Archivos para 29 noviembre 2009

El otoño, el árbol y el tiempo

(Foto prestada del blog IBISTÓNER)

Gonzalo del Castillo era  un compañero de colegio del Duende con muy buena cabeza y mofletes colorados. Eso no debe de imprimir carácter, pero deja huella. A  otros amigos de entonces les borró la goma del tiempo, pero Gonzalo –del que el Duende nunca más volvió a saber nada- se quedó alojado astutamente en un rincón de su  memoria. Era godito,  listo y  tenía un gran sentido del humor. Pero destacaba sobre todo por sus mofletes. Para los que hayan leído los libros de Richmal Crompton que publicaba la Editorial Molino, lo más descriptivo sería decirles que Gonzalo parecía uno de esos niños antiguos que ilustraban  las aventuras de Guillermo Brown. Tanto con Gonzalo como con el inolvidable Guillermo –hoy en la almoneda de los héroes literarios infantiles- el Duende lo pasaba muy bien.

Gonzalo vivía no lejos de la Biblioteca Nacional. Y todos los años, no recuerda el Duende si el día de Reyes o el de su cumpleaños, su padre le llevaba a la escalinata del imponente edificio y le hacía una foto al pie de una de las estatuas que la adornan. Al Duende le pareció una gran idea tomarse como referencia del ritmo que sigue el del tiempo. Y pensó que, en la Biblioteca nacional o en cualquier otro punto reconocible,  haría lo mismo si algún día tuviera hijos. No lo hizo, y  ahora se arrepiente de ello.

Decimos habitualmente que la vida se nos pasa en un soplo. Es verdad que el tiempo se escurre como el agua entre los dedos. Pero aunque eso nos recuerde la brevedad de nuestra existencia, su fluir ejerce una atracción irresistible. Visualizarlo, con una foto anual o de cualquier otra forma, nos hechiza tanto como seguir las evoluciones de las llamas en la hoguera o el movimiento continuo de las olas del mar.

Una de las grandes suertes del Duende es que desde su ventana puede ver árboles. Los hay de hoja perenne y de hoja caduca. Quien tiene a la vista uno de éstos tiene un tesoro, pues no hay nada tan fascinante como seguir en él, día a día, la cromática cadencia del otoño. Se puede interpretar como un simple proceso de la naturaleza, o ver en el árbol un cuadro impresionista que además está vivo y es propiedad exclusiva del observador. Pero a poco que se mire es fácil, además, presentir en sus ramas la poesía, y convertirlo en ese fotógrafo que atrapaba el tiempo para el amigo Gonzalo. Cada hoja que se le cae es una viruta de nuestra vida que se va, pero un recuerdo más que nos enriquece. Como cada yema que se abrirá en primavera es una esperanza que se renueva.

El tiempo pasa rápido, porque es inquieto y siempre busca algo mejor- dijo el fílósofo Evelius Kögnestein mientras observaba cómo se desnudaba un árbol en un gris día de otoño. Por cierto, no busquen este nombre en las enciclopedias: no existe. Aunque venga muy bien para dar a este post más peso que el de una hoja muerta barrida por el viento.

Lo que ha cambiado el cuento

Hasta los más inocentes cuentos se van maliciando con el tiempo...

1. Es un  guarda forestal de un  pequeño pueblo de Huesca, pero se confiesa autor de la muerte del alcalde para liberar a sus vecinos de toda sospecha. Luego resulta que dice que no lo mató. Y entretanto desvela una oratoria más propia de un político con estudios que de un campesino. El crimen no es de los nuestros. Más que recordar Fago este hombre y este caso  remiten a Fargo.

2. Es el representante del Estado en Cataluña. No sabe cómo sería su Cataluña independiente. Sí sabe que, si lo hubiera sido cuando su familia se asentó allí, él jamás hubiera llegado a ser presidente de la Generalitat. Se supone que suscribe la Constitución. Pero no tiene inconveniente en recomendar que se haga la vista gorda si el Tribunal que la interpreta y la aplica decide algo que no le gusta. Versión vernácula de la Ley del Embudo: lo ancho para mí, lo estrecho para ti. En su pueblo y en otros pueblos de España lo dirían más a lo bestia: quiere tener el sueldo del geneal y la verga del teniente.

3. Son las luces de Navidad de Barcelona. Entre ellas, las clásicas felicitaciones. Primero, en catalán: Bon Nadal. Y luego en muchas otras lenguas. Menos el castellano. Carod Rovira insiste en que Cataluña no se siente a gusto en España. Todo lo contrario que el resto de los españoles, realmente sorprendidos por lo encantador y bien educado que es el alcalde de la Ciudad Condal.

4. Es la Comunidad Autónoma de Extremadura. Una pedagoga ejemplar consigue que se apruebe un presupuesto para que los adolescentes aprendan a masturbarse. La AOA (Asociación de Onanistas Autodidactas, a la que pertenece toda la generación del que susccribe) pedirá que le compensen por todo lo que hemos ahorrado a la Hacienda Pública siendo tan listos.

5. Es el Parlamento de Cataluña que contrata a un traductor de catalán para que traduzca su discurso a unos visitantes nicaragüenses. Podría haber hablado en castellano, lengua que usan y entienden ambos. Pero en ese caso hubiera ahorrado unos miles de euros al contribuyente, premisa que ningún político con futuro debe tener en cuenta.

6. Es el fantasma de Cneo Escipión, guerrero romano que conquistó Hispania. Aprovechando que un diputado del PSOE granadino ha presentado una proposición para que España indemnice a los descendientes de los moriscos expulsados hace cuatro siglos, se ha plantado ante ZP y le ha dicho: AVE, ZAPATERUS…¡AFLOJAT MOSCAM! Se calcula que, al grito de maricón el último, no tardarán en presentarse también los fenicios, los iberos, los godos, los árabes y hasta las tropas napoleónicas, todos ellos barridos sucesivamente del suelo patrio. Se les pagará a todos, con cargo al déficit. El talante es el talante, dice ZP. Además… ¿qué es una raya más para un tigre?

7. Por último, el Concurso de Tortilla Española que ha ganado un bar de Bilbao. Francesa, la tortilla de huevos. Española, la tortilla de huevos con patatas. Siempre fue así. Pero la ortodoxia nacionalista no puede mentar la bicha. El ganador no quiere que se diga que la suya es la mejor tortilla bilbaína,  ni vizcaína, ni vasca, porque ha concursado con cocineros de todas las autonomías. ¿Solución? La que dicen los carteles: Este bar ha ganado el Concurso de la Mejor Tortilla Estatal. Con dos huevos.

A menudo el Duende mira a su alrededor y se siente extraño. Piensa que para qué le educaron, si el sentido común parece tener cada día menos sentido. Se siente como el lobo del viejo y grosero chiste de Caperucita. ¿Dónde vas, Caperucita? –pregunta el Lobo.  Al arroyo, a lavarme el chichi- contesta Caperucita airada. ¡Jo! –piensa el Lobo- ¡Lo que ha cambiado el cuento!

Contra moscas y ciruelas

Una mosca pelma y unas ciruelas imposibles. ¿Quién controla la obsesión nuestra de cada día?...

1

La estupefacción del día no tiene por qué meterse en honduras. Puede uno preguntarse por los misterios de la vida o por dudas de menor cuantía. Nadie se programa para ser trascendente o frívolo. El hombre se debate entre  toda suerte de cuestiones de orden espiritual, filosófico, material, práctico o anecdótico,  y no sabe por qué una de estas se pone por delante de las demás y, sin una razón particular,  le quita el sueño.

En el día de ayer, los problemas que comentaban Homper y la tía Clota distaban mucho de los dilemas existenciales.

-Primera cuestión, tía. ¿Tú has sentido alguna vez que una mosca juguetona se interpone en tu mirada? Segunda cuestión, tía. ¿Cuánto tardan en madurar las ciruelas en Estados Unidos?

2

La mosca. Apareció mientras Homper leía el periódico. Revoloteaba en el área de visión de su ojo derecho, y se movía entre el eje central de la mirada para acabar fugándose por el lado. Durante muchos minutos, mientras  trataba inútilmente de espantarla, debió de parecer un imbécil. Pronto observó que la mosca seguía los movimientos de su pupila. Buscaba ésta la línea del periódico y allá que iba la mosca.

No le sorprendió a Homper que la tía Clota le dijera que era otra gotera de la edad,  algo bastante frecuente, y que debía visitar a un oftalmólogo. Le dejó estupefacto constatar que nadie se lo había comentado antes. ¿Cómo se puede convivir con una mosca tan puñetera sin hacer de ella un tema de conversación?

3

¿De qué están hechas esas ciruelas de color granate oscuro que,  tan bien empaquetadas al vacío en un envase de plástico de ocho unidades, se vende ahora en los supermercados? ¿Qué tierras, qué invernaderos, qué fertilizantes, qué milagros transgénicos o qué coños convierte a una fruta tan aparente en un imposible? ¿Por qué no maduran nunca? Con mucha suerte, van de una dureza de bala de cañón a la de una pelota de jokey.

4

Homper compró las ciruelas y las dejó en el frutero, esperando que tarde o temprano madurasen. A las tres semanas, se enfrentó a una de ellas con cuchillo de sierra y tenedor. Consiguió probarla. No sabía a nada. ¿Qué se puede hacer con unas ciruelas así?

La respuesta se la dieron Adolfo y Zita, una pareja de artistas cubanos que se instalaron en el piso 4º A.

5

Zita era una cantante gorda y pertinaz como pocas. Durante un mes, y acompañada por Adolfo al piano,  torturó a Homper y a los demás vecinos ensayando sin cesar Siboney…Yo te quiero, yo te adoro, Siboney…Y cómo desafinaba. Un día, no pudiendo resistir más, Homper le lanzó a un  ciruelazo que penetró por la ventana abierta y fue a impactar contra su ojo derecho.

Se la llevaron a urgencias.

Y aunque Homper se quedó preocupado por la utilización de la ciruela como arma disuasoria, se consoló de inmediato. Pensó que no sólo había encontrado utilidad a aquella fruta marmórea, sino que durante una buena temporada le había ahorrado a la cantatriz el problema de la mosca traviesa que a él tanto le obsesionaba.

Pellizcos de Zamora

Al Duende también le gustaría haber nacido en Zamora, y en una casa asomada al Duero...

Grande, bella, variada, siempre apasionante España. Zamora parece quedar a trasmano de muchas rutas. Pero cuando se la ve gran señora del Duero, tan discreta y tan hermosa en su adustez castellana, capaz de decirte ven, quédate,  pasea, estudia, piensa, escribe sobre mí, búscate una Urraquita amorosa –aunque seguramente ya no habrá zamoranas llamadas así- , pásale el brazo sobre sus hombros y acércala a ti mientras juntos veis correr el río desde las murallas recitando romances y evocando la historia, Zamora se desborda y te empapa el alma. Además  de otros muchos atractivos, Zamora tiene la mejor postal sobre río de España. A su paso por la vieja ciudad castellana, el Duero fluye tan ancho que casi alcanza la opulencia de un río francés.  Señor, por qué tardamos tanto en caer por Zamora.

Al Duende le hechizan las ciudades y pueblos donde nunca podría encontrarse a Belén Esteban, a Ernesto de Hannover o a los Albertos. Y eso que esta vez el Duende ya no vio por Zamora lo que tanto le impresionó la primera vez: curas con sotana paseando por las calles. Zaras, Mangos, Springfields, Häagen Dazs, están muy bien. No son lo de uno, pero animan, dan modernidad, crean puestos de trabajo. Pero que no nos quiten ese sello de identidad de la España eterna que es una ciudad con las calles empedradas, una vieja lencería donde aún reza Novedades en su rótulo de metal con letra inglesa, una vetusta fábrica de paraguas –cuando está claro que ya no llueve nunca- que además vende el Calendario Zaragozano y algún cura con sotana o monja con hábito engalanando el paisaje urbano. Santos, reyes y guerreros de leyenda, pero también el espíritu de Galdós,  de Delibes, de Buñuel y de Berlanga flotando en el aire. Es otro pálpito de la diferencia.

Caía el Duende por Zamora el finde –vamos a modernizanos algo- cuando llamó a su viejo amigo Julio César Iglesias, hijo predilecto de la ciudad. Julio dice que de niño aún buscaba por el Portillo de la Traición el venablo con el que Bellido Dolfos mató al rey don Sancho. La leyenda sugiere que, además de traidor, el tal Dolfos, hijo de Dolfos Bellido, fue inoportuno, pues sorprendió al rey en un momento especialmente delicado, y agachado por añadidura. Julio César dice que su padre mantenía que en las paredes de la iglesia de Santiago del Burgo había una inscripción que decía: Malditos los zamoranos/  nacidos y por nacer/ que mataron al Rey Sancho/ haciendo su menester. Lo quiso comprobar el Duende, pero la susodicha iglesia estaba cerrada, e introducidos los versos romanceados en el buscador de Google, éste no los halló. Julio inventa la historia con mucha gracia, pues hay que reconocer que, una vez más, si non é vero e ben trobato.

El menester del Duende cuando viaja es otro.  Toma las medidas al lugar corriendo. Un chándal, calzado deportivo y a huronear por donde los guías turísticos no llegan a asomar. Esta vez, mañana luminosa y clara después de una noche de cuatro gotas, cosió la muralla de Zamora, saliendo y entrando por diversos portillos hasta dar junto al río, extramuros, con la iglesia de San Claudio de Olivares, y ciento y picos de metros más allá, con el templo de Santiago de los Caballeros o Santiago el Viejo, donde la tradición dice que armaron caballero al Cid. Es tan diminuto que mal cabría la Tizona. No para el Duende en estos monumentos románicos para acumular datos históricos o arquitectónicos que pronto ya borrará su frágil memoria. Sino por recordar lo poco que es uno para la historia, por tratar de comprender nuestras raíces, por darle otra vuelta a eso que llaman fe y por  ese pellizco de emoción que deja en el alma el pasmo del tiempo detenido y la música del silencio.

Fuera, flanqueado por chopos y fresnos que amarillean de otoño, seguía pasando mansamente el Duero. Cuántos lugares hay en España para perderse. Casi tantos como para quedarse en ellos.

Una broma de Berlanga

Aunque no lo escuche, le diremos lo que pensamos de él antes de que sea demasiado tarde...

-Que no se me muera nadie sin haberle dicho lo que le tenía que decir-dice la anciana tía Clota a su sobrino Homper.

Estupefacción, una vez más. ¿Por qué se desayunaba hoy con una reflexión así?

La tía Clota se lamenta de que una vez, cuando aún vivía en España, se cruzó con José Luis López Vázquez por la calle. Acababa de verle en aquellas comedias que hacía con Alberto Closas y Analía Gadé. Pensó pararle, decirle qué simpático es usted y darle un beso. No se atrevió…Y ahora piensa: qué tontería, nos hubiera hecho ilusión a los dos…

-¿Por qué hay que ser pudorosos con los sentimientos?-pregunta la anciana.

-¿Por qué?-repite Homper. Y se contesta calladamente, para sí mismo. Porque equivocadamente, uno cree que la gente es tanto más fuerte cuanto más embrida el corazón.

Extracto de la conversación entre estos dos habituales del Duende un 19 de noviembre, víspera del trigésimo cuarto aniversario de la muerte de Franco. Ya es casual que coincida con una anécdota de otro grande del cine del que hace tiempo no se tiene noticia. Justo hace unos minutos el Duende ha recibido un enlace de You Tube con grabaciones de varios Francos de coña, más o menos logrados. En la última bufonada aparece su propia voz en una recreación de Franco haciendo de Pepe Isbert.

Expañolz todos…-dice el prenda con aquel ceceo suyo tan característico-Como caudillo vueztro que zoy, oz debo una explicación…Y eza explicación oz la voy a dar como caudillo vueztro que zoy…

Es la misma bobada de la película. Aquella frase circular repetida una y otra vez por el alcalde de Bienvenido míster Marshall. Hace unos años, cuando se celebraba el medio siglo de su rodaje, el travieso Luis García Berlanga quiso añadir dos guindas más a la tarta: el sueño erótico de la maestra (suprimido por la censura en su estreno) y esta broma chaplinesca con el pequeño dictador.

-Luis –le dijo al Duende- Me han dicho que tú haces muy bien la voz del Caudillo.

-Sólo la voz, maestro.

Grabaron un discurso surrealista. Cómo disfrutaba  el ya viejo y señorial Berlanga con la broma que, por cierto, nunca hasta hoy llegó a ver el Duende. Al gran cineasta, a pesar de su retranca gamberra el más fino y elegante que uno ha conocido en este gremio, lo vio una vez más, en una larga entrevista que le hizo Olga Viza. Ya dejaba las frases inacabadas.

-Ésta es la peor censura que he sufrido nunca- dijo sin perder la sonrisa.

No ha aparecido ni en las exequias de López Vázquez porque debe de estar muy mal. Y no le conocía mucho el Duende, apenas tres encuentros en su vida. Pero, al igual que tía Clota, no quiere dejar para cuando sea inútil su tributo de admiración por él. Amigo Luis, gracias por tus películas, gracias por tu humor, gracias por hacer de la vida un astracán. Gracias por convertir a este tu tocayo en efímera estrella de You Tube.

Piratas de antaño y piratas de ogaño

Desgraciadamente, ahora los piratas no son héroes de película...

Piratas de Somalia…Tan lejos de los de las películas y del Pirata Garrapata, que el Duende no leyó porque cuando nació ya se le había pasado la edad de la fantasía, pero que le hacía mucha gracia tan sólo con escuchar su nombre. En el duermevela del Telediario, y a cuento del fin del secuestro del Alakrana, se imaginaba en la piel del hijo pequeño de uno de sus tripulantes.

Qué bien que hayas vuelto, papá. Porque esos piratas no se parecen al prota de Piratas del Caribe, ¿no?…

Y el pescador le abrazaba. Los  piratas ya no son lo que eran, y los pescadores tampoco son como el capitán Akab o el entrañable portugués pelirrojo que interpretaba Spencer Tracy en Capitanes intrépidos. Pescar era una profesión de hombres duros y ahora, en determinadas aguas donde el derecho parece que mira a otro lado y se pone a silbar, es más que un riesgo. Casi una heroicidad. Así pasó que los mismos canallas  que consiguieron convertir la navegación aérea en un infierno, ahora se valen de ellos para hacer chantajismo en el mar. Aunque al final casi debamos darles las gracias porque el hijo del pescador haya vuelto a ver a su padre.

-No entiendo cómo se puede dudar de la necesidad de pagar en estos casos –decía la esposa de una de los rescatados.

Sólo unos pocos lo dudan. Quizás de lo que dudan muchos es de la utilidad del estado de derecho cuando se empeña en abrir casi siempre una vía de escape a los que se ciscan en él. Y cuanto más canallas sean, más respeto y más consideración. Cuidadín cuidadín, al criminal regañarle lo justito para que no se nos cabree más, no sea que salgamos de Guatemala para entrar en Guatepeor.

-Enésima contradicción de la vida moderna –anota Homper en su  Moleskine de perplejidades y estupefacciones- El poder es exigente, intolerante e incluso arrogante con el pillo, pero exageradamente comprensivo con gran delincuente. Y el celo del estado de derecho suele ser inversamente proporcional a la gravedad moral de la acción de su enemigo.

Pero, con todo lo que refunfuña su alter ego,  está alegre el Duende. Y eso que nunca navegó más que en las barcas del Retiro, en un chinchorro por la ría de Cubas y en los veleros de un par de amigos que le invitaron a ver las Baleares desde el mar. El resto fueron sólo singladuras y travesías de Salgari, Verne, Twain, Stevenson, Conrad, Kipling y hasta Agatha Christie, que nos mandaba de crucero por el Nilo y nos preparaba asesinatos de mentira por sólo cinco pesetas que valían sus novelas. Está contento, piensa en el chaval, en su madre, en las familias de todos los que han padecido este horroroso secuestro. Serena, resignadamente contento.

Y entretanto el mar seguirá eternamente batido, toujours recommencé, -como decía el único poema de Paul Valery que uno recuerda. Qué sabio es, siempre en movimiento para que no se registre en su superficie huella alguna de las múltiples  fechorías que en él se han perpetrado a lo largo de la historia. Qué prudente, borrar todo rastro de los piratas de ogaño.

¿Dónde acaba la familia?

...Y aunque estas jovencitas no pudieron ir a la fiesta, también descienden del mismo tronco y pertenecen a la gran familia

Se preguntó siempre el Duende a lo largo de su vida dónde empieza y dónde termina la familia. Sospecha que sólo en los países  latinos se estira el concepto tanto como para amparar  a tíos, primos, tíos abuelos, sobrinos, sobrino segundos… En España desde luego es difícil saber su límite. El Duende ya casi no conocía a su familia materna, porque gran parte de sus ramas se han desparramado. Pero acudió a ella y la familia respondió con creces.

Una de las pocas razones por las que  al Duende le hubiera gustado ser millonario sería para recomprar el Monte el Rincón, una hermosa finca  recortada por los ríos Tiétar y Arbillas, en el límite sur de la provincia de Ávila, que fue el territorio de su infancia compartido con esta familia. Casi todos los descendientes de su bisabuelo Augusto Lletget, que fue quien lo compró en 1871, se reunieron el pasado sábado para la presentación del libro de la prima/tía/tía abuela Mary. En el acto, al Duende se le olvidó parafrasear,  a propósito de la autora, lo que  Unamuno decía de Dios: si no hubiera prima Mary, habría que inventarla. Aunque sólo fuera para comprobar el juego que dio su abuela Rosa, tronco común de donde procedían la mayoría de los asistentes.

Por la noche, el Duende soñó que el Monte el Rincón era ahora suyo. Lo que en realidad acabó siendo un caserío destartalado era en el sueño como Brideshead o Manderley, esas propiedades que aparecen en la literatura y en el cine ingleses con una enorme mansión perfectamente mantenida por una nube de sirvientes. En ella coinciden multitud de familiares de distintas generaciones y todos son ricos, guapos, y elegantes. Unos juegan al billar, otras al crocket, otros se van a pescar, el más exótico, como el tío Augusto Gil Lletget, que era ornitólogo, prepara la taxidermia de un martín pescador, aquel monta el telescopio para mirar las estrellas por la noche, algunos escuchan tangos de Gardel en la vieja gramola manual con aguja de La voz de su amo, cuya caja de hojalata es hoy una preciosa reliquia, las tías montan a caballo a lo amazona y con sombrerito, otros más cazan pluma, un grupo pasea por el bosque  mientras la pareja de primitos más despabilada se  cita con Cupido en el pajar para estudiar   anatomía de sus cuerpos y, de paso, eliminar toxinas. La vida misma.

La vida de mentira, claro, donde luego te sientas a la mesa y unas doncellas con guante blanco te sirven faisán relleno con ciruelas y malvavisco. Nada parecido a la realidad. El Monte el Rincón que el Duende conoció era ya decadencia. Como mucho, carillas, patatas revolconas o macarrones con chorizo en una vajilla desportillada. Eso sí, la vajilla  de cerámica talaverana, y con el nombre de la finca en cada plato. Poco importaba. Era sobre todo el descubrimiento de la naturaleza, el poder correr a tu albedrío por el campo, ver parir a las vacas y a las ovejas, chapotear en los arroyos, comer el pan y quesillo de las acacias y trepar por los madroños del jardín mirando  desde allí al Almanzor,  buscar galápagos , observar a las grullas y compartir un cacho de pan y queso con tu amigo el pastor al amor de una fogata. Y todo eso, con muchos primos y tíos alrededor. Nada parecido a las películas de aristócratas ingleses o a Los cuatro robles de Escarlata O´Hara, pero sí algo bello y muy entrañable para ir llenando el macuto de la memoria sentimental.

Decía el señor de Bearn en la muy recomendable novela del mismo nombre que no hay mas paraísos que los perdidos. Añade el Duende: o los que están por llegar. Paraíso es al cabo, lo que el cerebro almacena y el corazón ilusionado procesa como perfume de la vida.  La finca cambió de manos. Era un préstamo que la fortuna había hecho a la familia sin más mérito aparente que la de tener un antepasado boyante. El Monte el Rincón se diluyó en la lejanía, pero no pasó nada, porque quedó el recuerdo de aquel tiempo y nacieron a cambio otros muchos pequeños paraísos. Uno de los sobrinos que corrían por allí es hoy el traumatólogo Fernando Baró, que después de no verse con el Duende durante casi medio siglo le va a arreglar ahora un hueso. Otro es catedrático y decano de la Facultad de Derecho de Santander.  Aquella es bióloga, este arquitecto, el de mas allá ingeniero de caminos…Entre estos sobrinos nietos lejanos hay  una profesora de colegio llamada Inés por la que dan ganas meterse en el túnel del tiempo y volver a matricularse en primaria. Tempus fugit, y entretanto la familia, como mandó el Señor, creció y se multiplicó.

Por cierto,  el Señor no tuvo en cuenta que en España el personal se apunta a un bombardeo, y olvidó recordarnos en qué grado se acaba la familia. Y así pasa lo que pasa, que presenta un libro una novel madurita y acude casi tanta gente como si fuera un Nobel de los de Estocolmo.


Siluetas de RNE

Duendes suscritos:

Suscripción

Suscripción por email

Publicaciones:

PARAÍSO DE HOJALATA
Una Infancia de Hojalata

Ir directamente a

Blog Stats

  • 1,334,181 hits

A %d blogueros les gusta esto: