. Pensaba que los indios muertos, los alemanes muertos, las gángsteres muertos, los japos muertos, los piratas del Caribe muertos, los infieles muertos, los bereberes muertos, los tártaros muertos,  los soldados de la Unión muertos y todos los malos de las películas muertos estaban bien muertos. Y que la guerra que a veces en forma de soldadito de plomo, soldadito de goma, Fort Comanche de madera, escopeta de pistones, pistola de agua, arco con flechas de ventosa y una metralleta de aire comprimido que disparaba una especie de bolas de ping pong era una guerra tan santa y legítima como la que nos contaban de Don Pelayo, de Ricardo Corazón de León y del mismísimo Santiago Matamoros.

Y el Duende confiesa, además, que jugaba a la guerra y a matar malos. Y que ni siquiera le parecía algo desagradable, porque la sangre de los tebeos de Hazañas bélicas, del Guerrero del Antifaz, de Roy Rogers o del Capitán Trueno no pringaba nada. Y en las películas de Gary Cooper, Clark Gable y Robert Taylor y Errol Flyn, que mira que mataban y moría gente en ellas, apenas se veía una mancha roja. Se peleaban a puñetazos en el Saloon porque las vacas de Mac Cormack había invadido el rancho del magnate mal encarado, y apenas les quedaba un moratón en la mejilla. Hasta que en Grupo salvaje el audaz Sam Peckimpah nos enseñó que del agujero de una bala brota un borbotón de sangre, todo eran odios inocuos, guerras incruentas, dramas ingenuos. Y, sobre todo, buenos-buenos y malos-malos.

-Pues yo andaba muy cómodo  con el maniqueísmo-confiesa el Duende a su Pepito Grillo.

Había algunas sombras sospechosas. Por ejemplo, Stalin, que aunque aparecía en las fotos de Yalta entre los buenos, lagarto lagarto. Claro, que nada al lado de lo que pinta una película polaca de André Wajda, tan valiente y políticamente incorrecta como descarnada y brutal, que se titula Katyn, y que pasa discretamente por las pantallas. Stalin lagarto lagarto, no: cocodrilo, cocodrilo.

Qué tiene que ver esta guerra con la que aplaudíamos como locos en el cine del cole los domingos por la tarde cuando nos echaban Guadalcanal, Objetivo Birmania, Fuego en la Nieve o Los diablos de las colinas de acero. Aquellas del cine en blanco en negro, de los tebeos y los cromos hacían héroes de postal de Navidad, niños belicosos que no conseguíamos odiar del todo a la guerra. Pero apunten esta letanía truculenta: La lista de Schindler, Salvad al soldado Ryan, El enemigo en puertas, El pianista, El libro negro, y ahora Katyn, donde se cuenta cómo la matanza de veinte mil oficiales polacos que hasta la caída del muro de Berlín se atribuía a los nazis fue una fechoría de papá Stalin. Todas buenísimas. Sobre todo, para confirmar uno de los pensamientos más sublimes de Groucho Marx: cuanto más conozco a la especie humana, más amo a mi perro.

Confiteor Dei –soñaba el Duende esta noche, después de haber visto la última de estas terribles películas. Me confieso de haber imaginado que le daba un beso a tornillo a Marilyn Monroe y luego le tocaba las tetas...Y Dios se le aparecía encarnado en el ángel de Qué bello es vivir, y en lugar de imponerle penitencia le daba una bolsa de chuches.

-Toma, hijo…¡Si sabrás tú lo que es malo!…

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7 Responses to “Katyn. Para saber lo que es malo”


  1. 1 wallace97 octubre 21, 2009 en 9:32 am

    No sé si seré raro. Si es así, me alegro de serlo. De niño no leí ni un solo Capitán Trueno, ni Hazañas bélicas, ni El Guerrero del Antifaz, ni El Jabato, ni ninguno de esos tebeos. Tampoco me gustaban las películas de guerra, ni las de indios y americanos. La agresividad que destilaban me producía angustia y tristeza.

    Será por eso que cada vez que se celebra el día de las fuerzas armadas y se hace ese despliegue exhibicionista de las máquinas de matar, siento un profundo rechazo, no lo puedo evitar.

    Parece mentira que camino del siglo XXII, no hayamos cambiado en eso ni un ápice. Mejor dicho, sí hemos cambiado, pero a peor. Ahora ya está institucionalizado el sector armamentístico como uno de los más poderosos económicamente.

    ¡Qué pena damos!

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  2. 2 Zoupon octubre 21, 2009 en 10:28 am

    Que la matanza de Katyn la habían perpetrado los soviéticos se sabía desde mucho antes de que cayese el Muro. De hecho, una investigación independiente desarrollada en 1943 por expertos internacionales a petición polaca (y permitida por los nazis con evidentes fines propagandísticos) dictaminó que los crímenes eran obra del Ejército Rojo, que en 1940 ocupaba la zona. El descubrimiento llegó a causar la ruptura entre la Unión Soviética y el gobierno polaco en el exilio londinense, y los aliados tuvieron que comerse con patatas las mentiras de Stalin al respecto para no perjudicar el fin superior de derrotar a Hitler.
    Con Gorbachov y su Glasnost (transparencia) los rusos no hicieron otra cosa que reconocer la verdad que se sabía desde mucho antes.
    Probablemente los nazis los hubieran también asesinado de mil amores y con pareja crueldad, pero a cada carnicero lo suyo.

    Por cierto, es absolutamente falso el rumor de que Garzón salió el otro día del cine preso de gran excitación y gritando que a este asunto le iba a meter mano de inmediato.

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  3. 3 Palinurova octubre 21, 2009 en 3:26 pm

    Es cierto que ya se sabía de antes. yo escuché a mis padres comentarlo en los años 60. Pero también es cierto que veinte mil muertos más o menos no les importaban nada a los nazis. Tal para cual.

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  4. 4 José Ramón octubre 22, 2009 en 12:41 am

    Cuando era niño me gustaba mucho jugar a la guerra y ver películas de guerra. Cuando empezaba una, le preguntaba a mi padre quiénes eran los buenos, para saber a qué atenerme y con quién tenía que ir. Él me contestaba con muy buen juicio que en las guerras no hay buenos ni malos, o que todos eran malos. Me desconcertaba, pero en seguida aprendí que no era necesario preguntarle: Gary Cooper, Errol Flyn, Gregory Peck, James Stewart, etc, eran siempre los buenos.

    Otra cosa: Hay gente incómoda, como los de Katyn, mal colocados y con mala suerte, condenados a fastidiar a los rojos y a los azules, y que son carne de cañón sin escapatoria vayan a donde vayan.

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  5. 5 maribel octubre 22, 2009 en 6:57 am

    pues a mi me encantaba EL GUERRERO DEL ANTIFAZ era una fanatica …de las pelis no tanto pero esta claro que las guerras siempre son y seran GUERRAS!!!!

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    • 6 Julio octubre 22, 2009 en 10:28 pm

      Como Maribel, me tragué todos los tebeos del Guerrero del Antifaz y sus luchas con Ali Kan y los sarracenos. Siempre entendí que eran guerras ‘de mentiras’, guerras de papel, como cuando jugábamos a Guardias y Ladrones y ante una acción ‘sucia’, fuera de las reglas establecidas, decíamos :”eso no se vale’, y volvíamos al juego. Unas veces hacíamos de ‘buenos’ y otras de ‘malos’, pero en el fondo seguíamos siendo los ‘mismos’: amigos.

      Ahora tenemos una ligera idea de la guerra verdad y si miramos bien, suelen siempre ganar los ‘peores’. Todos son bastante malos. Las etiquetas las suelen poner los que ganan y cuentan la Historia.

      Desgraciadamente seguirá habiendo Guerras. Claro que en algunas participamos como los ‘buenos’: ‘misioneros de paz’, ‘picoletos sin fronteras’

      De las pelis , no hablo. Es otro tema

      (Duende sigue ‘luchando’ con Marilyn.

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  6. 7 Alfonsina octubre 23, 2009 en 9:35 pm

    Gracias por tu ilustración Zoupón. ¡Qué gusto!
    Los nazis son un estupendo comodín para todo el mundo.
    Representan lo más mezquino, despreciable, animal, perverso y cruel de la humanidad, pero son un comodín estupendo.
    Los americanos llevan casi 70 años haciendo películas sobre ellos y transmitiendo la imagen de que todos los alemanes eran iguales y de que nada ha habido tan terríblemente cómplice como el pueblo teutón. Eso sí, del otro lado del muro ni hemos hablado casi, ni se han inflado los bolsillos los americanos produciendo películas .
    Por no decir de Yugoslavia, que fue antes de ayer y no se quedó a la zaga en barbarie.
    Eso sí, recomiendo la de Tarantino. Un disparate entretenido.

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