Elena Salgado y el determinismo

Determinismo o no, fue estar hablando de ella y a continuación encontrársela paseando por el Retiro como cualquier ciudadana...

Determinismo o no, fue estar hablando de ella y a continuación encontrársela paseando por el Retiro como cualquier ciudadana...

Una de las primeras travesuras del Duende adolescente era rebautizar a la gente con el nombre que, según él, pedía su cara. A algunas cosas y personas les cuadra más una palabra o un nombre que otro, e incluso que el que les impusieron. El acomodador del cine Colón tenía cara de llamarse Trifón, la pipera del Teatro Beatriz, Alfonsa, y un portero de balonmano de su cole –bastante mayor que él, por cierto- pedía el nombre de Arrosio. Y con Arrosio quedó en su registro particular aunque luego se apellidase Seseña.

El colegio quedaba ya muy atrás, y nunca más supo el Duende de este último hasta que un día de 1973 se metió en el cine y vio un entretenido thriller de Darío Argento titulado Cuatro moscas sobre un terciopelo gris. En esta película italiana aparecía un detective llamado precisamente Arrosio. En la misma butaca del cine, y antes de que, desgraciadamente, lo liquidara el asesino, el Duende se preguntaba: ¿y qué habrá sido de mi Arrosio del cole que nunca más he vuelto a ver? De momento, estaba vivo. Y nada más salir del cine, confundido entre el gentío de la calle Fuencarral, el Duende lo vio paseando tan campante. Allí acudía a su cita con el destino o con la casualidad el amigo Seseña, alias Arrosio. No sabe el Duende cómo le llamarían a este fenómeno los parapsicólogos. Premonición, determinismo, vaya usted a saber. Pero el fenómeno existe, vaya si existe.

El viernes en la COPE, Curro Meloso recitaba una Oda en defensa de Elena Salgado. Curro Meloso, como casi todas las caricaturas duenderas, es un poeta fracasado, Cordobés antiguo de traje negro a rayas, sombrero y patillones, quiso escribir el Romancero Gitano y el Poema del Cante Jondo antes de descubrir que, para su desgracia, se le había adelantado Federico García Lorca. A partir de entonces probó toda suerte de musas,  y concurrió de su mano a numerosos concursos, certámenes de poesía y juegos florales sin que una sola flor o un miserable accesit reconociera sus méritos. Harto ya de ninguneos, y consciente de que todos los poemas que había deseado escribir estaban mejor escritos por otros, se inspiró en lo único que podía ser original: la defensa de los políticos. Así es como cada viernes Curro Meloso elige un político en la picota y le dedica una oda, y así fue cómo la semana de pasión de la Vicepresidenta Económica se alivió con la oda que le dedicó Meloso.

El mismo viernes volvió a salir el nombre de la Vicepresidenta en un almuerzo entre amigos, algunos de los cuales la conocían. Se habló de su papelón, de su competencia/incompetencia, de la imagen que proyecta y de su carácter. Casi todos los comensales coincidían en que es de ese tipo de personas valiosas que, quizás por su timidez,  confunden simpatía con vulgaridad. El propio Duende aportó sus impresiones, que venían de sus tiempos en la cadena SER. Allí aparecía cualquier alto cargo del gobierno del PSOE para ser entrevistado, y  al verte sentado en la misma mesa que Iñaki Gabilondo te imaginaba de los suyos. La hoy Vicepresidenta fue sin embargo siempre comedida en su cordialidad. Correcta, pero fría y distante, como si su imagen de ejecutiva solvente le impidiera sonreir y demostrar su sentido del humor. Elena Salgado, tan lejos en el album de sus recuerdos, y tan presente estos días en la vida de todos los españoles.

Los caprichos del destino. Al día siguiente, sábado luminoso, el Duende se dio de bruces con ella mientras corría por el Retiro.  Ya es difícil para cualquiera identificar a los conocidos muy superficialmente cuando te los encuentras fuera del lugar donde los has visto siempre. No digamos nada si se trata de una personalidad pública que los cuenta por millares y que no se caracteriza precisamente por su efusividad. Sin embargo, en honor a la verdad, el Duende debe confesar que Elena Salgado en atuendo deportivo se acercó a él, se detuvo, le plantó dos besos y le preguntó qué tal estaba antes de continuar su saludable paseo por el precioso parque madrileño.

Al Duende, naturalmente, le temblaban las piernas. No es que la rubia le impresionara tanto como su admirada Naomi Watts, ni que temiera que la Vicepresidenta hubiera escuchado en la radio la sospechosa oda que le tributó Curro Meloso. Es que simplemente constataba que hay que tener ojo con las premoniciones, porque a veces las carga el diablo.

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10 Responses to “Elena Salgado y el determinismo”


  1. 1 Ángela octubre 26, 2009 en 3:52 pm

    Una fea costumbre la de ver el telediario y leer al tiempo la prensa. Con mucha frecuencia, muchísima, escucho la misma palabra que estoy leyendo es ese preciso instante.

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  2. 2 wallace97 octubre 26, 2009 en 4:54 pm

    Duende, esas casualidades sólo se dan una vez en la vida, y tú ya la habías cubierto con tu amigo Seseña, lo que significa que la ministra de economía te está vigilando personalmente para ver si manipulas dinero negro.

    Y si no es así, habrá que cambiar el dicho, y decir que el mundo es un confeti, en lugar de un pañuelo.

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  3. 3 José Ramón octubre 27, 2009 en 12:18 am

    Qué casualidad. Yo me apellido Seseña.
    (Creo que de séptimo apellido. ¿El segundo apellido del abuelo materno es el séptimo de uno? Pregunto).

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  4. 4 El Duende de la Radio octubre 27, 2009 en 7:05 am

    Hago cuentas y a mí el Domínguez, segundo apellido de mi abuelo materno, me queda en quinto lugar.

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  5. 5 wallace97 octubre 27, 2009 en 9:36 am

    José Ramón y Duende, deberíais hacer las cuentas una vez desparecidos los efectos del alcohol, ja, ja, ja.

    El 2º apellido del abuelo materno es el 6º nuestro, y el 5º lugar corresponde al 2º del abuelo paterno. Nuestro 7º es el 2º de la abuela materna.

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  6. 6 Palinuro octubre 27, 2009 en 2:43 pm

    Wallace, ¡qué diligente eres! He llegado a la misma conclusión que tú antes de leer tu mensaje. Duende, Domínguez nos cae en 6ª posición. Por esa cuenta de la vieja yo llego hasta mi octavo apellido, Asuero, segundo de mi abuela materna. Desconozco más apellidos de mis abuelos
    ¿Os dais cuenta que casi todos los extranjeros reciben de sus progenitores un solo apellido, el paterno en general? Además de aburrido y antifeminista les resultará mucho más difícil bucear en sus orígenes.

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  7. 7 Charivari octubre 27, 2009 en 3:22 pm

    España es diferente, Palinuro y, en este caso, de lo más avanzada.creo yo.

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  8. 8 Zoupon octubre 27, 2009 en 7:40 pm

    Wallace, ¿va antes el segundo apellido del abuelo materno frente al segundo apellido de la abuela paterna?. Aunque desde que a los hijos se les puede poner de primer apellido indistintamente el primero del padre o de la madre, supongo que todo el esquema depende de esa elección.

    A la Vice Salgado, igual que el Duende llamaba Trifón al acomodador o Alfonsa a la pipera, muchos de sus compañeros de partido le llaman Srta. Rottenmeier, mote que en mi opinión cuadra bastante bien con su rictus y su manera de actuar. Mientras fue ministra de Sanidad se empeñó en que cuando nos llevara la parca estuviéramos absolutamente sanos.

    Recuerdo la antológica foto en la que aparecía con unos bodegueros, todos brindando con vino y ella con su zumito de tomate. Y es que, como dijo algún gracioso, está bien ser abstemio, pero con moderación.

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  9. 9 wallace97 octubre 28, 2009 en 9:42 am

    Zoupon, sí, va antes, según el orden tradicional, claro.

    Esta es la cuenta de la vieja de mis apellidos:

    1º = 1º del abuelo paterno
    2º = 1º del abuelo materno
    3º = 1º de la abuela paterna
    4º = 1º de la abuela materna
    5º = 2º del abuelo paterno
    6º = 2º del abuelo materno
    7º = 2º de la abuela paterna
    8º = 2º de la abuela materna

    etc, etc…

    En cuanto a la Srta. Rottenmeier, la asocio muchísimo más con Mª Teresa Fernández de la Vega. Para mí, le va que ni pintado.

    Y te doy toda la razón en lo de ser abstemio con moderación.

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  10. 10 Abosydeeann diciembre 10, 2011 en 3:01 pm

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